4/29/2012

Mario Vargas Llosa y la conspiración de los intelectuales

Desde hace bastante me ha atraído la filosofía política, y en ella una curiosidad puntual: los intelectuales que Mark Lilla llamó "filotiránicos". A propósito de lo anterior, dejo aquí un excelente ensayo del profesor Fernando Mires, de la Universidad de Oldenburg (Alemania), quien da cuenta del asunto a propósito del intento de veto -por parte de ciertos intelectuales argentinos- hacia Vargas Llosa en la pasada Feria del Libro de Buenos Aires. Pocas veces un discurso ha sido esperado con más expectación como aquel pronunciado por el Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa con motivo de la inauguración de la Feria del Libro en Buenos Aires el 21 de Abril de 2011. Las razones de la expectación, como es sabido, no fueron de índole literaria sino política, y esas razones –también es sabido- no las impuso Vargas Llosa. Las impuso un grupo de intelectuales argentinos – más gobiernero que gobiernista- cuyo propósito no era otro que clausurar la voz del brillante intelectual peruano. l.- Si no hubiera sido por la cordura o sentido político de la señora Presidente, Cristina Fernandez, Mario Vargas Llosa habría sido censurado, violado su elemental derecho de expresión y su dignidad humana definitivamente atropellada. Cristina Fernández, sólo al hacer lo que no podía dejar de hacer como Presidenta, salvó a la Argentina de una enorme deshonra. No obstante, la actitud de esos escritores –tal vez envidiosos censores de la palabra bien escrita- permanecerá en el recuerdo como uno de esos hitos que señalan las dimensiones que puede alcanzar la barbarie entre quienes, quizás alguna vez en su vida, soñaron con un mundo mejor y hoy conforman, desde un punto de vista cultural, la parte más cavernaria del continente. Esos intelectuales (escribo sin comillas) al intentar defender a la nación de un supuesto enemigo, han manchado la honra y el orgullo de una cultura nacional que en algún momento llegó a ser admirable, y no sólo en un sentido futbolístico. No estoy hablando de cualquier gente, de ningún perico de los palotes. Estoy hablando nada menos que del director de la Biblioteca Nacional de la República Argentina, el señor Horacio Gonzáles, cargo que alguna vez ocupó el gran J. L. Borges a quien el Sr. Gonzáles si hubiera podido habría silenciado sin misericordia. Estoy hablando de personas que han alcanzado cierto reconocimiento en las letras como el Sr. José Pablo Feinman –quien adujo extrañas razones “izquierdistas” en contra del escritor peruano- o de quienes durante el actual gobierno ocupan puestos de responsabilidad pública. Estoy hablando, en fin, de otros desdichados intelectuales a quienes no tengo el dudoso gusto de conocer. ¿He de sorprenderme? Vivo en un país –Alemania- en el cual una gran parte de la intelectualidad más escogida, incluyendo a mi tan admirado Martin Heidegger, no pudo resistir las llamadas de sirenas del nazismo. En un país, donde mi tan admirado Bertolt Brecht, no pudo resistir las llamadas de sirenas del estalinismo. Pero, pesar de todo, todavía me sorprendo. Tanto los unos como los otros inclinaron la cabeza, fascinados por la omnipotencia del poder. Pocas veces, en cambio, he sabido de intelectuales que después de haber emitido una opinión en una nación donde no impera ninguna dictadura, la cambien en cuanto el gobierno al que pretenden halagar les exige hacerlo. Yo hubiese al menos esperado una crítica fundamentada, por muy dura que hubiera sido, en contra de Vargas Llosa. Algo digno de ser polemizado. Pero no: nada. Ni para defender lo que piensan tuvieron bolas. Esa es la razón por la cual, ideologías a un lado, los cortesanos del poder establecido –izquierdistas y derechistas- detestan a Vargas Llosa. Lo detestan como sólo la mentira sabe detestar a la verdad. Pero más allá de cualquiera legítima indignación, la “reaccionaria reacción” porteña tuvo al menos la virtud de revelar algunos hechos que parecían no existir. El primero fue saber que hay escritores a quienes todavía nadie les ha informado que la llamada Guerra Fría terminó hace tiempo. Un segundo hecho fue mostrar abiertamente los tópicos de los cuales se sirve la izquierda ideológica para atacar al afamado escritor. Quiero decir: la reacción del grupo argentino es un documento histórico que, como tal, permite analizar la textura ideológica de una fracción de la llamada izquierda intelectual no sólo argentina sino, además, continental. Valdrá la pena, por lo tanto, detenerse en ese segundo hecho. Si intentamos agrupar las opiniones vertidas por los intelectuales de marras, es posible hacer la siguiente clasificación (la que como toda, será incompleta y provisoria). 1) Los sectarios, quienes adujeron que Vargas Llosa no debía hablar porque es un liberal derechista 2) Los ultranacionalistas, quienes estimaron que Vargas Llosa había ofendido a la nación argentina. 3) Los populistas, quienes afirman que Mario Vargas Llosa está en contra de los gobiernos populares de América Latina, incluyendo el argentino. 4) Los acomodaticios (creo que es la fracción mayoritaria) quienes afirman que respetan e incluso admiran al escritor, mas no al político Vargas Llosa. ll.- Para seguir el método de Drácula, vamos por partes. Los que negaron el derecho a la palabra de Vargas Llosa por su condición de “liberal” aplican el título de liberal como estigma, lo que de por sí es un absurdo. ¿De cuando acá ser liberal es un delito? ¿En que cabeza puede caber la idea de que quienes no son socialistas o peronistas deben ser silenciados? Vargas Llosa, como cada uno de nosotros, tiene todo el derecho del mundo para ser liberal o conservador, izquierdista o derechista, y si así lo estimara, mormón o masón, y nadie que no viva en Cuba o en Corea del Norte debería intentar cerrarle la boca por esos motivos. Al llegar a este punto cabe preguntarse ¿sabrán esos desdichados escritores lo que significa ser liberal? ¿O sólo repiten lo que escuchan de los teóricos anti-liberales quienes desde bien dotadas instituciones internacionales despotrican sin cesar en contra del liberalismo (o neo-liberalismo) extendiendo el término para designar a todos aquellos que no apoyamos a ninguna dictadura? Incluso, si así fuera, erraron el tiro. Porque todos esos anti-liberales, o son economistas de profesión o argumentan de modo economista. Pero a Vargas Llosa le otorgaron el Premio Nobel de literatura, insensatos. No el de economía. Y si Vargas Llosa es liberal, no es un liberal económico sino uno político. Liberal, es decir, alguien que asume el partido de la libertad. Gracias a su liberalismo político Vargas Llosa ha sabido pronunciarse en contra de todas las dictaduras que hubo y hay en Latinoamérica. Nunca, y esa es una diferencia entre él y el grupo argentino que lo agredió, dividió a las dictaduras en buenas y malas. El liberalismo de Vargas Llosa es, para decirlo de modo breve, sinónimo de democracia. ¿Sabrán los inquisidores literarios que el liberalismo no es una doctrina opuesta al socialismo sino su antecesora? El liberalismo, efectivamente, es al socialismo en política lo que en la religión es el judaísmo con respecto al cristianismo, o lo que en la cultura el mundo griego con respecto al latino. Los primeros socialistas fueron liberales convencidos y el socialismo habría seguido siendo lo que fue hasta las dos primeras décadas del siglo XX- una prolongación moderna del liberalismo- si es que no hubiera sido envilecido por los estalinismos, los maoísmos, los castrismos y otros ismos. Vargas Llosa, en cambio, ha optado, tanto en la política