4/13/2014

Te conozco

Silvio Rodríguez: Te conozco

"El lago parece mar, el viento sirve de abrigo...todo se vuelve a inventar, si lo comparto contigo...". Hermosa canción. Dejo el enlace:
http://www.youtube.com/watch?v=etAl7nkNJtU

Y añado: Candil de nieve, una canción de Raúl Torres, a dúo con Pablo Milanés. El enlace:
http://www.youtube.com/watch?v=5Yugrb9Pw-g

4/05/2014

Proust y la parodia literaria

Hace algún tiempo mi querido amigo Carlos Yusti publicó un texto, para divertirse y divertirnos, en el que se propuso "escribir como sus amigos". Cuando me lo hizo llegar reí un montón y admiré mucho más su talento y su inmenso sentido del humor. Copio aquí un fragmento de lo que fue su regalo, a propósito de mi columna "Café del Día".

PROUST Y LA PARODIA LITERARIA 
Carlos Yusti

A Marcel Proust se le asocia por lo general con la actividad literaria llevada al límite. Enfermizo desde niño, estuvo de vago y bohemio gran parte de su vida. En esta etapa se dedicó a mirar pasar la vida a su alrededor sin perder detalle. Un día decide llevar todas sus observaciones al papel. Desde ese instante se convierte en un escritor metódico y constante. Su actividad como literato, a primera vista, parece alejada de cualquier requiebro superfluo, de toda peripecia relajada. No obstante, Proust recurrió a la parodia literaria para darle rienda a su ingenio y a su sentido de humor.

En el año 1908 un fraude se convirtió en la comidilla predilecta de los parisinos. Las anécdotas y chistes proliferaban como moscas irredentas en salones y tertulias. El fraude involucraba como protagonistas a Sir Julius Werner, director general de De Beer’s, una sociedad financiera dedicada a la explotación de minas de diamantes, y al técnico electricista Lemoine. Según se cuenta Werner y el técnico coincidieron en Londres. Lemoine le aseguró a Sir Julios que había descubierto un método para fabricar diamantes y el cual apenas requería solo de un horno, un crisol, carbón y algo de capital. Lemoine le hizo una demostración al crédulo Werner. Lemoine introdujo un carbón en un horno, le agregó una sustancia, movió un interruptor y al momento tenía un pequeño diamante genuino. A Werner le brillaron los ojos de codicia y de allí a entregarle dinero al técnico hubo un solo paso. Sir Julius fue entregando pequeñas sumas de dinero hasta completar la cifra de sesenta y cuatro mil libras esterlinas de la época.

Lemoine, para hacer creíble su timo, mostraba nuevos diamantes a su incauta víctima, pero se cuidaba de no revelar su técnica. Entonces, Sir Julius decidió apelar a los tribunales. Lemoine fue interpelado en presencia de abogados. Su abogado defensor fue nada menos que el mismo que asistió en su defensa a Richard Dreyfus. El asunto de los diamantes Lemoine encontró eco a nivel mundial.

El plan de Lemoine era enrevesado y audaz: consistía en hacer público su método, comprar el mayor número de acciones de la sociedad de De Beer’s cuando se produjera la gran baja que dicho anuncio provocaría. Luego vendería de nuevo las acciones tan pronto el mercado retornara a la normalidad. La investigación comprobó que los famosos diamantes fabricados en verdad fueron adquiridos por la esposa de Lemoine en algunas joyerías de París. La prensa se divirtió durante meses con el caso.

Proust siguió con atención el caso hasta que pudo verle el lado cómico y enseguida comprendió que aquel escándalo financiero parecía calcado de una novela de Balzac o de Flaubert o de cualquier otro autor en boga para el momento.

Cuando la estafa de los diamantes se hizo pública la parodia literaria vivía su mejor momento en diarios y revistas. Incluso Charles Müller y Paul Reboux habían publicado un suculento libro de imitaciones cómicas de escritores titulado “A la Manière de…”, que fue un éxito editorial.

Con estos antecedentes Proust, quiso “retratar este trivial caso jurídico”, como lo denominó en una de sus cartas, a través del estilo de otros escritores. Un caso tan absurdo requería un tratamiento igual. El primer grupo de autores incluidos fue Balzac, Emile Faguet, Michelet y Edmond de Goncourt. Las parodias se publicaron en el suplemento cultural de “Le Figaro”. El segundo grupo de imitados estaba conformado por Flaubert, Saint-Beuve y Renan, con el cual disfrutó tanto que el texto se ramificó más de lo esperado.

