9/11/2015

Uno y sus circunstancias

Un querido amigo, Mariano Nava Contreras (a la izquierda), ha escrito hoy para El Universal  un artículo hermoso y relevante. Lo copio aquí para ustedes.


    Recuerdo la primera vez que me invitaron a dar clase en la Universidad Complutense de Madrid. Fue hace ya unos cuantos años. Mi querido amigo Felipe González Muñoz, catedrático de griego de esa Universidad, me invitó a hablarles a sus alumnos de un tema que me ha apasionado desde siempre y que he estudiado bastante. Me dio la oportunidad de hablar de la tradición clásica en el pensamiento de la Independencia venezolana, es decir, de cómo la lectura de los clásicos griegos y latinos influyó en las ideas políticas de nuestros Libertadores.
    Recuerdo la impresión que tuve al llegar a la Universidad. El aula estaba en los primeros pisos del viejo edificio de la Facultad de Filología en Ciudad Universitaria. Me impresionó ver en el vestíbulo un gran panel de mármol negro con los nombres de los estudiantes caídos en la Guerra Civil defendiendo su Universidad. Ya en el aula, un amplio ventanal dejaba ver bajo un cielo azulísimo la Sierra de Guadarrama con las últimas nieves de la primavera madrileña. Más acá verdeaban los bosques de La Moncloa, escenario de tantos combates hace menos de ocho décadas. Dicen que aún es posible caminar entre los árboles y encontrar cascos de balas. Los alumnos aguardaban la llegada del "profesor venezolano", venido de un país que remotamente les sonaba por ser productor de petróleo y de las mujeres más bellas. Mi amigo me presentó con el protocolo usual, exagerando un poco mis méritos académicos, como debe ser. Después, antes de alejarse, se acercó a mi oído y me susurró: "Estás dando clase en el aula donde daba Ortega y Gasset. Dicen que aquí se le ocurrió lo del hombre y sus circunstancias". No tengo que explicar mi estupor y lo que me costó concentrarme para dar mi clase. Cuando terminé, me le acerqué y le reclamé con cariño: "no me lo vuelvas a hacer".
    José Ortega y Gasset es uno de mis héroes filosóficos y autor de uno de los primeros libros de filosofía que leí allá por mi lejana adolescencia, La rebelión de las masas. Recuerdo que fue el primer número de una magnífica colección quincenal llamada "La Historia del Pensamiento", que compraba yo puntualmente en los quioscos de revista por la exorbitante suma de treinta y cinco bolívares, apartados de los cincuenta semanales que me daba mi padre para la merienda en el colegio. La rebelión de las masas es uno de los libros más incomprendidos del siglo XX y por supuesto yo tampoco entendí mucho aquella vez, pero de su lectura me quedó una enseñanza esencial: que el pensador, el humanista, tiene ante todo un compromiso con el aquí y el ahora. Que todo humanista tiene la responsabilidad fundamental de ejercer el pensamiento crítico con respecto del mundo y la sociedad que le rodea.
    José Ortega y Gasset fue uno de esos pensadores valientes que se atrevieron a revisar profundamente su tiempo y su entorno, así no le gustara a algunos. Fue además un excelente ensayista, escritor capaz de elevar con sencillez la prosa castellana a la altura de sus ideas filosóficas, cosa nada fácil. En uno de sus primeros libros, las Meditaciones del Quijote (1914), formuló una frase contundente que quedó como resumen de toda su filosofía: "Yo soy yo y mi circunstancia. Si no la salvo a ella no me salvo yo". Esto significa que la conducta del hombre no está condicionada solamente por la propia voluntad, sino que hay una serie de factores externos que influyen en esta conducta. Ser uno y su circunstancia equivale a asumir la cantidad de factores históricos, culturales, materiales y también espirituales que condicionan la vida. Influencias no solo directas sino también indirectas, no solo inmediatas sino remotas, conocidas y desconocidas. Vivir, pues, consistirá en relacionarse e intercambiar activamente con el mundo que nos rodea, pero también con el que ya no está y que de alguna manera nos sigue influyendo, con nuestro pasado. Finalmente, estos factores varían dependiendo de la perspectiva desde donde los miremos, pues está claro que no nos influyen a todos de la misma manera. Es lo que Ortega llama el "perspectivismo". La realidad es distinta para cada quien, dependiendo desde donde la miremos. Y esto no es subjetivismo, pues cada quien descubre sus propios caminos para llegar o no a la verdad, que es igual para todos. Quizás en eso pensaba Ortega cuando veía desde aquel ventanal los cambiantes colores de la Sierra de Guadarrama, sus nieves que aparecen y desaparecen según la estación.
    Hoy pienso que las ideas de Ortega pueden servirnos para entendernos un poco más en estos días inciertos y atribulados. ¿Por qué algunos huyen aterrorizados, dejando el país de sus padres y sus abuelos? ¿Por qué otros deciden quedarse, hacen planes, resisten y luchan? ¿Por qué unos cierran los ojos y pretenden que nada está pasando? ¿Por qué otros enferman y mueren? ¿Por qué es tan difícil encontrar el camino de la unión y la libertad? Un asunto, diría Nietzsche, demasiado humano.

