11/09/2011

¿Qué hubo, señor Gardel?

Si arrastré por este mundo

la vergüenza de haber sido

y el dolor de ya no ser.

Bajo el ala del sombrero

cuantas veces, embozada,una lágrima asomada

yo no pude contener.

Si crucé por los caminos

como un paria que el destino

se empeñó en deshacer.

Si fui flojo, si fui ciego, sólo quiero que comprendas

el valor que representa

el coraje de querer.

11/07/2011

Vasos comunicantes

Es curioso. Yo, que suelo cargar una caja de tabacos encima y encenderlos en cafés, con lecturas o escrituras de por medio, acabo de olisquear bocanadas que un señor entrado en años arroja desde la mesa junto a mí. El efecto ha sido arrollador.
Pensé en mi padre. Me llegó “ipso facto” su recuerdo. Guardo una pipa que era suya y por bastante tiempo llevé conmigo, en la memoria, aromas de picaduras, de tabaco rubio o negro que él fumaba mientras conducía, mientras leía el periódico y a la vez yo lo observaba, niño aún, en esa especie de rito fabuloso que consistía en un puro goce: el placer de pensar y jugar con las volutas, con cada chupada, con las ideas que iban y venían al leer, al reflexionar frente al volante, en un silencio de a ratos fracturado sólo para dialogar conmigo.
Sentí el humo en la nariz y me fui a los setenta, a los ochenta, a los noventa, a días antes de su muerte. Ahora que lo pienso, creo que comencé a fumar puros nada más que por las ganas de escarbar en ciertas capas, por el deseo inmenso de redescubrir sensaciones asociadas con papá y que estaban ahí, en las raíces de mi memoria olfativa. Encender un tabaco y percibir sus olores desata un efecto-cascada de recuerdos, abre un baúl de imágenes que yo sé no voy a hallar de otra manera.
Respiro el humo de la mesa que está próxima a la que me sirve de trinchera y sí, pienso en mi padre, ya no como reacción instantánea sino a conciencia y a placer. Me hubiera gustado compartir con él un Partagás, un Cohiba, un cumanés, o extenderle aquellas cerillas de madera para que prendiera la carga de su pipa. La vida es un soplo y me doy cuenta, como tantas veces, de que también voy conociendo mucho más al hombre que no veo desde hace tanto, que no dejo de compartir a su lado aun cuando ya no está. Es curioso, pero recordar de esta manera implica que la memoria hace a fondo su trabajo, es decir, modela en el presente una figura, agrega un poco de esto o aquello y resulta entonces que mi viejo, por ejemplo, ha cambiado, va dentro de mí muy diferente a la última vez que caminamos juntos y charlamos, abrazado a esas conspicuas formas, caprichosas, entrañables, que el recuerdo y los años de ausencia van creando.
Lo imagino a mi lado, o frente a mí, en esta mesa de café, yo un amante de tantas cosas que él también amó, y me pregunto si podría verme en sus pupilas así como puedo vislumbrarme en los ojos de Daniel o de Camila, mis dos pequeños hijos. Creo que ser padre va siendo como ser hijo al revés, de modo que también me encojo de hombros al interrogarme sobre qué hallaría él en mi mirada. En fin. Lo imagino en toda su estatura, y me veo apenas un chicuelo, recitándole al oído aquellas frases que me enseñó a decirle, como un secreto entre los dos, en la primera infancia: “Je t'aime. Je suis ton petit garçon. Je t'aime beaucoup”. Lo imagino, lo escucho, también desde mi preescolar o mis primeros años del colegio, con su mal español, con todas esas erres arrastradas, desconcertado porque era increíble, absolutamente increíble que alguien pudiera hablar así, de una forma tan extraña, tan poco común, tan alocada y divertida. Lo imagino, ahora sí, desde el mesón en el que lucho con los deberes de segundo o tercer grado, fascinado, mientras él está al teléfono y habla con su hermana, la tía a quien yo todavía no conocía, en esa lengua deslumbrante, llena de sonidos que era música para mis oídos.
Lo imagino a mi lado, o frente a mí, en esta mesa de café y siento ganas de abrazarlo, un abrazo fuerte, gigantesco, abarcante. Luego, siento además ganas de besarlo en las mejillas, en cada una de ellas, como solía hacer conmigo en las mañanas. Después hablar, eso, conversar, conversar de mil asuntos, de tanta cosa que permaneció en el tintero, de tanta promesa que voló por los aires, de tantos planes y decires y cuentos que nos echamos sólo a medias. Diálogo sin cortapisas, claro. Nada nuevo, cosas que aprendí a su lado. Y entonces decirle te amo, te recuerdo, te llevo en los adentros. Mirar el reloj y acordarme de aquel verso de Cortázar: “Allá en el fondo está la muerte”. Luego continuar hablando, diciendo, ya sin importar la presencia de alguien en esa mesa de al lado, ya sin que una bocanada desate este regreso a otros tiempos.

11/06/2011

La nostalgia
es un ser vivo
respirando en mí

11/05/2011

Revista "válvula". Edición facsimilar

Presentación de "Revista válvula (1928). Edición facsimilar" (ULA-UNEG). Estudio crítico de Roger Vilain y Diego Rojas Ajmad. Caracas, librería El Buscón, jueves 27 de octubre de 2011.

