4/27/2012

Lógica y revolución

La lógica revolucionaria del gobierno venezolano bebe de las fuentes universales que le sirven de sustento. Como esta revolución parió un ser iluminado, implica entonces que además es infalible. El presidente (vamos a dejarlo así, en minúsculas), especie de caudillo que trasciende el bien y el mal, lleva adelante sus caprichos con la permisividad absoluta que una lógica de plastilina le pone en bandeja de plata. A estas alturas hace ya tiempo que se apoderó de todos los poderes públicos. Si dentro de la revolución vale todo y fuera de ella nada, hay que observar el sedimento que un barullo como el socialismo del siglo XXI arroja: un hombre, un único mandón es la encarnación del bien, de la justicia, de la verdad y de la historia. Nada menos. Toda una bomba de tiempo. Si a cualquiera se le ocurre dudar, si ella o él tienen el atrevimiento de taparse la nariz ante el nubarrón de incienso que le prenden a Hugo Chávez y se pone a debatir, entonces se convierte en un traidor, un enemigo, un subhumano, insecto y bicho merecedor de algún pulgar que le haga el favor de aplastarlo. Es preciso acatar, no disentir. El fin justifica los medios, qué se le va a hacer. La lógica revolucionaria tiene poco de lógica y bastante de disparate, pero eso importa poco. Cuando alguien se mete en los bolsillos el poder omnímodo, justo en el momento en que decir ñe es palabra santa y vale para cualquier antojo, el peligro se materializa, se instala en los poros de la sociedad, pende sobre un país como espada de Damocles. Es lo que ha ocurrido en Venezuela durante catorce años de delirios. Las fiebres no sudadas de cierta izquierda irredenta, nostálgica de estalinismo y otros ismos igualmente impresentables, más los vivos, los necios, los torpes, los oportunistas e incluso los ilusos de siempre, forjaron la polvareda que hizo posible este barrial. Eladio Aponte, último gran escándalo en esta república que vive colgado a ellos como un adicto de su jeringa, es el mejor ejemplo de esa actitud típica de cuanta cosa da en llamarse revolucionaria. Creció, engordó mimado, consentido por quienes ahora le sacan la alfombra, básicamente porque trastocó el ideario: dice, y dice mucho contra el régimen y contra su andamiaje, que es podredumbre, corrupción, fracaso. Es un traidor (le echan en cara), pero no porque se haya confesado delincuente. Lo es debido a que confesándolo señala el pus, la fetidez, y perjudica entonces al “proceso”. La lógica revolucionaria en el poder pasa por el tamiz de neuronas hirvientes, saturadas de pastiches ideológicos que cuando por fin se estrellan con la realidad monda y lironda, es tarde para evitar males mayores. Y como de costumbre, pagan los desvalidos, los indefensos, la gente de a pie, la de la calle. Es una lección que se ha aprendido poco. Es una materia pendiente aquí para alcanzar la democracia.

2 comentarios:

Halcón peregrino dijo...

Una excelente explicación a esta realidad que nos vive explotando, salpicando cada día.

Beso.

roger vilain dijo...

Esta realidad que nos va a explotar en plena cara. Por completo.
Abrazo.