9/07/2015

Oficios

    Hay labores de labores. Si te gusta lo que haces, requetebién, y si no, pues igual tienes que buscarte el pan. Desde que tengo uso de razón me han fascinado las ocupaciones raras, esas que llevan implícitas el enigma, la curiosidad, el raro mundo que supone llevar a cabo trajines semejantes.
    Cuando niño, como todo pequeñín que se respete, quise ser bombero. Uno con todas las de la ley, distinto por donde lo mires a esos que terminan el día jugando a las damas y acariciando a un dálmata que bosteza echado en el salón. Pero como  en general suele ocurrir, tal anhelo duró poco. Luego, con la adolescencia atragantada me dio por convertirme en mago: aparecer y desaparecer monedas, mujeres en bikini, conejos en sombreros u objetos de cualquier pelaje hasta dar en el blanco, embolsillarme el mapa del tesoro, no otro que manipular situaciones a placer y conquistar chicas al chasquido de los dedos. Resultó un fracaso como ningún otro, lo confieso con vergüenza pero también con dignidad. Pasó el tiempo y fui pisando tierra, aceptando los consejos de la abuela, por lo que terminé matriculado en la Facultad de Ingeniería, a todas luces profesión monda y lironda sin un ápice de romanticismo laboral, qué diablos podía hacer. (El desenlace de esta última parte lo dejamos para otro momento).
    Pero la profesión total, el oficio indiscutible entre los merecedores de tales adjetivos, sin duda era el de relojero. Jamás opté por dedicarme a ello debido a que conozco de sobra mis limitaciones (miope y de pulso temblereque, sólo por mencionar dos), aunque la verdad sea dicha, en ocasiones sueño que vivo entre minuteros, péndulos, antigüedades, piezas de museo y un auténtico reloj cucú del Bosque Negro de Alemania, echando a andar máquinas desvencijadas, desahuciadas por las telarañas, la desidia o el maltrato. Antaño, hoy y siempre, qué duda puede haber, la relojería es la alquimia perfecta, el oficio que arroja de cabeza por las cañerías la vieja consigna del trabajo como maldición divina.
    Un relojero es el vivo retrato de un liliputiense. El universo incrustado en el taller de relojes tiene ese poder embrujador que sólo vislumbré en la obra de un Swift. Una tuerca enana, un engranaje diminuto, tornillos como granos de arena, asombra que el tiempo, ese señor  estirable como un chicle, duerma en brazos de artefactos tan encogidos, tan parecidos a una pulga, tan insignificantes. Viéndolo bien, un reloj tendría que ser como las pirámides de Egipto, como el Caballo de Troya, como las líneas de Nazca, como el Coloso de Rodas, pero fíjese, el reino de Lilliput acabó siendo amo y señor de Cronos y toda su parafernalia.
    Con razón el relojero de mi pueblo era un ser de noble aspecto, mínima estatura, rostro adusto y gesto intemporal. Todo cuadra, ahora que lo pienso. Es que hay oficios entre oficios.

9/06/2015

Un clásico

"La Candela" (Una genial Celia Cruz y la preciosa Ángela Carrasco).

Pues nada, quien no baile no está vivo...
El link: https://www.youtube.com/watch?v=6qA6nd3rLgM