El 5 de enero de 1928 “un puñado de hombres jóvenes con fe, con esperanza y sin caridad” (manifiesto “válvula”, p. 7) presentó al público caraqueño el primer y único número de la revista que abriría, para cierto sector de la crítica y la historiografía literarias, la modernidad del arte escrito en Venezuela: válvula. Se trataba de un gesto que vino a cristalizar, como explican Roger Vilain y Diego Rojas Ajmad en el nítido prólogo de esta edición en facsímil, las inquietudes renovadoras que saturaban el ambiente cultural de la ciudad como resultado de la precipitación constante de ideas del otro lado del Atlántico, pero también, qué duda cabe, de las necesidades internas de una literatura un tanto cansada de los juegos de salón en que había devenido la escuela modernista y, sobre todo, de la burda pintura de la realidad nacional –en el caso de la narrativa– hecha con trazos mal acabados, en virtud de una enrarecida asunción de servicio público asumida por muchos de nuestros escritores de principios de siglo XX.
Sobra decir que esa necesidad de cambio fue un fenómeno común en Latinoamericana, no como mera importación de fórmulas europeas de los llamados istmos vanguardistas, sino de resultas de una verdadera revolución del arte occidental y nosotros, quiérase o no, somos occidentales; o acaso debo corregir la frase: nosotros también somos occidentales. Así pues, válvula constituyó la materialización de la vanguardia más estrepitosa de nuestra contemporaneidad, una ruptura que, sedimentada en la conciencia artística colectiva, haría posible un segundo y más profundo momento de cambio: la luminosa década de los sesenta cuando varios grupos literarios retomaron aquel espíritu del año 28 y lo convirtieron en obras que aún hoy continúan regulando el horizonte mental de quienes nos dedicamos a la literatura.
De tal modo, válvula gravita en casi todos los acercamientos históricos que dan cuenta de la entrada del país en el tortuoso camino de la modernización de las formas y contenidos estético-literarios, y aunque tal vez sea cierto lo que señalan los prologuistas y artífices de esta nueva presentación de la revista sobre la poca profundidad de los trabajos que recalan en ella (los cuales, reunidos, acaso “no alcanzan –dicen– las siete cuartillas”), no es menos obvio, como también reconocen, que las firmas impresas en aquella aventura se convertirían en referencias ineludibles de nuestra tradición. Sea propicio recordar, entonces, que en septiembre de aquel mismo 1928 aparecería Barrabás y otros relatos, libro de cuentos de Arturo Uslar Pietri (redactor del manifiesto que abre la revista), el cual se transformaría en el volumen por antonomasia del relato vanguardista venezolano, pese a que dos o tres de las piezas que lo integran no son, en rigor, rupturales.
O el extraño caso de José Antonio Ramos Sucre, quien colabora con un texto que ya anuncia lo que sería su poética del año 29 cuando publica los memorables Las formas del fuego y El cielo de esmalte, pero que, andado el tiempo, confundiría al crítico literario rumano Ştefan Baciu al incorporarlo en su Antología de la poesía surrealista latinoamericana (1974), por lo cual recibiría una reprimenda de nuestro Francisco Rivera y del mismísimo Octavio Paz, respectivamente. Quién sabe, a lo mejor Baciu se dejó llevar por el hecho de que Ramos Sucre había publicado en válvula.
Como quiera que sea, el índice de la revista revela que la generación del 18, ya constituida, se traslapó con la naciente generación del 28, cuyo más sonoro recuerdo quizá sea válvula: es inevitable asociar su nombre con el desarrollo de la vida política venezolana de la segunda mitad del siglo XX. Y es que, permítanme citar lugares comunes de nuestra historiografía literaria, el índice de válvula sirve para conocer de un vistazo los nombres de aquellos que casi de inmediato devendrían figuras no sólo literarias, sino sobremanera públicas en el contexto del país; quiero decir (y de nuevo permítanme una salida fácil): como su título lo indica, por válvula salieron las personalidades descollantes de la Venezuela post-gomecista y, sobre todo, de la democracia representativa, la que se dio a conocer en la llamada “Semana del Estudiante” (febrero de 1928). De allí su impacto en el imaginario cultural venezolano, pese a la rara evidencia de tratarse de un solitario número; válvula es, pues, el emblema de un instante de la historia reciente del país.
No obstante lo trascendental del aporte de la revista, hasta hoy, ochenta y tres años después de su irrupción en la vida pública, ningún organismo puso el debido empeño de reeditar aquellas sesenta páginas. Un hecho insólito al cual no terminamos de acostumbrarnos los que trabajamos o hemos trabajado en eso que se llama la cultura institucionalizada, con todo y que la padecemos diariamente: válvula es apenas un ejemplo de la incuria a la cual sometemos los objetos de nuestra memoria histórica. Por fortuna, dos universidades han sumado esfuerzos, la de Los Andes y la Nacional Experimental de Guayana (energías discriminadas en varios organismos de sus respectivos senos: Dirección General de Cultura y Extensión ULA, Ediciones Actual, Instituto de Investigaciones Literarias “Gonzalo Picón Febres” ULA, Fondo Editorial Universidad de Guayana, Centro de Investigaciones y Estudios en Literatura y Artes Univ. de Guayana), para traernos de nuevo aquel fascinante y mítico gesto: la primera edición –facsimilar– de válvula.
En este punto debo hacer los debidos elogios a Vilain y a Rojas Ajmad puesto que ambos, sobreponiéndose a la incuria a la que me referí antes, hicieron una labor de pesquisa, a ratos decepcionante, en pos de un ejemplar completo de la revista; y luego, una vez hallado, el delicado proceso de reproducirlo sin convertir en polvo aquel material único. Si esto no bastara, han hecho acompañar el facsímil con una polémica presentación que cuestiona algunas opiniones recurrentes sobre la vanguardia latinoamericana, y venezolana en particular, que todavía circulan en ciertos manuales y estudios relativos al fenómeno. Más aún, examinan el alcance de válvula en algunos contextos intelectuales y dejan el campo abierto en relación con sus proyecciones en una historia de la cultura venezolana del siglo XX. Un rotundo logro crítico y de rigor que deja en claro, una vez más, que contra todo, los universitarios venezolanos seguimos, como siempre, trabajando. Albricias a los ejecutores de esta magnífica realización, y a las instituciones involucradas mis renovadas muestras de respeto.


