6/28/2015

La Maga, Cortázar, Rayuela, la vida

Los invito a ver:
www.youtube.com/watch?v=oZXlGXmFfj4

6/18/2015

Cordialmente invitados



La Escuela de Doctorado de la Universidad de Guayana es un espacio de encuentro donde doctorandos y doctores comparten en diálogo reflexivo las experiencias de sus trabajos de investigación. Allí concurren los interesados en los estudios doctorales y todas aquellas personas que desean compartir sus pensamientos cuando se plantean los problemas del quehacer investigativo.

La sesión inaugural será el martes 23 de junio de 2015 con las siguientes disertaciones:


1.- “Especulum oralis o la palabra y el saber"

Dr Luis d'Aaubaterre.


2.- “Isaiah Berlin y Karl Popper: dos aguafiestas necesarios”

MSc Roger Vilain.


3.- “Si está Popper, hablemos mal de Kuhn o la dicotomía esencial enigma-paradigma”

Dr Jorge Paolini Ruiz.


4.- “Hermenéutica de la Virtualidad: un enfoque de aproximación desde la filosofía del arte”

MSc Alvaro Molina.



Lugar: Universidad Nacional Experimental de Guayana

Sede UNEG-Chilemex, aula 11

Martes 23 de junio 2015, 8:30 am

6/05/2015

Así sea

    Lo ideológico puede más que la razón. Fue Octavio Paz quien sugirió una verdad elemental: la biología puede no dejarte ver, pero la ideología te impedirá pensar. No es poca cosa.
    Este país vive uno de sus momentos más oscuros. Luego de una indigestión fraguada a pulso de petrodólares, por donde pases ahora la mirada encuentras sólo escombros. La revolución venezolana suscribe de pe a pa  aquello de que todo populista se parece a un galán adinerado, es decir, mientras maneja la chequera el mundo se torna rosadito, pero cuando los fondos se arrojan por el inodoro entonces al diablo  vanas ilusiones.
    Venezuela, otra vez, sufrió el relumbrón de la demagogia supercarismática. Promesas, chasquidos de la lengua, paraísos trocados en verdad ahí mismo, al doblar la esquina, supusieron el boleto para aterrizar con suavidad en lo más selecto, en lo mejor del siglo XXI. Conclusión al despertar: miseria, vidrios rotos, sueños despanzurrados para quien pague la factura tres lustros después, nada menos que esta sociedad usufructuaria del embauque más vergonzante en años luz a la redonda. Pésima idea otorgar cheques en blanco. Quién lo iba a decir, casi dieciséis años  de una camarilla bailando conga en el poder  y el país feliz a lomo de cangrejo, o sea, echando con ganas para atrás, hasta que le destrozaron el espejo en el cogote. ¿Será que la lección terminará por aprenderse?
    Mucha gente dio la voz de alerta. Intelectuales (apenas unos pocos, la izquierda beata, incondicionales de quienes tienen el poder, le meten aún el hombro al disparate venezolano), sociólogos, escritores, economistas, a lo largo y ancho del espectro político dibujaron, esgrimieron con lucidez el abismo que se abría enfrente si continuábamos el rumbo marcado por las fiebres no sudadas de unos gobernantes cuyos planes de navegación eran las canciones de Silvio, las ocurrencias de los Castro, en fin, las maneras fracasadas de conducir una nación. Hay que ver, todavía hay gente si enterarse que se acabó la Guerra Fría. El resultado magulla los sentidos: una sociedad dividida, empobrecida, una realidad que aplasta por lo que tiene de absurda y humillante. No había derecho a tanta destrucción, a tanta debacle económica y moral porque ahí estaban (aún lo están, créanme) los recursos para elevarnos a peldaños superiores en la vía hacia el desarrollo. A veces la decencia coge sus cuatro peroles y se espanta, como ocurrió sin dudas en este país hecho añicos. Con ideología chatarra, mira tú, no se producen alimentos, ni educación, ni se ensanchan los espíritus.
    Hoy por hoy toca repensar el desastre y apagar restos humeantes para proseguir, para levantar, para construir. No en balde son mayoría los que pretenden un país labrado a punta de esfuerzo, de esperanzas clavadas en un tiempo (el presente) que no debemos dejar ir una vez más. Las antiguallas ideológicas caben todas en un museo del carbonífero. Cambiar en democracia, ese es el objetivo. Ganar la Asamblea Nacional, por ejemplo, equivale al primer paso. Enhorabuena. Así sea.

