5/10/2012

Los dos



Para Camila

Uno

Ocho años
y me enseñas
y yo aprendo
ocho años a tu lado
de tu mano
y me sorprendes
y te sigo
y te miro
y te admiro.

Dos

Me gusta cuando preguntas
por ejemplo
qué es la poesía
qué es un clavicordio
por qué maúllan los gatos
qué es una novela rosa
o verde
o amarilla
me gusta verte
tocar el piano
con la pasión que regalas a tus obras
disfruto al saborear tu inteligencia
como daga en medio de una charla
hecho cierto a la luz del día o la noche.

Tres

Aprendo, sí
y me enseñas
que el mundo se para de cabeza y tú sonríes
que el Sol puede llamarse Luna y qué puede importar
mastico y me alimenta tu lógica de estreno
una forma distinta de cabalgar minutos
de navegar los siete mares
de convertirte en pez o estrella.
Ya no existen telarañas
ni lagartos
pero sí triceratops
y hadas y duendes
y escobas voladoras
entonces me veo en ti
allá
en el fondo
herido de alegría
lleno de pájaros y nubes
regalándote feliz
mis manos y mi abrazo.

5/08/2012

Para recordar a Ángel Rama



Acabo de terminar el “Diario (1974-1983)” de Ángel Rama (Montevideo,1926- Madrid,1983). Estudié con algunos de sus libros mientras hacía mi pregrado en la Universidad de Los Andes, y confirmo ahora lo que supuse en aquellos momentos: se trata de un hombre estudioso, muy inteligente, apasionado por su oficio y capaz de transmitir esa energía a quienes se toman el trabajo (brindándose asimismo el placer) de leerlo con atención.
Junto con Carlos Martínez Moreno, Idea Vilariño, Ida Vitale y Mario Benedetti conformó la camada de jóvenes (llamada Generación del 45) que en la segunda mitad del siglo XX sacudió el paisaje cultural de su país, Uruguay, del cual saldría exiliado luego del golpe militar del 73. Crítico literario, teórico de la literatura, pero más que esto agudo observador de la historia y sociedades de su tiempo, fue un perseguidor de esos hilos que tejen el entramado textual, artístico de toda una región y supo combinar como pocos el quehacer académico con la actividad estrictamente creadora, es decir, dejó para la posteridad estudios eruditos sobre la cultura hispánica que son en sí mismos piezas maestras de escritura imposibles de hacer a un lado si lo que se pretende es conocer, hurgar, develar las entrañas de este espacio ambiguo y resbaladizo llamado Latinoamérica.
Leyendo su diario me encuentro con buena parte del clima intelectual venezolano que según él impregnó los setenta. No escatima el profesor Rama en sus descripciones a propósito de lo que encuentra, y concluye argumentando que en general es mediocre, acomodaticio, pueblerino. Sufre de un mal que no necesariamente nos ha abandonado por completo en el presente: el hecho de hacer las cosas a medias, de emprender proyectos cuyo fin, tal como estaban pautados, se trunca gracias al desapego por el trabajo de largo aliento, por la pasión, por el estudio temático sustentado en la paciencia y el rigor a toda prueba. Se desprende de sus apreciaciones que se refiere, sin ninguna duda, a un cuerpo intelectual de poca monta.
Asfixiado por una Caracas cuyas directrices culturales carecen según él de bases sólidas, llega a afirmar: “no hay vida intelectual. Chismografía, pequeños intereses, exhibicionismos pueblerinos. Pero nada de auténtica pasión por la tarea intelectual, ni diálogo sobre sus proposiciones. Uslar Pietri contesta (mal) un artículo de Paz, y ninguna reacción a ese intento de diálogo. Comidos por la vida trivial y la pueblerina imitación de lo que creen las maneras de los escritores. Repiten gestos, a falta de poder asumir los significados intelectuales que rigen esos gestos”. Me llama la atención entonces una frase que no creo gratuita: “vida trivial”. Y es eso, tal cual, mucho de lo que hoy en día padecemos, no sé si como extensión de aquel momento (si acaso Rama estaba en lo cierto), no sé si como una característica novedosa en nuestro presente, cuestión que me luce más lejana. Un exceso de trivialización, es preciso recalcarlo, que cubre prácticamente todos los órdenes sociales. Entonces campea el amiguito, el compadre, el camarada, el vivo, el Tío Conejo haciendo de las suyas. Ocurre en cualquier ámbito en la vida de este país atormentado, y la intelectual es una que no tiene por qué ser la excepción. ¿Tiene razón Rama? ¿Exagera? ¿Apreciaciones de un hombre consumido por la soledad, por el sufrimiento, por la dureza del exilio? No me atrevería a afirmarlo o a negarlo, pero creo entrever muchas certezas en cuanto sostiene a lo largo de su diario, y aún más, como dije antes, en el presente que va siendo esta primera década del siglo XXI.
Rama sufre por el Uruguay, ve caer la democracia mientras estaba en Venezuela a propósito de un seminario que ofrecía en la Universidad Central, y observa en consecuencia cómo sus instituciones se vienen abajo, derribadas por el gorilismo trepidante que tanta vergüenza, horror y daño causó en nuestras sociedades. Sufre el rechazo de sus pares, lo que no duda en calificar como xenofobia. “Terminé anoche el ensayito sobre Leopold Senghor (que vendrá a Caracas la próxima semana) para el Papel Literario de “El Nacional”. Me había prometido no escribir más para ellos -tan llenos de problemas y molestias para mí-, pero he cedido hace tres semanas con mi nota sobre Aleixandre y el calor de unas pocas voces amigas (bien pocas) me ha llevado a reincidir. No me sorprenderá que no bien aparezca me ataquen, pero sin duda me dolerá. Vivo con la sensación del acosado; igual que Marta. Y me temo que si eso cambiara sentiría que ya es tarde y que no me podrán consolar de lo que me han hecho padecer. Bien caro me han cobrado el pan del exilio (...) Implacable insomnio. A las cuatro de la mañana, exhausto, ingiero pastillas para dormir, a sabiendas de lo que será el día siguiente de trabajo. Lo insoportable no es la falta de sueño -por lo general duermo mucho y apaciblemente- sino la pérdida de dominio de la actividad psíquica que me lleva a presenciar, sin fuerzas para contenerla, una sucesión frenética de imágenes. Como ya es corriente, últimamente, ellas se transforman en una angustiosa defensa y ofensa contra la persecución por parte de los seudointelectuales (borrachos y xenófobos, incapaces de toda digna tarea intelectual) que han dominado y prostituido la vida cultural del país y se han ensañado contra nosotros".
Luego, aunque en Caracas nunca halló acomodo definitivo para su hacer, aunque debió ingeniárselas para sobrevivir en medio de penurias de toda índole, las cosas mejoraron, pudo salir de la cárcel que significaba la capital, la ciudad con la que no hizo buenas migas, con la que jamás terminó abrazándose. Pudo retomar, como lo había hecho antes del exilio, su actividad académica en otros espacios (América del Sur, América Central, Europa, América del Norte) y dialogar con ellos para finalmente entender más a fondo qué iba siendo nuestra región, nuestro continente, Latinoamérica. La situación mejoró, como correspondía a un espíritu emprendedor, a un trabajador extraordinariamente productivo, a un hombre de genio, a un intelectual de su calibre. “Acuerdo con Sonowski para dictar un “semester” en la Universidad de Maryland, del 10 de enero al 15 de mayo. Es el primer movimiento de despegue que pone en funcionamiento mil pequeños asuntos (trámites) para poder salir de aquí: casa, carro, dinero, empleos, obligaciones postergadas, papeles, visas. Es una montaña que hay que ir royendo, aunque no sea más que un ratoncito. Lo más grave es la separación de los chicos. Como Marta, voy tramando viajar, vacaciones, encuentros. Lo segundo son mis libros y papeles. Lo tercero la Biblioteca Ayacucho. Lo cuarto… Confío en repetir la paz de los meses pasados en Stanford el año 1976. Marta y yo fuimos felices, aunque en algo que se parecía a haberse salido del mundo. Mi voraz lectura en la biblioteca, nuestros paseos en bicicleta, nuestras escapadas a los cines (con películas europeas), nuestros viajes a San Francisco, la buena amistad de algunos colegas. No conozco la Universidad de Maryland, sé que el invierno es allí crudo (y eso no me hace bien) y sé que lucharé nuevamente con el inglés. Si en ese tiempo sale la Smithsonian, seguiré allí y será otro tiempo de mi vida, de nuestra vida”.
Creo que Rama, aun cuando vivió en carne propia las tribulaciones económicas, la insolidaridad, la falta de afecto de un país (en verdad de una ciudad: Caracas) hizo escuela entre nosotros, construyó un legado muy difícil de igualar en el presente y en cualquier momento. La Biblioteca Ayacucho fue la herencia intelectual, concreta, más grande que dejó tras él mientras estuvo aquí. Por su ambiciosa estructura, por su rigurosidad en tanto colección fundamental para comprender mejor esto que somos, ha sido sin lugar a dudas la empresa más ardua y feliz que Ángel Rama emprendió y logró consolidar en Venezuela. Ahí, en uno de sus tomos estudié con placer muchas horas cuando cursaba mi carrera, hace unos cuantos años, justamente en un trabajo suyo, delicioso, erudito, clarificador, acerca de literatura, sociología y pensamiento latinoamericano. Un quehacer monumental de aproximación crítica a la cultura que nos sedimenta y en la que vivimos, llevado a cabo por el más renacentista de los intelectuales de su tiempo, según la apreciación de Noé Jitrik. Vale la pena acercarse a su trabajo y disfrutarlo, hoy, mañana y siempre.

