2/28/2016

Gente y literatura

    Cuando era niño me daba por vincular ciertos objetos con personas. El Maverick del setenta y ocho tenía un parecido con mi tío Francisco que me dejaba helado. Una caja de chiclets Adams llevaba en sus entrañas el vivo retrato de algún primo, y así. Pues resulta que en plena adolescencia la literatura cobraba fisonomía particular, cargaba adentro parte de la humanidad que iba descubriendo en esa edad donde los días son volcanes en efervescencia permanente.
    Desde esa fecha vislumbré cierta extraña identidad en nosotros, tripartita para más señas, cuyo punto de fuga guardaba un fondo que me fascinaba. Los hombres eran como chorros de palabras, les colgaban del pellejo, de la voz, de la silueta, océanos de historias fraguadas a punta de literatura, nada menos. Eran como géneros literarios, de modo que develarlos poco a poco y desentrañarles huellas dactilares en el alma terminó siendo ocupación que absorbió buena parte de mis horas juveniles. La literatura como antropofagia, un caníbal que a la vuelta de la esquina te engulle sin dar explicaciones.
    Así como sucede en el hecho literario, un ser humano podía ser cuento, ensayo o novela, siempre en función del uso del lenguaje, de la disposición de comas y de puntos, de la construcción del tejido narrativo que terminaba por tragarlo de un bocado. Mi madre era sin dudas novelesca: amplia, anchurosa, con centenares de páginas a cuestas. En ella cabían todos los géneros, tal como demuestra el buen Balzac o el señor Dickens. En ella la vida equivalía a la Gran Sabana multiplicada por mil, al punto de que la comedia humana chapoteaba en el centro de mi casa, hecha carne y hecha huesos haciendo de las suyas por todos los rincones. Hay gente novela, sin la menor duda, condenada a ese papel y punto y fin, y eso no es bueno ni es malo, sólo es.
    Y hay quienes son cuento por donde los mires. Mi amigo Pedro Suárez, por ejemplo. Pedro es poeta, lo sé desde que la amistad terminó atravesándonos, pero lo que él nunca imaginó fue que resultaba un individuo cuento hasta la pared de enfrente. Tensionales y discretos, económicos en léxico y sintaxis, tales bichos sentencian el punto y final en tres párrafos máximo porque saben bien que el universo cabe en un puño, en un pañuelo, en la botella que comparten con quien sepa qué decir y cómo en el momento oportuno, ni más ni menos. Si un ser novela lleva el mundo adentro y lo expresa a cada instante en cuatroscientas veintinueve páginas, uno cuento escupe trazos de la galaxia empaquetados como si fuesen aspirinas. Y ahí te quedas.
    Pero la más rara y por eso la más extravagante es la gente ensayo. Aquí sí que los datos son un abuso de la estadística por aquello de las muestras insignificantes. Es que la cuentas con los dedos de una mano y sobran, mira cómo son las cosas. Sapientes, densos, con actos y gestos cargados de citas bibliográficas, cubiertos de fichas o anotaciones, enterrados en notas al pie y demás aparataje por el estilo, recuerdo a un amigo ensayo que es la viva información con sístoles y diástoles, sabiduría monda y lironda, qué se le va a hacer.
    Lo cierto es que me quedo con la novela y el cuento, cosa rara, porque en el plano de la hoja impresa un buen ensayo me atrapa y no me suelta. En fin, el mundo como biblioteca, como literatura que respira y puedes contemplarla en el café de la esquina y en el bar que está a dos cuadras. El universo entre anaqueles y Julio Verne yendo y viniendo como le da la gana, sentado contigo mientras da el último sorbo a su cerveza. Y Borges, y Garmendia, y Kapucinski entre tequilas y rones con bastante hielo. Quién lo hubiera sospechado.

1/30/2016

El juego de los espejos

    El momento que vive Venezuela es, como ha dicho Maduro, en verdad una tormenta, sólo que este señor confunde frijoles con catedrales. Si la guerra económica es la causa de todos nuestros males, entonces hay poco que hacer: los pérfidos capitalistas apuntan sus cañones contra un gobierno virtuoso que, de no ser por sus magníficas ejecutorias, hace tiempo nos habríamos desintegrado. Sin embargo ya lo sabemos, el origen de esta locura, de la humillación y vergüenza generalizadas, es otro, nada menos que la ineptitud de una clase gobernante que dilapidó una oportunidad de oro para crear riqueza y bienestar a punta de ocurrencias manicomiales.  
    Al día de hoy, una nueva Asamblea Nacional tiene la obligación de contrapesar, controlar y fiscalizar el nido de abusos, de torpezas que supone el gobierno como un todo, aun cuando esa labor lleve en el ala plomo fino de cuanto gatillo alegre crea el cuento de la revolución, del Socialismo del Siglo XXI, del legado de Chávez y demás loqueteras por el estilo. Una de dos: o se saca pecho y se procura en serio un cambio democrático, constitucional, de gobierno, o el gobierno sacará las pezuñas, que para eso las tiene, y cambiará a la Asamblea por un parapeto vacío sin arte, ni parte, ni nada que se le parezca. Ahí nos vemos.
    Salir a flote, salvar la ruta de esta nave que se fue a pique requiere esfuerzos de imaginación, de trabajo incesante, de coraje, que exigirá sacrificios a todos, pero más aún a esa vasta congregación que alguna vez mordió el anzuelo de la trampa chavista, no otra que la promesa del Paraíso en la Tierra, nada menos que a la vuelta de la esquina. Lo que un líder carismático ofrece, con sus variantes populistas, es en el fondo una sola y misma cosa: demagogia, soluciones mágicas, mitos sustituyendo realidades y esperanzas afincadas sobre  un suelo de arenas movedizas. Mientras el hechizo se mantiene, no hay fuerza más poderosa que la unión entre el caudillo y su feligresía, pero cuando aquél se pulveriza porque el Paraíso termina resultando un infierno, el despertar es la conciencia de los vidrios rotos, del incendio y la humareda postficcional, del despecho como duelo en modo político. Hemos llegado a esa instancia.
    ¿Qué hacer entonces? ¿Cómo orientar los pasos hacia la orilla del reencuentro entre venezolanos, hacia la justicia, el crecimiento económico, el pluralismo, la economía de mercado, la apertura al mundo, la tolerancia y la legalidad? Si algo posee este país es gente preparada que sabrá cómo enderezar entuertos desde tecnicismos inaplazables y desde la ética y la decencia, cuando la pesadilla acabe. Mientras tanto, hay que enfocarse en un punto ya mismo, ahora, antes de que economistas de primera y estadistas con todas sus letras impulsen los cambios urgentes para torcerle el cuello al buitre de la debacle que vivimos. Me refiero a crear consensos. Sin consensos mínimos entre las fuerzas políticas (incluido el chavismo moderado, por supuesto) de este malogrado país, y entre éstas y la población, tengo casi la certeza de que los esfuerzos por deshacer el disparate se perderán en el camino.
    Un acuerdo general alrededor de la democracia, sin adjetivos ni espejismos delirantes, un acuerdo en función del mercado como mecanismo para la generación de riqueza, un acuerdo que vele y respete la estricta separación de poderes y la indiscutible subordinación militar al estamento civil,  son tan importantes como ganar comicios o revocatorios, son tan medulares como  poner de patitas en la calle, por paliza electoral, a Maduro y sus secuaces. Un pacto tácito respetado por la totalidad del espectro político es quizás la única garantía de cambio, de despegue como país, de aproximación al desarrollo a mediano y largo plazo. ¿Qué estamos haciendo para alcanzarlo? ¿Qué adelantamos para llegar a convicciones básicas que permanezcan intocables aunque los gobiernos, como es natural, se alternen? Creo que muy poco.
    Nada desmoraliza más a una sociedad que percatarse de que su clase política actúa en función de horizontes particulares, para sí misma, cuando alcanza el poder. Es lo que ha ocurrido antes en Venezuela, y lo que sucedió con el chavismo durante diecisiete años, elevado a sus más nefastas consecuencias. Urge el consenso, entenderlo y fabricarlo sustentado en puntos clave, en valores que deben mantenerse intactos si pretendemos emular lo que en su momento hicieron España, Alemania, Irlanda, lo que con todos sus tropiezos está haciendo Chile. Sobran los buenos ejemplos al respecto. A ver si de una vez empezamos. 