Dr. Carlos Sandoval

Universidad Simón Bolívar

11/03/2011

Nada menos

Con una chica inteligentííííííííííííííííísima

Mecánica ondulatoria


Cada vez
mientras camino
abrazo el eco de tus pasos.

11/01/2011

Poema y canción

Quizás una de las más hermosas canciones de amor. "Viajera del río", del poeta Manuel Yánez (Ciudad Bolívar, estado Bolívar), interpretada por Serenata Guayanesa:



Dejo además la excelente versión de Ilan Chester: http://www.youtube.com/watch?v=UjAT8Hkn5Nc

Disfrútenla.

10/31/2011

Mirada

Buscar
hurgar
con todo el abecedario
es decir
con el mundo en los bolsillos.

10/28/2011

Quise aprender a mirar
y entonces
tus ojos me enseñan poco a poco.

10/27/2011

Sala gourmet

Si yo escribiera delicioso
sería un pudín con chantillí
o pensándolo mejor
quién sabe
un trozo de turrón
con chocolate
un baño de miel
sobre cheese cake.
Me guiñarían el ojo
me dejarían abrazos
me lanzarían cien besos
qué sé yo
parecería Sinatra a lo New York
Machado redivivo
John Dos Pasos hecho lápiz y papel.
Pero ya ven
ya ven
sigo en mis trece
doy el rasguño
golpeo las teclas
vuelco mi copa y qué más da.
Si yo escribiera delicioso.

10/26/2011

Presentación

Próximo jueves 27, 7:00 p.m. en la librería El Buscón, C.C. Paseo Las Mercedes, Trasnocho Cultural, Caracas.

Están cordialmente invitados.

10/25/2011

Lluvia

En tus labios
se guarda la tarde
sus colores
iluminan tus caderas
y el claroscuro
de las 6:30 en punto
incendia para siempre mis deseos.
Me atrapa la textura
el aroma
el sabor de tu entrepierna
me lleva a Saturno
esa medialuna
que dibujan tus lunares
y el vaivén de tus pezones dentro de mi beso
aproxima la explosión
torrente
lluvia
que guardo para ti
mientras sonreimos.

10/24/2011

Chateau

Paso las manos por tu piel
ese vitral gótico
y vierto mi vino sobre ella.
Entonces te bebo
doy sorbos de a poco
te llevo a mis papilas
inundas todos los costados
todos los momentos
todos los espacios
hasta darme cuenta
que por fin
he hallado el Paraíso.

10/22/2011

Cartas a los Jonquières

Caminaba frente a una librería de la calle Florida, en Buenos Aires, y lo vi. Pensé que en Argentina encontraría mucho de Cortázar, bastante material escrito, abundantes referencias alrededor de su vida y de su obra, pero no fue así. “Cartas a los Jonquières” apareció de pronto, como una irrupción fantasmal sobre ese anaquel que lo ofrecía por 109 pesos. Invité a Camila a entrar. Ella estuvo dispuesta, feliz de echarse en brazos de la sección infantil, atestada de colores, brillo, juegos, ilustraciones, con una alfombra para tirarse de espaldas a leer o sillas mínimas que por nada aceptaban la intromisión de los adultos.
Me dediqué a recorrerla de cabo a rabo, con el placer de quienes hacen esperar el último sorbo para que no se acabe tan pronto la copa. Vi, olí, toqué, fui y vine. Entonces me planté frente al mueble de los Jonquières, lo tomé y lo abrí: eran cartas. 553 páginas de un epistolario como para meterse de bruces en una vida, la de Julio, honda, enigmática, llena de esos episodios, de esa manera de concebir ciertas cuestiones, que tanto me llaman la atención.
Confieso que desde la adolescencia le he dado la espalda a las biografías, y lo que tenía en las manos de cierta forma lo era. Son pocas las que leí en toda mi vida: Verne, Dostoievski, Darwin, la de Christian Barnard, que hallé durante los años universitarios en una librería de viejo, otra del gran Isaiah Berlin, extensa, muy bien documentada, y, no faltaba más, dos del propio Julio, la que escribió Mario Goloboff en los noventa y la menos ambiciosa de Alberto Cousté. Les he dado la espalda por respeto hacia lo que consideraba el derecho de cualquiera, vivo o muerto, a mantener espacios de privacidad, de anonimato, de oscuridad en su propia vida. Así pensaba y todavía hoy coqueteo con esa idea. ¿Por qué leer las cartas, pedazos de entrañas biográficas que alguien, vaya usted a saber por cuáles motivos y bajo qué impulsos o resortes vitales, envió por ejemplo a sus íntimos? García Márquez escribió “Cuando era feliz e indocumentado” y al leerlo comprendí el valor de ese coto particular de cada quien en el plano de la individualidad que con uñas y dientes es tan necesario defender. Pero entiendo también que aproximarse al mundo más personal, en este caso de un escritor (el epistolario es una ventana magnífica para afinar el enfoque), supone acrecentar el conocimiento de éste, descubrirlo aún más, enriquecer el diálogo con él y con su obra. Permitirse dar dos o tres pasos en esa dirección probablemente sea un acto contradictorio luego de lo confesado atrás, estaremos de acuerdo, pero asimismo un placer tentador y voyeurista, en función del acercamiento comedido (y en tal sentido respetuoso, finalmente) entre extremos que no tienen por qué excluirse mutuamente. “Cartas a los Jonquières” fue una tentación, por supuesto, y sucumbí. Abrí el libro, leí la primera línea, lo hojeé, vi ciertas fotografías, pasé la vista por algunos fragmentos salteados del Cortázar joven a su amigo Eduardo y a la esposa de éste, con quienes mantuvo correspondencia desde el inicio de su periplo parisino, en 1950, y hasta pocos meses antes de su fallecimiento, en 1984. Fue una delicia absoluta.
Leyéndolo observo cómo nacieron los Cronopios. Encuentro la razón, los motivos subterráneos que quizás explican el por qué de La Maga, el por qué de ciertos cuentos, el por qué de “La vuelta al día en ochenta mundos” o “Último round”. Me doy de bruces con el jazz a tope y la filosofía que esconde, con el boxeo y la estética que lleva implícita según Cortázar. Hay en este libro señales, guiños, complicidades que corren por debajo de la mesa, claves para continuar disfrutando, hurgando y hallando, siempre hallando en el universo de este autor, que no vislumbré en ninguno de sus textos publicados.
De Argentina a París y viceversa. Cortázar se fue a Francia y se encontró con él en plena calle, en un bistrot barato, en un parque más o menos oculto, en tantos y tantos rincones que por lo general resbalan a la mayoría. Se fue a Francia y en la página 31 leo y sonrío: “No creas que estoy triste, ¡París es tan hermoso! Aquí hasta la tristeza se vuelve actividad estética. De modo que tal vez esté triste, pero estoy aprendiendo a depositar esa melancolía en tanta cosa bella que me rodea. Quisiera poder mostrarte, por ejemplo, un atardecer en el Pont du Carrousel. Venía del Louvre con una amiga y nos paramos a mirar Notre-Dame, lejana, con una bruma azul. Entonces, en menos de un minuto, ocurrió el milagro, la locura absoluta. Los faroles de gas se encendieron de golpe, y la piedra de los pretiles, yo no sé por qué mezcla de aire y luz, se puso intensamente rosa. Nosotros la mirábamos mudos. Entonces vimos que la proa de la Cité y las torres lejanas habían pasado instantáneamente a un violeta profundo, y a la vez el río estaba verde, un verde lleno de oro. Yo cerré los ojos, desesperado al comprender que eso no podía durar, que esa cosa veneciana iba a degradar instantáneamente, a perderse… Pero duró, dos o tres minutos, el tiempo de ver subir las primeras estrellas. Nos fuimos de allí sin poder hablar, demasiado felices para decir que lo éramos. Cosas así pagan viejas deudas de la vida”.
Cortázar se fue a Francia y se encontró a sí mismo. A la vuelta de una esquina observó a un tipo de barba que era él. En París se metió de lleno en Argentina, en Latinoamérica, a su manera y con mil aciertos y otro puñado de errores. Compré el libro, claro. Camila escogió el suyo y salimos, contentos, a buscar un café para seguir leyendo y conversando.