Las parodias de Proust se distinguen por la profundidad con la cual se mete en el estilo de los otros escritores. Mi preferido es la parodia a Michelet, autor al que Roland Barthes le dedicara un estupendo libro, debido a su gran nivel de virtuosismo. Proust, aparte de imitar esos ramalazos eruditos a los que acostumbraba Michelet, hace malabares con el modo rebuscado y poético. Vale la pena el inicio del texto: “El diamante puede extraerse a profundidades singulares (1.300 metros). Para conseguir la piedra, tan brillante, que es la única que puede desafiar el fuego de una mirada de mujer (en Afganistán, el diamante se llama “ojo de llama”) sin fin, habrá que descender al reino de la sombras”.

Para justifica sus parodias Proust argumenta: “En el caso de los escritores gravemente intoxicados por Flaubert, jamás recomendaré con el suficiente encarecimiento la purgante y saludable virtud de la parodia; es preciso que hagamos una parodia a plena conciencia, para evitar malgastar el resto de nuestras vidas escribiendo parodias involuntarias”.

Todo esto me ha servido como base para acometer la parodia a varios de los respetables columnistas de este diario. Como no soy Proust, no tengo genio ni engreimiento para ello, recurro a mi vocación de lector traspapelado entre libros y bohemia, para escribir mis parodias donde, de forma impune, utilizo frases, giros y hasta palabras de los textos que pertenecen a los articulistas parodiados.

Mis parodias son un homenaje a Diana Gámez, Francisco Arévalo, Adón Soto, Roger Vilain, Abraham Salloun Bitar, Pedro Suárez, Juan Guerrero. También son un saludo efusivo a la escritura regular, y que por aparecer en el común papel del diario es subestimada por esos escritores serios, o de alcurnia, quienes no consentirían en bajar de categoría para ser leído por el hombre y la mujer de la cotidianidad diáfana y cruda. Para el escritor sin pruritos el periódico es una plaza para el diálogo y si Sócrates viviera sin duda escribiría en algún diario de provincias. Además, estos columnistas parodiados son unos estilistas a la hora de emplear el lenguaje, al momento de utilizar las palabras, cuestión que uno como lector agradece.

Proust se atrincheró en la parodia para relajarse un poco ante las tensiones que le producía la monumental novela que ocupó buena parte de su maltrecha existencia. Yo lo hago para deshuesar el estilo de mis amigos y para liberar la tensión de mi propio estilo que muchas veces se anquilosa, se agota hasta llegar a lo aburrido y convencional.

Cuando se escribe con regularidad para la prensa la tensión por escoger un tema a veces paraliza al columnista  y encoña todas las tentativas. Escribir es a veces una agradable zozobra. La parodia es el inigualable divertimento de ese trabajo creador que se llama escritura.

                                                      Té de la Tarde                  
                         PEDRO PICAPIEDRA EN LA ASAMBLEA NACIONAL
                                                      Carlos Yusti
                                              (A la manera de Roger Vilain)

El país, aparte de africanizarse, parece estar llegando a un grado de troglodismo prehistórico como nunca antes.

De las comiquitas de mi infancia, todavía algunas se trasmiten por televisión. Eran mi escape de la realidad. El coyote ideando trampas para capturar al correcaminos, el conejo Bus disfrazándose de mujer para engañar al bigotudo amargado y Pedro Picapiedra viviendo en un mundo prehistórico con su esposa Vilma y sus vecinos Pablo Mármol y Betty.

El país de pronto se ha caricaturizado. El paralelismo con las comiquitas de mi infancia Server es patética por lo exacta: Chávez, ese inefable agente viajero, se ha convertido en el Coyote que proyecta cada día las trampas más inverosímiles contra el referéndum, especie de correcaminos siempre calentando la calle. El presidente no se disfraza de mujer, sino de Pavo Lucas y encaramado en una moto despista a la bigotuda oposición. Pedro Picapiedras se instala en la Asamblea Nacional y en vez de argumentos reparte insultos, golpes o patadas.

Poco a poco nos vamos enterando: Venezuela es un lugar donde el primitivismo político ha tomado el rol protagónico. Por donde el ojo logre encontrar una abertura para ver algo de luz, recibirá un mazazo de oscuridad. La vida aquí es una zozobra antidiluviana. No obstante, creo que el país bien vale un esfuerzo.