9/01/2015

Chasquidos de la lengua

    Un líder mesiánico accede al poder y jura por todos sus muertos que 1: llegó para quedarse, 2: va a refundar desde La Asociación de Sembradores de Bejuco en Guasipati hasta la patria, no faltaba más, y 3: que el mundo debe estar agradecido porque él siempre va a salvarlo de los malos. Ningún mesías acepta medias tintas, o estás con él o que te lleve el diablo, y para evitarte el trance se empeña con ahínco en sustituir la realidad.
    La realidad, claro, es algo que un manojo de calenturientas circunvoluciones cerebrales haciendo vida activa en funcionarios bien trajeados construye a como dé lugar. Importa un pepino que los hechos contradigan las arengas del mandón, total, vale más lo que un bebé de pecho cuyo nombre era Joseph y su apellido Stalin se esforzó en elevar a política de Estado: eso que dieron en llamar ingeniería social. Inventar la realidad, pues, es hacer que el mercado, el agro, los sueños, la inflación, el erotismo, el comportamiento de los transeúntes en las calles o el índice de Gini, obedezcan a ciertos burócratas y los complazcan. Pasa por echarle mano a mecanismos de control de masas que habitan el lenguaje. A través de éste un trasnochado con carisma se mete el universo en el bolsillo. Hugo Chávez Frías, sin discusión el  más grande demagogo que ha parido el patio y sus alrededores, conocía de sus talentos, sabía qué estaba haciendo. Para colmo, los dioses le dieron una ñapa saltarina que para qué te cuento: la chequera que camina por América Latina.  Dame un punto de apoyo y muevo al mundo, dijo aquél. Dame a PDVSA rendida y compro tu mundo, tu punto y tu apoyo, dijo el otro. Lo demás es historia.  
    El lenguaje está ahí para fabricar universos. Contaba el poeta que una flor perdería su fragancia si no se denominara flor. Imagínalo un segundo, fíjate qué verdad impresionante. Por eso Chávez decía ñe y sus amiguitos continuaban: ñeeeeeeeeeeee,  al punto de que ruidos tan insignificantes terminaban siendo, verdad entre verdades, maravillosos cultivos hidropónicos, rutas exquisitas como la de la empanada, cuchis gallineros verticales, y así. Del sombrero del mago saltan conejos de todos los pelajes, o lo que es lo mismo, del lenguaje, del palabreo del showman y de la cuenta corriente a reventar, qué te puedo decir, el escenario cobra sabrosura, se torna feliz, tan chévere (pronúncialo así, suponiendo que tienes un chicle enredándote la lengua) como ninguno.
    La Revolución Bolivariana, y también Bolivarera porque ser rico sólo es malo de los dientes para afuera, se metió entre ceja y ceja modificar cierto estado de cosas en este país chatarra que va siendo Venezuela. Para ello ha chasqueado, chasquea y no sé si chasqueará, los dedos dándole palmaditas al lenguaje en las espaldas. Y entonces irrumpe el color rosa, y todo cambia, se torna, se troca. Todo empieza a funcionar. Mira tú: A. Cuarta y Quinta República. ¿Has visto semejante disparate?, ¿a cuenta de qué esta república número cinco?, ¿dónde están los argumentos para crearla? B. Inflación inducida. ¿Los extraterrestres, Álvaro Uribe y esos buhoneros de la esquina borran a hurtadillas los precios de las etiquetas para subirlos después como les da la gana? Jaaaaa, jajajaaaaa, jajajaaaaaaaaaaaa. C: Socialismo del Siglo XXI. ¿Tendría Chávez, tienen Darío Vivas, William Saab, Cabello o un simpático hablachento como Istúriz luces mínimas sobre tan conspicuo parapeto? D: Intercambios comerciales asimétricos. ¿Es injusto que comerciemos libremente con USA o con China por aquello de David contra Goliat y demás paparruchadas pero justísimo que lo hagamos con Bolivia, Trinidad o con Guyana? E: Precio justo. ¿Cuál?, ¿dónde?, ¿hay justicia en un kilo de pollo a cincuenta bolívares? ¿Y qué decir cuando un haitiano piensa que es más justo el petróleo a nueve dólares? F: Escuálido. Resulta que quien no piense como camarada es un insecto, execrable en consecuencia. No existe el digno opositor. Ahí quedan los escuálidos. G: Patriota cooperante. El despreciable sapo, el chismoso sin vergüenza es nada menos que un patriota, uno que presta sus servicios a la Historia, a la Verdad y a la Justicia, todo encarnado en yo el supremo. H: Guerra económica. No hacemos nada equivocado. La política económica de la Revolución, que por eso es Revolución para que lo sepas, genera un bienestar en la gente sencilla  que le da envidia a otros: empresarios, oligarcas, burgueses, pitiyanquis, bachaqueros, traidores, especuladores, acaparadores y otros ores. Si estamos quebrados es por ellos.
    Hoy, lo que se dice en el presente, filosóficamente hablando déjenme decirles que se ha llegado al llegadero. Los platos se revientan sobre lomos, espaldas y cabezas. No hay líder mesiánico, no hay caudillo iluminado, no hay chequera que siquiera renquee, no existe entorno transformable por las lenguaradas de un Maduro. ¡Plaf!, un país se vino abajo, terminó cayéndose de un coco. Venezuela ya no es una serie de chasquidos de la lengua.