5/07/2012

Neruda y yo



De niño me di de bruces con Neruda y entendí que el mundo era uno y era muchos. “20 poemas de amor y una canción desesperada” fue lo primero que cayó en mis manos, en esa edad, los nueve o los diez años, cuando por lo general se piensa que la desesperación es asunto sólo para otros.
Hasta ese momento suponía que la vida, los días que me tocaba transitar, es decir, esa cosa llamada rutina: levantarse, comer, ir a la escuela, regresar a casa, almorzar, escaparse a jugar con los amigos, regresar otra vez, cenar, acostarse y al día siguiente recomenzar como si nada, formaba una pieza única e inamovible. Creía que vivir a diario no aceptaba otras posibilidades más allá de las que en mi caso particular se repetían todos los días, una seguida de la otra. Con Neruda aprendí a relativizar el tiempo, las personas y los hechos. En verdad no todo era un monolito que atravesabas a manera de vivencias sino todo lo contrario: vivir era parecerse justo a eso que el poeta mostraba en aquel libro. Y aquel libro me enseñaba un lenguaje encantador, decía cosas que me hacían fruncir el ceño, tocaba asuntos que no entendía del todo pero qué podía importar si me fascinaban a la vez, lo cual sirvió de gancho para invitarme a buscar libros parecidos, libros en los que valía escribir los versos más tristes esta noche, sí, pero también comparar la silueta de las chicas, por ejemplo, con esa línea sugerente y femenina de un violín al compás de Bach o de Tchaikovski.
Leí a Neruda y fui aprendiendo que hay modos de decir lo mismo. Es posible expresar felicidad, arrebato, decepción, y hacerlo a lo vulgar o elevarse, rasguñar las nubes desde el fondo de una página bien hecha, desde el entramado hermoso de una sintaxis tejida a fuerza de neuronas y sístoles y diástoles. Leí a Neruda y, cosa curiosa, me hacía una imagen de ese ser que figuraba retratado en la solapa de mi libro. Acercarme a su obra suponía navegar un poco por su vida. Eso creía a esa edad, y sea verdad o no el recuerdo del primer Neruda vive hoy como el más feliz y el perdurable, el que la memoria construye a base de hechos subjetivos y búsquedas particulares, no importa que seas un imberbe con ganas de comerte el mundo.
Neruda, un gordito amigo, un señor capaz de hacer piruetas con palabras, cosa fascinante. Un tío simpático que se enamoraba como yo, quizás en silencio como yo (los “versos más tristes esta noche” caían en mí como herraje y pesadumbre sobre el deseo de amor más puro). Neruda iba siendo un hombre sabio en quien podía confiar, un caballero de nariz enorme con quien charlar todas las noches. Leer se transformó en algo divertido, alucinante, embrujador. Leer fue conversar en la soledad de mi cuarto, a la luz de mi lámpara, con gente a quien yo creía entender y me entendía. Era un diálogo fructífero, mi mejor secreto, mi mayor fuente de encuentro con los otros.
Una vez pasé la vista a la descripción que John Dos Passos en sus “Años inolvidables” daba de Antonio Machado, y decía así: “Machado era corpulento, andaba torpemente y vestía traje arrugado con brillos en las rodillas. Su sombrero siempre tenía polvo. Daba la sensación de estar más desamparado que un niño ante los asuntos de la vida, de ser un hombre demasiado sincero, demasiado sensible, demasiado torpe, a la manera de los eruditos, para sobrevivir: ‘Machado el bueno’, lo llamaban sus amigos”. Leí a Dos Passos, lo devoré, y creo que terminé haciéndolo porque lo que afirmaba de Machado se me parecía tanto a Neruda que quise saber más del español. Fue la forma en que di con él, y leí “Cantares”, y lo escuché también en un casette Sonoco donde resaltaba el nombre de Serrat, y fue otra revelación. La literatura era capaz de desnudarme, de metérseme en los poros, de dar conmigo, lo que finalmente resultó el descubrimiento más grande de mi infancia. El mundo era uno y era muchos, y ahí estaban Neruda y Machado, luego Cortázar, y otros y otros para refrendar esa verdad. Leer significaba abrir el libro de poemas o de cuentos, la novela, el ensayo, pero suponía sobre todo descifrar el mundo desde ciertas coordenadas, distintas, riquísimas, que vislumbré, bien o mal, gracias a su influencia.
Leo a Neruda y recuerdo en la distancia cómo lo conocí. Veo a un muchacho que en su habitación abre el poemario, goza cada palabra, quita el velo de una realidad insospechada y se deslumbra. Más allá de la experiencia y de los años, por encima de sinsabores y desencuentros futuros, dándole la espalda al individuo que cantó loas a Stalin y calló ante el horror soviético, Neruda me hizo ver que el lenguaje es un sombrero negro y que de ahí saltan conejos enigmáticos, mundos que no imaginaba, presencias que no creía posibles. Aunque sé que no podemos desvincular al hombre de su obra, y su obra es su hacer y su vida en cualquier ámbito porque no valen partenogénesis de nadie, me quedo con el Pablo de mis primeros años. Prefiero, antes y ahora, recordarlo así.

5/06/2012

Daniel y mi dolor de espalda



Daniel: Papá, papáááá, papáááá...
Yo: Aquí estoy cariño, ¿qué ocurre?
D: ¿Por qué estás acostado? ¿Por qué no sales?
Y: Porque mi espalda no está bien, precioso. Me duele.
D: ¿Mucho?
Y: Bastante, sí
D: Voy a hacerte cariños y cariños para que se te pase, ¿sí?
Y: Claro, por supuesto, me encanta eso.
D: ¿Estás mejor ahora?
Y: Sí, la verdad sí. Gracias.
d: ¿Sientes todo, todo, tooooodoooooo mi amor curándote?
Y: Sí, hijo... mucho, completamente.
D: Te amo.
Y: Te adoro.

5/04/2012

Mi amigo Joaquín



Lo conocí hace años. Pequeño, con el rostro curtido por el sol y por la lucha a brazo partido contra el oleaje de los días. Se llama Joaquín y es mi amigo. Tenía un local amplio en la planta baja de un viejo edificio del centro, y ahí vendía libros usados, pequeñas antigüedades, objetos curiosos, y cuando lo invitaba a un café aceptaba sonriente mientras cogía una silla, me veía encender un Bermúdez, y entonces compartía el momento como si fuese lo último que haría en la vida.
Joaquín es un colombiano a quien la cara arrugada de ciertos momentos no le impidió conocer la alegría. Vivía solo, su mujer lo había abandonado, vaya uno a saber por cuáles designios del destino, y su única hija trasiega hoy sus días, su particular historia, alzando a veces el teléfono para decir hola qué tal, un beso, pásala muy bien.
A estas alturas de mi propia película, a mis cuarenta y dos tacos, pocas veces he visto a gente ondear la bandera de la dignidad con el temple de Joaquín, y verlo en tales menesteres, y estar consciente de esa verdad justo cuando despliega su amistad y buen talante es algo de reputa madre, es decir, consiste en una experiencia que es sinónimo de grandeza, de honestidad y de cojones.
El mundo da sus vueltas. Perdió el negocio de los libros, tuvo que rematarlos kilo a kilo a precio de extrema vergüenza, porque hay perros de la guerra pero también de la paz y cuando el capital se esfuma y estás enfermo, viejo, cansado, cuando las energías no son las mismas de antes, entonces expones la yugular y sobran hijos de la gran puta con los colmillos afilados.
Ahora vende loterías y kinos. Lo veo en las calles ofreciendo lo que tiene, haciendo lo que puede. Cuando nos encontramos el rito se mantiene: sonríe, nos saludamos, compartimos un café, me pone al día con sus historias. Joaquín va siendo el mismo aunque el tiempo pasa, los años dejan su cuota de vejez, de sequedad, de molienda que no podemos evitar.
Un día le dije cuánto lo respeto, le hablé del aprecio que le tengo. Sonrió otra vez, simplemente. Sonrió y continuó su charla, como si nada.

5/03/2012

Humo

Descansar de los días grises, de la mediocridad en las calles, de las hojas que caen sin ser otoño. Qué ganas de meterme un Gauloise entre los labios, un Partagás y el brandy ahí, Cortázar en la página cuarenta. Las cinco en punto de la tarde y yo en este café sucio y barato, el poniente a la lejos guiñándome los ojos. Nadie me saluda, nadie me interrumpe. Puedo deshacerme en la lectura. Qué ganas de perderme en mí.

5/02/2012

Presencia

Busco mis manos y encuentro las tuyas.