Charles Aznavour

Una canción hermosa.
El link: https://www.youtube.com/watch?v=Ba3Pk36ie0Y

5/18/2015

Eyaculación precoz



    Entre la anatomía humana y el lenguaje hay un mundo de cosas que los unen. La mecánica de la una se refleja en el otro como  si un espejo hiciera de las suyas. Es raro, pero a veces te pones a sumar peras con mangos y el resultado es satisfactorio, contradiciendo sin piedad a Robert Malavé, profesor verdugo de las matemáticas en la Upata de mi bachillerato. Total, que lenguaje y biología se guiñan los ojos como adolescentes en eso de codificar discursos el primero, pongo por caso, y el hecho de labrar sinapsis justamente para que ello ocurra, en cuanto a la segunda.
    Tengo la impresión de que  andamos flojos de palabras. En la calle, en los cafés, en la perorata amorosa que sostiene una pareja mientras se come a besos a un palmo de esta mesa en la que escribo. Claro que sobran las ideas, cómo no, desfiguradas, destripadas, aunque ideas al fin. Pero palabras, lo que se dice el herraje para levantar lo que pensamos, eso sí que tiene todas las carnes fofas. Faltan palabras y de qué manera, de modo que el asunto trasciende el mero rollo de una visita fugaz al diccionario. Qué va. El lenguaje, nada menos que el lenguaje en una cabeza como la suya o la mía es manual de uso elevado al plano de lo cotidiano, de la sindéresis lingüística  -Dios, qué oración tan rimbombante-, del sentido común trocado en universo de palabras y conceptos bien trenzados. O es así o nos vamos todos al infierno.
    Albahaca, comején, lujuria, por donde las mires son términos proteicos, llevan oxígeno al sentido, regalan vida a cuanto nos rodea. Dices rosa y ahí mismo captas el perfume. Dices orgasmo y levantas una carga de explosivos. Pronuncias cada letra de una sentencia como libertad y de inmediato se te pierde el horizonte. Caderas, nenúfar, gineceo, pruébalo con las que quieras, la fisiología del lenguaje corre por debajo de eso que llamamos comprensión. Andamos cortos de palabras porque somos náufragos en un raro aquelarre: en vez de coger al toro del idioma por los cuernos resulta que éste nos doblega, nos arrastra y nos aplasta. Mala educación, indigencia intelectual, flojera al por mayor o simple mala leche, elige la que quieras, pero es una verdad que te agarró por el pescuezo y no te suelta.
    En quinto de secundaria me dio por suponer que las palabras se parecían mucho a una molécula de oxígeno y que su expansión correlativa, la sintaxis, era una maraña de arterias, un delta azuloso de venas repartido en cualquier acto comunicativo. El cerebro bien oxigenado del lenguaje daría luz verde a mil claridades de orden neuronal, de modo que charlar, contar hasta cien, resolver un polinomio o aprenderse la lección de historia bailaban abrazaditos el son de pegar sujeto y  predicado para elaborar una oración con pie y cabeza. En fin, todo párrafo bien trabajado terminaba por ser chorro de adrenalina sobre la sedación cotidiana. Qué le vamos a hacer, razón tenía quien inventó el lenguaje para luego desentrañar el universo. Lo primero es lo primero y después que llegue lo demás.
    Viéndolo bien un verbo en su punto, una coma en su exacto lugar o el adjetivo o sustantivo irremplazable son una erección a tope. Por eso el pecado mortal de la gramática vive luminoso  en los eyaculadores precoces: antes de seducir vaya uno a saber a quién e irse a la alcoba, arrojan el texto baboso de cuanto sólo quisieron  -pero no pudieron-  decir. Lo expresado es otro cuento, ajeno por supuesto a precocidades de cualquier pelaje. Moraleja y conclusión: hablamos al revés y entendemos al contrario. Quién lo hubiera imaginado.