8/18/2015

Caricia sobre el océano

Los invito a disfrutar de Caresse sur l'océan.Una verdadera maravilla de Les Choristes.

Les dejo aquí el link:  https://www.youtube.com/watch?v=rEs1wtsw_IA

8/14/2015

El buscador

    La gente se mete entre ceja y ceja que la vida es una carrera de cien metros planos.  La escuela, dime tú si no, es la madre de semejante puesta en escena. Pero la verdad sea dicha: mientras más procuramos velocidad, menos aplausos por cada gota de sudor.
    Tengo un pariente que para la familia es el vivo ejemplo de lo que supone ser la oveja negra. Un fracasado por todos los costados. Y yo, que alguna vez he sido tildado como mínimo de bicho raro, lo cierto es que celebro sus victorias como si fuera un jonronero en la final Caracas-Magallanes. Pedro Julio Alicio, alias Renacuajo, es el último refresquito del desierto.
    Hay quienes tienen como punto de fuga en sus horizontes vivenciales llegar nada menos que a la Luna. Apuntan alto. Andan dispuestos a meterse el mundo en el bolsillo, incluyendo oro a mansalva, chicas de todos los pelajes, placeres sin medida ni fin. Total, ganar la apuesta que todos creen preciso hacer cuando despunta la adultez. Pero Pedro Julio Alicio, alias Renacuajo, dio por sentado que su objetivo es otro. Sus victorias son prendas cotidianas echadas a las alcantarillas por media humanidad, porque para él acertar, lo que se dice vencer la contienda por llegar a la cumbre le saca la lengua a los flashes, al tintineo de copas, a la primera página en el diario poniendo cara de autosuficiencia y mira este perfil etrusco que no es concha de ajo, como si Dios mismo te invitara a unas cervezas dándote a la vez palmaditas en la espalda.
    Pedro Julio Alicio, renacuajo para amigos y enemigos, tiene ojos en los poros, ve en las sombras que a pleno mediodía hacen de las suyas en cualquier esquina. Tengo por seguro que la película que lleva a cabo echa mano de trucos diferentes y vende una trama requetecompleja, de modo que seguirle la corriente cuesta una viruta de la cara, es decir, involucra haceres que para qué te cuento, total, si de todas formas lo vas a mandar a los infiernos.
    Existen individuos que se pasan la existencia buscando el Vellocino de Oro, el Santo Grial y demás ocurrencias por el estilo. Yo creo, con mi batracio pariente, que es más complicado hallar la insignificancia, en esencia porque revolotea en rincones llenos de ruido y de gente, expuesta a la claridad de un día soleado.
    Pedro Julio Alicio, un apestado con todas sus letras según los entendidos, asoma ahora en el lomo las más apetecibles cicatrices del toma y dame que implican mil andaduras por el mundo. Es un buscador, qué duda cabe, y lo mejor es que supera con largueza, casi en tono de señalamiento y burla, a cualquiera de nosotros por la razón sencilla de que al buscar siempre encuentra: el bueno para nada termina por hallar a cada instante. Si eso no es un triunfo por donde lo mires, entonces cuéntame una de vaqueros. Dime tú si no.

7/24/2015

En concierto

Camila Vilain. Vois sur ton chemin (un tema de la película "Los Coristas"). Apenas el inicio, por razones de memoria.