4/29/2012

Mario Vargas Llosa y la conspiración de los intelectuales

Desde hace bastante me ha atraído la filosofía política, y en ella una curiosidad puntual: los intelectuales que Mark Lilla llamó "filotiránicos". A propósito de lo anterior, dejo aquí un excelente ensayo del profesor Fernando Mires, de la Universidad de Oldenburg (Alemania), quien da cuenta del asunto a propósito del intento de veto -por parte de ciertos intelectuales argentinos- hacia Vargas Llosa en la pasada Feria del Libro de Buenos Aires. Pocas veces un discurso ha sido esperado con más expectación como aquel pronunciado por el Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa con motivo de la inauguración de la Feria del Libro en Buenos Aires el 21 de Abril de 2011. Las razones de la expectación, como es sabido, no fueron de índole literaria sino política, y esas razones –también es sabido- no las impuso Vargas Llosa. Las impuso un grupo de intelectuales argentinos – más gobiernero que gobiernista- cuyo propósito no era otro que clausurar la voz del brillante intelectual peruano. l.- Si no hubiera sido por la cordura o sentido político de la señora Presidente, Cristina Fernandez, Mario Vargas Llosa habría sido censurado, violado su elemental derecho de expresión y su dignidad humana definitivamente atropellada. Cristina Fernández, sólo al hacer lo que no podía dejar de hacer como Presidenta, salvó a la Argentina de una enorme deshonra. No obstante, la actitud de esos escritores –tal vez envidiosos censores de la palabra bien escrita- permanecerá en el recuerdo como uno de esos hitos que señalan las dimensiones que puede alcanzar la barbarie entre quienes, quizás alguna vez en su vida, soñaron con un mundo mejor y hoy conforman, desde un punto de vista cultural, la parte más cavernaria del continente. Esos intelectuales (escribo sin comillas) al intentar defender a la nación de un supuesto enemigo, han manchado la honra y el orgullo de una cultura nacional que en algún momento llegó a ser admirable, y no sólo en un sentido futbolístico. No estoy hablando de cualquier gente, de ningún perico de los palotes. Estoy hablando nada menos que del director de la Biblioteca Nacional de la República Argentina, el señor Horacio Gonzáles, cargo que alguna vez ocupó el gran J. L. Borges a quien el Sr. Gonzáles si hubiera podido habría silenciado sin misericordia. Estoy hablando de personas que han alcanzado cierto reconocimiento en las letras como el Sr. José Pablo Feinman –quien adujo extrañas razones “izquierdistas” en contra del escritor peruano- o de quienes durante el actual gobierno ocupan puestos de responsabilidad pública. Estoy hablando, en fin, de otros desdichados intelectuales a quienes no tengo el dudoso gusto de conocer. ¿He de sorprenderme? Vivo en un país –Alemania- en el cual una gran parte de la intelectualidad más escogida, incluyendo a mi tan admirado Martin Heidegger, no pudo resistir las llamadas de sirenas del nazismo. En un país, donde mi tan admirado Bertolt Brecht, no pudo resistir las llamadas de sirenas del estalinismo. Pero, pesar de todo, todavía me sorprendo. Tanto los unos como los otros inclinaron la cabeza, fascinados por la omnipotencia del poder. Pocas veces, en cambio, he sabido de intelectuales que después de haber emitido una opinión en una nación donde no impera ninguna dictadura, la cambien en cuanto el gobierno al que pretenden halagar les exige hacerlo. Yo hubiese al menos esperado una crítica fundamentada, por muy dura que hubiera sido, en contra de Vargas Llosa. Algo digno de ser polemizado. Pero no: nada. Ni para defender lo que piensan tuvieron bolas. Esa es la razón por la cual, ideologías a un lado, los cortesanos del poder establecido –izquierdistas y derechistas- detestan a Vargas Llosa. Lo detestan como sólo la mentira sabe detestar a la verdad. Pero más allá de cualquiera legítima indignación, la “reaccionaria reacción” porteña tuvo al menos la virtud de revelar algunos hechos que parecían no existir. El primero fue saber que hay escritores a quienes todavía nadie les ha informado que la llamada Guerra Fría terminó hace tiempo. Un segundo hecho fue mostrar abiertamente los tópicos de los cuales se sirve la izquierda ideológica para atacar al afamado escritor. Quiero decir: la reacción del grupo argentino es un documento histórico que, como tal, permite analizar la textura ideológica de una fracción de la llamada izquierda intelectual no sólo argentina sino, además, continental. Valdrá la pena, por lo tanto, detenerse en ese segundo hecho. Si intentamos agrupar las opiniones vertidas por los intelectuales de marras, es posible hacer la siguiente clasificación (la que como toda, será incompleta y provisoria). 1) Los sectarios, quienes adujeron que Vargas Llosa no debía hablar porque es un liberal derechista 2) Los ultranacionalistas, quienes estimaron que Vargas Llosa había ofendido a la nación argentina. 3) Los populistas, quienes afirman que Mario Vargas Llosa está en contra de los gobiernos populares de América Latina, incluyendo el argentino. 4) Los acomodaticios (creo que es la fracción mayoritaria) quienes afirman que respetan e incluso admiran al escritor, mas no al político Vargas Llosa. ll.- Para seguir el método de Drácula, vamos por partes. Los que negaron el derecho a la palabra de Vargas Llosa por su condición de “liberal” aplican el título de liberal como estigma, lo que de por sí es un absurdo. ¿De cuando acá ser liberal es un delito? ¿En que cabeza puede caber la idea de que quienes no son socialistas o peronistas deben ser silenciados? Vargas Llosa, como cada uno de nosotros, tiene todo el derecho del mundo para ser liberal o conservador, izquierdista o derechista, y si así lo estimara, mormón o masón, y nadie que no viva en Cuba o en Corea del Norte debería intentar cerrarle la boca por esos motivos. Al llegar a este punto cabe preguntarse ¿sabrán esos desdichados escritores lo que significa ser liberal? ¿O sólo repiten lo que escuchan de los teóricos anti-liberales quienes desde bien dotadas instituciones internacionales despotrican sin cesar en contra del liberalismo (o neo-liberalismo) extendiendo el término para designar a todos aquellos que no apoyamos a ninguna dictadura? Incluso, si así fuera, erraron el tiro. Porque todos esos anti-liberales, o son economistas de profesión o argumentan de modo economista. Pero a Vargas Llosa le otorgaron el Premio Nobel de literatura, insensatos. No el de economía. Y si Vargas Llosa es liberal, no es un liberal económico sino uno político. Liberal, es decir, alguien que asume el partido de la libertad. Gracias a su liberalismo político Vargas Llosa ha sabido pronunciarse en contra de todas las dictaduras que hubo y hay en Latinoamérica. Nunca, y esa es una diferencia entre él y el grupo argentino que lo agredió, dividió a las dictaduras en buenas y malas. El liberalismo de Vargas Llosa es, para decirlo de modo breve, sinónimo de democracia. ¿Sabrán los inquisidores literarios que el liberalismo no es una doctrina opuesta al socialismo sino su antecesora? El liberalismo, efectivamente, es al socialismo en política lo que en la religión es el judaísmo con respecto al cristianismo, o lo que en la cultura el mundo griego con respecto al latino. Los primeros socialistas fueron liberales convencidos y el socialismo habría seguido siendo lo que fue hasta las dos primeras décadas del siglo XX- una prolongación moderna del liberalismo- si es que no hubiera sido envilecido por los estalinismos, los maoísmos, los castrismos y otros ismos. Vargas Llosa, en cambio, ha optado, tanto en la política como en la literatura, continuar el trayecto de las tradiciones liberales traicionadas por la izquierda totalitaria. En otras palabras: Mario Vargas Llosa más que un liberal ha sido siempre un libertario. Un defensor radical de esas libertades que quisieron conculcarle en Buenos Aires, libertades que tanta sangre ha costado obtener. Las mismas libertades que sus enemigos intelectuales odian pero de las cuales, y hasta el exceso, profitan. Los ultranacionalistas, en segundo lugar, aducen que el intento de veto a la presencia de Vargas Llosa en la Feria del Libro resulta del hecho de que el escritor ha agraviado a la nación. Creo que en ese punto es poco lo que hay que decir. Vargas Llosa nunca ha dicho nada en contra de Argentina, todo lo contrario. Si por una nación latinoamericana tiene Vargas Llosa un enorme respeto es por Argentina, y no ha perdido ocasión para manifestarlo. Aquello que sí ha llevado a cabo el escritor es una fuerte crítica al gobierno de ese país, y eso es algo muy, pero muy distinto. Un gobierno, a diferencia de lo que piensan los tenaces enemigos del Premio Nobel, no es la nación. Un gobierno es sólo la representación política temporaria de una nación en el Estado. Por lo tanto, el hecho de confundir gobierno con nación revela, más que ningún otro dato, el talante totalitario de algunos intelectuales argentinos. De ahí a decir que Gobierno, Estado, Nación, y Presidente constituyen una unidad indisoluble, hay un sólo paso. “Un pueblo, una nación, un líder” fue, como se sabe, una de las principales consignas del nazismo, la que por su enorme grado de efectividad ha sido adoptada por todas las dictaduras del mundo. No deja ser interesante constatar que quienes defienden la posición ultranacionalista son intelectuales que se dicen de izquierda. Pienso que esta es una anomalía esencialmente argentina. En la mayoría de las naciones las posiciones ultranacionalistas son defendidas por ultraderechistas. Pero para saber por qué en Argentina izquierdismo y ultranacionalismo son coincidentes, habría que realizar estudios sobre la historia del peronismo, y este no será el momento para realizar tan titánica tarea. Pasemos ahora al tercer grupo del partido anti-vargallocista: los intelectuales populistas. No nos olvidemos, estamos hablando de la nación más populista del planeta. Y por cierto, los intelectuales, seres humanos al fin, también han asumido la condición populista apelando al mágico pueblo cada vez que pueden. No obstante, en un sentido restringido, populista no es quien habla del pueblo sino más bien quien instrumentaliza la noción de pueblo. Y al llegar a este punto hay que decir que pocas veces ha sido presenciada una instrumentalización más descarada de la noción de pueblo que la utilizada por esos escritores que intentaron acallar a Vargas Llosa, aduciendo que el peruano ha atacado a los gobiernos populares del continente. Ahora, yo no sé que significa gobierno popular desde el punto de vista novelístico o poético, pero sé –asunto profesional- lo que significa desde un punto de vista politológico. Popular es, no puede ser de otra manera, cualquier gobierno que cuente con más partidarios que sus adversarios. La popularidad, y tampoco puede ser de otra manera, es un asunto de números, no de ideologías ni de autodesignaciones. Pongamos un ejemplo: Con toda seguridad los intelectuales argentinos que atacan a Vargas Llosa piensan que Hugo Chávez en Venezuela es más popular que José Manuel Santos en Colombia. Mas, de acuerdo a las últimas encuestas, a Santos lo apoya más del 60% de la población y Chávez no alcanza el 40%. Es decir, Santos es, desde un punto de vista político, mucho más popular que Chávez. ¿Ha criticado alguna vez Vargas Llosas a Santos? Jamás. Eso significa que si Vargas Llosa ha criticado a algunos gobiernos no es porque sean populares sino por el simple hecho de que al interior de ellos se abrigan tendencias autocráticas, militaristas, e incluso dictatoriales. Cabe al respecto, introducir una breve acotación. ¿Saben ustedes quien ha sido el gobernante más popular de toda la historia de Europa? Adivinen. ¿No saben? Los voy a ayudar un poco. Su nombre es Adolf. Su apellido es Hitler. Pero Vargas Llosa no deja a sus enemigos en paz. Ahora ha anunciado que en las próximas elecciones votará por el candidato de la izquierda nacionalista de su país: Ollanta Humala. Y los intelectuales de la derecha latinoamericana -los mismos enanos de siempre- ya lo están atacando en el mismo tono que los de izquierda ¿Cuándo alcanzaremos-me pregunto- aquel grado mínimo de civilidad que permita entender que cada uno es dueño y libre de votar por quien quiera sin que por eso deba ser condenado, insultado o silenciado? He dejado para el final mis referencias a los acomodaticios, vale decir, aquellos que tratan de salir alegremente del paso señalando que Vargas Llosa es un gran escritor, pero desde un punto de vista político, un ser abominable. Lo mismo se dijo de J. L. Borges y, sobre todo, de ese enemigo mortal de toda dictadura que fue Octavio Paz. Por cierto, que el arte de un escritor pueda ser distinto a su ideología, es algo muy frecuente. Para poner algunos ejemplos, Louis - Ferdinand Céline fue un fascista a toda prueba, lo que no le impidió ser un escritor inmenso. Pablo Neruda fue estalinista, y sin embargo estoy convencido de que jamás el verso castellano ha estado más cerca del cielo que bajo el influjo del gran poeta. Podemos llenar cuartillas con ejemplos parecidos. No obstante, analizando el caso Vargas Llosa se puede concluir que entre el hombre literario y el político las diferencias son mínimas. Ya sea en su literatura como en su vida política, Vargas Llosa –hay que reiterarlo- ha estado siempre en contra de toda dictadura. Ni en uno ni en el otro nivel se ha pronunciado a favor de la explotación humana, de la discriminación a las mujeres o de cualquier acto criminal cometido por algún gobierno, sea real o imaginario. Más aún, desde el punto de vista literario hay pocos autores que han mantenido un compromiso social tan intenso y constante como Vargas Llosa ¿Dónde se encuentra una radiografía más profunda de la cultura machista y militarista que en la Ciudad y los Perros? ¿Dónde ha sido mejor revelada la descomposición moral de una oligarquía que en Conversación en la Catedral? ¿Quién después de José María Arguedas (Los Ríos profundos) ha tratado con tanta sensibilidad el tema de los pueblos indígenas como Vargas Llosa en El Hablador? ¿Quién ha mostrado con mayor destreza la miseria social y cultural de los pueblos andinos como Vargas Llosa a través de las peripecias del sagaz cabo Lituma? ¿Quién ha entendido mejor las rebeliones populares como cuando estudiando con manía historiográfica noveló el movimiento de los canutos en esa obra monumental que es La Guerra del Fin del Mundo? ¿Cuál escritor latinoamericano ha entendido mejor los orígenes históricos del feminismo como Vargas Llosa en la Flora Tristán del Paraíso a la vuelta de la esquina? ¿Dónde se muestra de modo más detallado la monstruosidad de los dictadores centroamericanos que en el Trujillo de La Fiesta del Chivo? ¿Cuál escritor de izquierda se ha esforzado en reconstruir la horrorosa historia del colonialismo europeo de un modo tan prolijo como Vargas Llosa en El sueño del Celta? No, estimados escritores nacionalistas, izquierdistas, derechistas, populistas y acomodaticios. A Mario Vargas Llosa nadie le regaló el Premio Nobel. Lo ganó con una constancia, con un talento y con una integridad personal, que ustedes, aunque lo lapiden, nunca, ni en sueños, alcanzarán.

