10/05/2011

El teatro de los libros


Con Camila. Librería "El Ateneo". Buenos Aires-Argentina.

Un antiguo teatro convertido en recinto para libros, lectores y escritores.


Si a ver vamos, el libro, como una plaza o un parque, también es un lugar para el encuentro. En el libro cabe el dato que buscamos, el humor empaquetado a fuerza de inteligencia o la receta de cocina, ésa que para variar pone la mesa en un fin de semana distinto.Y en el libro, por supuesto, cabe igualmente el mundo. Es un espacio para el diálogo donde la fragua de saberes guarda mucho de la vida misma, es decir, convergen en él todas las líneas que se cruzan para terminar lanzándonos a su particular punto de fuga, no otro que el espacio labrado a dos voces: la del autor... la del lector. De la lectura queda el buen o el mal sabor del toma y daca entre ellos. La línea de equilibrio, el placer frente al manojo de cuartillas, va a depender de ese ritual silencioso, de ese combate cuerpo a cuerpo entre quien escribe y quien lee, que es la tarea más solitaria y feliz de este mundo.

9/24/2011

Sin duda

Prefiero ser
un humano insatisfecho
que un cerdo satisfecho

9/23/2011

Un clásico

Always. Air Supply. http://www.youtube.com/watch?v=e7_5S_kAwf8

Haikú 4

Vivir evitando el giro
cuando la rueda
no sabe otra cosa

9/22/2011

Antorcha

Sólo una caricia tuya
y arderé para siempre

9/21/2011

Haikú

A veces llega el día
como un coñazo en la nariz.

9/20/2011

Mala leche

Abril de 2008

Pues nada. Pasa el tiempo y es como si no pasara. Ahora resulta que un político, gobernador de este estado para más señas, le quita importancia a un problema con la animosidad del mago que saca conejos de un sombrero. Vainas van y vainas vienen.
Ha dicho el político de marras que el tema de la delincuencia está politizado. Entiendo, si de entender frases se trata, que la inseguridad y los malandros, en números crecientes no precisamente por su puntería a la hora de combatir estos males, son el hiperbólico registro de ciertas pupilas opositoras, ociosas, para remate imperialistas, golpistas, etcétera, etcétera, etcétera. O sea ha afirmado el señor, sin que le tiemble el meñique, que este desastre de país, con sus 16 mil muertos anuales gracias al hampa, equivale en realidad a un problemilla de poca monta, politizado, eso sí, por los malos de siempre que deben ser la prensa, el ciudadano común o los críticos de cualquier pelaje. Mala leche, hombre, mala leche.
Desde el bueno de Platón el asunto anda más o menos claro. Si usted se toma la molestia de hojear su obra "Las Leyes", si le echamos un vistazo a lo que con pelos y señales se viene discutiendo desde que Occidente es Occidente, el diálogo platónico pone frente a nuestras narices un hecho indiscutible hasta para el más tarugo: todos somos políticos, lo cual arroja una conclusión la mar de incómoda para ciertos seres: el juego de la política se ensambla a partir de piezas múltiples, diversas, plurales, y mientras más disímiles mejor.
El gobernador soltó una verdad queriendo expresar lo contrario. El pobre sostuvo tranquilazo que un kilo de estopas como el de la delincuencia fue politizado, como he de pensar que politizadas quedan demás pendejaditas llamadas perreras, falta de agua en la ciudad, ineptitud de su parte, pésimo suministro eléctrico o destartalada vialidad que si te descuidas, ¡plaf!, terminas engullido por un cráter. Lo dicho: políticos somos todos, y en la polis se atacan políticamente los dolores de cabeza. No hay tu tía. El gobernador entiende la cuestión, pero al revés. Pobre ser. Mala leche, pura mala leche.
Por falta de politización, en el elevado y mejor sentido del término, los salvadores de la patria tienen ganado un terreno formidable. Gracias a la ausencia de educación política, de pensamiento político a diestra y siniestra, en la gente monda y lironda, en quienes piden un chachito en la cafetería, en los ciudadanos, es que un demagogo del tamaño de Hugo Chávez llega nada menos que a la presidencia. Como cualquier fulano entiende que la política (y la natural politización que ella produce) no es asunto que le competa, como Perico de los Palotes, Juan Gutiérrez, Pedro Pérez o Ramón Bermúdez sienten que entre ellos y la política media un kilometraje de espanto, entonces Rangel Gómez, patético gobernador de estas tierras, dice lo que dice, como si nada, como si escupiera una genialidad y aquí estoy yo para que se maravillen.
Educar sería la solución, qué duda cabe. Lo menciono porque a estas alturas pensará usted en qué coño habrá de hacerse para salir de semejante salto atrás. Educar es la vía, aún so pena de que en el camino politiqueros en los cargos acaben con lo que medio queda. Mientras Latinoamérica no apruebe materias pendientes como disminución de la pobreza, inclusión social o educación de calidad, los cantos de sirena, esas voces tentadoras a lomo de iluminados, tanques o manuales marxistas leninistas, se escucharán siempre a la vuelta de la esquina.
Imagine usted lo que el gobernador piensa de política, o de los políticos. Imagíneselo politizando, cogiendo al toro de los problemas por los cuernos del quehacer político en mayúsculas, que a todos nos incumbe. Imagine por un instante que el hombre sabe de polis y otras hierbas. Imagine usted que un estadista gobierna a este estado. Qué va, tanta fantasía, de un plumazo, hiere a las neuronas. El gobernador, eso sí, masculla sus frases a los medios, hace las veces de Chávez en pequeño, en provincia, y pam, pam, listo, a poner cara de autosuficiencia porque el asunto está resuelto. Y los amiguetes a aplaudir.
Mala leche, claro. Por eso andamos como andamos. Pasa el tiempo y es como si no pasara. La misma polvareda, el mismo hedor. Mala leche. Pura mala leche.

9/16/2011

El blog

Este blog
que pocos visitan
que poco divulgo
este blog
mi isla de palabras y de historias
anónimo
sin pedigrí
cuyos escritos a nadie interesan salvo a pocos:
un amigo, un estudiante, algún curioso y ya, paremos de contar,
es el lugar para inventarme
es el vertedero de mí mismo
aquí caigo y me levanto
muero y resucito
levanto la falda de esa chica
fornico al idioma.
Este blog me cae simpático
éste
que importa a tan pocos
que a nadie interesa
(digo, a un amigo, a un estudiante, a algún curioso y basta)
tiene mira telescópica y metralla de altísimo calibre
para reventar huevos al vuelo
para saldar cuentas pendientes.
Aquí deambulo como en casa
abro una lata de cerveza
me quito los zapatos
camino en interiores
será puta la puta
maricón el maricón
loco el desquiciado y al contrario.
Aquí
de día o de noche
jamás todos los gatos fueron pardos.

9/12/2011

Café de otoño

El viento juega al gato y al ratón con unas hojas
observo
sonrío
la vida es así
depende del a veces
depende a veces del a veces.
La Luna allá arriba
cabe en la cuenca de mi mano
y alumbra
cabe justo entre dermis y epidermis
alza su vestido para chorrear luz
abre su sexo entre orgasmo y orgasmo.
Luna de plomo, Luna lunera
Luna y viento
jugando al gato y al ratón con unas hojas,
con unas hojas secas.
Es que la vida es así
suele comportarse de ese modo
testaruda
quisquillosa
suele entregarse a cualquiera en ocasiones.
Por eso me gusta llevarle la contraria
por eso toco sus piernas y me quemo.
Es que ella es así,
qué más da
la vida es siempre así.