Para vivir requerimos de la memoria, necesitamos esa sala de espejos de los recuerdos para ver esa parte de nuestra infancia donde la realidad era menos árida, donde la Upata de mi niñez era un crepúsculo con pájaros volando en el cielo: un sueño cayendo como las hojas en la plaza Bolívar. Lo artístico que tiene la vida se impondrá siempre a las ansias destructoras del hombre. Lo ético y lo poético por encima de esa pasión salvaje que quiere regresarlo todo a la prehistoria. Einstein lo dijo en una oportunidad: con todo este despliegue nuclear la última guerra podría ser con palos y piedras. Me da por creer que este momento prehistórico que vivimos es un mero accidente. Ojalá y no me equivoque, ojalá seamos capaces de reconocer la flor que crece con insistencia entre las piedras.


4/04/2014

La dictadura venezolana

    El gobierno de este país escupe a los demás justo el virus que lo carcome: fascismo mondo y lirondo. Si usted le pregunta a Maduro, a Darío Vivas, a cualquier guapetón con poder tipo Cabello, Ramírez o Ameliach qué demonios entiende por semejante asunto, cerrarán el puño, pondrán los ojos en blanco y se escuchará el disco rayado: fascismo es la oposición, la Iglesia, Voluntad Popular y quienes se abrazan con el imperio, el diablo y los extraterrestres. La bolsería, quién puede negarlo a estas alturas, hace mella hasta en el último hueso.
    Cuando Chávez gobernó tuvo a su favor el genio demagogo que lo poseía así como un caudal de dólares que populista alguno jamás soñó antes. Las cosas fluyeron mejor al son de la chequera y los bailes de tarima. Misiones de cartón, petróleo para regalar a manos llenas, corrupción día, tarde y noche. Desaparecido el Comandante Infinito, Nicolás Maduro aterrizó de cabeza en el piedrero. Sin dotes histriónicos para facilitar megaembauques, sin méritos ni credenciales de caudillo tercermundista, el asunto de gobernar se le transformó en un quebradero de cabeza. Heredó el desastre de Hugo Chávez y muy pronto, a la velocidad del relámpago, terminó de hacer añicos la cristalería. La inflación es la más alta del mundo, la inseguridad en las calles una réplica de país en guerra y la escasez un problema cuya salida sólo pasa por enviar al basurero cuanta ideología barata anida en las neuronas del Ejecutivo,  trocándola sin complejos en empeño por tejer un sector privado que haga su trabajo: crear riqueza, producir, generar empleo, es decir, ponerle los patines a la economía. Estaba cantado el escenario del presente. Ni Chávez primero, ni Maduro después, han calzado los números para meterse en los zapatos de un estadista.
    Cuando medio país se hartó del Socialismo del Siglo XXI, parapeto típico de republiquetas bananeras absolutamente refractario al progreso, a la modernidad, a los tiempos que corren, y se dio cuenta de que no existen instituciones adonde ir ni instancias que procuren la defensa de la ciudadanía que se atreve a disentir, salió a protestar a las calles. Y salió en paz. Ese fue el detonante de la represión más salvaje. Terrorismo de Estado  contra quienes piensan distinto y elevan su voz haciendo que se entere cuanto señorón jura que el mismo Dios le da unas palmaditas en la espalda para luego convidarlo a unas cervezas. Lo insólito, más allá de la inaceptable brutalidad de las fuerzas represivas, ha sido el contubernio entre civiles armados que apoyan al gobierno atacando y llenado de terror buena parte de la geografía urbana del país y ciertos efectivos de la Guardia Nacional. Testimonios documentados a diario, fotografías, videos y testigos de excepción dan cuenta de una realidad que se tradujo en flagrante violación de los DD.HH.  a través de juicios sumarios a alcaldes, torturas a manifestantes, censura en los medios y un llamado a diálogo cuyo correlato es mayor represión, insultos y amenazas.
    Está claro que la actitud del gobierno  consiste en arrojar más combustible a las llamas. ¿A quién beneficia semejante conducta? ¿Por qué instalarse con terquedad en el locus insostenible de la división y el incremento ciego de la violencia? ¿Qué posibilidad existe de continuar gobernando con todos los poderes en un puño, bajo la lógica de un dogma cuyo sumo sacerdote, un aspirante a caudillo iluminado, ha hecho aguas desde hace mucho tiempo?
    A lo mejor Maduro jamás imaginó el nudo de fuerzas encontradas y disparates que recibiría de su mentor. La condición de hombre de Estado supone cualidades que se crean mediante años de experiencia, de preparación, de lecturas (leer libros, leer la vida) y un largo etcétera con el fin de hacerle frente a los problemas que el arte de gobernar sin dudas va a encontrarse en el camino. Ni él ni su antecesor caben, repito, en la talla grande que exige pensar un país, en lidiar con sus circunstancias reales o imaginarias para finalmente intentar dejarlo mejor de lo que lo encontraron. Tal es, en verdad, el objetivo fundamental de todo gobernante que se precie de serlo. Chávez y Maduro, qué duda cabe, hicieron méritos suficientes para ganarse con honores un sitial en la molienda de la historia.