7/15/2015

Lenguaje

    La verdad es que estamos hechos de lenguaje. Lo ves por todas partes: el mundo llega a nosotros gracias a mil y una parrafada que leemos, emitimos o escuchamos a través de la existencia. Nadie habla por hablar. Conversamos porque en las entrañas de esos adminículos llamados genes hay todo un imperativo cafetinesco, o sea, el secreto impulso a darle a la lengua, a charlar hasta por los codos. Moraleja y conclusión: dime qué tanto hablas y te diré si eres humano.
    Se supone que uno anda por la vida consumiendo los días a base de palabras. La rutina diaria lleva a cuestas sus dosis lingüísticas particulares, de modo que el lenguaje es el golpe vitamínico sin el que terminamos siendo una lechuga o un alambre retorcido. Lo dicho hasta aquí es bueno no olvidarlo: somos el abecedario puesto en marcha, máquinas dispuestas para atar cabos en función de sujeto, verbo y predicado.
    Para ser menos despistados, o lo que es lo mismo, más despiertos a la hora de asir el universo, las palabras son la médula espinal que otorga vida al ramaje que aceptamos por conocimiento. Sabemos en forma directamente proporcional a la lucidez que otorga ese frasco de jarabe llamado lengua. Entonces, digamos que algunas cucharadas pueden funcionar como palmaditas en el hombro, quizás suficientes para entendernos mejor, para comunicarnos con más tino. Cierta dosis de Homero, sorbos recurrentes de Petrarca, 40 ml diarios de Cortázar, en fin, restituyen la salud perdida e incluso, con algo de insistencia, dan pie para atreverse a pensar diferente, cosa nada mal tomando en cuenta cómo anda el patio en estos lugarejos.
    Si el mundo cabe en una lista que va de la A a la Z, entonces tenía razón el poeta: existimos gracias a la sintaxis. Le entramos a todo cuanto imaginamos, de cabo a rabo, por las hendijas de un paréntesis o por el terreno movedizo de extraños puntos suspensivos. Una oración yuxtapuesta copulativa engulle de un bocado a la Vía Láctea y, hay que ver, los odiosos subjuntivos o hasta un ladrillazo como el pluscuamperfecto en toda su extensión, definen lo que vas siendo, aunque lo leas y no lo creas.
    Qué le vamos a hacer, estamos hechos de lenguaje y cáete para atrás, píldoras de Frankenstein, ampollas estilo gongoriano, cremas faciales a lo Hemingway o nebulizaciones con Víctor Hugo metiéndosete en los pulmones hacen de las suyas en el mercado de la claridad intelectual. Literaturoterapia como oxígeno para el cerebro, no faltaba más. Sí, la palabra inventa al bicho humano, de modo que el señor que acaba su café es un simpático sustantivo entremezclado con no pocos adjetivos y aquel niño con su biberón el más prometedor futuro imperfecto del indicativo. Es que somos misterio en carne viva, enigmas ambulantes por donde nos miren. Quién lo hubiera sospechado. 

6/28/2015

La Maga, Cortázar, Rayuela, la vida

Los invito a ver:
www.youtube.com/watch?v=oZXlGXmFfj4

6/18/2015

Cordialmente invitados



La Escuela de Doctorado de la Universidad de Guayana es un espacio de encuentro donde doctorandos y doctores comparten en diálogo reflexivo las experiencias de sus trabajos de investigación. Allí concurren los interesados en los estudios doctorales y todas aquellas personas que desean compartir sus pensamientos cuando se plantean los problemas del quehacer investigativo.

La sesión inaugural será el martes 23 de junio de 2015 con las siguientes disertaciones:


1.- “Especulum oralis o la palabra y el saber"

Dr Luis d'Aaubaterre.


2.- “Isaiah Berlin y Karl Popper: dos aguafiestas necesarios”

MSc Roger Vilain.


3.- “Si está Popper, hablemos mal de Kuhn o la dicotomía esencial enigma-paradigma”

Dr Jorge Paolini Ruiz.


4.- “Hermenéutica de la Virtualidad: un enfoque de aproximación desde la filosofía del arte”

MSc Alvaro Molina.