Junio de 2008




Terminando de leer un artículo de Rosa Montero acerca de los pobres, la escritora remata a quemarropa: "demagogos ilustres se han llenado la boca y los bolsillos declamando sobre ellos, por ejemplo". Y es que los pobres, es verdad, son para cretinos de todos los pelajes simple carne de cañón, lomito predilecto de cuanto vivo se mete entre ceja y ceja ganar indulgencia con escapulario ajeno. Claro, la pobreza pasa a ser la otra mejilla, siempre a punto para el golpe de rigor.
Es posible que quienes buscan el poder a como dé lugar (y quienes lo persiguen de alguna otra manera) encuentren rebuscadas formas para dar el salto de felino. Pero aquí, lo que se dice en estas tierras y en estos tremedales, la demagogia en pasta tiene su coro de voces inocentes, guarda un nicho tibio las veinticuatro horas del día, listo para darle uso, burlón y desechable, tan pronto suene el click que ordena la apertura de campaña. Así más o menos se definen las cosas, o lo que viene siendo igual, tal es el modo, endémico en los predios patrios, de intentar llevarse el triunfo a los bolsillos.Un pobre, por supuesto, es moneda de uso corriente mientras exista un candidato a la redonda. Vale lo que cuesta un voto, asunto nada despreciable si es que de usar la calculadora se trata. Total, que la pobreza pica, se extiende, y para cuando usted despabila vuelve el politiquero otra vez al picoteo con la fuerza de todo el uso y el abuso que representa sin ambages.
Con razón el hambre gana empuje en una bajadita directamente proporcional a la demagogia que se tenga enfrente. Obvio, mientras más pobres, seguro que lo demagógico, salpicado aquí y allá con el infaltable populismo, halla caldo de cultivo para reiniciar andanzas. La pobreza crea pobreza, pues, pero mediante carambolas, es decir, gracias al interesado movimiento que se inicia arriba, en las esferas de poder grueso, duro y puro, único eslabón (más los salpicados) que conservará su rosagancia, su salud y su papada cuando lleguen los desastres.
Ya lo dicen los que saben: un discurso en su momento hace las veces de una bomba atómica. Y si le queda alguna duda, ahí está Rafael Caldera en el Congreso luego de la metralla golpista. Por esto, quien pretenda tomar el coroto por los cuernos (la silla presidencial o alguna otra remotamente parecida) debe afinar la lengua, los gestos y la historia. Sí, la historia es infaltable, pues de ella se escupe con facilidad lo mitológico, la excusa perfecta, el cuento chino, la justificación total, o como le plazca a usted llamar al simple embuste. Moraleja: para llegar al poder, sobre todo en parajes como éstos, dé por hecho una atragantada con mentira.
La pobreza es un negocio, qué duda va a caber. Si alguien se molesta en sacar cuentas no encontraría sobre la faz de este país atolondrado ejemplo parecido de inversión y ganancias segurísimas. La pobreza es un negocio, por supuesto que sí, hasta que a la Caperucita se le noten los colmillos, los inmensos ojos para ver mejor y las grandes orejas, puntiagudas y peludas. Cuando eso pasa, justo al momento en que algo así comienza a producirse, lo demás es previsible. La debacle se colará por las ventanas, brincará los paredones o terminará metiéndose por la cocina. Y lo que es peor: hasta podría tomar la puerta grande, o sea, la principal. Se han visto casos.
Que cada quien resuelva o que cada cual entienda. La moraleja y conclusión, en esta fábula común, termina poniéndola usted.


9/11/2011

Pienso, luego existo...

En los aeropuertos, fíjese qué curiosidad, la vida se parece a un limbo donde pasado y futuro son una misma cosa. El presente se muere en ese instante. Vamos, venimos, caminamos, y el mundo encapsulado abarca la justa medida de nuestro corazón que palpita al mismo ritmo de un adiós, de una bienvenida, de un viaje acaso mil veces esperado. En esas zonas raras que son los aeropuertos se erige la más grande pompa de jabón, la extraordinaria presencia de un alto en pleno marasmo de los quehaceres cotidianos.Cada punto de fuga que es la terminal aérea, donde convergen tantos seres que se cruzan en millones de líneas nada más que para de inmediato irse otra vez a sus vidas, es decir, a la vuelta del tiempo y de sus existencias entregadas como amantes a un ambiente de pareja, familiar o de trabajo, digo, en esos sitios llenos de esperanzas porque los minuteros arranquen de nuevo su cuenta regresiva, cabe la gelatinosa presencia de la negación, del no lugar, del quiebre en el transcurso de una rutina establecida que muy pronto debe restaurarse. Ahí, en esa gota que se salió del océano, la vida no se parece a la vida.

9/07/2011

Un clásico

Música, poesía y baile.
Paul McCartney & The Wings. Goodnight tonight:

http://www.youtube.com/watch?v=mzEYdjdp4hw&feature=related


9/06/2011

Julio Cortázar, al calor de tu sombra

Julio Cortázar y Carol Dunlop




En conversación con Plinio Apuleyo mendoza:





8/31/2011

Retrato de un hombre sentado ante un café sucio y barato

A veces la soledad es una musa que te atrapa,
una especie de sirena en la isla de tu vida
que muestra su encanto y todo lo demás.


Tu boca girando en mis deseos

Muerdo olas, arenas, penumbras
la sal que llega con el viento.
Puedo escuchar a las gaviotas
y el sol
lamiendo el horizonte
se pone sombrero de copa
zapatos de charol
guantes de seda y silencio
mientras inventa sus colores.
A esta hora la brisa
un hilo apenas
pasa los dedos por mi frente
juega a enredarse en mis cabellos
se deshace ante la piel
como una lengua excitada por las ganas.
Entonces cojo tus manos
te traigo a mis caderas
mi beso dentro de tu boca
tu boca girando en mis deseos
los dos cerca
ahí, muy cerca,
prometiendo realizar
lo tantas veces ofrecido.
No habrá encierro de décadas y lustros
No habrá olvido de película
de escenas y lujuria
cadencias y gemidos.
Tú y yo
abrazados en la balaustrada
que nos pone el horizonte
a un paso de acunarlo
en la palma de la mano.
Cinema Paradiso en la memoria:
el sol observa de reojo
sonríe
cubre de luces y de sombras
y otra vez la verja al pie de los colores
de esta tarde doblegada ante el deseo
de un cielo que nos cabe en los bolsillos.



8/25/2011

Miro en tus ojos

Para Camila

Tienes siete años, cómo pasa el tiempo. Estamos sentados, tú y yo, en este café al que me acostumbré a venir mucho antes de que nacieras. Sabes que disfruto observando, me gusta instalarme en mi mesa predilecta y disparar miradas, ver pasar la vida, pensar en silencio mientras doy bocanadas al tabaco y pruebo una taza de café negro o con leche.