12/07/2015

Time after time

Excelente versión.
El link: https://www.youtube.com/watch?v=cAfDnCQLJCY

11/16/2015

Un clásico

Cinema Paradiso, una película de Giuseppe Tornatore.
El link del tema central: https://www.youtube.com/watch?v=mzXMpBrwbNU
y otra versión:  https://www.youtube.com/watch?v=RTy_XOpG2ag

11/11/2015

Discurso, realidad y disparate

A lo largo de este año escribí una columna de opinión semanal para el diario El Universal. En ella traté lo humano y lo divino, aparte del tema político, que por supuesto estuvo presente -sin mayores inconvenientes- las veces que lo consideré necesario. Sin embargo, mi artículo del próximo viernes fue censurado. Las razones para excluirlo resultan más que obvias: el ejercicio de un periodismo cobardón y complaciente por parte de un diario que llegó a ser ejemplo de valentía y ética en su misión crítica y de contrapeso frente al poder. He dado por finalizada mi labor como articulista en esas páginas, tal como de inmediato se los hice saber. Dejo aquí el artículo en cuestión. 

    El lenguaje es un bosque y ahí habita el espíritu de mil cosas. Las palabras son frutos, pulpa y carne, jugo semántico que nos toca exprimir para darle sentido a la experiencia. Hoy en día la debacle lingüística no se asienta en el reducido número de términos que cualquiera usa para comunicarse. No es verdad que la mediocridad en la lengua deriva por ejemplo del poco sex appeal que medio mundo percibe en los libros, qué va, la cuestión supone el peliagudo hecho del vacío de contenidos, o su tergiversación impune: las palabras desinfladas en su quehacer significativo, convertidas nada menos que en su antítesis por obra y gracia de una torcedura que pareciera llegar para quedarse. Pongo por caso: “El ejercicio de la libertad es incompatible con cualquier tipo de presión o amenaza. Nadie en lo personal está facultado para determinar si el derecho a la libre expresión está bien usado o no lo está. Para esa calificación están los Tribunales de la República. Ninguna otra autoridad, al menos así ocurre en este país, puede pronunciarse sobre materia tan complicada y difícil (…) Nada hay que defina mejor la condición en sí de un régimen político, que su actitud frente a la prensa. Si ésta es perseguida, amordazada, silenciada, será un régimen tiránico y despótico”.
    Lo anterior no es un discurso de Capriles, ni dicción rimbombante en Ramón Guillermo Aveledo. Tamaña verdad  tampoco es retórica sutil de algún escuálido fascista, vende patria, imperialista. Nada de eso. Lo anterior, lance una carcajada o cáigase para atrás, nos dice Sanoja Hernández que son palabras de José Vicente Rangel. ¿Que no?, ¿que qué diablos es eso? ¿que si esto es una tomadura de pelo? ¿que cómo va a ser? Pues siendo. Búsquelo y léalo  en  Simón Jurado Blanco: Medidas de alta policía o el “avepismo en la prensa”. New York, Prineo Press, INC, 1960, p. 40, recogido por Jesús Sanoja Hernández en Entre golpes y revoluciones, Tomo II, Caracas: Debate, 2007, p.56. Cuando una verdad única se mete entre ceja y ceja lo demás es ruido y pocas nueces. Desde hace mucho yo, lo que soy yo, desprecio tales certezas por la razón sencilla de que nos automatizan, falsifican la realidad plural, contradictoria, dinámica, en la que me gusta chapotear. Ahí queda por los siglos de los siglos el parrafito de Rangel, hombre cuya verdad es una sola, ya la sabemos, mientras lo demás pareciera no existir.
    En nombre del socialismo se cometen injusticias, abusos que jamás deben ocurrir, ¿y qué sucede?, que el convencido por lo general se aferra con uñas y dientes a su convencimiento. La palabra socialismo, ¿qué significa en el presente?, ¿qué diablos cruza las neuronas de un creyente cuando la política se ha trocado en religión?, ¿qué relámpago de misticismo lo atraviesa en estos tiempos de descreimiento, de cambalache al más puro estilo de Discépolo? ¿Hablamos del socialismo cubano, escandinavo, vietnamita, soviético, francés, español? ¿Hablamos del suscrito por  la  “República Popular Democrática de Corea” (¡nada menos que Corea del Norte!) o el de la “República Federal Democrática de Nepal” o el de la “Gran República Árabe Libia Popular y Socialista” o el de la “República Democrática Popular Lao? Saco de gatos por donde lo mires.
    El gobierno de este país hecho añicos, indigestado con supercherías, obvia la lección política que ofrece nuestro entorno. La realidad, el día a día, dictaminan sobre la falibilidad o no del mandato ideológico. En Latinoamérica, y por supuesto en Venezuela, quienes se han entregado a convicciones negadas, superadas por la historia, acaban aplastados por el dogma religioso que es una máquina de triturar huesos endebles: la ideología a secas. Tal es el modelo típico de esquematismo, de visión unilateral que encarna la triste feligresía que da cuerpo  al stablishment revolucionario.
    Buena parte de la izquierda venezolana fue capaz de doblegarse, de inclinarse sin vergüenza ante un militar que les ofreció el Edén ahí mismo, a la vuelta de la esquina, coartada perfecta para otra vez, como si los relojes no dejaran a su paso la osamenta molida del desbarajuste humano, abjurar en la práctica de la democracia, por burguesa y otras babosadas similares, y rendirse a colectivismos que en mala hora sembraron de fracasos, sangre y miseria a los pueblos que ciegos y esperanzados se echaron en sus brazos.  Mala cosa, muy mala cosa. A ver si alguna vez nos da por aprender. Aunque sea alguna vez. 