Día a día


3/21/2015

Cuando el señor Chaderton piensa, mire usted en lo que piensa

    Vamos a hacer un ejercicio de transposición. Cambiemos algunos términos, apenas unos cuantos en el original (cuya diana son los adversarios del gobierno) e imagina ahora a  Capriles, o a Andrés Velásquez, o supón a María Corina, muy trajeada y formalita, en un plató de televisión afirmando ante las cámaras: “Los francotiradores apuntan a cabezas, pero llega un momento en el que una cabeza chavista no se diferencia de una cabeza opositora, salvo en el contenido. El sonido que produce [una bala, claro está] en una cabeza chavista es mucho menor, porque el cráneo es hueco y pasa rápido, pero eso se sabe después que pasa el proyectil”.
    Detente un segundo y lee otra vez. Entonces piensa en lo que estuviera sucediendo aquí si cualquier dirigente opositor hubiera en realidad vociferado (las emitió el embajador venezolano ante la OEA) tales monstruosidades y desplegado semejante abanico de patético humor negro. Humor negro, sí, no creas que has leído mal. Tal fue la excusa dada por el señor Chaderton para justificar lo imperdonable, junto con señalamientos sugiriendo que sus afirmaciones resultaron mediáticamente trastocadas. Yo opiné A pero no opiné A, sino B. Yo manifesté lo que manifesté y muy bien manifestado, pero ustedes los malvados entienden lo contrario, razonan al revés, decodifican mal. Y así. Cantinflas reloaded.
    El señor Roy Chaderton, supongo, sabe mucho del humor, de todos los humores de este mundo. Del blanco, del azul clarito, del negro por supuesto, del humor acuoso y del vítreo, pero sabe un pepino del humor dañino, del humor imbécil, ese que ha disparado bajo un manto de impunidad que sólo da el poder retorcido por el abuso, por el mira que estoy en las alturas, cómodo sitial al que llegamos los privilegiados. Casi puedo verlo en pleno zapping mental con el control remoto ideológico presto a la tarea de ejercitar su magnífico humor a base de crujidos escuálidos o chavistas del occipital. Crujidos como de cáscara de huevo o como de cráneos con mucha materia gris según el caso. Leo de nuevo las declaraciones de Chaderton y digo: hay que ver, este individuo anda de lo más campante haciendo de las suyas por el mundo cuando ya no podría dar un paso más debido al peso infinito de su, ahora sí, negrísima conciencia. Y de seguidas pienso en Geraldine Moreno, en Basil Da Costa, en Kluiverth Roa, en tantos burlados a fuerza de una realidad que es el horror trivializado por un funcionario sin escrúpulos.
    En el fondo el mensaje de Chaderton, con el humor ennegrecido y la sonrisa desdentada que le venga en gana, es siempre el mismo, presente con puntualidad de reloj suizo en totalitarismos de cualquier pelaje. Como el lenguaje nos conforma, como los seres humanos por re o por fa estamos cruzados de cabo a rabo por lo lingüístico, decir escuálido  y asociarlo con calaveras huecas saltando como confetis gracias a balas antojadizas, supone la exclusión, la negación total, la cosificación del otro, de quien es distinto, de quien no piensa ni comparte la lógica del poder (y por ser un vacío andante ni siquiera piensa). El mensaje de Chaderton nace de una  perversión: el convencimiento de que es dueño de la verdad, de la justicia e incluso de la historia, y ya puedes imaginarlo, quien posee las llaves para acceder a tamaño triunvirato posee también superioridad moral para emitir y sentenciar cuanta barbaridad coquetee con sus neuronas.  Minimizar al adversario, transformarlo  en poco menos que un insecto, invalidarlo en todos los terrenos, esa es la idea. Un escuálido es entonces un descerebrado que ve tú a saber qué más podrá ser, porque está vacío de contenido.
    Cuando Chávez inventó la palabreja no andaba tan perdido en la luna de Belén con los pastores. Señalar, disminuir, excluir, convertir en bichos a quienes lleven la impronta de escuálidos colgando de la frente, tenía y tiene objetivo muy bien delimitado. Un escuálido, en fin, es una oquedad y por eso el proyectil le atraviesa la cabeza en un zumbido, no faltaba más. Lo demás es humor negro y sonrisitas de rigor, que para tales menesteres siempre hay gente bien dispuesta, como el triste Chaderton.