10/20/2011

Biografía


Desde tus senos
levanté los ojos
y miré ese valle.
Entonces respiré hondo
esperé un poco
me abracé a un pezón
luego a otro
pude mordisquearlos
degustarlos
contemplarlos
como a una flor en la palma de la mano.
Los besé
sí
los besé
pasé mi lengua hirviendo
de mil modos distintos
para luego
comenzar a descender
colina abajo
por tu vientre
por tu ombligo
por la línea de tus vellos
más allá
más al sur.
Probé el vino escondido entre esos labios
supe de tus jugos
supe de tus pliegues
justo entre tus piernas naufragué
me hundí a placer
y sólo entonces
únicamente entonces
fui un hombre feliz.

10/19/2011

Expulsión

Recorro
el abismo de tu vientre
la selva de tu sexo
el ir y venir de tus caderas.
Hemos inventado el erotismo
he mordido tus manzanas
soy
otra vez
Adán sin Paraíso
feliz con tu lengua y tus placeres.
Vivo el exilio
y qué diablos me importa.
Atravieso riendo mi destierro.

10/18/2011

Viaje al fondo de unas sábanas

Tus ojos son almendras, tus nalgas dos globos perfectos,


tus piernas de infarto juegan al gato y al ratón.


Me miras a lo gata y me gusta, puedo aullar cuando caminas, incendias mi follaje si te huelo.


Sueño, deseo, exploto, arrojo mi constelación en ti.


La espuma chorrea mientras abierta sonríes y te siembras en mi pelvis. Me planto en tus caderas. Me tiento en tus labios y en tus vellos. Bebo el líquido abundante de tus curvas.


Guardo el universo en un bolsillo y el beso, la espalda, el vientre, tus lunares, el vaivén que nos brindamos tiene rostro, tiene ganas, tiene el aroma irrepetible de tus muslos empapados, de salitre y caracol, de líquenes y algas, de tu boca en mi dureza, de noche caliente y susurros que soy tuyo, que soy tuya, más profundo, más jadeos, más lenguas enredadas entre sexos, mar que inunda, que me llueve, que me obsequia el lado cierto, exquisito, del único paraíso que eres tú.

10/16/2011

Mafalda



Mafalda, uno de los personajes más queridos de Camila. Este abrazo sí que valió la pena.



Revista Válvula. Estudio crítico.

"Revista Válvula. (1928). Edición facsimilar". Estudio crítico de Roger Vilain y Diego Rojas Ajmad. Edit. Universidad de Los Andes-Universidad de Guayana. Mérida, 2011.


Para la historiografía literaria, la revista "Válvula" (1928) constituye el pilar inaugural de las vanguardias artísticas de la primera mitad del siglo XX en Venezuela. Los estudios al respecto, no muy numerosos si tomam0s en cuenta que desde su publicación han transcurrido más de ochenta años, seguramente exigen a la luz del presente una revisión y profundización de lo que "Válvula" significó y ha significado para la cultura nacional.

En este sentido, suponemos que llevar a cabo un ejercicio de reflexión en torno a la revista y los modos en que ésta se instala en los engranajes del contexto social al que perteneció en su momento, implica indagar sobre posibles respuestas al hecho cultural y su incidencia en los subsistemas político, artístico, social, económico... que dan forma a la red de relaciones en que nos movemos como grupo humano.

Tal ha sido lo que hemos intentado llevar a cabo mi colega Diego Rojas Ajmad y yo, desde una perspectiva académica, a propósito de lo que la revista en cuestión implicó en función del nacimiento de las vanguardias literarias en nuestro país. El libro, que acaba de aparecer editado por la Universidad de Los Andes y la Universidad de Guayana, supone una primera conclusión al respecto.