4/27/2012

Lógica y revolución

La lógica revolucionaria del gobierno venezolano bebe de las fuentes universales que le sirven de sustento. Como esta revolución parió un ser iluminado, implica entonces que además es infalible. El presidente (vamos a dejarlo así, en minúsculas), especie de caudillo que trasciende el bien y el mal, lleva adelante sus caprichos con la permisividad absoluta que una lógica de plastilina le pone en bandeja de plata. A estas alturas hace ya tiempo que se apoderó de todos los poderes públicos. Si dentro de la revolución vale todo y fuera de ella nada, hay que observar el sedimento que un barullo como el socialismo del siglo XXI arroja: un hombre, un único mandón es la encarnación del bien, de la justicia, de la verdad y de la historia. Nada menos. Toda una bomba de tiempo. Si a cualquiera se le ocurre dudar, si ella o él tienen el atrevimiento de taparse la nariz ante el nubarrón de incienso que le prenden a Hugo Chávez y se pone a debatir, entonces se convierte en un traidor, un enemigo, un subhumano, insecto y bicho merecedor de algún pulgar que le haga el favor de aplastarlo. Es preciso acatar, no disentir. El fin justifica los medios, qué se le va a hacer. La lógica revolucionaria tiene poco de lógica y bastante de disparate, pero eso importa poco. Cuando alguien se mete en los bolsillos el poder omnímodo, justo en el momento en que decir ñe es palabra santa y vale para cualquier antojo, el peligro se materializa, se instala en los poros de la sociedad, pende sobre un país como espada de Damocles. Es lo que ha ocurrido en Venezuela durante catorce años de delirios. Las fiebres no sudadas de cierta izquierda irredenta, nostálgica de estalinismo y otros ismos igualmente impresentables, más los vivos, los necios, los torpes, los oportunistas e incluso los ilusos de siempre, forjaron la polvareda que hizo posible este barrial. Eladio Aponte, último gran escándalo en esta república que vive colgado a ellos como un adicto de su jeringa, es el mejor ejemplo de esa actitud típica de cuanta cosa da en llamarse revolucionaria. Creció, engordó mimado, consentido por quienes ahora le sacan la alfombra, básicamente porque trastocó el ideario: dice, y dice mucho contra el régimen y contra su andamiaje, que es podredumbre, corrupción, fracaso. Es un traidor (le echan en cara), pero no porque se haya confesado delincuente. Lo es debido a que confesándolo señala el pus, la fetidez, y perjudica entonces al “proceso”. La lógica revolucionaria en el poder pasa por el tamiz de neuronas hirvientes, saturadas de pastiches ideológicos que cuando por fin se estrellan con la realidad monda y lironda, es tarde para evitar males mayores. Y como de costumbre, pagan los desvalidos, los indefensos, la gente de a pie, la de la calle. Es una lección que se ha aprendido poco. Es una materia pendiente aquí para alcanzar la democracia.

4/23/2012

5:00 pm

Una mujer que camina por la arena/ se guarda el sol entre los senos/ escupe caracolas/ mastica orgasmo tras orgasmo/ y lleva el poniente metido en la cintura/ tendida boca arriba al horizonte.

4/20/2012

Pasan los días

Pasan los días y el espectáculo de la política local, como siempre, ofrece mucho circo y poco pan. Sobre todo cuando el ejercicio del poder muestra el balance en rojo de catorce años de alharacas, mediocridad y desvergüenza. No es que en la oposición las cosas resulten muy benditas, pero en el oficialismo se batieron todas las marcas de ineptitud entremezcladas con insensatez. Un cóctel pésimo para el estómago. Una vez escuché a un intelectual gobiernero decir por todo el cañón, sin mínimo atisbo de pudor, que aquí la inclusión, social y de cualquier pelaje, había llegado para arrellanarse en un sofá, para quedarse. No le tembló un músculo de la cara. Al poco, Chávez en sus cantaletas diarias sonreía a placer porque en este país de inteligentes alguien, que rasguñaba versos, reconocía una realidad que de pura verdad si te descuidas puede llevarte por el medio, puede aplastarte la nariz. Confieso que a veces, cuando la cola del banco está gorda, me da por imaginar qué pasará por la cabeza de estos señores escritores cuando estos señores escritores intentan que una de sus neuronas, seguida de otra, y de otra si algo queda, hagan esa cosa que dieron en llamar sinapsis. Este gobierno, creador del apartheid político más espeluznante en la historia venezolana (la execrable lista de Tascón), pretende darse el lujo de aleccionar a propósito de ética, conducta democrática, derechos humanos y otras menudencias por el estilo. El intelectual de marras, personaje de cuyo nombre no vale la pena acordarse, gozaba sintiéndose un progre posmoderno, exquisita pieza de esa izquierda caviar que ni olvida ni aprende, y se movía y se mueve aún como liebre que hace surfing en las playas de la bolivariana ideología tercermundista. Una izquierda feliz a la hora de los acomodos, los carguitos, las prebendas, los premiecitos oficiales. Una izquierda con tufo a scotch 18 años, temblorosa ante el caudillo, babieca ante los Castros de este mundo, admiradora de la cárcel más grande y más longeva del Caribe. Pasan los días y se acumula la esperanza. Al momento de votar (no hay cañoneras de potencia alguna apuntando para acá, no hay marines desembarcando por La Guaira, no hay tiempo para inventarse sagas cinematográficas o épicas de combate en las montañas, mentiras legitimadoras, ataques del imperio), digo, al momento de votar, justo en ese gesto occidental tan poco estridente, tan de bostezo (apretar un botón, elegir) el dedo índice se transforma en puntapié que va directo a las posaderas presidenciales. Así cobran los demócratas, tal es el perfomance del futuro que se asoma. Luego, claro, tocará barrer los vidrios rotos e intentar rehacer un país. Nada menos. Pasan los días, mientras tanto pasan los días y llega Octubre. Siguen pasando los días.

4/19/2012

Cultura Sónica



Cultura Sónica, 107.3 fm, un programa del Centro de Investigaciones y Estudios en Literatura y Artes de la Universidad de Guayana.

Es innegable que vivimos en una cultura mestiza. Hablar de pureza racial, o cultural, o cosa parecida, es un disparate sin mayores seguidores en el presente. De ese mestizaje que es una bendición en cualquier parte, el componente indígena ha existido desde el principio y hoy en día cobra, en Venezuela, un peso específico de importancia capital.
¿Cómo se entiende el mundo indígena que hace vida en Venezuela? ¿Qué caracteriza, más allá de los lugares comunes, a las distintas etnias que habitan este territorio? ¿Cómo nos influenciamos mutuamente? ¿Cómo nos abrazamos o nos damos la espalda a través de los años? ¿De qué modo nuestra cultura occidental fue alimentándose de sus aportes, es decir, de qué manera se ha llevado a cabo el diálogo hasta procurar el aludido mestizaje?
Para conversar de éste y otros asuntos nos acompaña esta tarde Nalúa Silva Monterrey, profesora en la Universidad de Guayana, investigadora adscrita al Centro de Investigaciones Antropológicas de la misma universidad, doctora en Antropología, profunda conocedora de lo indígena venezolano y amiga de cuyo trabajo intelectual y trayectoria académica aprendemos siempre.
Bienvenida Nalúa a Cultura Sónica. Estamos felices de compartir hoy esta charla contigo.

Hallazgo



miro tus ojos
sólo basta mirarlos
para dar conmigo.