como en la literatura, continuar el trayecto de las tradiciones liberales traicionadas por la izquierda totalitaria. En otras palabras: Mario Vargas Llosa más que un liberal ha sido siempre un libertario. Un defensor radical de esas libertades que quisieron conculcarle en Buenos Aires, libertades que tanta sangre ha costado obtener. Las mismas libertades que sus enemigos intelectuales odian pero de las cuales, y hasta el exceso, profitan. Los ultranacionalistas, en segundo lugar, aducen que el intento de veto a la presencia de Vargas Llosa en la Feria del Libro resulta del hecho de que el escritor ha agraviado a la nación. Creo que en ese punto es poco lo que hay que decir. Vargas Llosa nunca ha dicho nada en contra de Argentina, todo lo contrario. Si por una nación latinoamericana tiene Vargas Llosa un enorme respeto es por Argentina, y no ha perdido ocasión para manifestarlo. Aquello que sí ha llevado a cabo el escritor es una fuerte crítica al gobierno de ese país, y eso es algo muy, pero muy distinto. Un gobierno, a diferencia de lo que piensan los tenaces enemigos del Premio Nobel, no es la nación. Un gobierno es sólo la representación política temporaria de una nación en el Estado. Por lo tanto, el hecho de confundir gobierno con nación revela, más que ningún otro dato, el talante totalitario de algunos intelectuales argentinos. De ahí a decir que Gobierno, Estado, Nación, y Presidente constituyen una unidad indisoluble, hay un sólo paso. “Un pueblo, una nación, un líder” fue, como se sabe, una de las principales consignas del nazismo, la que por su enorme grado de efectividad ha sido adoptada por todas las dictaduras del mundo. No deja ser interesante constatar que quienes defienden la posición ultranacionalista son intelectuales que se dicen de izquierda. Pienso que esta es una anomalía esencialmente argentina. En la mayoría de las naciones las posiciones ultranacionalistas son defendidas por ultraderechistas. Pero para saber por qué en Argentina izquierdismo y ultranacionalismo son coincidentes, habría que realizar estudios sobre la historia del peronismo, y este no será el momento para realizar tan titánica tarea. Pasemos ahora al tercer grupo del partido anti-vargallocista: los intelectuales populistas. No nos olvidemos, estamos hablando de la nación más populista del planeta. Y por cierto, los intelectuales, seres humanos al fin, también han asumido la condición populista apelando al mágico pueblo cada vez que pueden. No obstante, en un sentido restringido, populista no es quien habla del pueblo sino más bien quien instrumentaliza la noción de pueblo. Y al llegar a este punto hay que decir que pocas veces ha sido presenciada una instrumentalización más descarada de la noción de pueblo que la utilizada por esos escritores que intentaron acallar a Vargas Llosa, aduciendo que el peruano ha atacado a los gobiernos populares del continente. Ahora, yo no sé que significa gobierno popular desde el punto de vista novelístico o poético, pero sé –asunto profesional- lo que significa desde un punto de vista politológico. Popular es, no puede ser de otra manera, cualquier gobierno que cuente con más partidarios que sus adversarios. La popularidad, y tampoco puede ser de otra manera, es un asunto de números, no de ideologías ni de autodesignaciones. Pongamos un ejemplo: Con toda seguridad los intelectuales argentinos que atacan a Vargas Llosa piensan que Hugo Chávez en Venezuela es más popular que José Manuel Santos en Colombia. Mas, de acuerdo a las últimas encuestas, a Santos lo apoya más del 60% de la población y Chávez no alcanza el 40%. Es decir, Santos es, desde un punto de vista político, mucho más popular que Chávez. ¿Ha criticado alguna vez Vargas Llosas a Santos? Jamás. Eso significa que si Vargas Llosa ha criticado a algunos gobiernos no es porque sean populares sino por el simple hecho de que al interior de ellos se abrigan tendencias autocráticas, militaristas, e incluso dictatoriales. Cabe al respecto, introducir una breve acotación. ¿Saben ustedes quien ha sido el gobernante más popular de toda la historia de Europa? Adivinen. ¿No saben? Los voy a ayudar un poco. Su nombre es Adolf. Su apellido es Hitler. Pero Vargas Llosa no deja a sus enemigos en paz. Ahora ha anunciado que en las próximas elecciones votará por el candidato de la izquierda nacionalista de su país: Ollanta Humala. Y los intelectuales de la derecha latinoamericana -los mismos enanos de siempre- ya lo están atacando en el mismo tono que los de izquierda ¿Cuándo alcanzaremos-me pregunto- aquel grado mínimo de civilidad que permita entender que cada uno es dueño y libre de votar por quien quiera sin que por eso deba ser condenado, insultado o silenciado? He dejado para el final mis referencias a los acomodaticios, vale decir, aquellos que tratan de salir alegremente del paso señalando que Vargas Llosa es un gran escritor, pero desde un punto de vista político, un ser abominable. Lo mismo se dijo de J. L. Borges y, sobre todo, de ese enemigo mortal de toda dictadura que fue Octavio Paz. Por cierto, que el arte de un escritor pueda ser distinto a su ideología, es algo muy frecuente. Para poner algunos ejemplos, Louis - Ferdinand Céline fue un fascista a toda prueba, lo que no le impidió ser un escritor inmenso. Pablo Neruda fue estalinista, y sin embargo estoy convencido de que jamás el verso castellano ha estado más cerca del cielo que bajo el influjo del gran poeta. Podemos llenar cuartillas con ejemplos parecidos. No obstante, analizando el caso Vargas Llosa se puede concluir que entre el hombre literario y el político las diferencias son mínimas. Ya sea en su literatura como en su vida política, Vargas Llosa –hay que reiterarlo- ha estado siempre en contra de toda dictadura. Ni en uno ni en el otro nivel se ha pronunciado a favor de la explotación humana, de la discriminación a las mujeres o de cualquier acto criminal cometido por algún gobierno, sea real o imaginario. Más aún, desde el punto de vista literario hay pocos autores que han mantenido un compromiso social tan intenso y constante como Vargas Llosa ¿Dónde se encuentra una radiografía más profunda de la cultura machista y militarista que en la Ciudad y los Perros? ¿Dónde ha sido mejor revelada la descomposición moral de una oligarquía que en Conversación en la Catedral? ¿Quién después de José María Arguedas (Los Ríos profundos) ha tratado con tanta sensibilidad el tema de los pueblos indígenas como Vargas Llosa en El Hablador? ¿Quién ha mostrado con mayor destreza la miseria social y cultural de los pueblos andinos como Vargas Llosa a través de las peripecias del sagaz cabo Lituma? ¿Quién ha entendido mejor las rebeliones populares como cuando estudiando con manía historiográfica noveló el movimiento de los canutos en esa obra monumental que es La Guerra del Fin del Mundo? ¿Cuál escritor latinoamericano ha entendido mejor los orígenes históricos del feminismo como Vargas Llosa en la Flora Tristán del Paraíso a la vuelta de la esquina? ¿Dónde se muestra de modo más detallado la monstruosidad de los dictadores centroamericanos que en el Trujillo de La Fiesta del Chivo? ¿Cuál escritor de izquierda se ha esforzado en reconstruir la horrorosa historia del colonialismo europeo de un modo tan prolijo como Vargas Llosa en El sueño del Celta? No, estimados escritores nacionalistas, izquierdistas, derechistas, populistas y acomodaticios. A Mario Vargas Llosa nadie le regaló el Premio Nobel. Lo ganó con una constancia, con un talento y con una integridad personal, que ustedes, aunque lo lapiden, nunca, ni en sueños, alcanzarán.