11/05/2015

La piel bajo las cosas

    Hay objetos, como ciertos individuos, que llevan una vida doble. Existen cosas en la calle, en la casa, en el abasto de la esquina, capaces de aplastarnos la nariz o darnos un puntapié en plena espinilla cuando menos lo esperamos, cobrando segunda o tercera identidad sin explicación de ningún tipo. Vaya uno a saber cómo ocurrieron los hechos.
    Una mesa, pongo por caso, o unos zapatos viejos. A lo mejor el bolígrafo aquél, la taza en la que bebes tu café por las mañanas, quizás un libro carcomido por los años. Lo cierto es que también la esquizofrenia se instala en un sillón, quién quita en una maleta, y hace de las suyas sin miramientos acomodaticios, por lo que el cinturón que llevas puesto, regalo de tu esposa, de buenas a primeras se convierte en un abrazo, literalmente su abrazo que dura horas, ella colgada a tu cintura mientras tú tan campante preparas el informe en la oficina.
    Si supieras las cosas que puede ocultar un objeto. Dicho y hecho. El tabaco que enciendo en la mesa del café al que llego para escribir esto que lees  es, créeme que es, la extensión del último Bermúdez que fumó mi padre. El humo en volutas forma parte de su exhalación, al punto de que regresa una imagen que no sé si ocurrió o la he construido: siendo un niño de ocho años, vislumbro por primera vez la maravilla de aprender a estarme quieto, empiezo a percibir la magia que supone simplemente contemplar, y ahí está un cenicero y  los restos de un cumanés recién abandonado, su hilo moribundo de humo azul, y ahí estoy, sentado ante la mesa de la sala, absorto frente al cadáver oloroso que el viejo abandonó hace apenas dos minutos.
    La memoria juega al gato y al ratón, lo cual marca el semblante lúdico de cuanto propone. Recordar es necesario, ¿quién se atreve a decir no?, con el añadido no tan bueno de que toda remembranza tiene su carácter, y muchas veces mal carácter, y además platica en voz muy baja, juega al ajedrez a su manera, a la gallinita ciega, a los escondrijos. Tira la piedra y oculta rapidísimo la mano.
    Una taza de café no siempre es una taza de café. La mía, en función de un guayoyo o un con leche, adopta formas que a veces son risibles y en ocasiones inquietantes. Es que si tú supieras las cosas que puede ocultar un solo objeto, compartirías conmigo tanta realidad babosa en la que allá, en el fondo, sabes que nos movemos. Una taza de café es taza y es amanecer a punto de salir con los niños al colegio, es taza y es olor a grama húmeda pues la abuela te ha ofrecido, hace ya todos los años de este mundo, un bebedizo para calentarte mientras el cielo revienta y cae en forma de aguacero. Mira tú, quién iba a decirlo. Cada objeto viene siendo un baúl sin fondo, así que basta abrir los ojos para asistir al desfile de añoranzas que lleva en sus entrañas. Un desdoblamiento sin contemplaciones, rudo y duro. Una mudanza de pieles a modo de serpiente, que por ofídicas razones termina siempre envuelta en tu pescuezo.
    La memoria suele esconderse justo en medio de eso que ha permanecido entre el corazón y la pupila, todo lo cual supone el arcoiris que te atraviesa de cabeza a pies. Recuerdas con los ojos, con los poros, con la pituitaria, con la lengua y con el minutero, no faltaba más. Ya el doctor Freud se olisqueaba semejante laberinto, fruncía el ceño boquiabierto ante esa maraña, y entonces ahí también quedan los sueños, primitos hermanos de la más pura evocación.
    Qué cosas, cómo son las cosas. Para recordar por supuesto que tuviste que olvidar. Por eso Funes, el memorioso, no tuvo idea de cuánto se perdía. Jorge Luis Borges cometió el acto más ruin contra ese pobre ser: cercenó, amputó, mutiló con precisión de reloj suizo, como si fuera Jack, el destripador de las pampas, a un hombre desde el fondo mismo de su humanidad, es decir, lo expulsó del Paraíso, del entrecruzamiento de reminiscencias en el que felices chapoteamos gracias a la memoria, condenándolo a vagar por los desiertos de la razón sin más. El infierno en la Tierra, no cabe la más mínima duda.
    No hay que olvidar que recordar es vivir, claro. Es revivir, me atrevo a agregar yo. Y en el vaivén de los días elaboramos esa fe de vida sobre la base de reminiscencias, de la relación que establecemos con el primo Leo, con la lámpara del cuarto o con el teclado del computador. No sabes de las cosas que puede ocultar un solo objeto, de lo mucho o poco que al fin y al cabo se agazapa debajo de la alfombra, entre períodos de tiempo dilatados.
    La esquizofrenia de los objetos ata ciertos hilos, tiende una red sobre la que terminas arrojándote mientras acabas el balance contable, mientras das el toque maestro al presupuesto, mientras te enjabonas en la ducha.
    Si tú supieras, mira, si tú supieras las cosas que puede ocultar un solo objeto.