10/15/2011

La duda virtual

Un correo electrónico es un correo electrónico. Usted ingresa a ese espacio y ahí están sus cartas y sus fotos y las noticias que le mandan. Pero también es un lugar para el misterio. Por mucha asepsia que encuentre en medio de pulidos bytes o higiénicos párrafos cibernéticos, aparecen sin que nadie los espere otros personajes, algo así como los no convidados a la fiesta, especies de duendes venidos quién sabe de dónde.
Me explico. Ayer, para no ir muy lejos, abrí el correo y la mensajería estaba a reventar. Treinta sobres recién llegados titilaban esperando el click. Dos de un viejo amigo, uno de la universidad, veintisiete cargados de fantasmagórica presencia. Cuando no son bombas infecciosas (¿qué cara tendrá un virus digital?), es un avisito de tal o cual resort notificándome la gran noticia: he ganado el sorteo grande. Debo darme con una roca en los dientes. Una semana gratis, completamente gratis, en el Mediterrané de Martinica. Alegría de tísico, claro. Todo un burdo truco para que termines desembolsillando incluso más que sin premio de sorteo. Sumo y sigo. Cuando no es el curioso envío de algún interesado en que te largues del país (obtenga ya, ya, pero ya su green card, y llévese el perro, el loro y hasta el gato!), es la publicidad del Paraíso en la Tierra: ungüentos, aparatos, bebedizos, grageas para agrandar el miembro masculino, en minutos, o en segundos, sin esfuerzo, sin reacciones secundarias y sin público que aceche. Total privacidad. Resultados garantizados o le devolvemos su dinero.
Entonces uno se pregunta, frunce el ceño, encoge los hombros. Un correo electrónico casi viene a ser la pieza oscura al final del corredor, o el ático sembrado de telarañas que es lugar común en ciertas películas de Hollywood. Hay de todo. Cabe todo. Así tenga usted una cuenta de lo más discreta, resguardada sólo para amigos y conocidos más o menos cercanos, siempre hallará en su bandeja de entrada la extraña invitación a conocer más gente. Un correo electrónico es la versión digital de aquella horrible canción del brasilero: "Yo quiero tener un millón de amigos...". No faltará, júrelo, el dato que necesitaba, aquella información que cambiará su vida para siempre según el ardid publicitario que le aplasten en la cara.
Trato aparte merecen las cadenas. No las gubernamentales, que ya son el colmo de la intromisión y del embuste, sino esas variaciones sobre un mismo tema que viven de morderse la cola, de repetirse hasta el infinito. Alguien escribe sobre la machaca (¿qué coño es la machaca?, se pregunta uno mientras borra de un tirón el mensajito), y durante toda la mañana se desatará, para perplejidad, rabietas y posterior resignación, un verdadero ataque postal. Luis, Pedro, Miguel, Yisel, Raúl, José, Yusmira, Rosney, Amagdilis, John Alejandro, atcétera, etcétera, etcétera, desfilarán como si nada por la pantalla de su computadora. Son las cadenas, que vengan de donde vengan, terminan copando lo poco que queda en el maltrecho espacio libre donde se guardan los mensajes y consumiendo la última gota de paciencia.
Un correo electrónico, pues, es un misterio. Obvio. Tan misterio que el Santo Grial de la Modernidad trocada en chips lo fraguan miles de invasores, botellas lanzadas al océano virtual que no sabemos cuándo y cómo atracarán en nuestros puertos. Pero de que llegan, llegan. Yo, que tengo pocos amigos, que estoy contento con mi ciudadanía, que me conformo con lo que tengo entre las piernas, así no más, tal y como vino al mundo, sin potages o saumerios para la virilidad, daría lo que fuera por espantar la invasión, por conjurar el terror, por acabar con los duendes, por colocar de una vez a buen resguardo el ámbito de la mensajería de textos.
Pero la duda es la duda, y caes. Ahí se presenta, en la encrucijada que implica mover el dedo y hacer click o no. Entonces te decides, abres finalmente ese mensaje de lo más enigmático, oprimes el botón y ya, se acabó, condenado para siempre, das luz verde a un virus que se mete en las entrañas de tu máquina, que destroza el mundo de virtualidad tantas veces labrado a tu medida.

10/14/2011

Parietal

Halar el gatillo: pum, se acabó.


10/13/2011

Volar

Volar, volar
volar
volar, volar, volar,
volar, volar
volar
volar
volar
volar
volar de una vez en mil pedazos.

Gris

Basta que existas
y en un segundo,
una putada,
el mundo
te aplastará con el pulgar.

10/10/2011

Partenogénesis

Escribo, escribo, escribo
y algunos leen.
Vuelvo a escribir y otra vez,
unos pocos, dos amigos y el gato en el callejón, continúan leyendo.
Están de acuerdo o me llevan la contraria.
Escribo y me multiplico:
es mi modo de ser otros
es una manera de ser muchos.

10/05/2011

El teatro de los libros


Con Camila. Librería "El Ateneo". Buenos Aires-Argentina.

Un antiguo teatro convertido en recinto para libros, lectores y escritores.


Si a ver vamos, el libro, como una plaza o un parque, también es un lugar para el encuentro. En el libro cabe el dato que buscamos, el humor empaquetado a fuerza de inteligencia o la receta de cocina, ésa que para variar pone la mesa en un fin de semana distinto.Y en el libro, por supuesto, cabe igualmente el mundo. Es un espacio para el diálogo donde la fragua de saberes guarda mucho de la vida misma, es decir, convergen en él todas las líneas que se cruzan para terminar lanzándonos a su particular punto de fuga, no otro que el espacio labrado a dos voces: la del autor... la del lector. De la lectura queda el buen o el mal sabor del toma y daca entre ellos. La línea de equilibrio, el placer frente al manojo de cuartillas, va a depender de ese ritual silencioso, de ese combate cuerpo a cuerpo entre quien escribe y quien lee, que es la tarea más solitaria y feliz de este mundo.