Entonces abro mi libro, y tú el tuyo. Leemos, me acompañas casi a diario y déjame decirte que es una dicha tenerte enfrente, permanecer largo rato sin decir nada sólo para contemplar cómo te desgajas hoja a hoja, bebiendo jugo de naranja o mordisqueando tu merienda, metida de bruces en la historia que descubres poco a poco hasta que te detienes y me dices, me interrogas, averiguas qué puede significar tal o cuál palabra extraña, qué encierra aquella frase misteriosa, qué hay detrás de cierta idea lúgubre u oscura. Luego bajas de nuevo la mirada, continúas avanzando, y yo también, y me tomo el tiempo necesario para espiarte de reojo y casi sentir cómo te carcome la emoción por lo que lees, cuánto admiras a esos personajes que son un unicornio, una princesa, un gusanillo o un gato con botas.
Pienso entonces en los años, en los tuyos, en los que vendrán. En este país tan lleno de nada, tan hecho polvo y carcomido por la demagogia, por lo rápido y lo fácil. En este país cuyo futuro luce hipotecado por una pandilla de imbéciles embutidos en un cargo, en un flux y en una ideología, pienso que hacerte una coraza quizás implique el mejor regalo que puedas darte. Un obsequio que tú misma te entregas a ti misma. Una coraza no para escapar del exterior a lo cobarde, sino una que te hará más intuitiva y más sensata y más punzante a la hora de mandar al Diablo, por ejemplo, a tanto bolsiclón de medio pelo que te tocará hallar en el camino, a tanto canto de sirena, a tantos seres desvencijados, doblegados, pusilánimes, oportunistas, estériles, de bastante o poca edad (los años son en verdad lo de menos) y a tantas encrucijadas que te exigirán optar, analizar, razonar, decidir, coger aire y lanzarte a tus conquistas. Esa coraza está hecha de saber, de información, de cultura. De cultura en mayúsculas, sin gríngolas ni poses, y se obtiene, se logra, se incorpora a tu manera de vivir únicamente aproximándote al vasto espectro de conocimientos y de ideas, de creación a fuerza de sacrificios y neuronas que otros han legado desde hace tanto para una chica como tú.
Como ya estarás olfateando, lo que pretendo sugerirte es que leas, como ahora, como ahora junto a mí en este café al que te traigo a menudo, y que pienses, y que viajes y que afines la mirada. A todo eso se aprende. No estás sola aquí, no eres una recién llegada al amasijo cultural sobre el que nos asentamos y del que provenimos. Otros han escrito y otros han contado. Trata de aproximarte a ellos. Ahí, justo ahí, es preciso que eches una ojeada atenta. Desde la prehistoria, pasando por las civilizaciones que de seguro trajinarás en el cole (quizás de modo fastidioso porque un profesor mediocre lo dispondrá así), hasta aterrizar en en Grecia, en Pericles, en todos esos pensadores fabulosos que nos mostraron maneras distintas de contemplar el mundo, de razonar, de aprehender la vida, como los presocráticos, y luego como los mismos Sócrates, Platón y Aristóteles. Nada menos.
Echa un vistazo a la historia, a la filosofía, a la literatura, a la plástica, a los idiomas, son la llave del cerrojo que te permitirá conocerte, meterte en tus adentros y entenderte un poco, y entender a los demás. Ésta es la vacuna contra la intolerancia, los fanatismos y los nacionalismos de cualquier pelaje, sinónimos de incivilización y de barbarie estúpida. Paséate por la Roma clásica, por el manto enigmático que se desprende de toda la Edad Media, asómbrate con el Renacimiento, admira a esa pléyade de hombres extraordinarios que vivieron juntos, por increíble que parezca, en un mismo y poco tiempo y en una misma geografía. Luego sumérgete en la Modernidad, en lo que venimos siendo de unos pocos siglos para acá. Como te dije hace un momento, no estás del todo sola, en el viaje hacia ti misma otros, grandes, muy grandes, te precedieron, estudiaron, reflexionaron, escribieron, tuvieron cosas que decir. Descúbrelos y léelos con ojo crítico. Nada es aceptable sólo porque lo dice el espítitu de autoridad, es fundamental dudar, así que duda de todo, y recuerda que dudar implica plantar cara al embauque de los demagogos, de los miserables, fruncir el ceño ante la idea engañosa del sofista, del charlatán, del culto de los dientes para afuera, que abunda siempre en cualquier parte.
Así te ayudarás a abrir los ojos, a ensanchar el horizonte, a disfrutar de lo sencillo. Te harás un favor ayudándote a aprender a pensar y a iluminar la ruta que escojas para ti. Mira el mundo, sonríe y míralo, porque no siempre todo es en verdad tan malo. Acércate a un abismo donde se acaba el camino y deléitate con una puesta de sol. Toma un café mañana, como lo haces hoy conmigo, y disfruta ese momento a plenitud. Conoce tu país, intenta increparlo, ponerlo de cabeza y escudriñarlo sin piedad, pretende comprenderlo, para que al final te des cuenta cómo el verdadero y único termina siendo el mundo mismo. Levanta la mirada y nota el cielo estrellado, cierra los ojos después y guarda esa belleza en tu interior, y compártela con alguien. Cuando ames demuéstralo, dilo, en su momento dilo sin temores. Aprenderás también que la vida es corta y expresar lo que sientes es un lujo y una maravilla que no vale la pena dejar para después.
Aprecia, en fin, lo que te rodea. Construye tu universo, tu presencia en él, y mientras ,sigamos aquí tú y yo, en esta mesa de café, leyendo, charlando, emocionados porque otras historias, las de nuestros libros, están con nosotros para hacernos más humanos.

8/14/2011

Poder despótico

Desde hace algunos años, quizás como resultado de un interés cada vez mayor por la Filosofía Política, me ha llamado la atención el hecho triste pero cierto de que muchos pensadores, intelectuales, escritores y, en fin, gente ligada de mil maneras a la cultura, sucumbiera, se doblegara y apoyara, por acción u omisión, estrepitosa y sin mayores muestras de vergüenza a la miríada de formas del poder despótico . ¿Cobardía? ¿Comodidad? ¿Talante ético laxo? ¿Capacidad maquiavélica para el camaleonismo político? ¿Cálculo oportunista porque a la vuelta de la esquina se vislumbra un beneficio? No lo sé. No tengo la verdad. No podría responder a ciencia cierta. Hay de todo y supongo que son bastantes las variables que se entrecruzan.



Me ha dado por hurgar, por investigar al respecto, por leer centenares de páginas, y con ello sólo aumenta mi sorpresa y la seguridad de que un intelectual, sólo por serlo, no está calificado para pontificar sobre lo humano y lo divino, para iluminar a nadie, para marcar caminos, para hacer las veces de gran sacerdote, ni cosa parecida. Es un peligro creer lo contrario y es un peligro permitir que lo haga. A lo sumo, su humilde tarea consiste en llevar a cabo el loable intento de buscar, y sólo buscar, a través de la razón, la inteligencia, las ideas y el conocimiento, posibles verdades, y hasta ahí.




Isaiah Berlin, Karl Popper, Roger Bartra, Enrique Krauze y muchos otros pensadores a quienes respeto y leo con fruición, legaron páginas brillantes, esclarecedoras, memorables, a propósito del tema. Yo, como he dicho ya, mordido por el gusanillo, he llegado a rasguñar cuartillas y me he atrevido a publicar algún pequeño intento de reflexión sobre el asunto (http://www.ucm.es/info/especulo/numero34/pericles.html), y me he sentido tentado a transformar ese ensayo en capítulo de libro. Ya veremos. Pero lo último que he leído, una obra magistralmente estructurada y expuesta, es la colección de trabajos del profesor de Columbia, Mark Lilla, publicada primero en el "The New York Review of Books" y en "The Times Literary Supplement", para luego ser editada en un tomo que llamó "The Reckless Mind: Intellectuals and Politics", aparecida en español con el título de "Pensadores temerarios". Allí, Lilla nos recuerda, en función de los hombres de talento artístico y de los pensadores en general, que "las vidas política e intelectual comparten una base no sólo en la razón, sino también en las pasiones. La pasión no es necesariamente algo malo: hay sanas pasiones por la verdad y la justicia que deben ser cultivadas. Pero las pasiones también tienen que ser controladas". Leer a Lilla, si nos preguntamos la razón y el por qué de los "intelectuales filotiránicos" (así los bautizó), resulta fundamental e ineludible.