Lugar: Universidad Nacional Experimental de Guayana

Sede UNEG-Chilemex, aula 11

Martes 23 de junio 2015, 8:30 am

6/05/2015

Así sea

    Lo ideológico puede más que la razón. Fue Octavio Paz quien sugirió una verdad elemental: la biología puede no dejarte ver, pero la ideología te impedirá pensar. No es poca cosa.
    Este país vive uno de sus momentos más oscuros. Luego de una indigestión fraguada a pulso de petrodólares, por donde pases ahora la mirada encuentras sólo escombros. La revolución venezolana suscribe de pe a pa  aquello de que todo populista se parece a un galán adinerado, es decir, mientras maneja la chequera el mundo se torna rosadito, pero cuando los fondos se arrojan por el inodoro entonces al diablo  vanas ilusiones.
    Venezuela, otra vez, sufrió el relumbrón de la demagogia supercarismática. Promesas, chasquidos de la lengua, paraísos trocados en verdad ahí mismo, al doblar la esquina, supusieron el boleto para aterrizar con suavidad en lo más selecto, en lo mejor del siglo XXI. Conclusión al despertar: miseria, vidrios rotos, sueños despanzurrados para quien pague la factura tres lustros después, nada menos que esta sociedad usufructuaria del embauque más vergonzante en años luz a la redonda. Pésima idea otorgar cheques en blanco. Quién lo iba a decir, casi dieciséis años  de una camarilla bailando conga en el poder  y el país feliz a lomo de cangrejo, o sea, echando con ganas para atrás, hasta que le destrozaron el espejo en el cogote. ¿Será que la lección terminará por aprenderse?
    Mucha gente dio la voz de alerta. Intelectuales (apenas unos pocos, la izquierda beata, incondicionales de quienes tienen el poder, le meten aún el hombro al disparate venezolano), sociólogos, escritores, economistas, a lo largo y ancho del espectro político dibujaron, esgrimieron con lucidez el abismo que se abría enfrente si continuábamos el rumbo marcado por las fiebres no sudadas de unos gobernantes cuyos planes de navegación eran las canciones de Silvio, las ocurrencias de los Castro, en fin, las maneras fracasadas de conducir una nación. Hay que ver, todavía hay gente si enterarse que se acabó la Guerra Fría. El resultado magulla los sentidos: una sociedad dividida, empobrecida, una realidad que aplasta por lo que tiene de absurda y humillante. No había derecho a tanta destrucción, a tanta debacle económica y moral porque ahí estaban (aún lo están, créanme) los recursos para elevarnos a peldaños superiores en la vía hacia el desarrollo. A veces la decencia coge sus cuatro peroles y se espanta, como ocurrió sin dudas en este país hecho añicos. Con ideología chatarra, mira tú, no se producen alimentos, ni educación, ni se ensanchan los espíritus.
    Hoy por hoy toca repensar el desastre y apagar restos humeantes para proseguir, para levantar, para construir. No en balde son mayoría los que pretenden un país labrado a punta de esfuerzo, de esperanzas clavadas en un tiempo (el presente) que no debemos dejar ir una vez más. Las antiguallas ideológicas caben todas en un museo del carbonífero. Cambiar en democracia, ese es el objetivo. Ganar la Asamblea Nacional, por ejemplo, equivale al primer paso. Enhorabuena. Así sea.

Charles Aznavour

Una canción hermosa.
El link: https://www.youtube.com/watch?v=Ba3Pk36ie0Y

5/18/2015

Eyaculación precoz



    Entre la anatomía humana y el lenguaje hay un mundo de cosas que los unen. La mecánica de la una se refleja en el otro como  si un espejo hiciera de las suyas. Es raro, pero a veces te pones a sumar peras con mangos y el resultado es satisfactorio, contradiciendo sin piedad a Robert Malavé, profesor verdugo de las matemáticas en la Upata de mi bachillerato. Total, que lenguaje y biología se guiñan los ojos como adolescentes en eso de codificar discursos el primero, pongo por caso, y el hecho de labrar sinapsis justamente para que ello ocurra, en cuanto a la segunda.
    Tengo la impresión de que  andamos flojos de palabras. En la calle, en los cafés, en la perorata amorosa que sostiene una pareja mientras se come a besos a un palmo de esta mesa en la que escribo. Claro que sobran las ideas, cómo no, desfiguradas, destripadas, aunque ideas al fin. Pero palabras, lo que se dice el herraje para levantar lo que pensamos, eso sí que tiene todas las carnes fofas. Faltan palabras y de qué manera, de modo que el asunto trasciende el mero rollo de una visita fugaz al diccionario. Qué va. El lenguaje, nada menos que el lenguaje en una cabeza como la suya o la mía es manual de uso elevado al plano de lo cotidiano, de la sindéresis lingüística  -Dios, qué oración tan rimbombante-, del sentido común trocado en universo de palabras y conceptos bien trenzados. O es así o nos vamos todos al infierno.
    Albahaca, comején, lujuria, por donde las mires son términos proteicos, llevan oxígeno al sentido, regalan vida a cuanto nos rodea. Dices rosa y ahí mismo captas el perfume. Dices orgasmo y levantas una carga de explosivos. Pronuncias cada letra de una sentencia como libertad y de inmediato se te pierde el horizonte. Caderas, nenúfar, gineceo, pruébalo con las que quieras, la fisiología del lenguaje corre por debajo de eso que llamamos comprensión. Andamos cortos de palabras porque somos náufragos en un raro aquelarre: en vez de coger al toro del idioma por los cuernos resulta que éste nos doblega, nos arrastra y nos aplasta. Mala educación, indigencia intelectual, flojera al por mayor o simple mala leche, elige la que quieras, pero es una verdad que te agarró por el pescuezo y no te suelta.
    En quinto de secundaria me dio por suponer que las palabras se parecían mucho a una molécula de oxígeno y que su expansión correlativa, la sintaxis, era una maraña de arterias, un delta azuloso de venas repartido en cualquier acto comunicativo. El cerebro bien oxigenado del lenguaje daría luz verde a mil claridades de orden neuronal, de modo que charlar, contar hasta cien, resolver un polinomio o aprenderse la lección de historia bailaban abrazaditos el son de pegar sujeto y  predicado para elaborar una oración con pie y cabeza. En fin, todo párrafo bien trabajado terminaba por ser chorro de adrenalina sobre la sedación cotidiana. Qué le vamos a hacer, razón tenía quien inventó el lenguaje para luego desentrañar el universo. Lo primero es lo primero y después que llegue lo demás.
    Viéndolo bien un verbo en su punto, una coma en su exacto lugar o el adjetivo o sustantivo irremplazable son una erección a tope. Por eso el pecado mortal de la gramática vive luminoso  en los eyaculadores precoces: antes de seducir vaya uno a saber a quién e irse a la alcoba, arrojan el texto baboso de cuanto sólo quisieron  -pero no pudieron-  decir. Lo expresado es otro cuento, ajeno por supuesto a precocidades de cualquier pelaje. Moraleja y conclusión: hablamos al revés y entendemos al contrario. Quién lo hubiera imaginado.