3/19/2014

Ciego y sordo

    La situación política venezolana es un torbellino que comenzó a formarse cuando Hugo Chávez abrió su particular caja de Pandora. Los rayos y truenos del presente tuvieron un período de incubación muy largo, cosa que no debe extrañar a los observadores: la violencia del gobierno, tanto física como hecha lenguaje, es decir, su praxis guerrera a punta de golpes e insultos, de soberbia y de plomo, abrazada con la simbología bélica metida desde siempre y de cabeza en el perfomance oficialista, derivó en esto que vivimos hoy. Quince años de garrote y zanahoria, de odio al por mayor, de listas de Tascón, no son poquita cosa.
    Entonces Maduro pide diálogo. Cabello pide diálogo. Los angelitos colorados de la Asamblea Nacional piden diálogo. ¿Y saben ustedes algo?, no faltaba más. Charlar  -llegar a acuerdos, construir consensos-   es el mecanismo universalmente reconocido para evitar que la sangre llegue al río. Es lo sensato y lo civilizado y por semejante argumento es que este gobierno monologante, charlatán, gritón, bueno para aplastar cuando se sabe fuerte y experto en poner cara de animalito cuchi si advierte que le han plantado una mano en la pechera, propone encuentros de utilería, diálogos de cartón sólo para patearle los cojones a todos una vez que se sienta otra vez oxigenado.
    ¿Hay que dialogar? Frente a un gobierno ciego y sordo, capaz de violar como le ha dado la gana los Derechos Humanos de la gente, capaz de llamar por tuits o por cadena nacional de radio y televisión a ejecutar ataques “fulminantes”  contra quienes protestan; frente a un gobierno que comete atrocidades con los detenidos, que reprime y mata, que tortura, veja, humilla, que tiene a estas alturas tantas cuentas pendientes con la justicia, repito, ¿hay que dialogar?
    Absolutamente. Es preciso, urgente, de vida o muerte hacerlo. Ahí está Mandela como ejemplo que no se debe olvidar nunca. El político más respetado de todo el siglo XX lo fue entre otras razones porque conversó, y ganó. Ahora bien, el poder en Venezuela hará una pantomima si con inocencia imperdonable se termina cayendo en  el embauque, en las trampas, en el juego que propone, dándosele oportunidad de cobrar segundos aires en su empeño de control total. Para sentarse a la mesa es preciso que el señor Maduro dé señales inequívocas de que el llamado a intercambiar ideas, a decirse las verdades y, en fin, a ejercer la palabra que tanta falta hace, es sincero, es real, y no el teatro del absurdo que lo caracteriza. Cuando alguien se ha esforzado tanto para que nadie confíe en él, hay que ser un cínico para luego decir: mira tú, bébete este cafecito, vamos a platicar. Esto ni es bolero ni es rocola, aquí nadie dará puto medio por un llamado a diálogo frente a las luces y las cámaras, mientras por el traspatio se persigue, se dispara, se encarcela y se pasan por el forro los derechos de la gente.
    Caímos en un punto muerto. Los estudiantes no retroceden en sus demandas y Nicolás Maduro opta por más represión, más brutalidad, más imposición.  Pésima forma de continuar llamando al diálogo y peor manera de evidenciar su farsa.

