6/08/2012

Somos felices



Hay que estar retorcidamente jodido para repetir como si nada que este pueblo es de los más felices. Hay que ser cínico con cuatro huevos.
Una cosa es que los encuestólogos salgan con la historia de que los venezolanos se creen Mickey Mouse en el reino de las hadas, y otra pegar brincos y repetir la monserga, como hiceron algunos ministros hace poco. Éste es un país arruinado, una nación casi obligada a mendigar lo que por ley es suyo, paupérrima, con un gobierno atragantado de dólares, corrupto hasta los huesos, hábil como ninguno para manejar los hilos del garrote y de la zanahoria.
Aquí uno ve de todo. Que medio mundo manifieste su felicidad mientras hace surfing entre el desempleo o la violencia, o entre la inflación más alta de América y los hospitales hechos un estercolero, sólo permite arrojar conclusiones lapidarias: aparte de actuar como avestruces, mis compatriotas se inventan una novelita rosa. Con razón somos la gente que más consume azar, que más espera de las loterías, que más sueña con golpes de suerte y que más se echa en brazos del horóscopo. La felicidad no se construye, te llega empaquetada, con lazo azul o verde según lo solicites. La felicidad es asunto de los dioses y a los dioses se les pide a ver si dan. Esa fue la ruta que escogimos.
Los políticos y sus acólitos lo tienen claro. Por eso Venezuela es caldo de cultivo premiun para demagogos y caudillos en kilómetros a la redonda. Intelectuales baratos, curas revolucionarios, una clase media que se enriqueció pero no se educó, empresarios a la caza de contratos con gobiernos de cualquier ralea, funcionarios listos para la mordida, hay que ver, mil rostros halla uno al levantar la alfombra, que es donde solemos esconder los desperdicios.
Si ser feliz implica sentirse en las estrellas porque éste es un país rico, estamos hechos. Desde que tengo uso de razón la gente anda engullendo semejante embuste. Cualquiera cree tener su barril de petróleo entre los brazos. Más de uno sonríe y se ve colgado de un balancín mientras se esfuman las oportunidades, se atornilla un alucinado en el poder y cuatro o cinco vivos se hinchan de salmón noruego y caviar con Pepsi Cola. Vaya viendo usted.
Cuando la escuela es un desastre, cuando quien triunfa no es el mejor sino el artista del chiveo, y cuando justo eso cobra aliento y se mete de cabeza en los recovecos cerebrales de tanta y tanta gente, andamos casi fritos. Que un pintor o que un poeta manchen cuartillas en ditirambos al poder es buena muestra de lo que menciono, y tales ejemplares pululan por todos los costados.
Los políticos gobierneros y demás bichos parecidos armaron una fiesta en días pasados. Dicen que somos un pueblo feliz. Tenemos playa y rumba, whisky y días feriados, sancochos, mercales, aspirinas en las alcaldías. Vamos a ser una potencia. Lo afirman las encuestas, lo gritan los motorizados, lo sostienen en los ranchos, en las panaderías, y lo manifiesta quien, mientras tanto, es atracado en la esquina a punta de pistola.
Somos felices, qué se le va a hacer. Y pendejos, remata un amigo que leyó estos garabatos.

1 comentario:

Halcón peregrino dijo...

Ya lo sentenció Úslar, sin duda eso somos, mientras, el circo continúa. Los vampiros del poder son los que siguen gozándola.

Beso.