9/24/2011

Sin duda

Prefiero ser
un humano insatisfecho
que un cerdo satisfecho

9/23/2011

Un clásico

Always. Air Supply. http://www.youtube.com/watch?v=e7_5S_kAwf8

Haikú 4

Vivir evitando el giro
cuando la rueda
no sabe otra cosa

9/22/2011

Antorcha

Sólo una caricia tuya
y arderé para siempre

9/21/2011

Haikú

A veces llega el día
como un coñazo en la nariz.

9/20/2011

Mala leche

Abril de 2008

Pues nada. Pasa el tiempo y es como si no pasara. Ahora resulta que un político, gobernador de este estado para más señas, le quita importancia a un problema con la animosidad del mago que saca conejos de un sombrero. Vainas van y vainas vienen.
Ha dicho el político de marras que el tema de la delincuencia está politizado. Entiendo, si de entender frases se trata, que la inseguridad y los malandros, en números crecientes no precisamente por su puntería a la hora de combatir estos males, son el hiperbólico registro de ciertas pupilas opositoras, ociosas, para remate imperialistas, golpistas, etcétera, etcétera, etcétera. O sea ha afirmado el señor, sin que le tiemble el meñique, que este desastre de país, con sus 16 mil muertos anuales gracias al hampa, equivale en realidad a un problemilla de poca monta, politizado, eso sí, por los malos de siempre que deben ser la prensa, el ciudadano común o los críticos de cualquier pelaje. Mala leche, hombre, mala leche.
Desde el bueno de Platón el asunto anda más o menos claro. Si usted se toma la molestia de hojear su obra "Las Leyes", si le echamos un vistazo a lo que con pelos y señales se viene discutiendo desde que Occidente es Occidente, el diálogo platónico pone frente a nuestras narices un hecho indiscutible hasta para el más tarugo: todos somos políticos, lo cual arroja una conclusión la mar de incómoda para ciertos seres: el juego de la política se ensambla a partir de piezas múltiples, diversas, plurales, y mientras más disímiles mejor.
El gobernador soltó una verdad queriendo expresar lo contrario. El pobre sostuvo tranquilazo que un kilo de estopas como el de la delincuencia fue politizado, como he de pensar que politizadas quedan demás pendejaditas llamadas perreras, falta de agua en la ciudad, ineptitud de su parte, pésimo suministro eléctrico o destartalada vialidad que si te descuidas, ¡plaf!, terminas engullido por un cráter. Lo dicho: políticos somos todos, y en la polis se atacan políticamente los dolores de cabeza. No hay tu tía. El gobernador entiende la cuestión, pero al revés. Pobre ser. Mala leche, pura mala leche.
Por falta de politización, en el elevado y mejor sentido del término, los salvadores de la patria tienen ganado un terreno formidable. Gracias a la ausencia de educación política, de pensamiento político a diestra y siniestra, en la gente monda y lironda, en quienes piden un chachito en la cafetería, en los ciudadanos, es que un demagogo del tamaño de Hugo Chávez llega nada menos que a la presidencia. Como cualquier fulano entiende que la política (y la natural politización que ella produce) no es asunto que le competa, como Perico de los Palotes, Juan Gutiérrez, Pedro Pérez o Ramón Bermúdez sienten que entre ellos y la política media un kilometraje de espanto, entonces Rangel Gómez, patético gobernador de estas tierras, dice lo que dice, como si nada, como si escupiera una genialidad y aquí estoy yo para que se maravillen.
Educar sería la solución, qué duda cabe. Lo menciono porque a estas alturas pensará usted en qué coño habrá de hacerse para salir de semejante salto atrás. Educar es la vía, aún so pena de que en el camino politiqueros en los cargos acaben con lo que medio queda. Mientras Latinoamérica no apruebe materias pendientes como disminución de la pobreza, inclusión social o educación de calidad, los cantos de sirena, esas voces tentadoras a lomo de iluminados, tanques o manuales marxistas leninistas, se escucharán siempre a la vuelta de la esquina.
Imagine usted lo que el gobernador piensa de política, o de los políticos. Imagíneselo politizando, cogiendo al toro de los problemas por los cuernos del quehacer político en mayúsculas, que a todos nos incumbe. Imagine por un instante que el hombre sabe de polis y otras hierbas. Imagine usted que un estadista gobierna a este estado. Qué va, tanta fantasía, de un plumazo, hiere a las neuronas. El gobernador, eso sí, masculla sus frases a los medios, hace las veces de Chávez en pequeño, en provincia, y pam, pam, listo, a poner cara de autosuficiencia porque el asunto está resuelto. Y los amiguetes a aplaudir.
Mala leche, claro. Por eso andamos como andamos. Pasa el tiempo y es como si no pasara. La misma polvareda, el mismo hedor. Mala leche. Pura mala leche.

9/16/2011

El blog

Este blog
que pocos visitan
que poco divulgo
este blog
mi isla de palabras y de historias
anónimo
sin pedigrí
cuyos escritos a nadie interesan salvo a pocos:
un amigo, un estudiante, algún curioso y ya, paremos de contar,
es el lugar para inventarme
es el vertedero de mí mismo
aquí caigo y me levanto
muero y resucito
levanto la falda de esa chica
fornico al idioma.
Este blog me cae simpático
éste
que importa a tan pocos
que a nadie interesa
(digo, a un amigo, a un estudiante, a algún curioso y basta)
tiene mira telescópica y metralla de altísimo calibre
para reventar huevos al vuelo
para saldar cuentas pendientes.
Aquí deambulo como en casa
abro una lata de cerveza
me quito los zapatos
camino en interiores
será puta la puta
maricón el maricón
loco el desquiciado y al contrario.
Aquí
de día o de noche
jamás todos los gatos fueron pardos.