4/27/2012

Lógica y revolución

La lógica revolucionaria del gobierno venezolano bebe de las fuentes universales que le sirven de sustento. Como esta revolución parió un ser iluminado, implica entonces que además es infalible. El presidente (vamos a dejarlo así, en minúsculas), especie de caudillo que trasciende el bien y el mal, lleva adelante sus caprichos con la permisividad absoluta que una lógica de plastilina le pone en bandeja de plata. A estas alturas hace ya tiempo que se apoderó de todos los poderes públicos. Si dentro de la revolución vale todo y fuera de ella nada, hay que observar el sedimento que un barullo como el socialismo del siglo XXI arroja: un hombre, un único mandón es la encarnación del bien, de la justicia, de la verdad y de la historia. Nada menos. Toda una bomba de tiempo. Si a cualquiera se le ocurre dudar, si ella o él tienen el atrevimiento de taparse la nariz ante el nubarrón de incienso que le prenden a Hugo Chávez y se pone a debatir, entonces se convierte en un traidor, un enemigo, un subhumano, insecto y bicho merecedor de algún pulgar que le haga el favor de aplastarlo. Es preciso acatar, no disentir. El fin justifica los medios, qué se le va a hacer. La lógica revolucionaria tiene poco de lógica y bastante de disparate, pero eso importa poco. Cuando alguien se mete en los bolsillos el poder omnímodo, justo en el momento en que decir ñe es palabra santa y vale para cualquier antojo, el peligro se materializa, se instala en los poros de la sociedad, pende sobre un país como espada de Damocles. Es lo que ha ocurrido en Venezuela durante catorce años de delirios. Las fiebres no sudadas de cierta izquierda irredenta, nostálgica de estalinismo y otros ismos igualmente impresentables, más los vivos, los necios, los torpes, los oportunistas e incluso los ilusos de siempre, forjaron la polvareda que hizo posible este barrial. Eladio Aponte, último gran escándalo en esta república que vive colgado a ellos como un adicto de su jeringa, es el mejor ejemplo de esa actitud típica de cuanta cosa da en llamarse revolucionaria. Creció, engordó mimado, consentido por quienes ahora le sacan la alfombra, básicamente porque trastocó el ideario: dice, y dice mucho contra el régimen y contra su andamiaje, que es podredumbre, corrupción, fracaso. Es un traidor (le echan en cara), pero no porque se haya confesado delincuente. Lo es debido a que confesándolo señala el pus, la fetidez, y perjudica entonces al “proceso”. La lógica revolucionaria en el poder pasa por el tamiz de neuronas hirvientes, saturadas de pastiches ideológicos que cuando por fin se estrellan con la realidad monda y lironda, es tarde para evitar males mayores. Y como de costumbre, pagan los desvalidos, los indefensos, la gente de a pie, la de la calle. Es una lección que se ha aprendido poco. Es una materia pendiente aquí para alcanzar la democracia.

4/23/2012

5:00 pm

Una mujer que camina por la arena/ se guarda el sol entre los senos/ escupe caracolas/ mastica orgasmo tras orgasmo/ y lleva el poniente metido en la cintura/ tendida boca arriba al horizonte.

4/20/2012

Pasan los días

Pasan los días y el espectáculo de la política local, como siempre, ofrece mucho circo y poco pan. Sobre todo cuando el ejercicio del poder muestra el balance en rojo de catorce años de alharacas, mediocridad y desvergüenza. No es que en la oposición las cosas resulten muy benditas, pero en el oficialismo se batieron todas las marcas de ineptitud entremezcladas con insensatez. Un cóctel pésimo para el estómago. Una vez escuché a un intelectual gobiernero decir por todo el cañón, sin mínimo atisbo de pudor, que aquí la inclusión, social y de cualquier pelaje, había llegado para arrellanarse en un sofá, para quedarse. No le tembló un músculo de la cara. Al poco, Chávez en sus cantaletas diarias sonreía a placer porque en este país de inteligentes alguien, que rasguñaba versos, reconocía una realidad que de pura verdad si te descuidas puede llevarte por el medio, puede aplastarte la nariz. Confieso que a veces, cuando la cola del banco está gorda, me da por imaginar qué pasará por la cabeza de estos señores escritores cuando estos señores escritores intentan que una de sus neuronas, seguida de otra, y de otra si algo queda, hagan esa cosa que dieron en llamar sinapsis. Este gobierno, creador del apartheid político más espeluznante en la historia venezolana (la execrable lista de Tascón), pretende darse el lujo de aleccionar a propósito de ética, conducta democrática, derechos humanos y otras menudencias por el estilo. El intelectual de marras, personaje de cuyo nombre no vale la pena acordarse, gozaba sintiéndose un progre posmoderno, exquisita pieza de esa izquierda caviar que ni olvida ni aprende, y se movía y se mueve aún como liebre que hace surfing en las playas de la bolivariana ideología tercermundista. Una izquierda feliz a la hora de los acomodos, los carguitos, las prebendas, los premiecitos oficiales. Una izquierda con tufo a scotch 18 años, temblorosa ante el caudillo, babieca ante los Castros de este mundo, admiradora de la cárcel más grande y más longeva del Caribe. Pasan los días y se acumula la esperanza. Al momento de votar (no hay cañoneras de potencia alguna apuntando para acá, no hay marines desembarcando por La Guaira, no hay tiempo para inventarse sagas cinematográficas o épicas de combate en las montañas, mentiras legitimadoras, ataques del imperio), digo, al momento de votar, justo en ese gesto occidental tan poco estridente, tan de bostezo (apretar un botón, elegir) el dedo índice se transforma en puntapié que va directo a las posaderas presidenciales. Así cobran los demócratas, tal es el perfomance del futuro que se asoma. Luego, claro, tocará barrer los vidrios rotos e intentar rehacer un país. Nada menos. Pasan los días, mientras tanto pasan los días y llega Octubre. Siguen pasando los días.

4/19/2012

Cultura Sónica



Cultura Sónica, 107.3 fm, un programa del Centro de Investigaciones y Estudios en Literatura y Artes de la Universidad de Guayana.

