7/24/2015

En concierto

video
Camila Vilain. Vois sur ton chemin (un tema de la película "Los Coristas"). Apenas el inicio, por razones de memoria.

7/15/2015

Lenguaje

    La verdad es que estamos hechos de lenguaje. Lo ves por todas partes: el mundo llega a nosotros gracias a mil y una parrafada que leemos, emitimos o escuchamos a través de la existencia. Nadie habla por hablar. Conversamos porque en las entrañas de esos adminículos llamados genes hay todo un imperativo cafetinesco, o sea, el secreto impulso a darle a la lengua, a charlar hasta por los codos. Moraleja y conclusión: dime qué tanto hablas y te diré si eres humano.
    Se supone que uno anda por la vida consumiendo los días a base de palabras. La rutina diaria lleva a cuestas sus dosis lingüísticas particulares, de modo que el lenguaje es el golpe vitamínico sin el que terminamos siendo una lechuga o un alambre retorcido. Lo dicho hasta aquí es bueno no olvidarlo: somos el abecedario puesto en marcha, máquinas dispuestas para atar cabos en función de sujeto, verbo y predicado.
    Para ser menos despistados, o lo que es lo mismo, más despiertos a la hora de asir el universo, las palabras son la médula espinal que otorga vida al ramaje que aceptamos por conocimiento. Sabemos en forma directamente proporcional a la lucidez que otorga ese frasco de jarabe llamado lengua. Entonces, digamos que algunas cucharadas pueden funcionar como palmaditas en el hombro, quizás suficientes para entendernos mejor, para comunicarnos con más tino. Cierta dosis de Homero, sorbos recurrentes de Petrarca, 40 ml diarios de Cortázar, en fin, restituyen la salud perdida e incluso, con algo de insistencia, dan pie para atreverse a pensar diferente, cosa nada mal tomando en cuenta cómo anda el patio en estos lugarejos.
    Si el mundo cabe en una lista que va de la A a la Z, entonces tenía razón el poeta: existimos gracias a la sintaxis. Le entramos a todo cuanto imaginamos, de cabo a rabo, por las hendijas de un paréntesis o por el terreno movedizo de extraños puntos suspensivos. Una oración yuxtapuesta copulativa engulle de un bocado a la Vía Láctea y, hay que ver, los odiosos subjuntivos o hasta un ladrillazo como el pluscuamperfecto en toda su extensión, definen lo que vas siendo, aunque lo leas y no lo creas.
    Qué le vamos a hacer, estamos hechos de lenguaje y cáete para atrás, píldoras de Frankenstein, ampollas estilo gongoriano, cremas faciales a lo Hemingway o nebulizaciones con Víctor Hugo metiéndosete en los pulmones hacen de las suyas en el mercado de la claridad intelectual. Literaturoterapia como oxígeno para el cerebro, no faltaba más. Sí, la palabra inventa al bicho humano, de modo que el señor que acaba su café es un simpático sustantivo entremezclado con no pocos adjetivos y aquel niño con su biberón el más prometedor futuro imperfecto del indicativo. Es que somos misterio en carne viva, enigmas ambulantes por donde nos miren. Quién lo hubiera sospechado. 

6/28/2015

La Maga, Cortázar, Rayuela, la vida

Los invito a ver:
www.youtube.com/watch?v=oZXlGXmFfj4

6/18/2015

Cordialmente invitados



La Escuela de Doctorado de la Universidad de Guayana es un espacio de encuentro donde doctorandos y doctores comparten en diálogo reflexivo las experiencias de sus trabajos de investigación. Allí concurren los interesados en los estudios doctorales y todas aquellas personas que desean compartir sus pensamientos cuando se plantean los problemas del quehacer investigativo.

La sesión inaugural será el martes 23 de junio de 2015 con las siguientes disertaciones:


1.- “Especulum oralis o la palabra y el saber"

Dr Luis d'Aaubaterre.


2.- “Isaiah Berlin y Karl Popper: dos aguafiestas necesarios”

MSc Roger Vilain.


3.- “Si está Popper, hablemos mal de Kuhn o la dicotomía esencial enigma-paradigma”

Dr Jorge Paolini Ruiz.


4.- “Hermenéutica de la Virtualidad: un enfoque de aproximación desde la filosofía del arte”

MSc Alvaro Molina.