Día a día


3/21/2015

Cuando el señor Chaderton piensa, mire usted en lo que piensa

    Vamos a hacer un ejercicio de transposición. Cambiemos algunos términos, apenas unos cuantos en el original (cuya diana son los adversarios del gobierno) e imagina ahora a  Capriles, o a Andrés Velásquez, o supón a María Corina, muy trajeada y formalita, en un plató de televisión afirmando ante las cámaras: “Los francotiradores apuntan a cabezas, pero llega un momento en el que una cabeza chavista no se diferencia de una cabeza opositora, salvo en el contenido. El sonido que produce [una bala, claro está] en una cabeza chavista es mucho menor, porque el cráneo es hueco y pasa rápido, pero eso se sabe después que pasa el proyectil”.
    Detente un segundo y lee otra vez. Entonces piensa en lo que estuviera sucediendo aquí si cualquier dirigente opositor hubiera en realidad vociferado (las emitió el embajador venezolano ante la OEA) tales monstruosidades y desplegado semejante abanico de patético humor negro. Humor negro, sí, no creas que has leído mal. Tal fue la excusa dada por el señor Chaderton para justificar lo imperdonable, junto con señalamientos sugiriendo que sus afirmaciones resultaron mediáticamente trastocadas. Yo opiné A pero no opiné A, sino B. Yo manifesté lo que manifesté y muy bien manifestado, pero ustedes los malvados entienden lo contrario, razonan al revés, decodifican mal. Y así. Cantinflas reloaded.
    El señor Roy Chaderton, supongo, sabe mucho del humor, de todos los humores de este mundo. Del blanco, del azul clarito, del negro por supuesto, del humor acuoso y del vítreo, pero sabe un pepino del humor dañino, del humor imbécil, ese que ha disparado bajo un manto de impunidad que sólo da el poder retorcido por el abuso, por el mira que estoy en las alturas, cómodo sitial al que llegamos los privilegiados. Casi puedo verlo en pleno zapping mental con el control remoto ideológico presto a la tarea de ejercitar su magnífico humor a base de crujidos escuálidos o chavistas del occipital. Crujidos como de cáscara de huevo o como de cráneos con mucha materia gris según el caso. Leo de nuevo las declaraciones de Chaderton y digo: hay que ver, este individuo anda de lo más campante haciendo de las suyas por el mundo cuando ya no podría dar un paso más debido al peso infinito de su, ahora sí, negrísima conciencia. Y de seguidas pienso en Geraldine Moreno, en Basil Da Costa, en Kluiverth Roa, en tantos burlados a fuerza de una realidad que es el horror trivializado por un funcionario sin escrúpulos.
    En el fondo el mensaje de Chaderton, con el humor ennegrecido y la sonrisa desdentada que le venga en gana, es siempre el mismo, presente con puntualidad de reloj suizo en totalitarismos de cualquier pelaje. Como el lenguaje nos conforma, como los seres humanos por re o por fa estamos cruzados de cabo a rabo por lo lingüístico, decir escuálido  y asociarlo con calaveras huecas saltando como confetis gracias a balas antojadizas, supone la exclusión, la negación total, la cosificación del otro, de quien es distinto, de quien no piensa ni comparte la lógica del poder (y por ser un vacío andante ni siquiera piensa). El mensaje de Chaderton nace de una  perversión: el convencimiento de que es dueño de la verdad, de la justicia e incluso de la historia, y ya puedes imaginarlo, quien posee las llaves para acceder a tamaño triunvirato posee también superioridad moral para emitir y sentenciar cuanta barbaridad coquetee con sus neuronas.  Minimizar al adversario, transformarlo  en poco menos que un insecto, invalidarlo en todos los terrenos, esa es la idea. Un escuálido es entonces un descerebrado que ve tú a saber qué más podrá ser, porque está vacío de contenido.
    Cuando Chávez inventó la palabreja no andaba tan perdido en la luna de Belén con los pastores. Señalar, disminuir, excluir, convertir en bichos a quienes lleven la impronta de escuálidos colgando de la frente, tenía y tiene objetivo muy bien delimitado. Un escuálido, en fin, es una oquedad y por eso el proyectil le atraviesa la cabeza en un zumbido, no faltaba más. Lo demás es humor negro y sonrisitas de rigor, que para tales menesteres siempre hay gente bien dispuesta, como el triste Chaderton.