Aparte, una polémica muy famosa entre Mario Benedetti y Mario Vargas Llosa, íntimamente vinculada con lo anterior (http://www.alumnos.unican.es/~uc1531/mario/marios.html), es altamente recomendable para empaparse de lo que este par de latinoamericanos universales suponía en relación con el problema. Además, la esgrima argumentativa, la puesta en escena de sus ideas, el manejo de los sables discursivos, desplegados por cada uno, es poco menos que una delicia. En algún lugar opina Vargas Llosa: "Hay una extraordinaria paradoja en que la misma persona que, en la poesía o la novela, ha mostrado audacia y libertad, aptitud para romper con la tradición, las convenciones y renovar raigalmente las formas, los mitos y el lenguaje, sea capaz de un desconcertante conformismo en el dominio ideológico, en el que, con prudencia, timidez, docilidad, no vacila en hacer suyos y respaldar con su prestigio los dogmas más dudosos e incluso las meras consignas de la propaganda". Y esta es una verdad que, por ser tan grande como un templo, desconcierta y hace fruncir ceños. Más adelante continúa afirmando el peruano: "Examinemos el caso de los dos grandes autores que Benedetti menciona -Neruda y Carpentier- preguntándome burlonamente si ellos son más culpables de nuestras miserias que la United Fruit o la Anaconda Cooper Mining. Tengo a la poesía de Neruda por la más rica y liberadora que se ha escrito en castellano en este siglo, una poesía tan vasta como es la pintura de Picasso, un firmamento en el que hay misterio, maravilla, simplicidad y complejidad extremas, realismo y surrealismo, lírica y épica, intuición y razón, y una sabiduría artesanal tan grande como capacidad de invención. ¿Cómo pudo ser la misma persona que revolucionó de este modo la poesía de la lengua el disciplinado militante que escribió poemas en loor de Stalin y a quien todos los crímenes del estalinismo -las purgas, los campos, los juicios fraguados, las matanzas, la esclerosis del marxismo- no produjeron la menor turbación ética, ninguno de los conflictos y dilemas en que sumieron a tantos artistas? Toda la dimensión política de la obra de Neruda se resiente del mismo esquematismo conformista de su militancia. No hubo en él duplicidad moral: su visión del mundo, como político y como escritor (cuando escribía de política) era maniquea y dogmática. Gracias a Neruda, incontables latinoamericanos descubrimos la poesía; gracias a él -su influencia fue gigantesca- innumerables jóvenes llegaron a creer que la manera más digna de combatir las iniquidades del imperialismo y de la reacción era oponiéndoles la ortodoxia estalinista. (...) Se me reprochará seguramente ser mezquino y obtuso: ¿acaso el aporte literario de un Neruda o un Carpentier no es suficiente para que nos olvidemos de su comportamiento político? ¿Vamos a volvemos unos inquisidores exigiendo de los escritores no sólo que sean rigurosos, honestos y audaces a la hora de inventar, sino también en lo político y en lo moral? Creo que en esto Mario Benedetti y yo estaremos de acuerdo. En América Latina, un escritor no es sólo un escritor. Debido a la naturaleza terrible de nuestros problemas, a una tradición muy arraigada, al hecho de que contamos con tribunas y modos de hacernos escuchar, es también alguien de quien se espera una contribución activa en la solución de los problemas. Puede ser ingenuo y errado, sería más cómodo para nosotros, sin duda, que en América Latina se viera en el escritor alguien cuya función exclusiva es entretener o hechizar con sus libros. Pero Benedetti y yo sabemos que no es así; que también se espera de nosotros -más, se nos exige- pronunciarnos continuamente sobre lo que ocurre y que ayudemos a tomar posición a los demás. Se trata de una tremenda responsabilidad. Desde luego que un escritor puede rehuirla y, pese a ello, escribir obras maestras. Pero quienes no la rehuyen tienen la obligación, en ese campo político donde lo que dicen y escriben reverbera en la manera de actuar y pensar de los demás, de ser tan honestos, rigurosos y cuidadosos como a la hora de soñar. (...) Ni Neruda ni Carpentier me parecen haber cumplido aquella función cívica como cumplieron la artística. Mi reproche, a ellos y a quienes, como lo hicieron ellos, creen que la responsabilidad de un intelectual de izquierda consiste en ponerse al servicio incondicional de un partido o un régimen de esta etiqueta, no es que fueran comunistas. Es que lo fueran de una manera indigna de un escritor: sin reelaborar por cuenta propia, cotejándolos con los hechos, las ideas, anatemas, estereotipos o consignas que promocionan; que lo fueran sin imaginación y sin espíritu crítico, abdicando del primer deber del intelectual: ser libre. Muchos intelectuales latinoamericanos han renunciado a las ideas y a la originalidad riesgosa, y por eso entre nosotros el debate político suele ser tan pobre: invectiva y clisé. Que haya acaso entre los escritores latinoamericanos una mayoría en esta actitud parece confortar a Mario Benedetti y darle la sensación del triunfo. A mí me angustia, pues ello quiere decir que, a pesar de la riquísima floración artística que nuestro continente ha producido, aún no salimos del oscurantismo ideológico". En fin, vale la pena detenerse un poco, acceder a los documentos (par de artículos de Benedetti y par de Vargas Llosa cuyas direcciones electrónicas copié arriba) y leer completa la polémica.



Para finalizar, dejo aquí unas palabras de la gran Rosa Montero, por sencillas, claras, contundentes y lapidarias: "Todos los poderes necesitan heraldos y voceros; todos precisan intelectuales que inventen para ellos una legitimidad histórica y una coartada moral. Ésos, los intelectuales orgánicos, son desde mi punto de vista los peores. Son los mandarines, y ese papel tripudo de gran buda no se ejerce impunemente". Para mí también son los peores, Rosa, qué duda cabe y en muy mala hora.

8/13/2011

"No se puede escindir al escritor de la persona"

Federico Andahazi en debate con Horacio González. Vale la pena observar:


http://www.youtube.com/watch?v=z3we4KLCVJo




8/12/2011

De la ducha al karaoke

Hay quienes se las arreglan muy bien para espantar el fastidio. Hay quienes después de una vida ajena a la naturaleza, cuando llega la jubilación, optan por meterse a ecologistas, a verdes, a vegetarianos. Lechuguinas andantes, lo cual está de maravillas por aquello de que cada cabeza es un mundo. Mire usted cómo está el patio.
Hay gente "light" que toma digestivos luego del pollo a la plancha y verdaderos cerdos que acaban con todo el licor del vecindario. Está requetebién. Ya los latinos habían dado con la piedra filosofal trocada en verbo: bonum vinum laetificat cor hominis. El buen vino alegra el corazón del hombre. Qué verdad tan sabrosona y tan actual.
Pero nada como el canto. Los que tienen voz y cogen al toro por los cuernos porque sus gargantas sí que andan en línea directa con Orfeo, pasan. Serenateros de los buenos no es que se hallen en cualquier esquina, pero se encuentran, existen todavía. Otra cosa son quienes arrojan gallos, gemidos o falsetes acabando en chirridos hechos carne.
En la ducha están de lo mejor. Son artista y público, voz y oído, emisor y receptor, asunto de importancia capital cuando no existir es el estado que mejor les va, en esencia por la falta de consideración -maltrato estético en primer lugar- para con escuchas cuyas afecciones y suplicios arrancan en el pabellón de la oreja, atraviesan la cadena de huesecillos y van a parar al mismo espíritu. No faltaba más.
Otro gallo cantaría, pues, si quien alebrestado y dispuesto a arrullar con su trino de loro acatarrado fuese alguien con dos dedos de frente en cuestiones de la voz. Qué va. Sobran los dislates. Si la ducha resulta inofensiva entre otras razones por el soliloquio musical que se perpetra en ella, basta un rato en el bar de Eusebio, que tiene un karaoke, para descender a los infiernos.
Y aquí el problema toca a todos porque se hace público. El bar de Eusebio, que antes -tiempos idos, ja, porque todo pasado fue mejor- ofrecía lo suficiente para entrarle a la conversa y empujarse unos tequilas, hoy por hoy brinda además el abanico completo de la escala musical, si es que alaridos destemplados caben en tal nomenclatura. Un karaoke es el Omega, el punto último que la tecnología nos pone enfrente para meternos de cabeza en el mundo de los sueños. Un karaoke es el camino, la posibilidad al alcance de la mano para embolsillarse cinco minutos de gloria.
De la prehistórica ducha, tímida y ensimismada, al apoteósico bum del karaoke media el trayecto de un viernes cualquiera, de una noche entusiasmada, de jolgorio y tragos que son como el empujoncito que faltaba. El oficinista serio, el buen señor Rodríguez, o la gerente que no muda un nudo de su cara todo el santo día -bebe valeriana y masca chicle para espantar malos ratos- caen en brazos del aparatico, quién los viera, y el de Eusebio se transforma en el gran salón de la cantata.
De la ducha al karaoke media un malestar: el de quienes ni a piedra o palos soltarían su voz para jugar a Pavarotti y envalentonarse con las cuerdas vocales, precisamente porque se saben adefesios musicales, asunto que les hace pensar en la posible realidad de que ajenos estertores, gallos idos y voces desgañitadas tuviesen idéntico silencio. No, no, nada de eso. Todo lo contario. La noche es una orgía y el bar de Eusebio la iniciación para cualquier garganta.
La solución salta a la vista, claro está. Me toca coger los cachachás y mudarme de lugar, renunciar a la barra que fue confesionario, iglesia, lugar de cómplices empedernidos. Me toca dar la media vuelta y como buen soldado encender mi tabaco y montar la retirada, es decir, largarme, o sea, chaíto Manolito aunque provoque y tiente un AK-47 y pum, pum, volar media docena de huevos, qué se le va a hacer. Y lo que es peor y el colmo: ya Tobías, dueño de aquella tasca tan apetecible, ofreció el Paraíso sin que le temblara el pulso: "la próxima semana, a como dé lugar y porque sí, compro un karaoke", sentenció sonriendo.

Entre las piernas


Uno

Seguí el camino de tus carnes
frente al muro de las ganas
pájaros negros alzaron vuelo
y entonces tú
bajo la lluvia
bajo mi lengua
bajo este líquido transparente
y entonces yo
sobre el tejado
junto a la gula
hurgando entre las piernas
que te elevan.

Dos

Te encuentro aquí o en Madagascar
en Trípoli, Beirut, Sierra Leona, Tegucigalpa.
Me hallas
tu también me hallas
justo al fondo de esa escalera en caracol
y entonces eres
sé muy bien que eres
únicamente eres
piel y labios
gemidos y saliva
sábanas deshechas
mordisco sin moral y sin conciencia.

Tres

Y el eco
y aquel eco en la médula espinal de los recuerdos.
Lenguas como peces
besos como liebres
vendavales
Maremotos
huracanes
y otra vez tu sexo como madreselva
como noche de estrellas
de óleo de Van Gogh que me engulle para siempre.