4/12/2012

Revistas del corazón



Hay gente que abre una revista del corazón y siente náuseas. Confieso que a mí me llaman la atención. Las revistas del corazón son eso: construcciones elaboradas con el objeto de explotar el melodrama en que nos da por transformar algunas realidades.
Yo disfruto un mundo ese oleaje amarillista con el que la mayoría de periódicos usa y abusa del cotorreo sentimental a propósito de Julio Iglesias y no sé quién, o de Catherine Fullop y el afortunado que le baja el cierre de la falda. Gozo, no lo niego, hurgando la frivolidad hecha palabra, y el asunto cobra interés superlativo cuando a partir del cuento rosa, del escándalo entre parejas, del riqui ruque en función de Diosa Canales y el tamaño de sus tetas, emerge una obra hecha pieza maestra a punta de relojería literaria.
Un culebrón televisivo existe más allá de la pantalla, es decir, somos dados a la historia lacrimosa y al moco suelto a favor del “happy end”. Latinoamérica es hiperbólica por mil razones, y en el morbo de un tabloide sensacionalista o en la explosión de un lío de faldas yace, no faltaba más, cierta condición humana. Veamos: un clásico universal. Pongamos por caso: la “Ilíada”.
En el fondo la leo, y en verdad eso hago, como una historia truculenta, como el notición de una época, carne de cañón para las fauces, ávidas de chisme, de un Homero sobrado de talento. ¿Quién me dice que el magma hirviente cuyo colofón es la Guerra de Troya no dio pie a la primera revista del corazón que conozcamos? Cuando se inicia la “Ilíada”, aqueos y troyanos llevan casi diez años de combate encarnizado, precisamente por cuestiones de la carne: Elena, la mujer más bella del mundo y esposa de Menelao, guerrero aqueo, es raptada (y cómo ha disfrutado la pobre del secuestro) por el guapo Paris, hijo del rey de Troya. Ése es el punto, ésa es la razón, tal es el detonante de un conflicto armado llevado a la escritura que se transformó en monumento literario.
De un cuento digno de la “Hola”, de “Buen Hogar” o “Vanidades”, alguien crea una obra maestra. Sigue siendo una boutade del corazón, un chismorreo en boca del más genial paparazzi que ha existido, qué duda cabe a estas alturas. Y el follón, diga usted si no y gústele a quien le guste, llega intacto a nuestros días.

Beso



Un beso humeante
un beso hot
un beso hervidero
un beso de cien grados
un beso al rojo vivo
un beso al rojo vino
un beso caliente
un beso a la brasa
un beso de fuego
un beso candente
un beso explosión
un beso que rompe los termómetros
un beso incandescente
un beso escupefuego
un beso que derrite
un beso antorcha
un beso fósforo
un beso lanzallamas
un beso carmesí
un beso en ebullición
un beso quemante
un beso al horno
un beso al vapor
un beso de dragón
un beso candelita
un beso en baño de maría
un beso sauna
un beso que nos funde
un beso
un bes
un be
un b
un
u

4/11/2012

Cultura Sónica



La ciencia y el arte, según nos enseñaban en la escuela, son mundos diferentes, ajenos entre sí, mutuamente excluyentes. Un científico y un humanista en apariencia forman parte de bandos irreconciliables.
¿Es esto en verdad así? ¿Las matemáticas, por ejemplo, y la literatura, no tienen nada que decirse? Resulta evidente que muchos escritores y buena cantidad de científicos hicieron del arte y de la ciencia ámbitos porosos, interconectados, en los que el diálogo entre saberes fue siempre una constante. ¿Qué podemos aprender de ellos? ¿Qué nos dicen hoy en día? ¿Cómo echar mano de lo artístico y de lo científico para evidenciar los vínculos que sin duda existen entre ellos? Las ciencias y las humanidades, entendidas como compartimentos estancos, resulta un artificio con los pies de barro.
Para conversar de lo anterior nos acompaña esta tarde de lluvia Moisés Zambrano, profesor en la Universidad de Guayana, Licenciado en Educación, Mención Informática y Matemáticas, Doctor en Educación, miembro del Centro de Investigaciones en Ciencias de la Educación en la misma Universidad, pero sobre todo amigo que se ha tomado el tiempo necesario para reflexionar sobre el oficio de enseñar matemáticas desde la literatura. Bienvenido Moisés a "Cultura Sónica", es un placer que hoy estés en el programa con nosotros.

Ocho años no son nada



Alguna vez, en 2006, publiqué este escrito. Creo que vale para 2012.

El otro día alguien afirmaba que el Presidente es un Hércules de la revolución. Ni modo, los argumentos para validar semejante adjetivo vienen escupiéndose desde hace buen rato: misiones, misiones, misiones. Según el lisonjero personaje, a la fecha los pobres son menos pobres, los desempleados también son menos, y los infelices un puñito ínfimo.
Hay quienes suponen que las misiones equivalen a una intervención de alta cirugía, a una jugada de estadista, a una muestra de eficiencia y amor por los semejantes, cuando en realidad existen gracias a un populista que no tiene techo, empinado sobre una carambola petrolera. Porque con un precio del barril, pongamos por caso, en ocho dólares, o en diez, ¿cómo inventar esas maromas?, ¿cómo cree usted que Chávez gobernaría?, ¿cómo mantendría el tren de demagogia visto a cada minuto? Ya llevaría tiempo de patitas en la calle. Resulta obvio que aquí, es decir en Venezuela y en Latinoamérica, la mayoría necesita con urgencia una mano que le sirva como trampolín económico para lograr su despegue, y ésa es una obligación del Estado. Pero de ahí a inventar mamotretos, impensables sin el chorro sideral de petrodólares que se vendrá abajo una vez cese la circunstancia del alza, existe un abismo conformado por la megalomanía, el disparate y la pésima gerencia.
El gobierno ataca con fuerza al sector privado, ni por asomo promueve empleos productivos, afirma sin empacho que ser rico es malo, estafa con sus propuestas educativas, voltea para otro lado ante una cifra horrorosa: más de catorce mil muertes anuales debidas a la delincuencia, mientras el sinvergüenza pide a la gente que cuide a los cubanos. Con un prontuario así las costuras de un discurso embaucador saltan a la vista, entre ellas una de importancia capital: el reparto de migajas.
Dar limosnas es una de las actividades preferidas por los autonombrados revolucionarios, es un factor vital de todo caudillo que se respete. La explicación es sencilla. A Chávez le interesa que exista pobreza, le importa mucho que la nación dependa del Estado -asunto que por sana lógica debería ser al revés-, Chávez necesita que los niveles de educación se mantengan en cotas subsaharianas, y le es imprescindible, además, que el desempleo haga de las suyas, todo entremezclado con manejo discrecional de instituciones clave para la democracia, lo cual produce como consecuencia terrenos fértiles para ejercer el populismo, fuente inestimable de ganancias políticas en sociedades como las nuestras, sin contrapesos ni figuras a quienes rendir cuentas.
Repartir migajas, lanzar trozos de esperanza contenidos en una idea ficticia de superación gracias a la educación express, gracias a una beca que no es tal sino un vulgar anzuelo, o gracias a planes Barrio Adentro (que te dan una aspirina pero cuando vas al hospital te mueres porque está en el suelo), digo, repartir migajas es el punto neurálgico del gobierno a la hora de entramar su tinglado de estadía eterna en el poder. El caso es que Chávez requiere una masa dependiente con la que practicar sus acrobacias, su poder extraordinario de encantador de serpientes, es decir, le urge mantener un interlocutor fiel, alguien ahí, doblegado y aplaudiendo, a quien decirle que otros lo engañaron, que otros, y no él en sus ocho años de gobierno, son los culpables de sus miserias y desgracias. Que otros son los dispuestos a continuar mancillándolo, que otros son el diablo encarnado. Y que él es un ángel liberador, una fuente de bondad y de amor que se materializará en un futuro cargado de felicidad (la época dorada, ¿recuerdan?) erigido sobre los hombros de una etapa ineludible, absolutamente necesaria: esa entelequia llamada “Socialismo del Siglo XXI”.
En verdad, nadie sabe qué cosa puede ser ésa. Las habladeras en torno a ella no pasan de ser un cóctel muy malo para el estómago, donde caben a sus anchas el comunismo, el militarismo, la demagogia y por supuesto el autoritarismo. Una soberana ensalada de ismos con proyección internacional: Hugo Chávez salvará a Venezuela, al continente, al mundo, al Sistema Solar y a la Vía Láctea. De allí a cobrar para sí el universo entero habrá un pasito. El Socialismo del Siglo XXI, que nadie sabe lo que es y que carece, pobrecito, de pies y de cabeza porque únicamente está hecho de retórica, lleva ocho años en fragua. Falta poco para su definitiva puesta en marcha, claro, para el salto total, que según los entendidos se acercará mucho más el año próximo, cuando se radicalice la revolución, cuando las promesas del 98, repetidas en el 2006, superen la fase inicial de un quinquenio más tres años de regalo, y cojan fuerza hasta las otras estaciones, por allá en el 2021, el 2050 o el 80.
De migaja en migaja se avanza a paso de vencedores. Ocho años no son nada. Es como para quedarse patitieso de tanta nadería, pero Chávez tiene la cara más dura que una roca. El enemigo a vencer es Bush, son los gringos, es Fox, es Toledo, es Blair, es García, es Calderón, es Uribe. Es el planeta mismo. Todos contra el David sabanetero, qué calamidad. El asunto es entre éstos y Chávez, es decir, entre éstos y el pueblo, porque el pueblo es Chávez y con Chávez mandan los Juan Bimbas y dale que te dale y blablablá y ya, perdónenme el palabrerío. El asunto se tiene que extender de la frontera para afuera, ni se te ocurra pensar que a quien es vital doblarle el pescuezo es al hambre, al hampa, a la corrupción o a la falta de trabajo estable, digno, bien remunerado. Para eso, repito, como al oxígeno, Chávez necesita de una galería creciente, de un auditorio a su medida puesto en su lugar a fuerza de pobreza. La anarquía le va muy bien, la ausencia de oportunidades le viene como anillo al dedo. Pero anda nervioso, la verdad. Le están sacudiendo el aparataje. No hay invasión, ni vienen los marines. El tipo ve al lobo cerca y por doquier, o sea, a un certero puntapié en medio de sus posaderas acostumbradas a la silleta presidencial, que no es eterna.
Supuso que estaría ahí por siempre. Gran error. No hay invasión, pues, ni cañoneras imperialistas prestas a sacarlo por la fuerza. Qué cosa tan mala. Es una cuestión de votos, de sencilla democracia. El asunto no va bien, el imperio tiene mejores cosas por hacer en Irak, cuestión que lo asusta, que le afloja las piernas, que le hace aumentar el litio, que lo enfrenta a su sombra, que le pone el espejo enfrente y lo obliga a contemplar su rostro, su soledad extrema, su fracaso, su delirio como burdo reflejo, como imagen ficticia, sin cuerpo, irreal. Nerviosismo redoblado: para futuros no lejanos, en vez de ejercer labor de trotamundos, podría rendir cuentas ante la justicia. Terror triplicado. El espejo le espanta el sueño. Pobre hombre. Pero ocho años no son nada, según su cuenta la revolución apenas va a comenzar. Ahora sí. En el 2007 la espada de Bolívar dará carreras por América Latina, de verdad verdad. El tres de diciembre votarás por la esperanza. En diciembre el futuro va a presentar nueva cara. Le dirás no al pasado. Le dirás no a los prometedores de oficio. Después de todo, ocho años no son nada.