Lugar: Universidad Nacional Experimental de Guayana

Sede UNEG-Chilemex, aula 11

Martes 23 de junio 2015, 8:30 am

6/05/2015

Así sea

    Lo ideológico puede más que la razón. Fue Octavio Paz quien sugirió una verdad elemental: la biología puede no dejarte ver, pero la ideología te impedirá pensar. No es poca cosa.
    Este país vive uno de sus momentos más oscuros. Luego de una indigestión fraguada a pulso de petrodólares, por donde pases ahora la mirada encuentras sólo escombros. La revolución venezolana suscribe de pe a pa  aquello de que todo populista se parece a un galán adinerado, es decir, mientras maneja la chequera el mundo se torna rosadito, pero cuando los fondos se arrojan por el inodoro entonces al diablo  vanas ilusiones.
    Venezuela, otra vez, sufrió el relumbrón de la demagogia supercarismática. Promesas, chasquidos de la lengua, paraísos trocados en verdad ahí mismo, al doblar la esquina, supusieron el boleto para aterrizar con suavidad en lo más selecto, en lo mejor del siglo XXI. Conclusión al despertar: miseria, vidrios rotos, sueños despanzurrados para quien pague la factura tres lustros después, nada menos que esta sociedad usufructuaria del embauque más vergonzante en años luz a la redonda. Pésima idea otorgar cheques en blanco. Quién lo iba a decir, casi dieciséis años  de una camarilla bailando conga en el poder  y el país feliz a lomo de cangrejo, o sea, echando con ganas para atrás, hasta que le destrozaron el espejo en el cogote. ¿Será que la lección terminará por aprenderse?
    Mucha gente dio la voz de alerta. Intelectuales (apenas unos pocos, la izquierda beata, incondicionales de quienes tienen el poder, le meten aún el hombro al disparate venezolano), sociólogos, escritores, economistas, a lo largo y ancho del espectro político dibujaron, esgrimieron con lucidez el abismo que se abría enfrente si continuábamos el rumbo marcado por las fiebres no sudadas de unos gobernantes cuyos planes de navegación eran las canciones de Silvio, las ocurrencias de los Castro, en fin, las maneras fracasadas de conducir una nación. Hay que ver, todavía hay gente si enterarse que se acabó la Guerra Fría. El resultado magulla los sentidos: una sociedad dividida, empobrecida, una realidad que aplasta por lo que tiene de absurda y humillante. No había derecho a tanta destrucción, a tanta debacle económica y moral porque ahí estaban (aún lo están, créanme) los recursos para elevarnos a peldaños superiores en la vía hacia el desarrollo. A veces la decencia coge sus cuatro peroles y se espanta, como ocurrió sin dudas en este país hecho añicos. Con ideología chatarra, mira tú, no se producen alimentos, ni educación, ni se ensanchan los espíritus.
    Hoy por hoy toca repensar el desastre y apagar restos humeantes para proseguir, para levantar, para construir. No en balde son mayoría los que pretenden un país labrado a punta de esfuerzo, de esperanzas clavadas en un tiempo (el presente) que no debemos dejar ir una vez más. Las antiguallas ideológicas caben todas en un museo del carbonífero. Cambiar en democracia, ese es el objetivo. Ganar la Asamblea Nacional, por ejemplo, equivale al primer paso. Enhorabuena. Así sea.

Charles Aznavour

Una canción hermosa.
El link: https://www.youtube.com/watch?v=Ba3Pk36ie0Y

5/18/2015

Eyaculación precoz



    Entre la anatomía humana y el lenguaje hay un mundo de cosas que los unen. La mecánica de la una se refleja en el otro como  si un espejo hiciera de las suyas. Es raro, pero a veces te pones a sumar peras con mangos y el resultado es satisfactorio, contradiciendo sin piedad a Robert Malavé, profesor verdugo de las matemáticas en la Upata de mi bachillerato. Total, que lenguaje y biología se guiñan los ojos como adolescentes en eso de codificar discursos el primero, pongo por caso, y el hecho de labrar sinapsis justamente para que ello ocurra, en cuanto a la segunda.
    Tengo la impresión de que  andamos flojos de palabras. En la calle, en los cafés, en la perorata amorosa que sostiene una pareja mientras se come a besos a un palmo de esta mesa en la que escribo. Claro que sobran las ideas, cómo no, desfiguradas, destripadas, aunque ideas al fin. Pero palabras, lo que se dice el herraje para levantar lo que pensamos, eso sí que tiene todas las carnes fofas. Faltan palabras y de qué manera, de modo que el asunto trasciende el mero rollo de una visita fugaz al diccionario. Qué va. El lenguaje, nada menos que el lenguaje en una cabeza como la suya o la mía es manual de uso elevado al plano de lo cotidiano, de la sindéresis lingüística  -Dios, qué oración tan rimbombante-, del sentido común trocado en universo de palabras y conceptos bien trenzados. O es así o nos vamos todos al infierno.
    Albahaca, comején, lujuria, por donde las mires son términos proteicos, llevan oxígeno al sentido, regalan vida a cuanto nos rodea. Dices rosa y ahí mismo captas el perfume. Dices orgasmo y levantas una carga de explosivos. Pronuncias cada letra de una sentencia como libertad y de inmediato se te pierde el horizonte. Caderas, nenúfar, gineceo, pruébalo con las que quieras, la fisiología del lenguaje corre por debajo de eso que llamamos comprensión. Andamos cortos de palabras porque somos náufragos en un raro aquelarre: en vez de coger al toro del idioma por los cuernos resulta que éste nos doblega, nos arrastra y nos aplasta. Mala educación, indigencia intelectual, flojera al por mayor o simple mala leche, elige la que quieras, pero es una verdad que te agarró por el pescuezo y no te suelta.
    En quinto de secundaria me dio por suponer que las palabras se parecían mucho a una molécula de oxígeno y que su expansión correlativa, la sintaxis, era una maraña de arterias, un delta azuloso de venas repartido en cualquier acto comunicativo. El cerebro bien oxigenado del lenguaje daría luz verde a mil claridades de orden neuronal, de modo que charlar, contar hasta cien, resolver un polinomio o aprenderse la lección de historia bailaban abrazaditos el son de pegar sujeto y  predicado para elaborar una oración con pie y cabeza. En fin, todo párrafo bien trabajado terminaba por ser chorro de adrenalina sobre la sedación cotidiana. Qué le vamos a hacer, razón tenía quien inventó el lenguaje para luego desentrañar el universo. Lo primero es lo primero y después que llegue lo demás.
    Viéndolo bien un verbo en su punto, una coma en su exacto lugar o el adjetivo o sustantivo irremplazable son una erección a tope. Por eso el pecado mortal de la gramática vive luminoso  en los eyaculadores precoces: antes de seducir vaya uno a saber a quién e irse a la alcoba, arrojan el texto baboso de cuanto sólo quisieron  -pero no pudieron-  decir. Lo expresado es otro cuento, ajeno por supuesto a precocidades de cualquier pelaje. Moraleja y conclusión: hablamos al revés y entendemos al contrario. Quién lo hubiera imaginado.

Día a día