9/12/2011

Café de otoño

El viento juega al gato y al ratón con unas hojas
observo
sonrío
la vida es así
depende del a veces
depende a veces del a veces.
La Luna allá arriba
cabe en la cuenca de mi mano
y alumbra
cabe justo entre dermis y epidermis
alza su vestido para chorrear luz
abre su sexo entre orgasmo y orgasmo.
Luna de plomo, Luna lunera
Luna y viento
jugando al gato y al ratón con unas hojas,
con unas hojas secas.
Es que la vida es así
suele comportarse de ese modo
testaruda
quisquillosa
suele entregarse a cualquiera en ocasiones.
Por eso me gusta llevarle la contraria
por eso toco sus piernas y me quemo.
Es que ella es así,
qué más da
la vida es siempre así.


Junio de 2008




Terminando de leer un artículo de Rosa Montero acerca de los pobres, la escritora remata a quemarropa: "demagogos ilustres se han llenado la boca y los bolsillos declamando sobre ellos, por ejemplo". Y es que los pobres, es verdad, son para cretinos de todos los pelajes simple carne de cañón, lomito predilecto de cuanto vivo se mete entre ceja y ceja ganar indulgencia con escapulario ajeno. Claro, la pobreza pasa a ser la otra mejilla, siempre a punto para el golpe de rigor.
Es posible que quienes buscan el poder a como dé lugar (y quienes lo persiguen de alguna otra manera) encuentren rebuscadas formas para dar el salto de felino. Pero aquí, lo que se dice en estas tierras y en estos tremedales, la demagogia en pasta tiene su coro de voces inocentes, guarda un nicho tibio las veinticuatro horas del día, listo para darle uso, burlón y desechable, tan pronto suene el click que ordena la apertura de campaña. Así más o menos se definen las cosas, o lo que viene siendo igual, tal es el modo, endémico en los predios patrios, de intentar llevarse el triunfo a los bolsillos.Un pobre, por supuesto, es moneda de uso corriente mientras exista un candidato a la redonda. Vale lo que cuesta un voto, asunto nada despreciable si es que de usar la calculadora se trata. Total, que la pobreza pica, se extiende, y para cuando usted despabila vuelve el politiquero otra vez al picoteo con la fuerza de todo el uso y el abuso que representa sin ambages.
Con razón el hambre gana empuje en una bajadita directamente proporcional a la demagogia que se tenga enfrente. Obvio, mientras más pobres, seguro que lo demagógico, salpicado aquí y allá con el infaltable populismo, halla caldo de cultivo para reiniciar andanzas. La pobreza crea pobreza, pues, pero mediante carambolas, es decir, gracias al interesado movimiento que se inicia arriba, en las esferas de poder grueso, duro y puro, único eslabón (más los salpicados) que conservará su rosagancia, su salud y su papada cuando lleguen los desastres.
Ya lo dicen los que saben: un discurso en su momento hace las veces de una bomba atómica. Y si le queda alguna duda, ahí está Rafael Caldera en el Congreso luego de la metralla golpista. Por esto, quien pretenda tomar el coroto por los cuernos (la silla presidencial o alguna otra remotamente parecida) debe afinar la lengua, los gestos y la historia. Sí, la historia es infaltable, pues de ella se escupe con facilidad lo mitológico, la excusa perfecta, el cuento chino, la justificación total, o como le plazca a usted llamar al simple embuste. Moraleja: para llegar al poder, sobre todo en parajes como éstos, dé por hecho una atragantada con mentira.
La pobreza es un negocio, qué duda va a caber. Si alguien se molesta en sacar cuentas no encontraría sobre la faz de este país atolondrado ejemplo parecido de inversión y ganancias segurísimas. La pobreza es un negocio, por supuesto que sí, hasta que a la Caperucita se le noten los colmillos, los inmensos ojos para ver mejor y las grandes orejas, puntiagudas y peludas. Cuando eso pasa, justo al momento en que algo así comienza a producirse, lo demás es previsible. La debacle se colará por las ventanas, brincará los paredones o terminará metiéndose por la cocina. Y lo que es peor: hasta podría tomar la puerta grande, o sea, la principal. Se han visto casos.
Que cada quien resuelva o que cada cual entienda. La moraleja y conclusión, en esta fábula común, termina poniéndola usted.


9/11/2011

Pienso, luego existo...

En los aeropuertos, fíjese qué curiosidad, la vida se parece a un limbo donde pasado y futuro son una misma cosa. El presente se muere en ese instante. Vamos, venimos, caminamos, y el mundo encapsulado abarca la justa medida de nuestro corazón que palpita al mismo ritmo de un adiós, de una bienvenida, de un viaje acaso mil veces esperado. En esas zonas raras que son los aeropuertos se erige la más grande pompa de jabón, la extraordinaria presencia de un alto en pleno marasmo de los quehaceres cotidianos.Cada punto de fuga que es la terminal aérea, donde convergen tantos seres que se cruzan en millones de líneas nada más que para de inmediato irse otra vez a sus vidas, es decir, a la vuelta del tiempo y de sus existencias entregadas como amantes a un ambiente de pareja, familiar o de trabajo, digo, en esos sitios llenos de esperanzas porque los minuteros arranquen de nuevo su cuenta regresiva, cabe la gelatinosa presencia de la negación, del no lugar, del quiebre en el transcurso de una rutina establecida que muy pronto debe restaurarse. Ahí, en esa gota que se salió del océano, la vida no se parece a la vida.