Es innegable que vivimos en una cultura mestiza. Hablar de pureza racial, o cultural, o cosa parecida, es un disparate sin mayores seguidores en el presente. De ese mestizaje que es una bendición en cualquier parte, el componente indígena ha existido desde el principio y hoy en día cobra, en Venezuela, un peso específico de importancia capital.
¿Cómo se entiende el mundo indígena que hace vida en Venezuela? ¿Qué caracteriza, más allá de los lugares comunes, a las distintas etnias que habitan este territorio? ¿Cómo nos influenciamos mutuamente? ¿Cómo nos abrazamos o nos damos la espalda a través de los años? ¿De qué modo nuestra cultura occidental fue alimentándose de sus aportes, es decir, de qué manera se ha llevado a cabo el diálogo hasta procurar el aludido mestizaje?
Para conversar de éste y otros asuntos nos acompaña esta tarde Nalúa Silva Monterrey, profesora en la Universidad de Guayana, investigadora adscrita al Centro de Investigaciones Antropológicas de la misma universidad, doctora en Antropología, profunda conocedora de lo indígena venezolano y amiga de cuyo trabajo intelectual y trayectoria académica aprendemos siempre.
Bienvenida Nalúa a Cultura Sónica. Estamos felices de compartir hoy esta charla contigo.

Hallazgo



miro tus ojos
sólo basta mirarlos
para dar conmigo.

4/16/2012

Concepción Acevedo de Tailhardat: un nuevo horizonte estético



En el quehacer periodístico y literario venezolanos del siglo XIX la presencia masculina ejerció un dominio absoluto. Para la mujer, otras actividades, como las domésticas, le eran inherentes. La política, la educación, el complejo mundo de los asuntos públicos y la dinámica urbana que nacía de las puertas del hogar hacia afuera constituían ámbitos vedados que la tradición social del diecinueve guardaba con riguroso celo sólo para los hombres.
Concepción Acevedo de Tailhardat nace en Upata, en 1855. La región guayanesa no escapa a la costumbre, a la tradición cuya órbita gira alrededor de lo masculino como centro y acción del acontecer intelectual de nuestros pueblos o ciudades. Sin embargo, esta mujer adelantada a su tiempo abrió el camino, marcó el inicio de la participación e influencia femenina en la cultura venezolana. Dio el campanazo inicial a propósito del pensamiento llevado adelante por mujeres, de la irrupción de otro orden en función de éstas y su influjo en el devenir de las ideas en la Venezuela que le tocó vivir resultó de una vitalidad extraordinaria.
Fue periodista y escritora. Se atrevió -primera mujer venezolana en hacerlo- a resquebrajar los esquemas de una tradición que asfixiaba la voz femenina en otros planos más allá del estrictamente doméstico. Creó revistas dedicadas a las letras, a la reflexión, y una de ellas, Brisas del Orinoco, cuya aparición ocurre en la Ciudad Bolívar de 1.888 y en la que utiliza el seudónimo “Rebeca”, es la primera en su género en el sur del país. Fue poeta, y ya en Flores del alma, poemario publicado también en 1.888, deja entrever las líneas maestras de un discurso que inaugura nuevas propuestas en Venezuela, que lanza a los cuatro vientos una manera diferente de escribir, de expresarse, de abordar temas que nunca antes fueron considerados públicamente por escritora alguna. En su trabajo periodístico desarrolló una labor pionera al involucrarse y abordar cuestiones de orden colectivo. Pensó a propósito de los asuntos públicos relativos a la sociedad venezolana, se interesó en el amplio abanico de los problemas nacionales y latinoamericanos, y no conforme con esto, reconsideró la función social de la mujer en la Venezuela de finales del siglo XIX.
Concepción Acevedo de Tailhardat nació en una familia cuyos recursos económicos escaseaban, lo cual se tradujo en el principal obstáculo a la hora de emprender estudios formales. Sin embargo, muy pronto se transformó en una lectora incansable. Su vocación humanística se manifestó desde temprano y ella misma, en carta inserta en su Flores del alma (1.888) y dirigida al doctor Lorenzo José Mendible, da cuenta de ello:
Desde muy niña fue la lectura mi pasión dominante; dejaba mis juegos infantiles por oír leer á mis hermanos. El deseo de leer libros que ellos leían, me hizo aprender á hacerlo en poquísimo tiempo. A los siete años me apoderaba de los libros y allá bajo la sombra del huerto, devoraba ansiosa, conmovida y febril, aquellas páginas. Leía novelas, comedias, versos, todo cuanto caía en mis manos. Así leí á Cervantes, sin comprenderlo apenas. Recuerdo que con motivo de la obra de Dumas “Los tres Mosqueteros” le hice unos versos á Ana de Austria (…) Jamás podré olvidar la impresión que me causó una obrita titulada: “Pascual Bruno” cuyo autor no recuerdo (…) La pequeña instrucción que poseo la debo no á esfuerzos de los profesores, sino á los autores antiguos y modernos. La poesía me deleitó desde entonces, lloraba con Lozano, cantaba con Zorrilla (…) Fenelón me encantaba; las luchas titánicas de los héroes mitológicos exaltaban mi imaginación y me hacían forjar quimeras irrealizables. Llevando en la mente un mundo de dorados sueños, completamente apartada de todo lo terreno, sólo pensaba en héroes de novela y vivía completamente de ilusiones. Un amigo decía refiriéndose á mí: “Es una criatura que atraviesa la tierra mirando al cielo”. Y si este es un defecto, lo confieso humildemente, siempre he vivido así: aun después que la fría mano de la realidad me ha obligado á descender al suelo, aun en medio de los más amargos desengaños siempre, siempre, he llevado dentro de mí misma un mundo ignorado de todos donde me refugio á respirar auras distintas de las que tan cruelmente han enervado mi existencia.