8/10/2011

El poder y el delirio

Leí "El poder y el delirio" (Tusquets, 2008), de Enrique Krauze, cuando recién salía del horno. Para quienes no lo conocen, vale la pena dialogar con el autor a través de esta entrevista. Caudillos, intelectuales filotiránicos, democracia latinoamericana, la historia común de nuestros pueblos, identidades compartidas. Un ensayo de largo aliento acerca de la triste Venezuela del presente y el caudillo iluminado obsesionado con gobernarla hasta el fin de sus días:

http://www.youtube.com/watch?v=S8A7SzhnLnE


8/08/2011

Conversa al calor de un cigarrillo

Un diálogo entrañable entre Julio Cortázar y Joaquín Soler Serrano en Televisión Española, 1978. No tiene un miligramo de pérdida. Y para no escribir más, dejo ya el link y el mundo que se abre, fortuna entre fortunas, de cabo a rabo y de par en par:

http://www.youtube.com/watch?v=VEBOBW07sgo&feature=related


Cultura Sónica

Hablar del ser humano supone interrogarlo, hurgarlo, averiguar sobre el trayecto que lo catapultó de la cueva y de la piedra a las estrellas o al átomo. ¿Qué papel jugó y juega la antropología ante semejante aventura? ¿Qué implicaciones y significaciones tiene para nosotros hoy en día?

Investigar, ya sea entre tubos de ensayo, ante documentos empolvados que guardan los secretos de la historia, o hacerlo en función del hombre como creador de cultura, como creador de rituales o de símbolos, exige una manera de aproximación a su objeto de estudio que se concreta en un método. ¿Qué es investigar a la manera de un científico social? ¿Dónde llevar a cabo tal empresa? ¿Cómo realizarla en nuestras sociedades? ¿Qué relación guardan las universidades venezolanas con el apasionante y misterioso mundo de los descubrimientos, de la construcción de saberes, de la investigación en todos los ámbitos de la experiencia humana?

Para conversar de éste y otros temas nos acompaña esta tarde de relámpagos y lluvia Alexander Mansutti, antropólogo, profesor investigador en la Universidad de Guayana, coordinador de investigación y postgrado de esta misma Universidad, amigo a quien el interés por el saber, por la cultura en cualquiera de sus manifestaciones lo hace un conversador extraordinario y entrañable. Bienvenido Alexander a Cultura Sónica, siempre es un placer tu presencia entre nosotros.

Media noche

En mi sueño aparecías

llena de noches o de tardes

vestida y desvestida.

En mi sueño eras

suspirabas

sonreías

continuabas el camino

que bajaba por tu vientre.

Desperté. Mi sueño era tu sueño.

Desperté y supe por fin que me soñabas.

8/04/2011

El escritor, la literatura, la libertad

Escribir implica un compromiso ético. Compromiso con uno mismo en función de esa arma arrojadiza que es la literatura. Quien escribe contrae la obligación de hacer su trabajo -escribir- honestamente, rigurosamente, excelentemente. Y el intelectual que está ahí, como ser humano de su tiempo (atención: sin hacer partenogénesis del escritor e intelectual. Miro al hombre en su conjunto, siendo él ésto y aquello pero en fin un todo indisoluble), tiene ante sus narices un mundo y una realidad que le exige mojarse los pies, dar ciertos golpes sobre la mesa, no permanecer callado.


Vale la pena ver lo que un grande, Mario Vargas Llosa, supone a propósito de estas cuestiones:



1) http://www.youtube.com/watch?v=IizmqH0Qe3I


2)http://www.youtube.com/watch?v=z3G34Ea5c-c&feature=related

Cronopios, Cronopios.

Un Cronopio, un Cronopio, un Cronopio viene siendo lo que usted finalmente elija que es desde su particular horizonte de lo bueno y de lo hermoso, de lo sublime o de lo que está ahí sin más, por razones del mejor afecto. No obstante, un Cronopio gigantesco, el mismo Julio que viste y calza, habla de ellos y cuenta y dice:

http://www.youtube.com/watch?v=7VfovnvGyDs&feature=related


8/03/2011

Relatos del Sur

En el Centro de Investigaciones y Estudios en Literatura y Artes de la Universidad de Guayana nos hemos dado a la tarea, apasionante como jamás llegamos a pensarlo, de recoger la historia menuda, local, esa que no aparece en los libros pero vive en el día a día de los pueblos, y llevarla a la radio en forma de micros. Se nos ocurrió llamarlos: "Relatos del Sur, un acercamiento a la cultura guayanesa". Dejo un enlace a propósito de lo que ya sale al aire. Ojalá les resulte interesante escucharlos:

http://saparapanda.blogspot.com/search?updated-max=2010-10-22T08%3A19%3A00-04%3A30

Azar

Mira que los días son un punto de fuga.
Abro un libro, la página 96, y ahí está el azar
que sabe hacer tan bien las cosas.
La Maga, la Maga y él tejiendo rutas, veredas, destinos que se hallan
en el centro de ambos, al filo de una sola voz.
Whisky en las rocas.
Cerveza helada.
Gin Tonic, dos cubos de hielo.
Pongo un disco de Laurindo Almeida, un dúo, a decir verdad, con Stan Getz.
El azar, sí, hace del jazz música y magia. Música y magia y posibilidades.
Jazz, invención, búsqueda, pero sobre todo hallazgo. Eso es.
Sigo el recorrido. Voy. Olfateo. Descubro. Entonces paso la vista a "Nadja", de Bretón. Aquí está, aquí la observo y me mira y la tomo del cuarto estante de mi biblioteca. Esa es una Rayuelita, el germen, quizás un primer golpe de intuición. Bretón guiñandole un ojo a Julio, Julio saludando desde su Gitane encendido que aprisiona feliz entre el medio y el índice.
Un cuento de Moravia, sumo y sigo, que habla de amores y de amantes a la luz de la tarde en que se encuentran sin brújulas ni barómetros o mapas.
Luego Youtube y miren, miren, miren cómo el círculo se cierra y otra vez el azar, ese señor que nunca se atreve a jugar con nosotros a los dados, termina en Rayuela, en Julio, en Cortázar. Termina poniendo punto final a estas letras:

http://youtu.be/BFBS7--YAfk



7/30/2011

Hallazgo

Fui hasta ese café
pedí la taza de costumbre
encendí un tabaco
(bocanada
bocanada
bocanada)
estuve contemplando
hurgué en mí
me encontré:
no soy nadie.




7/28/2011

Tragos


Uno

Y me retuerzo agarrándome el ombligo, que es la mitad de mi ser,
mitad hombre y mitad lobo,
porque ésta es una Luna ideal para aullidos y cosas por el estilo.
Regreso por el camino amurallado hasta el mismísimo inicio de los pasos viejos,
volando hasta el calor de esa luz amarilla que pende de tu rostro.
Me empino entre una brecha de nubes y ahí de cerca, seguro de sí, un hombre se observa maltrecho y siente lástima porque se sabe reptil.

Dos

Está al fondo,
oscurece su rostro tan azul,
y se esparce con temeridad detrás de la Luna llena.
Es el tiempo, dice mi padre, que no olvida su misión a favor de los difuntos.
Sigo sus pasos de cerca,
de cuando en cuando me recuesto ahí,
y él espera su momento como el mar porque sabe de un río manso que da brincos
y arrastra garrotes,
para siempre acabar echado de rodillas a sus pies.

Tres

La vida borda un cuento
erótico
alegre
malvado.
Yo me trago una soledad mil veces compartida
engullida a fuerza de vino blanco,
el de la botella verde
el que le gusta a mi chica.
Mascar y mascar
lanzando las tablas que llevo sobre la cabeza,
desvelado por encierro voluntario
al lado de una puta rusa.
Noche sí. Despertar no.

Cuatro

Piernas de cera
llaves de imsonmio
sombrero de copa
palabras encendidas
frases certeras
dardo a la conciencia
directo a la razón.
Ráfagas, pólvora, recuerdos de caminante
azul botiquín lleno de copas
de whisky en las rocas
de vermouth seco
de ron con limón y salud
que hay fiesta en la memoria
y tristeza en las alforjas.
Hay rumba en la rutina,
risa fresca en la carnicería,
corazones ardiendo en la barra del prostíbulo.
Incendios en el agua
aguajes en la llama
cadencias y caderas
piernas
muslos
vientres
senos
vaivenes allá adentro, en lo profundo, en lo más hondo, en los abismos.
Jadeos
pequeños gritos
humedad que sabe a gloria
orgasmos
erupciones
quemantes
volcánicas
de magma, de lava, de basalto, de riolita
de piel con piel y caderas con caderas.
Vidas abrazadas
cuerpos que se saben y se esperan.