11/01/2015

Para querer más a Julio

Un documental... Julio Cortázar.
El link: https://www.youtube.com/watch?v=Yzvj_fbPGv0

10/28/2015

La revolución y el disparate

   Karl Popper mostró que la verdad no es inamovible, es decir, logró enseñarnos que ésta se mantiene en pie hasta que una nueva la hace tambalear. De ahí que en el ámbito del conocimiento cuanto consideramos verdadero lo es por tiempo definido.
   Según Popper, una verdad consiste entonces en algo relativo, y mucho más en el plano ya no de las ciencias naturales sino en el de lo social, donde el saber incrementa su condición resbaladiza. En La sociedad abierta y sus enemigos Popper da en el blanco a propósito de la convivencia humana y las trampas que se le presentan. Nada más peligroso, cuando de gobernar se trata, que aquellos incapaces de entender lo que con tanta suspicacia vislumbró el filósofo austríaco. Si quienes detentan el poder se creen ungidos por certezas infalibles o por verdades incuestionables, entonces se está a un paso del acto de fe, del caudillo iluminado, del personalismo más atroz, lo que llevará tarde o temprano a dictaduras de todos los pelajes.
   Es lo que ha ocurrido con la izquierda recalcitrante, latinoamericana y universal, que como dijera el buen Petkoff, “ni olvida ni aprende”. Aunque hablar de ellas hoy en día implica utilizar el plural (¿acaso pertenecen Lula, Correa, Ortega, Kirchner, Lagos o Mujica al mismo bando?), sabemos que una izquierda moderna termina por aceptar la democracia, la alternancia en el poder, la  economía de mercado, dejando sólo para las gradas el desvencijado sonsonete de sus disparates ideológicos. No existe otra manera que renovarse, modernizarse, para al fin entender cómo generar riqueza y repartirla. Lo otro, esquivar la democracia, es miseria y es atraso.
   Hay que preguntarse lo siguiente: ¿por qué la Revolución Cubana acabó siendo el parapeto destartalado que sin dudas es? ¿Por qué eso que dieron en llamar Socialismo del Siglo XXI se trocó en el patético aquelarre de estos días? Varias razones responden, por supuesto, pero una de las fundamentales es que fueron concebidos en función de una verdad única escondida en la chistera. Fidel Castro, Hugo Chávez y el resto de la feligresía (en realidad ambos han sido los jefes supremos de una religión) creyeron tener a Dios agarrado por las barbas. Se sintieron poseedores de una certeza inalterable.
   Y claro, si quien llega al palacio de gobierno jura que es el último refresquito de la comarca, lo lógico es que pretenda imponer la visión y convicciones que le queman las entrañas. ¿Imponerlas por las buenas?, sería maravilloso. ¿Imponerlas como sea?, ya entenderá el pueblo, si alguna vez madura, que todo se hace por su bien. Más claro, señor Popper, no canta un gallo.
   Por mucho que la realidad les aplaste las narices, hay pocas probabilidades de que un revolucionario convencido entre en razón. Verbigracia: el desastre de la Venezuela actual. Con la inflación más alta del mundo, los índices de escasez entre los más elevados del planeta, la corrupción como jamás antes y la educación, la sanidad o la esperanza en un futuro mejor por los suelos, lo cierto es que los responsables del descalabro de las condiciones de vida en general siempre serán otros. La CÍA, el imperio, la oligarquía, la guerra psicológica, los medios de comunicación o el invento más risible de cuanta cabeza hierve por las fiebres no sudadas: la guerra económica. En fin, no existe espacio para equivocarse: después de la Revolución, sencillamente el diluvio.
   El 6-D crea la posibilidad de plantarle cara a tanta destrucción, con ánimo de detenerla. La realidad, los hechos, la humillación cotidiana que sufre la gente en este país pulverizado, indica que es urgente un cambio. Y el voto es el arma para lograrlo.