En efecto, su sensibilidad, su vocación, su disciplina, evidente desde sus primeros años, la lleva a transformarse en una autodidacta cuya formación y audacia harán de ella la mujer con el temple suficiente como para forjarse un nombre protagónico en el panorama de las letras y el pensamiento de finales del siglo XIX en Venezuela. Después de Brisas del Orinoco y Flores del alma, publicados, como he mencionado ya, en 1.888, continúa su labor pionera en el periodismo venezolano y se convierte en redactora de las revistas El Ávila (Caracas, 1.891) y La Lira, también de Caracas, en 1895.
Las condiciones políticas, sociales y económicas de la Venezuela de la segunda mitad del XIX no son las mejores para el desarrollo del quehacer intelectual. Upata, Guayana en general, vive, como el resto del país, momentos de aislamiento, de pobreza educativa, que desde muchos frentes afecta con fuerza el ámbito de los saberes, de la cultura, en prácticamente cualquiera de sus manifestaciones. Creo que lo anterior es innegable. Sin embargo, vale la pena detenerse en este aspecto y preguntarse: ¿en verdad era tal la situación? ¿El hecho cultural en el sur venezolano llegaba a niveles de marginalidad, de casi completa invisibilidad?
Sostiene Mirla Alcibíades (2006) que “el interés por la cultura fue mucho más intenso y entusiasta en el sur de Venezuela durante el siglo XIX de lo que se acostumbra suponer” (p. 16). Tal sentencia es la conclusión derivada de un conjunto de premisas vinculadas con la realidad geográfica de la región guayanesa (específicamente Ciudad Bolívar y su condición de puerto que la hacía lugar de entrada y salida de embarcaciones provenientes de y con destino a las principales metrópolis occidentales). En ese sentido, Alcibíades se muestra convencida de que para la época existía en Guayana, a pesar de que en apariencia cabría suponer lo contrario, un horizonte educativo y una actividad cultural que permitía, efectivamente, acercarse a los libros, revistas y otras fuentes de información documental a quienes estuvieran dispuestos a hacerlo.
No olvidemos que bajo el influjo de Antonio Leocadio Guzmán se intentó ampliar el radio de acción de la educación en Venezuela. Según Alcibíades, en El Venezolano podemos leer, ya para 1843, que “se ha establecido en Angostura, el 13 de Mayo, un Colegio nacional de niñas bajo la dirección de la sra. Josefa Zurroarregui de Olazarra” (p. 30), y continúa reflexionando la investigadora: “La noticia precedente es importante porque se concreta apenas dos años después de la apertura del Colegio de niñas en Caracas” (p. 30). Así, notemos que en Ciudad Bolívar se crea semejante institución en un período de tiempo bastante corto luego de que la primera de éstas fuese inaugurada en Caracas, en 1841. Pero notemos además que “esa preocupación constante por impartir instrucción a las jovencitas se materializó en 1847 con la creación de la Escuela para niñas de Upata, y muchos conocieron de la regentada por la sra. Melchora Level de Duarte” (p. 30). Es decir, cuatro años después del Colegio nacional de niñas de Ciudad Bolívar, Upata posee ya una Escuela para ellas.
Si bien es cierto que el clima general para acceder a la cultura, en consonancia con la realidad económica y social del país estaba lejos de ser óptimo -necesario es aclararlo una vez más-, es preciso detenerse en lo planteado por la profesora Alcibíades: en Guayana, por una serie de razones que trascienden el alcance de este artículo, hasta cierto punto se dieron las condiciones para que el flujo de ideas provenientes de Europa, el intercambio cultural a través de publicaciones diversas y el intenso comercio con otras latitudes, creara un caldo de cultivo tendente al estímulo del hecho creador y al florecimiento del quehacer intelectual.
A propósito de Guayana y sus relaciones con otras regiones del país y del mundo, Mirla Alcibíades llega a afirmar:
Es cierto que se vive lejos de Caracas y otros lugares poblados, pero esa desventaja (si es que, en realidad, puede verse esto como un punto desventajoso) se convierte para la Odalisca del Orinoco -como se denominaba a Ciudad Bolívar- en situación favorable porque la obligaba a establecer mecanismos internos a fin de sellar contactos con otras zonas, tanto de Venezuela como del resto del mundo (…) Cuando se mira la entrada y salida de buques de la rada de Ciudad Bolívar se nos revela un espacio geográfico que mira de frente otros continentes. Las costas del Orinoco eran puerta de entrada cotidiana para embarcaciones venidas de diversas latitudes. Así como era frecuente que los pobladores del cantón capital recibieran goletas, bergantines, balandras, lanchas… que llegaban del resto del país, también era verdad que entraban muchas embarcaciones del exterior. De allí que, tanto era habitual para un guayanés la familiaridad con embarcaciones procedentes del interior: San Fernando, Nutrias, Camaguán, Cafifí, Cumaná, Pampatar, Upata, Arauca,… como formaba parte de su rutina cotidiana la experiencia de tener en sus riberas transporte marítimo procedente del exterior: Demerara, Trinidad, Liverpool, Bremen, Tobago, Cuba, Nueva York, Sant Tomas, Havre de Gras, Nueva Granada, Martinica, Barbados, Hamburgo, Santa Lucía (…) El contacto con otros espacios nacionales e internacionales posibilitó el ingreso de una serie de mercancías y productos, entre los que se deben tomar en cuenta los materiales impresos. De esa manera, pudo el lector guayanés recibir revistas, periódicos y libros, tanto de Venezuela como del exterior (p.37-38).

Es así como Guayana sobrepasa un obstáculo que quizás, sólo quizás, era una desventaja: su lejanía de otros centros poblados del país. Crea una viva, dinámica red comercial y cultural con distintas regiones de Occidente, y será posible entonces la constante circulación de ideas a través de material impreso.
Yolanda Segnini en Las luces del gomecismo (1987) aporta datos muy interesantes en cuanto al número de publicaciones periódicas venezolanas, distribuidas por regiones. Para los años 1.890-1.899 en el estado Bolívar, que al momento contaba con 55.744 habitantes, existían cinco publicaciones de carácter periódico. Es importante resaltar que ese número equivale al cuarto lugar en todo el país, después del distrito Federal, el estado Carabobo y el estado Zulia, los cuales poseían respectivamente 113.204, 169.313 y 150.776 habitantes. Nótese que desde el horizonte demográfico, para la última década del siglo XIX Bolívar sorprende por el número de publicaciones que se mantienen en el tiempo. Así, Segnini comenta:
Estos datos y cifras en un principio parecen incompatibles con la imagen tradicional de una Venezuela campesina y analfabeta que, con posterioridad, es presuntamente “rescatada” de un oscuro destino por la reciente aparición del petróleo. (p. 43).