La Fiesta del Libro



El Centro de Investigaciones y Estudios en Literatura y Artes de la Universidad de Guayana invita a la "Fiesta del Libro". Ciudad Universitaria, módulo 1, espacios de pb, Unidad de Publicaciones Periódicas.
Expoventa de libros, conferencias, cineforos, conciertos y mucho más.

4/09/2012

Cuarentena



Daniel: Papá, papáááááááá...
Yo: Aquí estoy, te escucho, cuéntame
D: ¿Los dinosaurios existen?
N: No, hijo, ya no
D: ¿Ni en la imaginación?
Y: Bueno, digamos que ahí sí, en nuestra imaginación sí, los dinosaurios y mil cosas más
D: ¿Ves que sí existen?
Y: De acuerdo, sí, existen entonces, en la imaginacón continúan vivos
D: Papá...
Y: Dime, mi amor
D: ¿Los duendes existen?
Y: La verdad es que no sé, en la imaginación, quizás, como los dinosaurios, no lo sé exactamente
D: Ahhhh, nunca sabes naaaaaaaaada
Y: ¿Te parece?, muy bien, muy bien, muy bien
D: Sí, papi, me parece. ¿Sabes?, te pusieron un cerebro descompuesto
Y: ¿Sí? ¿Eso me pusieron?
D: Sí... Mmmmm,mmmmmmmm, ¿tienes el cerebro apagado por reparaciones?
Y: Jajaja, a lo mejor, a lo mejor...
D: ¿Tienes una cinta amarilla alrededor de tu cerebro que no deja salir las ideas?
Y: Daniel... ¿Eso es lo que crees?
D: Sí, sí, sí, eso es lo que creo.

3/31/2012

Los ojos de una hija



Camila: Papá, papá
Yo: ¿Sí?, dime, mi vida, te escucho
C: ¿Sabes?
Y: No, no sé aún
C: Eres el papi más lindo de todos
Y: Aaaaaahhhh, jajajaja, ¿y cómo sabes eso?
C: Porque lo sé, lo sé muy bien
Y: ¿Quién te lo dijo?
C: Nadie, yo lo sé
Y: ¿Y has visto a toooooooooodos los padres de este mundo para decirme algo así?
C: No
Y: ¿Ves? ¿y entonces?, ¿Cómo es que afirmas eso?
C: Porque lo presiento
Y: ¿Lo presientes?, bueno, eso es muy interesante
C: Lo presiento, y también lo siento aquí
Y: ¿Aquí? ¿Dónde?
C: En el corazón
Y: Ah, cariño, en ese caso... Muchas gracias, señorita
C: De nada, de nada, señor.

Palabra e imagen



Un documental muy interesante acerca de un escritor que es un maestro. Dejo el enlace:
http://www.youtube.com/watch?v=wCGXFUmbgk4

3/25/2012

Cierta vez te dije o me dijiste



Murió mi padre
un día como mañana.
26, marzo 26
sol en punto
schock en punto
no más sístoles ni diástoles
no más miradas cómplices
no más humo de pipas.
Faltaron cosas por hacer
Uff, cuánto faltó por hacer entre tú y yo
rúbricas al pie de otras sonrisas
matasellos de correos hacia Helsinki
quedó pendiente aquel diálogo en Toulouse
una baguette cerca de ambos
y tu brazo ahí, sobre mi hombro
como en los viejos tiempos.
Faltó el tabaco compartido en Tournefeuille
la hojarasca entre los pies
los olores a guayaba
el calor
el ocre metido entre ceja y ceja de un atardecer.
Tanta vida, demasiada vida explotando aquí o allá.
Guardo la memoria reinventada
y las pupilas llenas con el abecedario, con letras
que cierta vez te dije o me dijiste.
Te he dado un abrazo cada día
todos los siempres
que se me puedan ocurrir
para sacarle la lengua a la distancia
para darle un puntapié a la muerte y que no joda.
Eso es
no lo olvides
para darle un puntapié a la muerte y que no joda.

Marx, materialismo y Nietzsche



Un artículo del profesor Emeterio Gómez. Se trata de un texto valiente, como los que me gustan, donde se plantean ideas pensadas, repensadas, vueltas a pensar, donde se enfrenta todo un cúmulo de monsergas falaces y se corren los riesgos que sean necesarios defendiendo tales ideas a pura fuerza de neuronas. Vale la pena aproximarse a este abreboca y adentrarse en el asunto mediante los ensayos que Gómez ha publicado al respecto.

A raíz de mi artículo anterior dedicado a la magnífica pieza teatral de Gennys Pérez, "Yo soy Carlos Marx" -y como es usual cada vez que agredo a alguien- un tropel de mails apareció en la pantalla: "Te hacen daño los adjetivos despectivos contra Marx. Todas esas ofensas se revierten contra ti". "Por más que radicalices tus agresiones, Emeterio, no vas a borrar una realidad que es obvia: ¡Marx fue un gran pensador! Tuvo que serlo para haber sacudido al mundo y haber logrado la fama -casi religiosa- que logró". "¿A quién esperas convencer de que fue un tonto, alguien cuyas ideas ilusionaron a la mitad de la humanidad en el siglo XX?". "Tienes que saber que se trata de una exageración tuya... esa sí, tonta y necia".
Ante esas críticas, tan solo quiero reiterar -precisamente- que no estoy exagerando. Que no deseo ofender a nadie, ni es una simple reacción ante la loquetera comunistoide de Chávez. Nada de eso: estoy de verdad convencido de que Marx fue un zonzo, sólo que tuvo la suerte de haber sido retomado por Lenin y, a partir de éste, por Stalin. Después de cinco décadas de reflexionar sobre el asunto y, sobre todo, después de la caída del Muro de Berlín y del mundo comunista, y, "mas sobre todo aún", después de que la China maoísta se convirtió en capitalista, después de todo eso, se deduce, casi matemáticamente, que la teoría -el Marxismo- sobre la cual se montó todo, tuvo que haber sido una insigne zoncera.
Pero en medio de tanto mail reprochándome, llegó uno de un ser muy querido que me compensó con creces: "Gracias por ayudarme a entender, por fin, una idea muy abstrusa que tú mismo has planteado: ¡que el ser humano no es un ente natural! Que ese afán de Marx por poner a depender el curso de la sociedad -lo que él llamó las relaciones sociales de producción- del crecimiento de las fuerzas productivas materiales, o sea, de la economía, es tonto. (¡Por mucho que, en efecto, nada haya más natural que la escasez y nada nos regrese tanto a la animalidad como la Economía!). Porque el poner a depender la espiritualidad de los seres humanos de su desarrollo material, esto es, de la naturaleza -de la inexistente naturaleza humana; en síntesis, ese esfuerzo por hacer girar la supuesta o presunta superestructura política y jurídica (y, más aún, ética o espiritual) sobre una también supuesta o presunta estructura material o natural, es definitivamente estúpido. En fin, que todo ese afán de Marx -que él creyó científico- era en realidad, tal como tú dices, necio".
"Y gracias -continuó ese mail alentador- por rematar tu artículo con esa bella alusión a Nietzsche, como ubicado estrictamente en la esfera de Lo Humano, en las antípodas de lo natural-material. Gracias, Emeterio, por recordarme que él parió El Nacimiento de la Tragedia por los mismos días que Marx escribió la Crítica del Programa de Gotha. Me hiciste evocar el título de un libro de Nietzsche que alguna vez intenté leer: Humano, demasiado humano". En efecto, cuando Marx estaba devanándose inútilmente los sesos para fundar una filosofía materialista -por mucho que haya sido "materialista histórica"-; en la misma época en que intentó "invertir a Hegel", tratando de refundar la Dialéctica en las "condiciones materiales de producción", casi en esa misma época, Nietzsche escribió su "Así habló Zaratustra", una obra inmortal dedicada al desarrollo espiritual del hombre: la fuerza motriz que ilumina y de la cual -exactamente al revés de lo que el buenazo de Marx creyó- depende el desarrollo material de las Fuerzas Productivas.

3/24/2012

Eros solitario




Vellos
sexo
labios
algas
líquido abundante
punto de fuga
en el horizonte de tus curvas
plena fantasía
cien grados centígrados
a las 2:30 de la madrugada.
Pubis colosal
sombras y muslos
nalgas y caderas
vientre, pezones, gemidos
lenguas en combate
como peces
como apariciones.
Cierra los ojos
ciérralos
a roncar
a roncar
porque mañana
quién quita
mañana sí estarás
porque es verdad que mañana siempre es otro día.