10/18/2015

El chicle y la realidad

    Los límites de la cotidianidad son más porosos que el filtro del café. Usted camina por la calle, mira alrededor, silba, va feliz como Gene Kelly bailando en Singing in the rain, y de pronto plaf, saltan los conejos de cualquier sombrero.
    El otro día tuve un sueño raro: iba a besar a una chica, una tan linda como la de sexto A, esa que me ponía a sudar con sólo verla, que me producía fiebres nocturnas con nada más imaginarla. Entonces, justo cuando mis labios estaban a punto de rozar los suyos, la bruja de tantas pesadillas cobraba carnadura. Nariz de pajarraco, verruga en su lugar, greñas en vez de largas y doradas trenzas, voz de ultratumba, en fin, como para salir espantado, como para procurarse el insomnio más atroz.
    A lo mejor -pensé-, el asunto se explicaba por la sobreexposición a ciertas influencias góticas, es decir, por leer hasta al abuso los  libros de William Beckford o Mervyn Peake. Total, que cuando menos lo pensamos se nos clava el aguijón de lo inesperado, de eso que pulula bajo el césped y hace de las suyas mientras le buscamos justificaciones cartesianas, lógicas almidonadas y planchadas.
    Una vez me dio por pensar en números al azar y juro por Dios que acerté todas las veces. Me explico: deambulaba por la avenida Las Américas, zumbaba un carro a mi lado, pensaba en el cuatro y ahí estaba, la placa terminaba en semejante dígito. O imaginaba una cierta cantidad dos segundos antes de preguntarle al cliente su número telefónico y pues nada, la cifra que tenía en mente coincidía al pelo con la que me dictaba el hombre. Y hay más: me dolía un poco la cabeza por lo que durante unos segundos cerré los ojos mientras caminaba. Entonces vislumbré una larga columna de números, la vi danzando frente a mí, con la posterior sorpresa de un descubrimiento que me heló hasta las uñas: ésta se repetía idéntica en el código de barras del libro que leía esa tarde. Es que se cuenta y no se cree.
    Falló, sólo falló el método, el fenómeno o como se llame, cuando me propuse obtener el premio gordo de la lotería. Pensé en las cifras ganadoras de ese día, las dibujé en la mente,  las tenía ahí, al alcance, compré luego tantos talones como pude, pero los resultados fueron desastrosos. Me equivoqué  de cabo a rabo. La verdad es que no sólo perdí hasta el último centavo de lo invertido sino que, todo hay que decirlo, jamás he dado en el blanco cuando de apuestas se trata, cuando el envite y el azar suben al escenario. Qué se le va a hacer.
    Ni modo, la realidad tiene sus cosas de lo más extrañas. Se estira como chicle y ya no es lo que parece. En ella cabe todo, por supuesto, en ella el Aleph borgeano es un simple invento de muchachos. Ni Poe, ni Verne en su mejor veta fantástica, ni Garmendia ni Lovecraft se referían a cuestiones de otro mundo, qué va, apenas nos comunicaban anécdotas extraordinarias, que es distinto. Decía Cortázar que él era un realista por todos los costados gracias a que se negaba a dejar fuera de  la realidad hasta el último resquicio de sueño. Tuvo razón, claro, aunque el día a día juegue al gato y al ratón con los transeúntes, es decir con usted o conmigo sin el menor indicio de algo diferente. Y tuvo razón Carlos Sandoval al lanzar un dardo contundente,  o sea, al expresar que “los fenómenos de la naturaleza no pueden explicarse satisfactoriamente si el análisis elude la parte que ocupa el misterio en todas las cosas”.  Vaya misterio el que me agarra por el cuello.
    Sabrán los dioses de qué modo algunos engranajes de lo cotidiano hacen su trabajo, pero lo cierto es que disparan  a quemarropa. Por darles otro ejemplo, el señor Alfredo es imaginado gesticulando y preguntando cosas por doña Fernanda y al final resulta que ésta casi muere de un soponcio debido al cumplimiento exacto de tantos gestos y preguntas en el plano de los días mondos y lirondos, pues sin ápice de error el imaginado Alfredo se topa de frente con la incrédula señora en el pasillo del supermercado, justo entre los tomates y las papas.
    Tengo la impresión de que dos más dos son indudablemente cuatro, pero hasta cierto punto, lo cual hace pensar en gomosos estiramientos de lo real que terminan por sacarle la lengua a nuestras más preciadas convicciones. Un bolibomba justo en medio de los días. Ni modo, chapoteamos en la orilla, apenas nos mojamos los pies, y que el buen Descartes arree con lo demás, porque ya sabemos que primero hay que pensar (al más puro estilo don René) y de seguidas existir.
    ¿Que qué significa esto? ¿Que qué  diablos ocurre? ¿Que si me he vuelto loco? A mí, lo que se dice a mí, déjeme decirle que me faltan todas las respuestas. Ah, y por lo que más quiera, ya no pregunte usted más. 

10/09/2015

La batalla de un hombre solo

La batalla de un hombre solo, artículo de Mario Vargas Llosa en el que, de la mano de Pierre Boncenne, exalta la honestidad de un intelectual (Simon Leys) empinada sobre la ceguera y la idiotez. 
El link: http://larepublica.pe/impresa/opinion/4023-la-batalla-de-un-hombre-solo

9/11/2015

Uno y sus circunstancias

Un querido amigo, Mariano Nava Contreras (a la izquierda), ha escrito hoy para El Universal  un artículo hermoso y relevante. Lo copio aquí para ustedes.


    Recuerdo la primera vez que me invitaron a dar clase en la Universidad Complutense de Madrid. Fue hace ya unos cuantos años. Mi querido amigo Felipe González Muñoz, catedrático de griego de esa Universidad, me invitó a hablarles a sus alumnos de un tema que me ha apasionado desde siempre y que he estudiado bastante. Me dio la oportunidad de hablar de la tradición clásica en el pensamiento de la Independencia venezolana, es decir, de cómo la lectura de los clásicos griegos y latinos influyó en las ideas políticas de nuestros Libertadores.
    Recuerdo la impresión que tuve al llegar a la Universidad. El aula estaba en los primeros pisos del viejo edificio de la Facultad de Filología en Ciudad Universitaria. Me impresionó ver en el vestíbulo un gran panel de mármol negro con los nombres de los estudiantes caídos en la Guerra Civil defendiendo su Universidad. Ya en el aula, un amplio ventanal dejaba ver bajo un cielo azulísimo la Sierra de Guadarrama con las últimas nieves de la primavera madrileña. Más acá verdeaban los bosques de La Moncloa, escenario de tantos combates hace menos de ocho décadas. Dicen que aún es posible caminar entre los árboles y encontrar cascos de balas. Los alumnos aguardaban la llegada del "profesor venezolano", venido de un país que remotamente les sonaba por ser productor de petróleo y de las mujeres más bellas. Mi amigo me presentó con el protocolo usual, exagerando un poco mis méritos académicos, como debe ser. Después, antes de alejarse, se acercó a mi oído y me susurró: "Estás dando clase en el aula donde daba Ortega y Gasset. Dicen que aquí se le ocurrió lo del hombre y sus circunstancias". No tengo que explicar mi estupor y lo que me costó concentrarme para dar mi clase. Cuando terminé, me le acerqué y le reclamé con cariño: "no me lo vuelvas a hacer".
    José Ortega y Gasset es uno de mis héroes filosóficos y autor de uno de los primeros libros de filosofía que leí allá por mi lejana adolescencia, La rebelión de las masas. Recuerdo que fue el primer número de una magnífica colección quincenal llamada "La Historia del Pensamiento", que compraba yo puntualmente en los quioscos de revista por la exorbitante suma de treinta y cinco bolívares, apartados de los cincuenta semanales que me daba mi padre para la merienda en el colegio. La rebelión de las masas es uno de los libros más incomprendidos del siglo XX y por supuesto yo tampoco entendí mucho aquella vez, pero de su lectura me quedó una enseñanza esencial: que el pensador, el humanista, tiene ante todo un compromiso con el aquí y el ahora. Que todo humanista tiene la responsabilidad fundamental de ejercer el pensamiento crítico con respecto del mundo y la sociedad que le rodea.
    José Ortega y Gasset fue uno de esos pensadores valientes que se atrevieron a revisar profundamente su tiempo y su entorno, así no le gustara a algunos. Fue además un excelente ensayista, escritor capaz de elevar con sencillez la prosa castellana a la altura de sus ideas filosóficas, cosa nada fácil. En uno de sus primeros libros, las Meditaciones del Quijote (1914), formuló una frase contundente que quedó como resumen de toda su filosofía: "Yo soy yo y mi circunstancia. Si no la salvo a ella no me salvo yo". Esto significa que la conducta del hombre no está condicionada solamente por la propia voluntad, sino que hay una serie de factores externos que influyen en esta conducta. Ser uno y su circunstancia equivale a asumir la cantidad de factores históricos, culturales, materiales y también espirituales que condicionan la vida. Influencias no solo directas sino también indirectas, no solo inmediatas sino remotas, conocidas y desconocidas. Vivir, pues, consistirá en relacionarse e intercambiar activamente con el mundo que nos rodea, pero también con el que ya no está y que de alguna manera nos sigue influyendo, con nuestro pasado. Finalmente, estos factores varían dependiendo de la perspectiva desde donde los miremos, pues está claro que no nos influyen a todos de la misma manera. Es lo que Ortega llama el "perspectivismo". La realidad es distinta para cada quien, dependiendo desde donde la miremos. Y esto no es subjetivismo, pues cada quien descubre sus propios caminos para llegar o no a la verdad, que es igual para todos. Quizás en eso pensaba Ortega cuando veía desde aquel ventanal los cambiantes colores de la Sierra de Guadarrama, sus nieves que aparecen y desaparecen según la estación.
    Hoy pienso que las ideas de Ortega pueden servirnos para entendernos un poco más en estos días inciertos y atribulados. ¿Por qué algunos huyen aterrorizados, dejando el país de sus padres y sus abuelos? ¿Por qué otros deciden quedarse, hacen planes, resisten y luchan? ¿Por qué unos cierran los ojos y pretenden que nada está pasando? ¿Por qué otros enferman y mueren? ¿Por qué es tan difícil encontrar el camino de la unión y la libertad? Un asunto, diría Nietzsche, demasiado humano.