Sin lugar a dudas Concepción Acevedo de Tailhardat bebió de las fuentes literarias y periodísticas que una realidad como la anterior permitió construir. Es decir, de ese tránsito de libros, de revistas, de periódicos, de folletines en la Guayana de la segunda mitad del siglo XIX, nuestra autora se alimentó, se valió, y fue entonces haciéndose como intelectual, como mujer que sería luego la primera activista de las nuevas ideas, revolucionarias y contundentes, en el profundo sentido que el término supone. Concepción Acevedo dio los primeros pasos en el campo de la participación, desde el pensamiento, desde las letras, en los asuntos públicos. Reflexionó acerca de problemas (políticos, sociales) de índole nacional y latinoamericana que jamás antes habían sido considerados por una escritora venezolana, y rompió esquemas en cuanto al particular tratamiento del material literario que llegó a publicar. Acevedo hizo a un lado, con su obra, la consabida tradición que apartaba a la mujer de toda función social ajena a las actividades típicamente aceptadas e impuestas por las costumbres de la época.
Pedro Díaz Seijas (1.966) nos dice que a fines del siglo XIX Venezuela vive “un momento de transición. En poesía se acentúa la búsqueda de una moderna expresión y una temática, menos de compromiso que la del romanticismo del primer período” (.p. 299). Es decir, las búsquedas formales pretenden nuevos temas y nuevas maneras estéticas de expresión. Si a decir de Oscar Sambrano Urdaneta y Domingo Miliani (1.991) “el romanticismo se hace presente en la vida hispanoamericana durante la década de 1.830-40 y se mantiene hasta 1.880-90, cuando es reemplazado por el Modernismo” (p. 163), es lógico suponer que la poesía de Concepción Acevedo abrevó de las fuentes románticas llegadas de Europa y jugó papel preponderante, protagónico, en ese momento de transición aludido por Díaz Seijas, lo cual es, además, evidente en su poemario. Hay rasgos románticos en su hacer, huellas innegables de él en su escritura, en sus temas. Pero desde esa temática es notable además una búsqueda que hasta cierto punto empalma con el Modernismo que ya a fines del siglo XIX inicia su consolidación y expansión. No obstante, la influencia romántica, como se mencionó ya, permanece, cala hondo en ella, y las rupturas temáticas se transforman en su búsqueda fundamental: desde los estertores del Romanticismo nuestra autora introduce en la poesía venezolana escrita por mujeres un golpe de timón que inaugura una particular manera de expresión estética. Es justamente lo que Concepción Acevedo lleva adelante, con el empuje y el mérito adicional -repitámoslo- de que se trata de una mujer rebelándose contra el orden establecido, contra el canon imperante, contra lo que una sociedad pacata y en muchos aspectos adormecida, espera y permite de lo femenino. Una mujer no puede participar en el debate público, no puede pensar la sociedad, no puede desviarse de los asuntos del hogar y del cuidado de los hijos, una mujer no puede leer y escribir, dirigir periódicos, porque su rol está determinado de antemano. Ese rol la confina a las tareas de la casa. Concepción Acevedo de Tailhardat lleva al clímax de la rebeldía su trabajo intelectual y se desembaraza de todo cuanto reniegue de su vocación, de todo cuanto vaya en detrimento de su hacer periodístico-literario. Lucha a brazo partido contra la corriente, y resulta vencedora.
Si nos detenemos un poco en su poemario Flores del Alma, editado, como se ha dicho ya, en la Ciudad Bolívar de 1.888, es posible observar algunas transgresiones que por vez primera una mujer lleva adelante desde la literatura (comentaré aquí, con ejemplos, sólo lo atinente al ámbito de su poesía. Considerar su obra periodística en este primer trabajo de aproximación es una tarea que desborda las posibilidades de este ensayo). Así, en su poema titulado “Himno a la patria”, nos percatamos sin ambages de que una mujer, en pleno siglo XIX, da la espalda a lo doméstico, a lo políticamente correcto, y entonces escribe: “Si en lugar de una pluma pudiera/ una espada mi mano empuñar,/ni un inglés que pisara mi patria/ en su suelo pudiera quedar!/ Juana de Arco y la Estuardo sublime/ de la tumba su voz alzarán,/ que Inglaterra es cobarde y traidora/ de coraje temblando os dirán:/ Que la sangre de Carlos primero/ negra mancha en la historia arrojó/ Napoleón, el atleta del siglo, maldiciendo á Inglaterra expiró!...”
Que una dama escriba lo anterior es sencillamente un atrevimiento para la época. Concepción Acevedo se expresa, manifiesta sus pareceres echando mano del discurso literario, y se involucra en política nacional. Dice lo que piensa, lo hace público. A partir de su erudición, de su cultura, es capaz de alzar con fuerza la voz. Más adelante, en otro texto que lleva por nombre “Por qué no cantó” es elocuente: “Porque los mismos/ que me excitaron,/ más tarde injustos,/ me criticaron./ Pues hay quien dice/ que la mujer/ debe ocuparse/ sólo en barrer./ ¡Erróneo juicio!/ ¡Idea infundada!/ ¿Creen que tenemos el alma helada?/ ¿Creen que en la mente/ de una mujer/ grandeza y fuego/ no puede haber!...” Sin duda se está dando un golpe sobre la mesa. Sin duda alguna algo ocurre, algo se resquebraja en la tradición literaria relativa a la mujer. La voz es distinta, el tema es distinto, el tono diferente, la rebeldía y audacia enormes. En “Ilusiones”, leemos: “…Déjenme loca si esto es locura;/ vejeten otros con su cordura,/ ¿vida de cuerdos?... triste vivir!/ prefiero siempre loca existir…/ Es pues inútil que se me diga:/ vida de sueños,/ vida perdida!”. Hay aquí una asunción del Yo, es decir, se manifiesta una idea, una concepción del ser, y luego se asume tal postura. Lo está llevando a cabo, digámoslo una vez más, la primera mujer que se atrevió a hacerlo a través del discurso literario.
Consideremos ahora un poema dedicado a “hablar de política”, dedicado al Señor Doctor José Marín Emazábel y que se titula “Mi candidato”: “¿Quién con más tino podrá regir/ los intereses del grande Estado?/ ¿quién en el pueblo más simpatía/ y más cariño se habrá captado?/ ¿Quién del que sufre/ con mano amiga,/ calma las penas, el mal mitiga?/ ¿A quién bendice la gratitud?/ ¿á quién aclama la multitud?/ Al que es modelo de ciudadano,/ tipo cumplido de caballero,/ de alma tan buena, tan generosa,/ y al par que bueno, recto y severo”. Existen aquí cuando menos un par de aspectos que mencionar. El primero, otra vez el tema. Nuevamente sorprende la poeta con un texto en el que se da al traste con la poesía edulcorada, sentimental, predecible, perfilada por lo que socialmente se consideraba aceptable en alguien de su condición. Un poema que hurga en lo político, en lo público, en la diatriba del poder y que es una toma de posición (mi candidato). En segundo lugar, llama la atención el verso “Al que es modelo de 'ciudadano'” (entrecomillado mío). No es inocente la aparición del término que hace referencia a la idea de ciudadanía, entendida ésta justamente como la participación de la gente en los asuntos de la ciudad. Obviamente, para ser modelo de ciudadano es preciso albergar ciertos rasgos, como los dados al candidato en cuestión, pero quizás otros, como los que Concepción Acevedo se atreve a modelar en su condición de mujer. Ella se siente ciudadana, y en consecuencia ejercerá tal ciudadanía.
Finalmente, para terminar ya con este brevísimo paseo por la obra poética de Acevedo, notemos cómo se rebela su voz incluso ante la fe divina. Luego de la muerte de uno de sus hijos, podemos leer en “Dolora”: “Podrán olvidarse los otros amores/ que el alma arrullaron cual brisa fugaz,/ en ella dejando tan sólo un recuerdo;/ mas ¡ay! el del hijo que muerto lloramos/ no pasa, ni puede borrarse jamás./ Porque al separarse de nuestro regazo/ aquel á quien dimos gozosos el sér,/ estallan las fibras más tiernas del alma,/ en olas hirvientes se anegan mis ojos,/ vacila y se extingue la luz y la fe”. El último verso da cuenta de ese rapto de vacilación y de duda, lo cual resulta, de nuevo, un quiebre frontal con la tradición literaria hasta la fecha.
Semejante propósito, tal cuestionamiento del rol de la mujer estuvo manifiestamente presente en el desarrollo de la labor intelectual de Concepción Acevedo. Ya en 1895, en Caracas y como directora del periódico La Lira, llega a expresar:
En diciéndose periodismo sentimos una como pasión inmensa que nos arrastra hacia el invento de Guttenberg. El periodismo es cátedra de enseñanza, abierta a todas las inteligencias. El periodismo honrado heraldo de lo bueno y lo útil, es luz, y sus claridades normalizan la vida de los pueblos civilizados. La prensa es pues astro de irradiaciones espléndidas en los hermosos campos de la civilización occidental (…) Ha llegado ya el ansiado momento de que la mujer ocupe nuestros merecidos en los torneos de la inteligencia y en los destinos sociales, sin traspasar, se entiende, los límites de lo racional y lo justo.(http://diariodelosandes.com/content/view/124586/435

Concepción Acevedo de Tailhardat llevó adelante una obra que marcó el hito inicial de la incorporación de la mujer venezolana en el mapa de la literatura, el periodismo y el pensamiento venezolanos. Su nombre está asociado a los nuevos caminos que trazó. Sobre la base de su hacer en el terreno de la cultura fue, no cabe duda, una adelantada a su tiempo, visionaria capaz de intuir que más allá de los oficios del hogar, del plano de lo esencialmente doméstico, la mujer posee idénticas capacidades que los hombres, igual necesidad vital de realización en los ámbitos que elija, y por ello luchó a partir de lo que sabía hacer, que era reflexionar y escribir. Fue una intelectual comprometida con su época y en tal sentido no calló. Prefirió levantar la voz para decir verdades, sus verdades, que la sociedad no estaba acostumbrada a escuchar. Lo hizo y marcó una ruta, una senda a las generaciones siguientes de escritoras que ya no permanecerían encerradas, silentes, ensimismadas por prejuicios e imposiciones de cualquier naturaleza.



REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Acevedo de Tailhardat, Concepción (1.888). Flores del alma. Ciudad Bolívar: Imprenta al Vapor.

Alcibíades, Mirla (2006). Periodismo y literatura en Concepción Acevedo de Tailhardat (1855-1953). Caracas: CELARG.

Seijas, Pedro Díaz (1966). La antigua y la moderna literatura venezolana. Caracas: Armitano.

Sambrano Urdaneta, Óscar y Domingo Miliani (1.991). Literatura hispanoamericana. Caracas: Monte Ávila.

Segnini, Yolanda (1987). Las luces del gomecismo. Caracas: Alfadil.

Sosa, Teresa (2012). “Escritura periodística de mujeres venezolanas en el siglo XIX”. En: Diario de Los Andes. Dirección URL: http://diariodelosandes.com/content/view/124586/435

4/12/2012

Revistas del corazón



Hay gente que abre una revista del corazón y siente náuseas. Confieso que a mí me llaman la atención. Las revistas del corazón son eso: construcciones elaboradas con el objeto de explotar el melodrama en que nos da por transformar algunas realidades.
Yo disfruto un mundo ese oleaje amarillista con el que la mayoría de periódicos usa y abusa del cotorreo sentimental a propósito de Julio Iglesias y no sé quién, o de Catherine Fullop y el afortunado que le baja el cierre de la falda. Gozo, no lo niego, hurgando la frivolidad hecha palabra, y el asunto cobra interés superlativo cuando a partir del cuento rosa, del escándalo entre parejas, del riqui ruque en función de Diosa Canales y el tamaño de sus tetas, emerge una obra hecha pieza maestra a punta de relojería literaria.
Un culebrón televisivo existe más allá de la pantalla, es decir, somos dados a la historia lacrimosa y al moco suelto a favor del “happy end”. Latinoamérica es hiperbólica por mil razones, y en el morbo de un tabloide sensacionalista o en la explosión de un lío de faldas yace, no faltaba más, cierta condición humana. Veamos: un clásico universal. Pongamos por caso: la “Ilíada”.
En el fondo la leo, y en verdad eso hago, como una historia truculenta, como el notición de una época, carne de cañón para las fauces, ávidas de chisme, de un Homero sobrado de talento. ¿Quién me dice que el magma hirviente cuyo colofón es la Guerra de Troya no dio pie a la primera revista del corazón que conozcamos? Cuando se inicia la “Ilíada”, aqueos y troyanos llevan casi diez años de combate encarnizado, precisamente por cuestiones de la carne: Elena, la mujer más bella del mundo y esposa de Menelao, guerrero aqueo, es raptada (y cómo ha disfrutado la pobre del secuestro) por el guapo Paris, hijo del rey de Troya. Ése es el punto, ésa es la razón, tal es el detonante de un conflicto armado llevado a la escritura que se transformó en monumento literario.
De un cuento digno de la “Hola”, de “Buen Hogar” o “Vanidades”, alguien crea una obra maestra. Sigue siendo una boutade del corazón, un chismorreo en boca del más genial paparazzi que ha existido, qué duda cabe a estas alturas. Y el follón, diga usted si no y gústele a quien le guste, llega intacto a nuestros días.

Beso



Un beso humeante
un beso hot
un beso hervidero
un beso de cien grados
un beso al rojo vivo
un beso al rojo vino
un beso caliente
un beso a la brasa
un beso de fuego
un beso candente
un beso explosión
un beso que rompe los termómetros
un beso incandescente
un beso escupefuego
un beso que derrite
un beso antorcha
un beso fósforo
un beso lanzallamas
un beso carmesí
un beso en ebullición
un beso quemante
un beso al horno
un beso al vapor
un beso de dragón
un beso candelita
un beso en baño de maría
un beso sauna
un beso que nos funde
un beso
un bes
un be
un b
un
u

4/11/2012

Cultura Sónica



La ciencia y el arte, según nos enseñaban en la escuela, son mundos diferentes, ajenos entre sí, mutuamente excluyentes. Un científico y un humanista en apariencia forman parte de bandos irreconciliables.
¿Es esto en verdad así? ¿Las matemáticas, por ejemplo, y la literatura, no tienen nada que decirse? Resulta evidente que muchos escritores y buena cantidad de científicos hicieron del arte y de la ciencia ámbitos porosos, interconectados, en los que el diálogo entre saberes fue siempre una constante. ¿Qué podemos aprender de ellos? ¿Qué nos dicen hoy en día? ¿Cómo echar mano de lo artístico y de lo científico para evidenciar los vínculos que sin duda existen entre ellos? Las ciencias y las humanidades, entendidas como compartimentos estancos, resulta un artificio con los pies de barro.
Para conversar de lo anterior nos acompaña esta tarde de lluvia Moisés Zambrano, profesor en la Universidad de Guayana, Licenciado en Educación, Mención Informática y Matemáticas, Doctor en Educación, miembro del Centro de Investigaciones en Ciencias de la Educación en la misma Universidad, pero sobre todo amigo que se ha tomado el tiempo necesario para reflexionar sobre el oficio de enseñar matemáticas desde la literatura. Bienvenido Moisés a "Cultura Sónica", es un placer que hoy estés en el programa con nosotros.

Ocho años no son nada



Alguna vez, en 2006, publiqué este escrito. Creo que vale para 2012.