7/26/2011

Algunas maneras de ser libres


Mayo de 2001


Enciendo esta máquina, también enciendo un tabaco, y procedo a escribir: ya saturados de tiros y afrentas hacia el quehacer periodístico, vale la pena alzar la voz en relación con un ámbito fundamental para cualquier democracia: la libertad de prensa.
Cuando un país se ve ahogado en su propio aliento, es decir, cuando casi es asfixiado por los gases tóxicos que emanan desde sus pútridas entrañas (las entrañas del poder), se corre un riesgo terrible. Hoy en día, y esto lo sabe medio mundo, los improperios, la desconsideración absoluta, el ataque vil tras el abuso de poder y la despreciable ofensa hacia los medios de comunicación, resultan cotidianos. Alguien, uno de esos que aún no ha terminado de sudar la fiebre revolucionaria, sacaba a colación el cuento de que “al Presidente medio país también irrespeta”. Y la verdad es que esto pudiera ser muy real. Pero lo cierto, lo macabramente cierto, lo que jamás dejaría de comprender un estadista, es que resulta intolerable lo contrario: que sea un Jefe de Estado quien lance la primera piedra.
Así las cosas, y después de todo, la prensa venezolana se está llevando al lomo el fardo de lo que chavistas y otras hierbas del mismo saco llamarían “contrarrevolución”. ¿Y qué cosa es ésa? Pues ni más ni menos que el hecho de lanzar verdades a los cuatro vientos y hacer las veces de piedra en el zapato, de piña bajo el brazo. Hoy por hoy, una de las pocas instituciones no sumisa, no incondicional a la vorágine del régimen es precisamente la periodística, lo cual dice bastante en función de su labor reveladora de una realidad que las más de las veces convendría a muchos mantener silenciada.
No es por nada que, en efecto, parte de la columna vertebral de un verdadero sistema democrático descanse en la libertad de expresión. En Venezuela la hay aún, es cierto, pero vilipendiada y pateada, cosa que cada vez cobra mayor fuerza y peligrosidad. La prensa venezolana, no obstante, se ha erigido, para nuestro regocijo y bien, en contrapeso, en trinchera resistente, en aquello que no cumplen el resto de los poderes públicos porque sencillamente mantienen fidelidad canina hacia el Ejecutivo. Ante la ausencia de un Poder Judicial transparente, ante la babosidad de la Fiscalía, ante la blandenguería alcahueta de la Asamblea Nacional, los medios han sabido sacar pecho y se han fortalecido en la misión que desde siempre ha conformado su razón de ser: erigirse en canales por donde circula la crítica, la polémica, el tú a tú, la vista en alto para otear el horizonte, cuestión que constituye, entre otros logros, una loable cosecha democrática. La incorfomidad, la posibilidad de disentir y además expresarlo, son características de ese espíritu libre que se ha insuflado pese a amenazas concretas.
El periodismo en este maltratado país, no hay dudas, está cumpliendo su papel en medio del marasmo. Representa el gigantesco espejo que nos arroja la imagen auténtica de lo que vamos siendo, de lo que estamos realizando; permite no perder del todo un camino que desde hace tiempo luce sin perfiles definidos, y se da el lujo de hacerlo (un lujo obligatorio), por fortuna, cuando es muy probable que lo necesitemos más. La prensa en Venezuela mide y arroja a la luz los niveles de destrucción (política, por ejemplo) que hemos sufrido, entre otras razones porque políticamente aquí se edifica demasiado poco. Dicho sea entonces, que es mentira la ruptura de una anquilosada “clase” de esta naturaleza. Para muestra el más simplón de los botones: los politiqueros de siempre, los vivos consumiendo su turno en el agarre del sartén son idénticos (clones, ni más ni menos) a los eternos adecos, copeyanos, masistas, comunistas, causaerristas y demás bichos, y esto de críptico, a estas alturas del sainete, no tiene un mísero pelo.
Un compás para el decir y el hacer a prueba de amnesia, una manera de sacar cuentas al paso de los días es lo que también el periodismo nacional y regional ha ofrecido. Ya sabemos que tanto el “soberano” (para seguir con la palabreja de moda) como los privilegiados enquistados en sus curules partidistas o en sus cargos, gozan de patologías severas a la hora de cumplir o recordar promesas no tan añejas. “Un doctor en un congreso ha salido con la historia, de que comer mucho queso reblandece la memoria. Así pues sin más misterios queda por fin explicado, por qué en nuestros ministerios hay tanto desmemoriado”. El grandísimo Aquiles Nazoa, otro que defendió a ultranza la libertad y el librepensamiento, arroja su tinta al respecto.
Hay que repetirlo: los medios de comunicación venezolanos se colocaron en la calle de enfrente, como es su obligación, y van siendo un contrapoder, una maquinaria de escrutinio y de contraloría, lo que ha permitido levantar palabra de equilibrio, de incorfomidad, de opinión abierta e imprescindible.
Entretanto, enciendo otro tabaco, que por lo general llega raudo para sellar el fin de estas cuartillas.

7/21/2011

Cultura sónica





















Preservar la memoria pasa por echar la vista atrás y reconocer en el pasado buena parte de la chispa que vamos siendo.

La historia brinda esa posibilidad: permite observarnos con ojo deleitoso, pero también ácido y crítico a propósito de nuestra identidad. Es espejo y es terreno abonado para escudriñar en el hacer de personas y pueblos, y es quizás aliada si pretendemos vislumbrar lo que podríamos llegar a ser.

¿Cómo se abordan los estudios históricos en el presente? ¿Qué se está llevando a cabo en Guayana en relación con la investigación histórica? ¿Es ésta el hilo conductor que nos permitiría un análisis prospectivo de las sociedades humanas? ¿Es objetiva acaso?

Para hablar de éste y otros temas nos acompaña hoy Claudia Arismendi, profesora e investigadora de la Universidad Católica Andrés Bello, estudiosa de la historia regional, magnífica conversadora, con quien estaremos compartiendo en nuestra sección de entrevistas. Bienvenida Claudia a Cultura Sónica, es un placer tenerte entre nosotros.









