11/05/2011

Revista "válvula". Edición facsimilar

Presentación de "Revista válvula (1928). Edición facsimilar" (ULA-UNEG). Estudio crítico de Roger Vilain y Diego Rojas Ajmad. Caracas, librería El Buscón, jueves 27 de octubre de 2011.

El 5 de enero de 1928 “un puñado de hombres jóvenes con fe, con esperanza y sin caridad” (manifiesto “válvula”, p. 7) presentó al público caraqueño el primer y único número de la revista que abriría, para cierto sector de la crítica y la historiografía literarias, la modernidad del arte escrito en Venezuela: válvula. Se trataba de un gesto que vino a cristalizar, como explican Roger Vilain y Diego Rojas Ajmad en el nítido prólogo de esta edición en facsímil, las inquietudes renovadoras que saturaban el ambiente cultural de la ciudad como resultado de la precipitación constante de ideas del otro lado del Atlántico, pero también, qué duda cabe, de las necesidades internas de una literatura un tanto cansada de los juegos de salón en que había devenido la escuela modernista y, sobre todo, de la burda pintura de la realidad nacional –en el caso de la narrativa– hecha con trazos mal acabados, en virtud de una enrarecida asunción de servicio público asumida por muchos de nuestros escritores de principios de siglo XX.
Sobra decir que esa necesidad de cambio fue un fenómeno común en Latinoamericana, no como mera importación de fórmulas europeas de los llamados istmos vanguardistas, sino de resultas de una verdadera revolución del arte occidental y nosotros, quiérase o no, somos occidentales; o acaso debo corregir la frase: nosotros también somos occidentales. Así pues, válvula constituyó la materialización de la vanguardia más estrepitosa de nuestra contemporaneidad, una ruptura que, sedimentada en la conciencia artística colectiva, haría posible un segundo y más profundo momento de cambio: la luminosa década de los sesenta cuando varios grupos literarios retomaron aquel espíritu del año 28 y lo convirtieron en obras que aún hoy continúan regulando el horizonte mental de quienes nos dedicamos a la literatura.
De tal modo, válvula gravita en casi todos los acercamientos históricos que dan cuenta de la entrada del país en el tortuoso camino de la modernización de las formas y contenidos estético-literarios, y aunque tal vez sea cierto lo que señalan los prologuistas y artífices de esta nueva presentación de la revista sobre la poca profundidad de los trabajos que recalan en ella (los cuales, reunidos, acaso “no alcanzan –dicen– las siete cuartillas”), no es menos obvio, como también reconocen, que las firmas impresas en aquella aventura se convertirían en referencias ineludibles de nuestra tradición. Sea propicio recordar, entonces, que en septiembre de aquel mismo 1928 aparecería Barrabás y otros relatos, libro de cuentos de Arturo Uslar Pietri (redactor del manifiesto que abre la revista), el cual se transformaría en el volumen por antonomasia del relato vanguardista venezolano, pese a que dos o tres de las piezas que lo integran no son, en rigor, rupturales.
O el extraño caso de José Antonio Ramos Sucre, quien colabora con un texto que ya anuncia lo que sería su poética del año 29 cuando publica los memorables Las formas del fuego y El cielo de esmalte, pero que, andado el tiempo, confundiría al crítico literario rumano Ştefan Baciu al incorporarlo en su Antología de la poesía surrealista latinoamericana (1974), por lo cual recibiría una reprimenda de nuestro Francisco Rivera y del mismísimo Octavio Paz, respectivamente. Quién sabe, a lo mejor Baciu se dejó llevar por el hecho de que Ramos Sucre había publicado en válvula.
Como quiera que sea, el índice de la revista revela que la generación del 18, ya constituida, se traslapó con la naciente generación del 28, cuyo más sonoro recuerdo quizá sea válvula: es inevitable asociar su nombre con el desarrollo de la vida política venezolana de la segunda mitad del siglo XX. Y es que, permítanme citar lugares comunes de nuestra historiografía literaria, el índice de válvula sirve para conocer de un vistazo los nombres de aquellos que casi de inmediato devendrían figuras no sólo literarias, sino sobremanera públicas en el contexto del país; quiero decir (y de nuevo permítanme una salida fácil): como su título lo indica, por válvula salieron las personalidades descollantes de la Venezuela post-gomecista y, sobre todo, de la democracia representativa, la que se dio a conocer en la llamada “Semana del Estudiante” (febrero de 1928). De allí su impacto en el imaginario cultural venezolano, pese a la rara evidencia de tratarse de un solitario número; válvula es, pues, el emblema de un instante de la historia reciente del país.
No obstante lo trascendental del aporte de la revista, hasta hoy, ochenta y tres años después de su irrupción en la vida pública, ningún organismo puso el debido empeño de reeditar aquellas sesenta páginas. Un hecho insólito al cual no terminamos de acostumbrarnos los que trabajamos o hemos trabajado en eso que se llama la cultura institucionalizada, con todo y que la padecemos diariamente: válvula es apenas un ejemplo de la incuria a la cual sometemos los objetos de nuestra memoria histórica. Por fortuna, dos universidades han sumado esfuerzos, la de Los Andes y la Nacional Experimental de Guayana (energías discriminadas en varios organismos de sus respectivos senos: Dirección General de Cultura y Extensión ULA, Ediciones Actual, Instituto de Investigaciones Literarias “Gonzalo Picón Febres” ULA, Fondo Editorial Universidad de Guayana, Centro de Investigaciones y Estudios en Literatura y Artes Univ. de Guayana), para traernos de nuevo aquel fascinante y mítico gesto: la primera edición –facsimilar– de válvula.
En este punto debo hacer los debidos elogios a Vilain y a Rojas Ajmad puesto que ambos, sobreponiéndose a la incuria a la que me referí antes, hicieron una labor de pesquisa, a ratos decepcionante, en pos de un ejemplar completo de la revista; y luego, una vez hallado, el delicado proceso de reproducirlo sin convertir en polvo aquel material único. Si esto no bastara, han hecho acompañar el facsímil con una polémica presentación que cuestiona algunas opiniones recurrentes sobre la vanguardia latinoamericana, y venezolana en particular, que todavía circulan en ciertos manuales y estudios relativos al fenómeno. Más aún, examinan el alcance de válvula en algunos contextos intelectuales y dejan el campo abierto en relación con sus proyecciones en una historia de la cultura venezolana del siglo XX. Un rotundo logro crítico y de rigor que deja en claro, una vez más, que contra todo, los universitarios venezolanos seguimos, como siempre, trabajando. Albricias a los ejecutores de esta magnífica realización, y a las instituciones involucradas mis renovadas muestras de respeto.


Dr. Carlos Sandoval

Universidad Simón Bolívar

5 comentarios:

Halcón peregrino dijo...

Impecable la presentación, muy bien por el Dr. Sandoval. Felicidades nuevamente.

roger vilain dijo...

Sí, creo que fue una buena presentación. Disfruté la velada, compartí con gente que guardaba en la memoria. Mil gracias y abrazo.

carlos espinoza dijo...

Felicitaciones, la UNEG tiene en ustedes dignos profesionales comprometidos con la academia.
Carlos Espinoza.

roger vilain dijo...

Gracias hermano. Usted es un "homo exageratus". Se le agradece el cariño. Nos vemos mañana en la oficina. Abrazo desde la trinchera.

Jesus Calderon dijo...

Buenas Tardes. Saben. Lamento lo corto de ese tiraje...creo que deberían montarla en PDF para que todos tengamos acceso a ese excelente trabajo.