9/07/2015

Oficios

    Hay labores de labores. Si te gusta lo que haces, requetebién, y si no, pues igual tienes que buscarte el pan. Desde que tengo uso de razón me han fascinado las ocupaciones raras, esas que llevan implícitas el enigma, la curiosidad, el raro mundo que supone llevar a cabo trajines semejantes.
    Cuando niño, como todo pequeñín que se respete, quise ser bombero. Uno con todas las de la ley, distinto por donde lo mires a esos que terminan el día jugando a las damas y acariciando a un dálmata que bosteza echado en el salón. Pero como  en general suele ocurrir, tal anhelo duró poco. Luego, con la adolescencia atragantada me dio por convertirme en mago: aparecer y desaparecer monedas, mujeres en bikini, conejos en sombreros u objetos de cualquier pelaje hasta dar en el blanco, embolsillarme el mapa del tesoro, no otro que manipular situaciones a placer y conquistar chicas al chasquido de los dedos. Resultó un fracaso como ningún otro, lo confieso con vergüenza pero también con dignidad. Pasó el tiempo y fui pisando tierra, aceptando los consejos de la abuela, por lo que terminé matriculado en la Facultad de Ingeniería, a todas luces profesión monda y lironda sin un ápice de romanticismo laboral, qué diablos podía hacer. (El desenlace de esta última parte lo dejamos para otro momento).
    Pero la profesión total, el oficio indiscutible entre los merecedores de tales adjetivos, sin duda era el de relojero. Jamás opté por dedicarme a ello debido a que conozco de sobra mis limitaciones (miope y de pulso temblereque, sólo por mencionar dos), aunque la verdad sea dicha, en ocasiones sueño que vivo entre minuteros, péndulos, antigüedades, piezas de museo y un auténtico reloj cucú del Bosque Negro de Alemania, echando a andar máquinas desvencijadas, desahuciadas por las telarañas, la desidia o el maltrato. Antaño, hoy y siempre, qué duda puede haber, la relojería es la alquimia perfecta, el oficio que arroja de cabeza por las cañerías la vieja consigna del trabajo como maldición divina.
    Un relojero es el vivo retrato de un liliputiense. El universo incrustado en el taller de relojes tiene ese poder embrujador que sólo vislumbré en la obra de un Swift. Una tuerca enana, un engranaje diminuto, tornillos como granos de arena, asombra que el tiempo, ese señor  estirable como un chicle, duerma en brazos de artefactos tan encogidos, tan parecidos a una pulga, tan insignificantes. Viéndolo bien, un reloj tendría que ser como las pirámides de Egipto, como el Caballo de Troya, como las líneas de Nazca, como el Coloso de Rodas, pero fíjese, el reino de Lilliput acabó siendo amo y señor de Cronos y toda su parafernalia.
    Con razón el relojero de mi pueblo era un ser de noble aspecto, mínima estatura, rostro adusto y gesto intemporal. Todo cuadra, ahora que lo pienso. Es que hay oficios entre oficios.

9/06/2015

Un clásico

"La Candela" (Una genial Celia Cruz y la preciosa Ángela Carrasco).