7/19/2011

El sueño posible

Entre tanta monserga populista y entre dosis de demagogia astronómica, me he acercado nuevamente al libro que hace tiempo publicó Gerver Torres. “Un sueño para Venezuela”, que es como se llama el texto en cuestión, para nada perfila cuadros sostenidos con los alfileres de la utopía o del blablismo incontrolado. La falta de respeto al ciudadano, el hacer típico del político pacotillero que echa mano al juego eterno con las esperanzas de la mayoría excluida, no se encontrará en sus líneas.
Ésta es una obra desmitificadora, que desde el presente revisa lo que hemos venido siendo y lo que podemos ser en un futuro si se emprenden los correctivos necesarios. La pobreza, tal y como es considerada en el trabajo de Torres, resulta un enemigo derrotable, y para más señas, son veinticinco años el tiempo prudencial que fija para alejarnos suficientemente de ella, repito, dándole preponderancia a la sensatez y tomando sin tardanza la ruta del desarrollo. Claro, es de importancia capital sacudirse el polvo de ciertas disparatadas creencias, como el hecho de suponer que vivimos en un país rico, o que no se necesita gente capaz sino una que reparta equitativamente lo que hay, lo cual empalma con la idea errada de que esa misma riqueza es producida por la naturaleza, por los gobiernos, por cualquier ente inefable y no por los ciudadanos. Esto, aunado al convencimiento de que el Estado es la solución para todos los problemas y a la expectativa de lograr “buenos contactos” porque ellos son más valiosos que los méritos, constituye el cóctel perfecto para que la sociedad clientelar que hemos construido se mantenga robusta y saludable, amén de que se espanten, como quienes ven fantasmas, posibilidades de crecimiento y, en consecuencia, mejorías en las condiciones de vida para todos.
Los datos y números que maneja el profesor Torres verdaderamente asustan. Nuestro país, hace un cuarto de siglo, era tan rico como Japón. El producto por persona aquí superaba, a comienzos de los setenta, al de los japoneses. Hoy esa nación nos triplica. Hace veinte años, por ejemplo, Venezuela poseía un producto por habitante igual al de España. En el presente nos duplican. Hace poco más de dos décadas, Estados Unidos duplicaba su producto por persona en relación con nosotros. A estas alturas lo cuadruplicaron. En lo últimos veinte años la pobreza crítica se triplicó, mientras que la pobreza general se duplicó (botón de muestra: más del cuarenta por ciento de los venezolanos no tiene acceso a cloacas). Como si lo anterior fuese poco, ocupamos un vergonzoso segundo lugar en Latinoamérica a la hora de contabilizar víctimas de la delincuencia. En el “Reporte de Competitividad Global” del Foro Económico Mundial, que arroja resultados sobre un estudio realizado a cincuenta y nueve países del mundo con la intención de medir sus potenciales competitivos, quedamos últimos en competencia del sector público, y eso no es todo: nos ubicamos en el lugar 58 de 59 en estabilidad institucional, 58 de 59 en independencia del sistema judicial, 57 de 59 en imparcialidad de las cortes y 56 de 59 en cuanto a efectividad de la policía. Sepa usted que la muestra de países seleccionados incluyó a todos los continentes.
Acercarse a “Un sueño para Venezuela” pasa por reconocer y sorprenderse con verdades lacerantes como éstas, pero asimismo implica vislumbrar lo que es posible llevar a cabo si queremos cambiar en ciento ochenta grados el rumbo que ha terminado perdiéndonos. Y el componente humano, es decir la gente, es el elemento fundamental del golpe de timón que Torres invita a dar. Sin educación no seremos capaces de preparar el terreno para el despegue, para la generación de riqueza, para combatir y doblegar efectivamente la miseria. Educación, esa es la clave, de la mano de la descentralización, con el impulso a la inversión local y foránea, con el control del desaguadero que significa el gasto público al garete, con equilibrio en las finanzas, con la lucha a brazo partido contra la corrupción, con democracia, sin cantos de sirenas, y con un proyecto de país consensuado que no se quiebre ante los sucesivos cambios de gobierno. Tal es la tarea que se plantea en el texto. Es posible, según el autor, dar el salto al Primer Mundo, pero lograr algo así exige poner en marcha una maquinaria que desde hace mucho está destartalada.
Gerver Torres perfila un país posible y alcanzable. Se trata de un trabajo que en el marco de la complejidad de nuestra realidad, maneja y ofrece con sencillez y transparencia conceptos económicos y teorías filosóficas intrincadas, de modo que la mayoría puede entenderlo si se toma la molestia (que no es tal sino un placer) de leerlo con cuidado. El libro muestra claramente lo mal que lo hemos hecho, el pésimo desempeño que como país lastimosamente arroja Venezuela, pero ofrece también una visión interesante de lo que puede emprenderse para revertir la locura que tenemos.
Vale la pena echarle un vistazo. Les aseguro que no procura desperdicios.

7/17/2011

La ciudad que va siendo

Del libro "Pensar la ciudad" (Fondo Editorial Universidad de Guayana, de próxima aparición).


Pensar esta ciudad supone caer en cuenta de que al hacerlo elaboramos una crítica. Basta abrir los ojos para notar las carencias, el déficit de elementos que deberían darle forma a un lugar mucho más amable para vivir.
Se me ocurre que vale la pena comenzar por ahí: una ciudad es un lugar, pero no uno cualquiera sino aquél, en el mejor de los casos, elegido para asentarse, para hacer vida, para morir. Una ciudad es el topos humano por excelencia, que a fuerza de martillo y cincel, es decir, mediante la construcción de lo urbano, y de ciudadanía, crea el ethos, la personalidad, el nudo fundamental que la va a caracterizar en el tiempo.
La ciudad que tenemos, ésta entre ríos, implica una madeja de entrecruzamientos, de hilos que van y vienen y se superponen, que es necesario intentar vislumbrar, revisar con ojo escrutador, pues el lugar que habitamos es mucho más que un conglomerado humano, bastante más que un territorio conquistado, infinitamente más que un asentamiento urbanizado.
Una ciudad es por supuesto una trama cultural. La ciudad termina conformando el punto de fuga de una maceración que todos los días va haciéndose, para lo cual resulta clave el sentido de la vida perseguido por quienes la hacen posible. Es hechura de su gente, es la amalgama final, cambiante, dinámica, que muchas manos en labor permanente impulsan a existir.
Para que lo anterior se dé, para que la ciudad que revisamos hoy se fragüe en habitable, vivible, y se transforme en espiritualmente digna de permanecer en ella, resulta fundamental el juego articulado de distintos ámbitos. No se trata de un grupo de edificios, de una vialidad determinada, de cloacas o escuelas bien dispuestas. Nuestra ciudad exige que sus múltiples aristas, sus ángulos diversos, formen en verdad la estructura interrelacionada sin la cual el espacio que habitamos deriva en caricatura de lo que podría ser.
Y lo que podría ser requiere del abrazo entre factores que tienden puente hacia lo integral. Podemos afirmar que la ciudad, ésta que nos cobija, fue ideada, fundada, labrada para exaltar y desarrollar lo humano. En este sentido no es mero instrumento, herramienta o elaboración sólo con valor de uso. Por el contrario, supone parte de nuestra existencia, nos contiene y la contenemos, nos influencia y la influenciamos, la hacemos y nos hace. Es la dialéctica del hombre citadino sin la que terminamos alienados, habitantes sin expectativas, números, datos, estadística que circula, que se mueve por calles o aceras pero que no se integra e incorpora, que no hace parte del alma de esa ciudad única que llega a alimentarlo, y viceversa.
¿Es la nuestra una ciudad que suma integralmente, que permite el diálogo fluido entre sus partes, o sólo privilegia la yuxtaposición de lo que la conforma? ¿Qué la conforma? Si hacemos un ejercicio de observación es posible darse cuenta de que esta ciudad tiene mucho y tiene poco, es decir, es una con semáforos, centros comerciales, parques, universidades, instituciones, y es una que le da la espalda a dos ríos, con servicios públicos calamitosos, con muy pocos espacios para la cultura, insegura, ruidosa, carente de una plataforma efectiva de saneamiento ambiental a la altura de su industrialización. Poseemos un ideal de ciudad, aquello que hace décadas originó lo que a la postre derivó en mito: el de la ciudad planificada. Habría que preguntarse hasta qué punto, en verdad, planificamos hoy. Integrar los factores que dan vida a la ciudad, propiciar el diálogo entre ellos, es lo que en buena medida permite hacer ciudad. Lo ambiental, lo educativo, lo cultural, lo religioso, lo estético, lo ocioso, lo político, lo público, lo privado, la salud, lo institucional. Todo ello tiene que evidenciar una síntesis, para lo que la ciudad (y sus engranajes) trasciende en calidad de vida, se eleva a altas cotas de humanidad, de armonía, creadas por nosotros.
Nuestra ciudad va siendo la sumatoria de las partes que arroja un todo disonante. Va siendo la suma de factores que la hacen posible, pero sin la concatenación interrelacionada que le otorgaría condición vivible, humana, de hogar más que de lugar en el que somos transeúntes permanentes. ¿Dónde están sus teatros? Precisamente alejados, fuera de ella. ¿Cómo nos movemos por sus calles?, con un sistema de transporte indigno y vergonzoso cuyo apelativo (perrera), deja entrever desde el lenguaje la catadura de su realidad social. No, no hemos logrado integrar los elementos que harían de esta ciudad una más espiritualmente elaborada.
Resulta provechoso, aquí, leer a Henri Lefevre (1978: 64): “La ciudad es una mediación entre las mediaciones”. Esto implica que sus estamentos se dan la mano, dependen los unos de los otros, median para conformar la mejor ciudad posible. “La ciudad es obra, más próxima a la obra de arte que al simple producto material”, nos sigue diciendo el pensador francés, asunto que la ubica en el más alto pedestal de las elaboraciones sociales humanas. Obra de arte en tanto se piensa y se crea para lo humano, para aquello que estamos llamados a desarrollar, en lo científico, en lo tecnológico, en lo artístico, en lo político, en los contextos que dibujan el amplio abanico de los intereses y quehaceres del hombre moderno. ¿En qué punto, al respecto, nos encontramos si pensamos en la ciudad que vamos construyendo?
Fijémonos nuevamente en lo que sostiene Lefebvre (1978: 66):

"La ciudad fue y continúa siendo objeto, pero no lo es a la manera de un objeto manejable, instrumental determinado, este lápiz, esta hoja de papel. Su objetividad u objetalidad podría acercarse más bien a la del lenguaje que los individuos o grupos reciben antes de modificarlo, o a la de la lengua (una lengua determinada, obra de una sociedad determinada, hablada por unos grupos determinados)".