3/07/2014

A propósito de Venezuela

    El chavismo como ideología, ese tinglado de gimnasias entremezcladas con magnesias, va directo al corazón.  Pretende ser fibra emocional, transformarse en sístole y en diástole, remontar  ventrículos, atravesar pericardios, bombear conveniencias vía la “Canción del elegido" o  “Yo pisaré las calles nuevamente”.  
    Es para aplastarse de la risa. El mundo rosa que la Revolución del Siglo XXI obsequia a los venezolanos ha sido posible, no faltaba más, gracias  al Comandante Intergaláctico, especie de Supermán revuelto con Hombre Araña, creador de semejante parapeto. “Corazón de mi patria”, lo llama su feligresía, y quien diga ñe va a la molienda de la nueva historia, jineteada por Mario Silva, Diosdado Cabello, Jorge Rodríguez y el resto de los compadres, afilada jauría de mercachifles a la orden.
    El chavismo vende baratijas a precio de especulador neoliberal. Usted adquiere un bien, cultura oficialista (jaja) o salud bolivariana (jajaja), pongo por caso, y siéntese a esperar los espejitos. No es para menos: jamás antes, nunca en la historia de lo que el mundo ha sido, se construyó algo valioso a partir de cuatro disparates. Si un puñado de bandoleros con boina roja o enfluxados Cartier delirando por una bayoneta coparon las instituciones, leyeron como nadie el hambre y la ignorancia en esta tierras y de esa polvareda chapoteamos hoy en estos lodazales,  implica entonces que rehabilitar el país que cruje y se revienta supondrá ocuparse, en serio y sin descanso (porque la historia no suele andarse con segundas oportunidades), de inocular más democracia, de sembrar más ciudadanía, en las calles, en las familias, en los cafés y en los bares, en los prostíbulos, en los parques, en la escuela, en la vida cotidiana, en cada quien y en cada cual. Un trabajito al que llegamos retrasados.
    A la gente la matan como moscas en las calles, la economía venezolana es una ruina, los corruptos paridos aquí son los más rozagantes de este mundo. La escasez juega a diario al escondido si persigues un pollo, un litro de leche, un medicamento, un paquete de papel higiénico o una bolsa con tres panes. Los hospitales son un burladero, la educación pública una estafa, los afanes de control total el hilo conductor de un gobierno hecho de embustes. La revolución bolivariana (vamos a dejarla así, en minúsculas) parte de un par de premisas que nada más son chasquidos de la lengua. Me explico: ni es revolución ni es bolivariana. Ni nada que se le parezca. ¿Qué es entonces?, una camarilla en el poder de dudosa legitimidad en su origen e ilegítima en su desempeño, trocada en gobierno militarista con serias pretensiones totalitarias. Una dictadura, muy sui generis, actualizada, con las pezuñas metidas de lleno en el siglo XXI. Neodictadura, para usar el término más ilustrativo.
    Hoy, luego de los sucesos que vive Venezuela desde el doce de febrero, la máscara del gobernante está hecha añicos. Un rostro pseudodemocrático desfigurado. La represión salvaje de los manifestantes, la censura a los medios de comunicación, los grupos paramilitares creados, alimentados, lanzados a las calles por el gobierno y protegidos por la Guardia Nacional, la entrega de la soberanía nacional a un gobierno extranjero, los presos políticos, la tortura, los crímenes de lesa humanidad, documentados por una organización tan seria como el Foro Penal Venezolano, a la que habrá siempre que aplaudir, desnuda al régimen exponiéndolo en sus tropelías, locura y bandidaje. Por fortuna ya su imagen internacional vale muy poco. Tristemente, puertas adentro, la izquierda caviar de este país, con sus valedores intelectuales por supuesto, a la fecha no se ha desmarcado,  no ha abierto su boca ni puesto a punto su pluma para denunciar abusos y condenar de inmediato la brutalidad de un gobierno fuera de sus cabales.
    Venezuela vive momentos trágicos, de violencia acrecentada, de sangre y fuego, de fascismo gubernamental contra quienes piensan distinto al poder. La juventud, la decencia, la voz de la calle, van a continuar con las armas de la razón, el coraje y la paz haciéndose escuchar. A nada menos nos debemos como ciudadanos.

3/06/2014

Tabbaq

En el tabaco, en el café, en el vino
al borde de la noche se levantan
como esas voces que a lo lejos cantan
sin que se sepa qué, por el camino.

Julio Cortázar  (Los Amigos)

2/22/2014

Interrogante

Papá, papáááá,  papáááááááááááááá, ¿las cebras son blancas con rayas negras o negras con rayas blancas?