3/20/2015

Verdades imaginarias

    La gente es rara. Como el mundo no está hecho a imagen y semejanza de nuestros ideales, resulta que procuramos adaptarnos y se acabó, problema solucionado.
    Porque somos inconformes, inventamos por ejemplo la literatura. Ahí crecemos, nos sentimos otros, vivimos las vidas que nos dé la gana. Yo en ese plano soy el típico bicho que se enriquece los días a costa de cuentos, ensayos o poemas, al punto de que no concibo cómo alguien puede acabar el calendario sin dedicarse a la lectura, a los textos, a las historias de cualquier pelaje. Panaderos, bomberos, jueces, políticos o notarios, vaya manera de entregarse a la existencia. Qué le vamos a hacer.
    El otro día iba por la calle y una dama fumaba un cigarrillo. Era uno de mentira. Pensé en mi infancia, cuando también me llevaba a la boca semejantes artilugios, pero de chocolate. La señora fumaba, exhalaba un vapor blanquecino a modo de humo que me  entristeció hasta lo indecible. Un cigarrillo de metal a pilas, quién lo iba a decir.
    Novias virtuales, muñecas de hule para el sexo más seguro de este mundo, la verdad es que entre el universo y lo que vamos siendo media, según los entendidos, una realidad prefabricada, benditos sean Freud, Jung y todo el gentío que se dedica a escudriñar los recovecos del alma. La señora enciende un cigarrillo, sin fósforos, sólo mueve el interruptor para que el mundo siga color rosa. Entonces fuma de lo lindo, o cree fumar, que para eso inventaron tales artefactos.  Así como elaboramos verdades, recuerdos, ámbitos paralelos, etcétera etcétera, creamos embustes de lo más venidos a cuento. Así, la ficción de una novela se aproxima a la invención que echamos a la calle hasta construir eso que llaman vida cotidiana. Luego la cuadratura del círculo roza  la circularidad del triángulo, y lo real junto con lo imaginario terminan en una amalgama que vaya uno a saber dónde empieza y dónde finaliza.
    A todas éstas, yo también hago mis historias. En días pasados sentí dolores punzantes en el vientre y fui a parar al médico, quien sólo me recomendó descanso. “Usted anda más fuerte que un roble”, sentenció. Cuando expresé mi horror al negar con contundencia su opinión, prescribió algo para los nervios, pero yo nada más quería algunas cucharadas para el abdomen. Por no dejar asentí y de inmediato me largué. Ya en la farmacia eché a la basura el récipe del ansiolítico pidiendo de seguidas aspirinas, que a lo mejor funcionan para lo que me aquejaba. Dicho y hecho, me sané en el acto, lo cual demuestra cuán cerca estamos de concretar aquello que en verdad añoramos con fervor. Tenía razón Conny Méndez.
    Lo cierto es que no hace falta ser Edison o Graham Bell para transformar el presente y el futuro. Labramos realidades apoyadas sobre el piso jabonoso de lo que llevamos entre ceja y ceja e inventamos verdades mondas y lirondas en función de lo que nos apetezca. Es que las certezas también caben en un tubo de ensayo. Y después dicen que lo onírico y lo real son aves de cielos diferentes. No me vayas a venir  tú con ese cuento. No me vayas a venir.