Pues nada, quien no baile no está vivo...
El link: https://www.youtube.com/watch?v=6qA6nd3rLgM

9/01/2015

Chasquidos de la lengua

    Un líder mesiánico accede al poder y jura por todos sus muertos que 1: llegó para quedarse, 2: va a refundar desde La Asociación de Sembradores de Bejuco en Guasipati hasta la patria, no faltaba más, y 3: que el mundo debe estar agradecido porque él siempre va a salvarlo de los malos. Ningún mesías acepta medias tintas, o estás con él o que te lleve el diablo, y para evitarte el trance se empeña con ahínco en sustituir la realidad.
    La realidad, claro, es algo que un manojo de calenturientas circunvoluciones cerebrales haciendo vida activa en funcionarios bien trajeados construye a como dé lugar. Importa un pepino que los hechos contradigan las arengas del mandón, total, vale más lo que un bebé de pecho cuyo nombre era Joseph y su apellido Stalin se esforzó en elevar a política de Estado: eso que dieron en llamar ingeniería social. Inventar la realidad, pues, es hacer que el mercado, el agro, los sueños, la inflación, el erotismo, el comportamiento de los transeúntes en las calles o el índice de Gini, obedezcan a ciertos burócratas y los complazcan. Pasa por echarle mano a mecanismos de control de masas que habitan el lenguaje. A través de éste un trasnochado con carisma se mete el universo en el bolsillo. Hugo Chávez Frías, sin discusión el  más grande demagogo que ha parido el patio y sus alrededores, conocía de sus talentos, sabía qué estaba haciendo. Para colmo, los dioses le dieron una ñapa saltarina que para qué te cuento: la chequera que camina por América Latina.  Dame un punto de apoyo y muevo al mundo, dijo aquél. Dame a PDVSA rendida y compro tu mundo, tu punto y tu apoyo, dijo el otro. Lo demás es historia.  
    El lenguaje está ahí para fabricar universos. Contaba el poeta que una flor perdería su fragancia si no se denominara flor. Imagínalo un segundo, fíjate qué verdad impresionante. Por eso Chávez decía ñe y sus amiguitos continuaban: ñeeeeeeeeeeee,  al punto de que ruidos tan insignificantes terminaban siendo, verdad entre verdades, maravillosos cultivos hidropónicos, rutas exquisitas como la de la empanada, cuchis gallineros verticales, y así. Del sombrero del mago saltan conejos de todos los pelajes, o lo que es lo mismo, del lenguaje, del palabreo del showman y de la cuenta corriente a reventar, qué te puedo decir, el escenario cobra sabrosura, se torna feliz, tan chévere (pronúncialo así, suponiendo que tienes un chicle enredándote la lengua) como ninguno.
    La Revolución Bolivariana, y también Bolivarera porque ser rico sólo es malo de los dientes para afuera, se metió entre ceja y ceja modificar cierto estado de cosas en este país chatarra que va siendo Venezuela. Para ello ha chasqueado, chasquea y no sé si chasqueará, los dedos dándole palmaditas al lenguaje en las espaldas. Y entonces irrumpe el color rosa, y todo cambia, se torna, se troca. Todo empieza a funcionar. Mira tú: A. Cuarta y Quinta República. ¿Has visto semejante disparate?, ¿a cuenta de qué esta república número cinco?, ¿dónde están los argumentos para crearla? B. Inflación inducida. ¿Los extraterrestres, Álvaro Uribe y esos buhoneros de la esquina borran a hurtadillas los precios de las etiquetas para subirlos después como les da la gana? Jaaaaa, jajajaaaaa, jajajaaaaaaaaaaaa. C: Socialismo del Siglo XXI. ¿Tendría Chávez, tienen Darío Vivas, William Saab, Cabello o un simpático hablachento como Istúriz luces mínimas sobre tan conspicuo parapeto? D: Intercambios comerciales asimétricos. ¿Es injusto que comerciemos libremente con USA o con China por aquello de David contra Goliat y demás paparruchadas pero justísimo que lo hagamos con Bolivia, Trinidad o con Guyana? E: Precio justo. ¿Cuál?, ¿dónde?, ¿hay justicia en un kilo de pollo a cincuenta bolívares? ¿Y qué decir cuando un haitiano piensa que es más justo el petróleo a nueve dólares? F: Escuálido. Resulta que quien no piense como camarada es un insecto, execrable en consecuencia. No existe el digno opositor. Ahí quedan los escuálidos. G: Patriota cooperante. El despreciable sapo, el chismoso sin vergüenza es nada menos que un patriota, uno que presta sus servicios a la Historia, a la Verdad y a la Justicia, todo encarnado en yo el supremo. H: Guerra económica. No hacemos nada equivocado. La política económica de la Revolución, que por eso es Revolución para que lo sepas, genera un bienestar en la gente sencilla  que le da envidia a otros: empresarios, oligarcas, burgueses, pitiyanquis, bachaqueros, traidores, especuladores, acaparadores y otros ores. Si estamos quebrados es por ellos.
    Hoy, lo que se dice en el presente, filosóficamente hablando déjenme decirles que se ha llegado al llegadero. Los platos se revientan sobre lomos, espaldas y cabezas. No hay líder mesiánico, no hay caudillo iluminado, no hay chequera que siquiera renquee, no existe entorno transformable por las lenguaradas de un Maduro. ¡Plaf!, un país se vino abajo, terminó cayéndose de un coco. Venezuela ya no es una serie de chasquidos de la lengua.

8/18/2015

Caricia sobre el océano

Los invito a disfrutar de Caresse sur l'océan.Una verdadera maravilla de Les Choristes.