3/20/2012

La inteligencia de las lenguas



El otro día un señor hablaba por la tele. Más que hablar pontificaba. Decía el personaje que todos echamos mano del lenguaje y bueno, le damos forma a las cosas, dialogamos, nos hacemos entender o no, usando a veces bien y en ocasiones con torpeza esa herramienta fabulosa que es el idioma en el que chapoteamos.
Justo ahí fruncí el ceño. Un asunto es utilizar la lengua (en verdad, cuidado con ser manipulados por ella) para meternos de cabeza en el mundo, y otra muy distinta suponerla herramienta, imaginarla artefacto, medio para un fin simplemente utilitario. En ella nace lo que somos, se extienden nuestras posibilidades de expresión o asimilación en cualquier ámbito: filosófico o literario, académico o barriobajero, cafetinesco, putañero o sacramental. Hay en las lenguas una inteligencia única, tan enigmática como fascinante, donde se asienta su poder de seducción, de creación, de posibilidades de expresión, de totalidad integradora, que nos eleva a la altura de lo humano. No existe otro lenguaje capaz de llegarle a los tobillos cuando media semejante hecho. La comunicación a través de las palabras fraguó seres que ya nunca más verían juntos una flor del mismo modo, o una tarde de lluvia con idéntico horizonte conceptual.
Es posible decir “subo a tus senos y admiro tus llanuras desde el Himalaya”, es posible referirse al “verde menta de tu piel”, es sensato afirmar “tu sombra carmesí baila un tap en mis deseos”. Hay una inteligencia muy extraña, perfectamente coherente, una inteligencia que tiene su razón de ser en comunicar más allá de lo evidente, que pone en contacto superficies o profundidades en apariencia intolerables entre sí y que nos agarra por el cuello para permitir que escudriñemos mil facetas de esto que llamamos vida. Uno habla y luego existe, según Descartes modificado, pero hablar aquí implica partir del lenguaje reflexivo, creador, lleno de hilos que son la punta de un ovillo digno de desentrañar a cada instante.
Hay una inteligencia no necesariamente lógica. En español decimos “la casa blanca”, y se acabó, mientras que suena extraño andarse por ahí con una frase como “the white house”, que es tan normal para los gringos. ¿Quién tiene la razón? ¿Qué oración es más o menos lógica? ¿Cuál es correcta o incorrecta? ¿Alguna de ellas se aproxima con más tino a lo real? Ambas funcionan a la perfección, no cabe duda. Estoy convencido de que la lógica aquí se va de juerga, cada lengua goza de la suya, muy particular, y cada una vale un universo en sí misma.
La belleza para mí quizás tenga poco que ver con la belleza para usted. “Hembra suculenta, piernas de infarto, labios inflamables” dispara adrenalina en torrentes sanguíneos específicos, cuando en otros podría no generar la menor turbulencia. Las palabras significan, significan tanto que los significados en cuestión bien pueden resultar distintos, contrarios, emanados -vaya paradoja- de un mismo párrafo o vocablo. ¿Qué son unos “ojos de Luna al calor de un cigarrillo”? ¿Qué es un “rostro verde de envidia”? ¿Qué será un “pubis insaciablemente angelical”?
Existe el mundo en mí, vislumbro universos, pido un café, pregunto por mi abuela, navego sietes mares con Simbad, porque tengo una lengua que me pone al día con todo ello. Conozco, exploro, llego a internarme en las cavernas de la imaginación, la ficción, lo real, gracias al español, el francés, el wayú o el chino mandarín, que es donde inventamos nuestra puesta en escena, que es donde fabricamos nuestras realidades.

3/17/2012

Conmigo



Como una mariposa a veces
o como un estegosaurio,
quién quita,
así,
por todos los sueños
y de todas las maneras,
te quedas para siempre en mí.

3/16/2012

Danza



Alguna vez
el mundo bailó un tango
en mis bolsillos.

3/15/2012

El día que conocí a Álvaro Mutis



Jamás vi a Álvaro Mutis, y ni falta que hace. Los libros sirven entre otras cosas para cerciorarnos de que otro mundo es posible, de que otras realidades existen y te pellizcan la nariz, y la verdad es que si uno abre bien los ojos termina sudoroso, feliz de tanta cosa rara atravesada en el camino.
Tengo la idea de que puedo darle la mano a sultano, o intercambiar sonrisas con fulana, sin que para ello medie el cuerpo a cuerpo o el hecho práctico de tenerlos enfrente. Conocí a Álvaro Mutis una tarde de sol, en mi café predilecto, y fue García Márquez -amigo ya de años con quien aún no me he tropezado en persona pero qué puede importar- quien me lo presentó sonriente.
“Yo no vengo a decir un discurso” (Mondadori, 2010), libro del Gabo que está cargado de discursos, y es más, que es todo él un discurso, fue la llave del encuentro que yo con un café, Gabriel con una birra y Mutis con un jugo de Guayaba helado, mantuvimos exactamente el domingo once de marzo a las dos en punto de la tarde.
“Es posible ser poeta sin morir en el intento”, leí en la página setenta y seis. Por supuesto, Mutis lo ha sido desde que tiene uso de razón y se las arregla a cada rato para darle la vuelta al asunto y sonsacar a otros, a los más jóvenes por ejemplo, con la subterránea intención de que también piensen en serlo. “Los instiga a la poesía contra la voluntad de sus padres, los pervierte con libros secretos, los hipnotiza con su labia florida y los echa a andar por el mundo”. Es la buena acción de cada día, preocuparse por los otros, ganar adeptos para la literatura, pretendiendo entonces que éste sea un mejor lugar para vivir.
He dicho que conozco a Mutis, y es verdad, y he comentado asimismo que no lo he visto ni en pintura, lo cual también es un acierto. Sin embargo, ya desde hace décadas andábamos por la vida de fiesta en fiesta o de esquina en esquina, compartiendo gracias y a propósito de cierta idea del universo, del vivir, de lo bueno o de lo malo, que está presente en ambos desde los tiempos en que nos tratábamos sin siquiera imaginarlo.
Contaba García Márquez en el encuentro del café que “ahogado de tequila, con un amigo muy querido, toqué a las cuatro de la madrugada en el apartamento donde Álvaro sobrellevada su triste vida de soltero y a la orden. Descolgamos un precioso óleo de Botero, de un metro veinte por un metro, nos lo llevamos sin explicaciones e hicimos con él lo que nos dio la gana. Álvaro no me ha dicho nunca una palabra sobre el asalto, ni movió un dedo para saber del cuadro.” Entonces otra vez salta el conejo de la entrevisión, especie de rendija por la que se cuelan años de amistad, de guiños cómplices, años en que aún sin saber que Álvaro Mutis era mi amigo, que nos conocíamos lo suficiente, que venga, hombre, vamos a tomar unas cervezas en el bar de Eusebio y demás hierbas, siempre anduvimos más cerca de lo que hoy pudiera imaginar y ahí estaba el tipo, sin que me diera cuenta, y ahí estaba yo, ignorando estar de cabo a rabo.
Conocí a Álvaro Mutis sin percatarme del asunto porque se puede andar hurgando por la vida, claro que se puede, y atravesar el universo, y creer que estás metido en aguas solitarias y entonces, en un parpadear, descubrir que no es así y que ese señor gordo y simpático que de golpe aparece a un lado tuyo es en verdad uña y curruña desde hace una punta de años. “En Roma, en casa de Francesco Rosi, hipnotizó a Fellini, a Mónica Vitti, a Alida Valli, a Alberto Moravia, a la flor y nata del cine y las letras italianas, y los mantuvo en vilo durante horas, contándoles sus historias truculentas del Quindío en un italiano inventado por él, y sin una sola palabra de italiano”, y además, “en París, esperando a que las señoras acabaran de comprar, Álvaro se sentó en las gradas de una cafetería de moda, torció la cabeza hacia el cielo, puso los ojos en blanco y extendió su trémula mano de mendigo. Un caballero impecable le dijo con la típica acidez francesa: ‘es un descaro pedir limosna con semejante suéter de cachemir’. Pero le dio un franco. En menos de quince minutos recogió cuarenta”. Creo que la amistad es así, relajada, un ajedrez de elementos enlazantes, de percepciones más o menos compartidas sobre esto o aquello, o quizás ni tanto, a veces azarosa, y nace en ocasiones antes de que te enteres. Jamás vi a Álvaro Mutis, y ni falta que hace, pero Álvaro mutis es mi amigo.
Digo ahora que ha habido mil cafés de por medio, caminatas por la plaza, por alguna avenida de México o Colombia, muchas, muchas experiencias traídas por los pelos que sólo confirman nuestra pertenencia a un perímetro común en cuestiones de existir, en menesteres de la hermosa condición humana.

3/11/2012

Daniel y yo



Daniel: ¡Papá, papááááá!
Yo: ¿Sí? Dime, te escucho
D: ¿Por qué te salen cabellos blancos?
Y: Ah, por los años, por los años. Llega un momento en que aparecen y ya. El cabello empieza a hacerse gris. Plateado.
D: ¿Como un robot?
Y: Pues sí, algo parecido
D: ¿A mí me saldrán pelos blancos?
Y: Sí, seguramente sí
D: ¿Cuándo?
Y: Cuando tengas mi edad
D: Bueno, bueno, cuando sea un abuelito.