El otro día alguien afirmaba que el Presidente es un Hércules de la revolución. Ni modo, los argumentos para validar semejante adjetivo vienen escupiéndose desde hace buen rato: misiones, misiones, misiones. Según el lisonjero personaje, a la fecha los pobres son menos pobres, los desempleados también son menos, y los infelices un puñito ínfimo.
Hay quienes suponen que las misiones equivalen a una intervención de alta cirugía, a una jugada de estadista, a una muestra de eficiencia y amor por los semejantes, cuando en realidad existen gracias a un populista que no tiene techo, empinado sobre una carambola petrolera. Porque con un precio del barril, pongamos por caso, en ocho dólares, o en diez, ¿cómo inventar esas maromas?, ¿cómo cree usted que Chávez gobernaría?, ¿cómo mantendría el tren de demagogia visto a cada minuto? Ya llevaría tiempo de patitas en la calle. Resulta obvio que aquí, es decir en Venezuela y en Latinoamérica, la mayoría necesita con urgencia una mano que le sirva como trampolín económico para lograr su despegue, y ésa es una obligación del Estado. Pero de ahí a inventar mamotretos, impensables sin el chorro sideral de petrodólares que se vendrá abajo una vez cese la circunstancia del alza, existe un abismo conformado por la megalomanía, el disparate y la pésima gerencia.
El gobierno ataca con fuerza al sector privado, ni por asomo promueve empleos productivos, afirma sin empacho que ser rico es malo, estafa con sus propuestas educativas, voltea para otro lado ante una cifra horrorosa: más de catorce mil muertes anuales debidas a la delincuencia, mientras el sinvergüenza pide a la gente que cuide a los cubanos. Con un prontuario así las costuras de un discurso embaucador saltan a la vista, entre ellas una de importancia capital: el reparto de migajas.
Dar limosnas es una de las actividades preferidas por los autonombrados revolucionarios, es un factor vital de todo caudillo que se respete. La explicación es sencilla. A Chávez le interesa que exista pobreza, le importa mucho que la nación dependa del Estado -asunto que por sana lógica debería ser al revés-, Chávez necesita que los niveles de educación se mantengan en cotas subsaharianas, y le es imprescindible, además, que el desempleo haga de las suyas, todo entremezclado con manejo discrecional de instituciones clave para la democracia, lo cual produce como consecuencia terrenos fértiles para ejercer el populismo, fuente inestimable de ganancias políticas en sociedades como las nuestras, sin contrapesos ni figuras a quienes rendir cuentas.
Repartir migajas, lanzar trozos de esperanza contenidos en una idea ficticia de superación gracias a la educación express, gracias a una beca que no es tal sino un vulgar anzuelo, o gracias a planes Barrio Adentro (que te dan una aspirina pero cuando vas al hospital te mueres porque está en el suelo), digo, repartir migajas es el punto neurálgico del gobierno a la hora de entramar su tinglado de estadía eterna en el poder. El caso es que Chávez requiere una masa dependiente con la que practicar sus acrobacias, su poder extraordinario de encantador de serpientes, es decir, le urge mantener un interlocutor fiel, alguien ahí, doblegado y aplaudiendo, a quien decirle que otros lo engañaron, que otros, y no él en sus ocho años de gobierno, son los culpables de sus miserias y desgracias. Que otros son los dispuestos a continuar mancillándolo, que otros son el diablo encarnado. Y que él es un ángel liberador, una fuente de bondad y de amor que se materializará en un futuro cargado de felicidad (la época dorada, ¿recuerdan?) erigido sobre los hombros de una etapa ineludible, absolutamente necesaria: esa entelequia llamada “Socialismo del Siglo XXI”.
En verdad, nadie sabe qué cosa puede ser ésa. Las habladeras en torno a ella no pasan de ser un cóctel muy malo para el estómago, donde caben a sus anchas el comunismo, el militarismo, la demagogia y por supuesto el autoritarismo. Una soberana ensalada de ismos con proyección internacional: Hugo Chávez salvará a Venezuela, al continente, al mundo, al Sistema Solar y a la Vía Láctea. De allí a cobrar para sí el universo entero habrá un pasito. El Socialismo del Siglo XXI, que nadie sabe lo que es y que carece, pobrecito, de pies y de cabeza porque únicamente está hecho de retórica, lleva ocho años en fragua. Falta poco para su definitiva puesta en marcha, claro, para el salto total, que según los entendidos se acercará mucho más el año próximo, cuando se radicalice la revolución, cuando las promesas del 98, repetidas en el 2006, superen la fase inicial de un quinquenio más tres años de regalo, y cojan fuerza hasta las otras estaciones, por allá en el 2021, el 2050 o el 80.
De migaja en migaja se avanza a paso de vencedores. Ocho años no son nada. Es como para quedarse patitieso de tanta nadería, pero Chávez tiene la cara más dura que una roca. El enemigo a vencer es Bush, son los gringos, es Fox, es Toledo, es Blair, es García, es Calderón, es Uribe. Es el planeta mismo. Todos contra el David sabanetero, qué calamidad. El asunto es entre éstos y Chávez, es decir, entre éstos y el pueblo, porque el pueblo es Chávez y con Chávez mandan los Juan Bimbas y dale que te dale y blablablá y ya, perdónenme el palabrerío. El asunto se tiene que extender de la frontera para afuera, ni se te ocurra pensar que a quien es vital doblarle el pescuezo es al hambre, al hampa, a la corrupción o a la falta de trabajo estable, digno, bien remunerado. Para eso, repito, como al oxígeno, Chávez necesita de una galería creciente, de un auditorio a su medida puesto en su lugar a fuerza de pobreza. La anarquía le va muy bien, la ausencia de oportunidades le viene como anillo al dedo. Pero anda nervioso, la verdad. Le están sacudiendo el aparataje. No hay invasión, ni vienen los marines. El tipo ve al lobo cerca y por doquier, o sea, a un certero puntapié en medio de sus posaderas acostumbradas a la silleta presidencial, que no es eterna.
Supuso que estaría ahí por siempre. Gran error. No hay invasión, pues, ni cañoneras imperialistas prestas a sacarlo por la fuerza. Qué cosa tan mala. Es una cuestión de votos, de sencilla democracia. El asunto no va bien, el imperio tiene mejores cosas por hacer en Irak, cuestión que lo asusta, que le afloja las piernas, que le hace aumentar el litio, que lo enfrenta a su sombra, que le pone el espejo enfrente y lo obliga a contemplar su rostro, su soledad extrema, su fracaso, su delirio como burdo reflejo, como imagen ficticia, sin cuerpo, irreal. Nerviosismo redoblado: para futuros no lejanos, en vez de ejercer labor de trotamundos, podría rendir cuentas ante la justicia. Terror triplicado. El espejo le espanta el sueño. Pobre hombre. Pero ocho años no son nada, según su cuenta la revolución apenas va a comenzar. Ahora sí. En el 2007 la espada de Bolívar dará carreras por América Latina, de verdad verdad. El tres de diciembre votarás por la esperanza. En diciembre el futuro va a presentar nueva cara. Le dirás no al pasado. Le dirás no a los prometedores de oficio. Después de todo, ocho años no son nada.

La Fiesta del Libro



El Centro de Investigaciones y Estudios en Literatura y Artes de la Universidad de Guayana invita a la "Fiesta del Libro". Ciudad Universitaria, módulo 1, espacios de pb, Unidad de Publicaciones Periódicas.
Expoventa de libros, conferencias, cineforos, conciertos y mucho más.

4/09/2012

Cuarentena



Daniel: Papá, papáááááááá...
Yo: Aquí estoy, te escucho, cuéntame
D: ¿Los dinosaurios existen?
N: No, hijo, ya no
D: ¿Ni en la imaginación?
Y: Bueno, digamos que ahí sí, en nuestra imaginación sí, los dinosaurios y mil cosas más
D: ¿Ves que sí existen?
Y: De acuerdo, sí, existen entonces, en la imaginacón continúan vivos
D: Papá...
Y: Dime, mi amor
D: ¿Los duendes existen?
Y: La verdad es que no sé, en la imaginación, quizás, como los dinosaurios, no lo sé exactamente
D: Ahhhh, nunca sabes naaaaaaaaada
Y: ¿Te parece?, muy bien, muy bien, muy bien
D: Sí, papi, me parece. ¿Sabes?, te pusieron un cerebro descompuesto
Y: ¿Sí? ¿Eso me pusieron?
D: Sí... Mmmmm,mmmmmmmm, ¿tienes el cerebro apagado por reparaciones?
Y: Jajaja, a lo mejor, a lo mejor...
D: ¿Tienes una cinta amarilla alrededor de tu cerebro que no deja salir las ideas?
Y: Daniel... ¿Eso es lo que crees?
D: Sí, sí, sí, eso es lo que creo.