Es decir que la ciudad que maceramos, y de ahí el ethos particular de cada una, consiste en la realización de un grupo humano que conforma y perfila la urbe en la que transcurrirá su día a día, su cotidianidad. Como el lenguaje, que cambia (lo cambiamos), se modifica (lo modificamos), se desarrolla en función de las necesidades de los usuarios. La ciudad refleja nuestra interioridad y termina concretando los deseos íntimos que a propósito de ella patentizan sus pobladores. Con razón Luis Castro Leiva (1991: 31) manifiesta:

"Toda ciudad queda en un lugar. No todo lugar queda en una ciudad. Este banal ovillo debe comenzar a desarrollar su madeja de algodón mental. Me hago aquí una pregunta: ¿qué modificación deben padecer los lugares para acceder a la propiedad de una ciudad? Es decir, ¿qué forma deben tomar nuestros hábitos para que una estancia, un sitio, un punto, se pueda convertir en un lugar que obligue al retorno, a la permanencia, a la sede del prospecto de querer vivir y morir en él?"

Se ha dicho que esta parte de la ciudad (Puerto Ordaz) es aluvional. Fue haciéndose sobre la base de un proyecto industrial cuyas consecuencias más evidentes son la falta de arraigo, de identidad, de pertenencia al nicho de vida que toda ciudad representa, simbólica y concretamente. No obstante, de algunos años a esta fecha tal condición ha cambiado notablemente. Existen ya generaciones de individuos nacidos y crecidos aquí, lo cual muestra que ellos, con mayor razón y fuerza, tendrán que responder en buena parte las interrogantes que se hace Castro Leiva, tendrán que continuar, seguramente con superior sentido de pertenencia y empuje, la proyección de la ciudad que va dejando de ser sólo lugar.
Continúa afirmando Castro Leiva (1931: 33):

"Las costumbres son nuestras querencias establecidas en acciones, en actos, en convenciones, en inclinaciones, en afectos estables, en emociones represadas, en vivencias, en caracteres. Digamos, nuestro propio teatro universal".

Por esa razón nos ha advertido así mismo que “la habitabilidad es una disposición moral”, y entonces me hago la pregunta, ¿hasta qué tanto lo que expresa Castro Leiva se cuela, se deja entrever en la ciudadanía activa de esta ciudad? ¿Hemos macerado la urbe que deseamos, que soñamos, a fuerza de acciones, actos, vivencias, etc.? ¿Lo estamos realizando con el ímpetu y la fuerza necesarios? No pretendo dar respuestas contundentes, y mucho menos definitivas. Me temo que no las hay. Nada más alejado de mi disposición y de las posibilidades de este ensayo. Me anima la idea de pensar críticamente la ciudad que juntos inventamos a diario, y hacerlo exige preguntar, repreguntar, para intentar la reflexión común.
Vivir donde vivimos, levantarse y acostarse aquí, en múltiples vertientes supone la sobrevivencia llana para todos, para acaudalados o miserables, para sabios o ignorantes, para tirios o troyanos, pero también implica percatarse, con alegría infinita y casi como una particularidad poco dada a otros parajes y geografías, de la calidez de la mayoría, de la esperanza, de la jovialidad, del sentido del humor y de la tolerancia general observable en sus habitantes. Es preciso imaginarnos en una ciudad del siglo XXI, perseguirla, actuar en consecuencia, realizarla, percatarnos de que en un mundo globalizado, en plena era del conocimiento, es apremiante, clave, tomar derroteros que involucren educación, tecnología, ciencia, humanidades. Cabe lanzar la interrogante: ¿labramos una ciudad moderna? ¿Tenemos en verdad “acceso a” y disfrute de lo moderno? ¿Podríamos afirmarlo sin ambages?
Los problemas de la ciudad que ocupamos son variados y muchos. Obedecen en gran medida a la dejadez y a la desidia, también a la indolencia, y no se conciben sobre la base de buscarles soluciones abrazadas con lo bueno que tenemos, para crear un todo que sobrepase a la suma de las partes. Resulta entonces que la ciudad se hace disonante, atropellante, con groseros contrastes entre lo más amable y lo más áspero que alberga. Arturo Almandoz (1991: 57) expresa algo que es importante atender:

"La grandeza de una ciudad no se mide por su tamaño o densidad, se mide realmente por su capacidad para contener armoniosamente las diferencias y contrastes que concurren en su heterogeneidad, se mide por su capacidad de continente de lo diverso: es ése uno de los atributos de toda gran ciudad".

Lo expuesto indica que la idea pasa por propiciar la armonía, la integración urbana en función de que lo heterogéneo sea cada vez menos porque, entre otras razones, la homogeneidad de la ciudad tiende, a fuerza de trabajo y elaboración urbana, a que las disonancias se minimicen. Así, podemos percatarnos, siguiendo la pista de las ideas de Almandoz, (1993: 17) de que

"La urbanización es un proceso multidimensional que involucra cambios territoriales, demográficos, económicos, sociales y culturales: ella implica no sólo el mero hecho concentracional de una población en un territorio, sino también (y acaso más esencialmente) los cambios en los términos de relaciones sociales entre los individuos y en sus formas de utilización del espacio, así como también en sus patrones culturales".

En efecto, la urbanización entonces pasa por la creación ineludible de patrones culturales. La ciudad genera una intrincada red de símbolos que desde diversas perspectivas se codifican y recodifican nuevamente. Instaura una madeja de signos, y el arte, aquí, toma semejante bagaje propiciando a su vez un imaginario citadino que le es inherente.
Entendemos la ciudad, nuestra ciudad, a partir de lo que simboliza, y en torno, también, de lo que la literatura, la pintura, la escultura, lo artístico procurado en su seno, nos dice. Cierta identidad va cobrando fisonomía en el vivir y el convivir, tejiendo sus redes a propósito del laberinto de imágenes, de sueños, de esperanzas, de anhelos, depositados y alimentados en la urbe que hacemos nuestra. Es lo que hemos perfilado, es lo que hemos ido creando. Leer a Francisco Arévalo, por ejemplo, un escritor que interpreta la ciudad y la envuelve en el lenguaje de lo poético, de lo que capta en ella como material inmejorable para hacer literatura, exige reconocernos ahí, en el universo mítico-simbólico de este territorio, de este espacio y de este tiempo humano que nos cobija y cobijamos.
Lo intangible asociado a la ciudad forma parte de ella en idéntica proporción a lo que corresponde su tangibilidad. Lo manifiesta claramente Almandoz (1993: 19-20):

"La estructura literaria existente sobre una ciudad (…) es algo determinante e informante de nuestro entendimiento sobre ella como puede serlo su misma estructura física. En este sentido, acaso puede hablarse de una aproximación fenomenológico-literaria a la ciudad, que paradójica y maravillosamente, puede incluso ocurrir a distancia. Y es por todo ello que también podemos afirmar que las ciudades devienen míticas sólo en la medida en que existe una literatura sobre ellas, literatura que (así como lo han hecho posteriormente el cine y la televisión) se encarga de mitologizar sus calles, plazas, sus habitantes y costumbres".

Nuestra ciudad ha sido y es reinterpretada por el discurso literario, y ese hacer da cuenta de ella y le reclama, dialoga, la acaricia en lo mejor que posee o la rechaza a veces, en lo peor, pero siempre edificando un imaginario que se colectiviza y nos pertenece a medida que la obra literaria madura, crece, circula, se incorpora a la tradición.
La ciudad que habitamos se densifica, se concentra, se problematiza y cada vez, a pesar de los pesares, estamos aquí para humanizarla, para indagar las maneras de hacerla más digna, y en fin, de lograr mayor felicidad en ella. Es una labor, no por ciclópea, menos posible. El imaginario citadino que insistimos en procurar, en concretar, junto con la estructura física que consolidamos, permite amasarla a diario, sentirla, padecerla, disfrutarla, parirla como nuestra. Queda mucho por llevar a cabo. Vale la pena, después de todo, recordarlo en estas líneas.


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS




Lefebvre, Henri.(1978). El derecho a la ciudad. Barcelona: Península.

Castro Leiva, Luis.(1991). “Filosofía de la ciudad”. En: VV.AA. Filosofías de la ciudad. Caracas: Equinoccio.

Almandoz, Arturo. (1991). “Atributos de ciudad”. En: VV.AA. Filosofías de la ciudad. Caracas: Equinoccio.

----------------------. (1993). Ciudad y literatura en la primera industrialización. Caracas: Fundarte.