3/07/2012

Rostros



Cuando era niño imaginaba que los objetos del mundo estaban vivos. Lo que veía a mi alrededor de alguna extraña manera hablaba o cantaba, o reía, y lograba descubrirlo sólo con espiar un poco.
Un carro visto de frente gozaba de expresión, poseía rostro, a veces muy alegre como el del Ford Fairlane de los ochenta, o por el contrario dejaba entrever cierto encono, cierto aspecto de pocos amigos típico del Caprice Classic o del Maverick 84, que daban la impresión de estar furiosos.
Por supuesto, ocurría así no sólo con los automóviles. Por lo general el rostro de las cosas siempre estaba ahí, mondo y lirondo, a la espera de una palabra mía que diera pie para algo adicional, un intercambio de saludos, por ejemplo, o quizás un diálogo divertidísimo. Por no decir más, la nevera de la casa era simpática hasta reventar y los ventanales del cuarto de mis padres estaban cargados de sonrisas. Las figuras en el techo, esas siluetas de paisajes lunares o selváticos, caras con mil formas llenas de muecas que nacían en medio de pintura veteada o de hongos producto de alguna filtración, terminaban siendo delicia entre delicias para crear historias a partir de tantos guiños, de dibujos encontrados al azar en la pared.
Pero nada como el frente de las casas. Salir a la calle suponía mínimo una doble implicatura: darme de bruces con la gente, con sus gestos y expresiones y -extensión natural de todo esto-, con el rostro misterioso que cada fachada ofrecía para ir descubriendo sus secretos. Y sus secretos, claro, desentrañaba por completo a diario, asunto que me sumergía en un éxtasis casi místico, en una emoción que renacía tan sólo con mirar de nuevo otros portales.
Según el rostro de las casas podía imaginar cómo serían sus habitantes. Si me topaba con una cuyas dos ventanas, a manera de ojos, y puerta, a manera de boca, hicieran entrever una familia aburrida o impregnada de mal genio, terminaba seguro de que en verdad era así, terminaba convencido de esa certeza ahora inquebrantable, hallada gracias a los hilos que la develaban, que la ponían desnuda frente a mí y que únicamente yo era capaz de comprender. El rostro de las casas conectaba a la perfección con el talante de sus ocupantes.
Una vez vi en la nariz, en las pupilas, en las cejas muy pobladas, en la comisura de los labios de alguien que caminaba por la acera, el rictus intrigante de un no sé qué imposible de explicar. Fruncí el ceño en el acto. Tendría yo diez o doce años. Podía leer las facciones de las cosas pero me aterró quedar en blanco frente a aquella cara. Llegué a la conclusión de que éramos extraños, demasiado complicados, quizás menos transparentes que un horno o una cafetera. Por primera vez intuí que no todo estaba dado, que había precariedad en cuanto creemos tener siempre seguro, metido en los bolsillos. Me di cuenta de que aumentaban los enigmas, supuse más adrenalina, más incertidumbre en eso de atravesar los días e intentar comprender lo cotidiano.
Después de todo -llegué a decirme- esto se va a poner cada vez más divertido. Y le aseguro que así fue. Juro que así terminó siendo.

3/03/2012

La gramática y el coco



Algunos de mis estudiantes llegan a clases con la idea de que la gramática
no sirve para nada. Sienten en lo más profundo de su fuero interno que
tratar con ella es tiempo perdido. Además, confiesan que es difícil,
muy compleja, y que de un plumazo, si tuvieran el poder de hacerlo, sin que les
temblara el pulso la desaparecerían de todo régimen de estudios. Más aún, la
borrarían de la faz de la Tierra.
El Coco gramatical anda suelto y haciendo de las suyas. En lo que a mí
respecta, suelo echarles el cuento de que si no fuese por la gramática me las
vería negras para expresar desde estados de ánimo hasta órdenes, desde quejas hasta
la más simple frase de amor.
Eso de que la gramática carezca de importancia y ande por ahí arreglándoselas para complicarle la existencia a cualquiera, suena cuando menos bastante apresurado. El problema, creo, consiste en que lleva su tiempo vislumbrar conexiones entre
ella y la vida misma. Suponer, como la mayoría, que la gramática se divorcia
de lo que nos rodea es como aceptar sin ton ni son que las actividades
humanas permanecen rígidas, inmóviles, sin interacción alguna, clavadas en
compartimentos estancos. No faltaba más.
Por mucho que hago el esfuerzo no logro imaginar a los periódicos, los
libros, una receta de cocina o un cotorreo en una esquina, sin la presencia
vivita y coleando de esa soberana “aridez” que, a falta de mejor nombre,
dieron en llamar gramática. ¿Cuál es la herramienta, tipo martillo o
serrucho, de la que disponemos para concebir, para asir, para aprehender, para atrapar el mundo?, ¿de qué otra cosa podríamos echar mano si no del lenguaje para decir y decirnos?. No en balde Octavio Paz publicó un libro sabiamente titulado: "El
mono gramático". O sea, que de primates podemos tener mucho, pero al final
nadie nos lleva en los cachos, lo cual implica que si de nuestros primos peludos
se trata, pues nada, una serie de chasquidos lingüísticos, perfectamente
estructurados y únicos, nos mantienen muy a raya. Vea por dónde van
los tiros.
Aclaro: más que vincularse o no con el mundo, la gramática casi es el mundo
mismo, asunto fácil de entender una vez que nos percatamos de que sin ella no somos, de que sin ella, como dicen los boleros, no valdríamos más allá de nuestras pobres concreciones, de nuestra humilde condición de trasquilados bípedos. En fin, bien podemos darle con ganas a la lengua, bien podemos sostener, mire pues, una conversa de lo más sabrosa, de lo más
humana, de lo más gramatical, nos guste o no. Sí, en esto la gramática parece el objeto de un bolero, esas canciones de arrebato que curan o hunden para siempre. Termina por fortuna salvándonos, tiende el puente entre posibles universos, uno oscuro, subterráneo y lleno de telarañas (casi agramatical), otro luminoso, apolíneo, redimido. Las
fronteras entre ella y eso que han nombrado vida real, insisto, cargan
cuando menos bastante neblina a cuestas, un denso claroscuro digno más bien
de una pintura del gran Rembrandt.
Mientras muchos hacen el intento de desaparecerla, mientras un conglomerado
busca esperanzado las maneras de enviarla al infierno si es posible, en lo
personal la tengo a buen recaudo. Nada más que por si acaso.

3/02/2012

Un clásico



"Come what may", Air Supply.


http://www.youtube.com/watch?v=qgLFqtNYH3s

3/01/2012

Intelectuales y poder en Venezuela



Toda revolución necesita intelectuales que la legitimen. Son los pensadores quienes avalan y constituyen, frente al mundo, la plataforma ideológica capaz de otorgar musculatura al esqueleto que, sin ellos, no es capaz de mantenerse en pie. Me llama la atención la “Revolución Bolivariana”, entre otras razones porque carece de intelectuales de relieve, es decir, al presente es un parapeto rico en consignas huecas, en viejos clisés, en una vasta lenguarada de lugares comunes, fósiles resucitados de la Guerra Fría cuya carne y linfa sólo alcanza para refocilarse en el ámbito de la izquierda borbónica continental.
El de Chávez es un proyecto de hegemonía autoritaria, de permanencia indefinida en el poder, militarista a todas luces, con su hoja cortante dirigida a acabar con las instituciones democráticas. ¿Qué lectura lleva a cabo la intelectualidad oficialista venezolana ante semejante panorama? La verdad una muy pobre a juzgar por su omisión, por su estado catatónico, por su silencio cuando menos cómplice.
Cierta gente de la cultura, pensadores gobierneros mal o bien intencionados han devenido en pasivos divulgadores del status quo que a trece años de su parto luce ya desdentado, carcomido, lleno de telarañas. Pueden levantar la voz y quebrar lanzas, ¿pero a favor de qué? Del Stalin tropical que se erigió en la mano que mueve los hilos: del poder, lógicamente, del cargo público al fin conquistado, del sueldito equivalente a un quince y último. Muchos apoyan la proyección de sus deseos más íntimos, caldo enrarecido que contiene ingredientes arrancados a los sesenta, esa década maravillosa tan difícil de echar al basurero que ve en una cachucha el símbolo de déspotas estelares como Fidel Castro, Daniel Ortega o el camarada Mao. Apoyan a autoritarios de pelaje radical debido a esa nostalgia punzante a propósito del socialismo a la soviética, de una Realpolitik que se les parece demasiado al bodrio que ayudaron a construir en el aquí y el ahora, contraparte en boga del capitalismo occidental encarnado por los Estados Unidos de América, blanco de todos los odios y culpable de todas las miserias.
¿Qué mensaje puede haber, qué entresacarán los intelectuales criollos del blablismo simplón, del lenguaje procaz, guapetón, cuartelero, de ese parloteo vacío y fácil que tan hábilmente explotan los jefecitos chavistas? Nada supone con meridiana claridad la antítesis de lo que entendemos por cultura que el despliegue militarista tan caro al oficialismo. Abdicar de la condición sine qua non de todo intelectual, que es pensar con cabeza propia, arroja pingües dividendos cuando la ideología, y únicamente la ideología, se entroniza en el altar de una realidad que la desmiente a cada instante.
¿Qué pueden hallar los intelectuales de esta Venezuela tan venida a menos en los disparates de Hugo Chávez? La idea de una “Quinta República” sin asidero argumental y sin plataforma de sustentación distinta a la imaginación calenturienta del Comandante, la suposición reduccionista que atribuye lo peor de lo peor a los cuarenta años de democracia republicana y lo mejor de lo mejor al gobierno de un émulo de Castro en Miraflores, el espejismo risible de que nos encontramos en “Revolución”, las clases magistrales y dicterios de una Martha Harnecker, de un Ceresole, un Dieterich, un Giordani, todo ello, me atrevo a afirmarlo sin ambages, no va más allá de chasquidos de la lengua que hombres cultivados, por muy a ras del suelo que ubiquen la cerviz, tendrían el deber de cuando menos observar. ¿Están engañados entonces?
El código genético de cierta intelectualidad que suscribe los desafueros bolivarianos lleva ya sea de forma abierta, acompañada de temblores y babas, o por vergonzosa omisión, el sello de una década (la de los sesenta, vuelvo a repetirlo) instalada, intacta y fresca en su adn. En este caso el paciente luce desahuciado. No mucho puede esperarse de quien a la edad de un dinosaurio no sudó ciertas fiebres juveniles. Algunos pensadores, músicos, poetas, narradores, muy pocos, la verdad sea dicha, jamás aprendieron, como Ulises de estos tiempos, a amarrarse decididamente al mástil, a taparse los oídos con fuerza y espantar cantos de sirenas. Así andamos.

Plegaria (II)



Ojalá el deseo
no tenga límites
Ojalá tu sombra
se haga huesos
piel
entrañas
en mi carne
Ojalá
me sorprendan
los colores de Van Gogh en el poniente
y ojalá esa balaustrada
continúe soportando nuestros cuerpos
plegados a ella
abrazados
mientras hilvanas dibujos con tus manos
en mi espalda
y yo invento una constelación
una galaxia
con mi piel
en tus caderas.