9/01/2015

Chasquidos de la lengua

    Un líder mesiánico accede al poder y jura por todos sus muertos que 1: llegó para quedarse, 2: va a refundar desde La Asociación de Sembradores de Bejuco en Guasipati hasta la patria, no faltaba más, y 3: que el mundo debe estar agradecido porque él siempre va a salvarlo de los malos. Ningún mesías acepta medias tintas, o estás con él o que te lleve el diablo, y para evitarte el trance se empeña con ahínco en sustituir la realidad.
    La realidad, claro, es algo que un manojo de calenturientas circunvoluciones cerebrales haciendo vida activa en funcionarios bien trajeados construye a como dé lugar. Importa un pepino que los hechos contradigan las arengas del mandón, total, vale más lo que un bebé de pecho cuyo nombre era Joseph y su apellido Stalin se esforzó en elevar a política de Estado: eso que dieron en llamar ingeniería social. Inventar la realidad, pues, es hacer que el mercado, el agro, los sueños, la inflación, el erotismo, el comportamiento de los transeúntes en las calles o el índice de Gini, obedezcan a ciertos burócratas y los complazcan. Pasa por echarle mano a mecanismos de control de masas que habitan el lenguaje. A través de éste un trasnochado con carisma se mete el universo en el bolsillo. Hugo Chávez Frías, sin discusión el  más grande demagogo que ha parido el patio y sus alrededores, conocía de sus talentos, sabía qué estaba haciendo. Para colmo, los dioses le dieron una ñapa saltarina que para qué te cuento: la chequera que camina por América Latina.  Dame un punto de apoyo y muevo al mundo, dijo aquél. Dame a PDVSA rendida y compro tu mundo, tu punto y tu apoyo, dijo el otro. Lo demás es historia.  
    El lenguaje está ahí para fabricar universos. Contaba el poeta que una flor perdería su fragancia si no se denominara flor. Imagínalo un segundo, fíjate qué verdad impresionante. Por eso Chávez decía ñe y sus amiguitos continuaban: ñeeeeeeeeeeee,  al punto de que ruidos tan insignificantes terminaban siendo, verdad entre verdades, maravillosos cultivos hidropónicos, rutas exquisitas como la de la empanada, cuchis gallineros verticales, y así. Del sombrero del mago saltan conejos de todos los pelajes, o lo que es lo mismo, del lenguaje, del palabreo del showman y de la cuenta corriente a reventar, qué te puedo decir, el escenario cobra sabrosura, se torna feliz, tan chévere (pronúncialo así, suponiendo que tienes un chicle enredándote la lengua) como ninguno.
    La Revolución Bolivariana, y también Bolivarera porque ser rico sólo es malo de los dientes para afuera, se metió entre ceja y ceja modificar cierto estado de cosas en este país chatarra que va siendo Venezuela. Para ello ha chasqueado, chasquea y no sé si chasqueará, los dedos dándole palmaditas al lenguaje en las espaldas. Y entonces irrumpe el color rosa, y todo cambia, se torna, se troca. Todo empieza a funcionar. Mira tú: A. Cuarta y Quinta República. ¿Has visto semejante disparate?, ¿a cuenta de qué esta república número cinco?, ¿dónde están los argumentos para crearla? B. Inflación inducida. ¿Los extraterrestres, Álvaro Uribe y esos buhoneros de la esquina borran a hurtadillas los precios de las etiquetas para subirlos después como les da la gana? Jaaaaa, jajajaaaaa, jajajaaaaaaaaaaaa. C: Socialismo del Siglo XXI. ¿Tendría Chávez, tienen Darío Vivas, William Saab, Cabello o un simpático hablachento como Istúriz luces mínimas sobre tan conspicuo parapeto? D: Intercambios comerciales asimétricos. ¿Es injusto que comerciemos libremente con USA o con China por aquello de David contra Goliat y demás paparruchadas pero justísimo que lo hagamos con Bolivia, Trinidad o con Guyana? E: Precio justo. ¿Cuál?, ¿dónde?, ¿hay justicia en un kilo de pollo a cincuenta bolívares? ¿Y qué decir cuando un haitiano piensa que es más justo el petróleo a nueve dólares? F: Escuálido. Resulta que quien no piense como camarada es un insecto, execrable en consecuencia. No existe el digno opositor. Ahí quedan los escuálidos. G: Patriota cooperante. El despreciable sapo, el chismoso sin vergüenza es nada menos que un patriota, uno que presta sus servicios a la Historia, a la Verdad y a la Justicia, todo encarnado en yo el supremo. H: Guerra económica. No hacemos nada equivocado. La política económica de la Revolución, que por eso es Revolución para que lo sepas, genera un bienestar en la gente sencilla  que le da envidia a otros: empresarios, oligarcas, burgueses, pitiyanquis, bachaqueros, traidores, especuladores, acaparadores y otros ores. Si estamos quebrados es por ellos.
    Hoy, lo que se dice en el presente, filosóficamente hablando déjenme decirles que se ha llegado al llegadero. Los platos se revientan sobre lomos, espaldas y cabezas. No hay líder mesiánico, no hay caudillo iluminado, no hay chequera que siquiera renquee, no existe entorno transformable por las lenguaradas de un Maduro. ¡Plaf!, un país se vino abajo, terminó cayéndose de un coco. Venezuela ya no es una serie de chasquidos de la lengua.