3/20/2015

Verdades imaginarias

    La gente es rara. Como el mundo no está hecho a imagen y semejanza de nuestros ideales, resulta que procuramos adaptarnos y se acabó, problema solucionado.
    Porque somos inconformes, inventamos por ejemplo la literatura. Ahí crecemos, nos sentimos otros, vivimos las vidas que nos dé la gana. Yo en ese plano soy el típico bicho que se enriquece los días a costa de cuentos, ensayos o poemas, al punto de que no concibo cómo alguien puede acabar el calendario sin dedicarse a la lectura, a los textos, a las historias de cualquier pelaje. Panaderos, bomberos, jueces, políticos o notarios, vaya manera de entregarse a la existencia. Qué le vamos a hacer.
    El otro día iba por la calle y una dama fumaba un cigarrillo. Era uno de mentira. Pensé en mi infancia, cuando también me llevaba a la boca semejantes artilugios, pero de chocolate. La señora fumaba, exhalaba un vapor blanquecino a modo de humo que me  entristeció hasta lo indecible. Un cigarrillo de metal a pilas, quién lo iba a decir.
    Novias virtuales, muñecas de hule para el sexo más seguro de este mundo, la verdad es que entre el universo y lo que vamos siendo media, según los entendidos, una realidad prefabricada, benditos sean Freud, Jung y todo el gentío que se dedica a escudriñar los recovecos del alma. La señora enciende un cigarrillo, sin fósforos, sólo mueve el interruptor para que el mundo siga color rosa. Entonces fuma de lo lindo, o cree fumar, que para eso inventaron tales artefactos.  Así como elaboramos verdades, recuerdos, ámbitos paralelos, etcétera etcétera, creamos embustes de lo más venidos a cuento. Así, la ficción de una novela se aproxima a la invención que echamos a la calle hasta construir eso que llaman vida cotidiana. Luego la cuadratura del círculo roza  la circularidad del triángulo, y lo real junto con lo imaginario terminan en una amalgama que vaya uno a saber dónde empieza y dónde finaliza.
    A todas éstas, yo también hago mis historias. En días pasados sentí dolores punzantes en el vientre y fui a parar al médico, quien sólo me recomendó descanso. “Usted anda más fuerte que un roble”, sentenció. Cuando expresé mi horror al negar con contundencia su opinión, prescribió algo para los nervios, pero yo nada más quería algunas cucharadas para el abdomen. Por no dejar asentí y de inmediato me largué. Ya en la farmacia eché a la basura el récipe del ansiolítico pidiendo de seguidas aspirinas, que a lo mejor funcionan para lo que me aquejaba. Dicho y hecho, me sané en el acto, lo cual demuestra cuán cerca estamos de concretar aquello que en verdad añoramos con fervor. Tenía razón Conny Méndez.
    Lo cierto es que no hace falta ser Edison o Graham Bell para transformar el presente y el futuro. Labramos realidades apoyadas sobre el piso jabonoso de lo que llevamos entre ceja y ceja e inventamos verdades mondas y lirondas en función de lo que nos apetezca. Es que las certezas también caben en un tubo de ensayo. Y después dicen que lo onírico y lo real son aves de cielos diferentes. No me vayas a venir  tú con ese cuento. No me vayas a venir.