Les dejo aquí el link:  https://www.youtube.com/watch?v=rEs1wtsw_IA

8/14/2015

El buscador

    La gente se mete entre ceja y ceja que la vida es una carrera de cien metros planos.  La escuela, dime tú si no, es la madre de semejante puesta en escena. Pero la verdad sea dicha: mientras más procuramos velocidad, menos aplausos por cada gota de sudor.
    Tengo un pariente que para la familia es el vivo ejemplo de lo que supone ser la oveja negra. Un fracasado por todos los costados. Y yo, que alguna vez he sido tildado como mínimo de bicho raro, lo cierto es que celebro sus victorias como si fuera un jonronero en la final Caracas-Magallanes. Pedro Julio Alicio, alias Renacuajo, es el último refresquito del desierto.
    Hay quienes tienen como punto de fuga en sus horizontes vivenciales llegar nada menos que a la Luna. Apuntan alto. Andan dispuestos a meterse el mundo en el bolsillo, incluyendo oro a mansalva, chicas de todos los pelajes, placeres sin medida ni fin. Total, ganar la apuesta que todos creen preciso hacer cuando despunta la adultez. Pero Pedro Julio Alicio, alias Renacuajo, dio por sentado que su objetivo es otro. Sus victorias son prendas cotidianas echadas a las alcantarillas por media humanidad, porque para él acertar, lo que se dice vencer la contienda por llegar a la cumbre le saca la lengua a los flashes, al tintineo de copas, a la primera página en el diario poniendo cara de autosuficiencia y mira este perfil etrusco que no es concha de ajo, como si Dios mismo te invitara a unas cervezas dándote a la vez palmaditas en la espalda.
    Pedro Julio Alicio, renacuajo para amigos y enemigos, tiene ojos en los poros, ve en las sombras que a pleno mediodía hacen de las suyas en cualquier esquina. Tengo por seguro que la película que lleva a cabo echa mano de trucos diferentes y vende una trama requetecompleja, de modo que seguirle la corriente cuesta una viruta de la cara, es decir, involucra haceres que para qué te cuento, total, si de todas formas lo vas a mandar a los infiernos.
    Existen individuos que se pasan la existencia buscando el Vellocino de Oro, el Santo Grial y demás ocurrencias por el estilo. Yo creo, con mi batracio pariente, que es más complicado hallar la insignificancia, en esencia porque revolotea en rincones llenos de ruido y de gente, expuesta a la claridad de un día soleado.
    Pedro Julio Alicio, un apestado con todas sus letras según los entendidos, asoma ahora en el lomo las más apetecibles cicatrices del toma y dame que implican mil andaduras por el mundo. Es un buscador, qué duda cabe, y lo mejor es que supera con largueza, casi en tono de señalamiento y burla, a cualquiera de nosotros por la razón sencilla de que al buscar siempre encuentra: el bueno para nada termina por hallar a cada instante. Si eso no es un triunfo por donde lo mires, entonces cuéntame una de vaqueros. Dime tú si no.

7/24/2015

En concierto

Camila Vilain. Vois sur ton chemin (un tema de la película "Los Coristas"). Apenas el inicio, por razones de memoria.

7/15/2015

Lenguaje

    La verdad es que estamos hechos de lenguaje. Lo ves por todas partes: el mundo llega a nosotros gracias a mil y una parrafada que leemos, emitimos o escuchamos a través de la existencia. Nadie habla por hablar. Conversamos porque en las entrañas de esos adminículos llamados genes hay todo un imperativo cafetinesco, o sea, el secreto impulso a darle a la lengua, a charlar hasta por los codos. Moraleja y conclusión: dime qué tanto hablas y te diré si eres humano.
    Se supone que uno anda por la vida consumiendo los días a base de palabras. La rutina diaria lleva a cuestas sus dosis lingüísticas particulares, de modo que el lenguaje es el golpe vitamínico sin el que terminamos siendo una lechuga o un alambre retorcido. Lo dicho hasta aquí es bueno no olvidarlo: somos el abecedario puesto en marcha, máquinas dispuestas para atar cabos en función de sujeto, verbo y predicado.
    Para ser menos despistados, o lo que es lo mismo, más despiertos a la hora de asir el universo, las palabras son la médula espinal que otorga vida al ramaje que aceptamos por conocimiento. Sabemos en forma directamente proporcional a la lucidez que otorga ese frasco de jarabe llamado lengua. Entonces, digamos que algunas cucharadas pueden funcionar como palmaditas en el hombro, quizás suficientes para entendernos mejor, para comunicarnos con más tino. Cierta dosis de Homero, sorbos recurrentes de Petrarca, 40 ml diarios de Cortázar, en fin, restituyen la salud perdida e incluso, con algo de insistencia, dan pie para atreverse a pensar diferente, cosa nada mal tomando en cuenta cómo anda el patio en estos lugarejos.
    Si el mundo cabe en una lista que va de la A a la Z, entonces tenía razón el poeta: existimos gracias a la sintaxis. Le entramos a todo cuanto imaginamos, de cabo a rabo, por las hendijas de un paréntesis o por el terreno movedizo de extraños puntos suspensivos. Una oración yuxtapuesta copulativa engulle de un bocado a la Vía Láctea y, hay que ver, los odiosos subjuntivos o hasta un ladrillazo como el pluscuamperfecto en toda su extensión, definen lo que vas siendo, aunque lo leas y no lo creas.
    Qué le vamos a hacer, estamos hechos de lenguaje y cáete para atrás, píldoras de Frankenstein, ampollas estilo gongoriano, cremas faciales a lo Hemingway o nebulizaciones con Víctor Hugo metiéndosete en los pulmones hacen de las suyas en el mercado de la claridad intelectual. Literaturoterapia como oxígeno para el cerebro, no faltaba más. Sí, la palabra inventa al bicho humano, de modo que el señor que acaba su café es un simpático sustantivo entremezclado con no pocos adjetivos y aquel niño con su biberón el más prometedor futuro imperfecto del indicativo. Es que somos misterio en carne viva, enigmas ambulantes por donde nos miren. Quién lo hubiera sospechado. 

6/28/2015

La Maga, Cortázar, Rayuela, la vida

Los invito a ver:
www.youtube.com/watch?v=oZXlGXmFfj4

6/18/2015

Cordialmente invitados



La Escuela de Doctorado de la Universidad de Guayana es un espacio de encuentro donde doctorandos y doctores comparten en diálogo reflexivo las experiencias de sus trabajos de investigación. Allí concurren los interesados en los estudios doctorales y todas aquellas personas que desean compartir sus pensamientos cuando se plantean los problemas del quehacer investigativo.

La sesión inaugural será el martes 23 de junio de 2015 con las siguientes disertaciones:


1.- “Especulum oralis o la palabra y el saber"

Dr Luis d'Aaubaterre.


2.- “Isaiah Berlin y Karl Popper: dos aguafiestas necesarios”

MSc Roger Vilain.


3.- “Si está Popper, hablemos mal de Kuhn o la dicotomía esencial enigma-paradigma”

Dr Jorge Paolini Ruiz.


4.- “Hermenéutica de la Virtualidad: un enfoque de aproximación desde la filosofía del arte”

MSc Alvaro Molina.



Lugar: Universidad Nacional Experimental de Guayana

Sede UNEG-Chilemex, aula 11

Martes 23 de junio 2015, 8:30 am