9/07/2011

Un clásico

Música, poesía y baile.
Paul McCartney & The Wings. Goodnight tonight:

http://www.youtube.com/watch?v=mzEYdjdp4hw&feature=related


9/06/2011

Julio Cortázar, al calor de tu sombra

Julio Cortázar y Carol Dunlop




En conversación con Plinio Apuleyo mendoza:





8/31/2011

Retrato de un hombre sentado ante un café sucio y barato

A veces la soledad es una musa que te atrapa,
una especie de sirena en la isla de tu vida
que muestra su encanto y todo lo demás.


Tu boca girando en mis deseos

Muerdo olas, arenas, penumbras
la sal que llega con el viento.
Puedo escuchar a las gaviotas
y el sol
lamiendo el horizonte
se pone sombrero de copa
zapatos de charol
guantes de seda y silencio
mientras inventa sus colores.
A esta hora la brisa
un hilo apenas
pasa los dedos por mi frente
juega a enredarse en mis cabellos
se deshace ante la piel
como una lengua excitada por las ganas.
Entonces cojo tus manos
te traigo a mis caderas
mi beso dentro de tu boca
tu boca girando en mis deseos
los dos cerca
ahí, muy cerca,
prometiendo realizar
lo tantas veces ofrecido.
No habrá encierro de décadas y lustros
No habrá olvido de película
de escenas y lujuria
cadencias y gemidos.
Tú y yo
abrazados en la balaustrada
que nos pone el horizonte
a un paso de acunarlo
en la palma de la mano.
Cinema Paradiso en la memoria:
el sol observa de reojo
sonríe
cubre de luces y de sombras
y otra vez la verja al pie de los colores
de esta tarde doblegada ante el deseo
de un cielo que nos cabe en los bolsillos.



8/25/2011

Miro en tus ojos

Para Camila

Tienes siete años, cómo pasa el tiempo. Estamos sentados, tú y yo, en este café al que me acostumbré a venir mucho antes de que nacieras. Sabes que disfruto observando, me gusta instalarme en mi mesa predilecta y disparar miradas, ver pasar la vida, pensar en silencio mientras doy bocanadas al tabaco y pruebo una taza de café negro o con leche.

Entonces abro mi libro, y tú el tuyo. Leemos, me acompañas casi a diario y déjame decirte que es una dicha tenerte enfrente, permanecer largo rato sin decir nada sólo para contemplar cómo te desgajas hoja a hoja, bebiendo jugo de naranja o mordisqueando tu merienda, metida de bruces en la historia que descubres poco a poco hasta que te detienes y me dices, me interrogas, averiguas qué puede significar tal o cuál palabra extraña, qué encierra aquella frase misteriosa, qué hay detrás de cierta idea lúgubre u oscura. Luego bajas de nuevo la mirada, continúas avanzando, y yo también, y me tomo el tiempo necesario para espiarte de reojo y casi sentir cómo te carcome la emoción por lo que lees, cuánto admiras a esos personajes que son un unicornio, una princesa, un gusanillo o un gato con botas.
Pienso entonces en los años, en los tuyos, en los que vendrán. En este país tan lleno de nada, tan hecho polvo y carcomido por la demagogia, por lo rápido y lo fácil. En este país cuyo futuro luce hipotecado por una pandilla de imbéciles embutidos en un cargo, en un flux y en una ideología, pienso que hacerte una coraza quizás implique el mejor regalo que puedas darte. Un obsequio que tú misma te entregas a ti misma. Una coraza no para escapar del exterior a lo cobarde, sino una que te hará más intuitiva y más sensata y más punzante a la hora de mandar al Diablo, por ejemplo, a tanto bolsiclón de medio pelo que te tocará hallar en el camino, a tanto canto de sirena, a tantos seres desvencijados, doblegados, pusilánimes, oportunistas, estériles, de bastante o poca edad (los años son en verdad lo de menos) y a tantas encrucijadas que te exigirán optar, analizar, razonar, decidir, coger aire y lanzarte a tus conquistas. Esa coraza está hecha de saber, de información, de cultura. De cultura en mayúsculas, sin gríngolas ni poses, y se obtiene, se logra, se incorpora a tu manera de vivir únicamente aproximándote al vasto espectro de conocimientos y de ideas, de creación a fuerza de sacrificios y neuronas que otros han legado desde hace tanto para una chica como tú.
Como ya estarás olfateando, lo que pretendo sugerirte es que leas, como ahora, como ahora junto a mí en este café al que te traigo a menudo, y que pienses, y que viajes y que afines la mirada. A todo eso se aprende. No estás sola aquí, no eres una recién llegada al amasijo cultural sobre el que nos asentamos y del que provenimos. Otros han escrito y otros han contado. Trata de aproximarte a ellos. Ahí, justo ahí, es preciso que eches una ojeada atenta. Desde la prehistoria, pasando por las civilizaciones que de seguro trajinarás en el cole (quizás de modo fastidioso porque un profesor mediocre lo dispondrá así), hasta aterrizar en en Grecia, en Pericles, en todos esos pensadores fabulosos que nos mostraron maneras distintas de contemplar el mundo, de razonar, de aprehender la vida, como los presocráticos, y luego como los mismos Sócrates, Platón y Aristóteles. Nada menos.
Echa un vistazo a la historia, a la filosofía, a la literatura, a la plástica, a los idiomas, son la llave del cerrojo que te permitirá conocerte, meterte en tus adentros y entenderte un poco, y entender a los demás. Ésta es la vacuna contra la intolerancia, los fanatismos y los nacionalismos de cualquier pelaje, sinónimos de incivilización y de barbarie estúpida. Paséate por la Roma clásica, por el manto enigmático que se desprende de toda la Edad Media, asómbrate con el Renacimiento, admira a esa pléyade de hombres extraordinarios que vivieron juntos, por increíble que parezca, en un mismo y poco tiempo y en una misma geografía. Luego sumérgete en la Modernidad, en lo que venimos siendo de unos pocos siglos para acá. Como te dije hace un momento, no estás del todo sola, en el viaje hacia ti misma otros, grandes, muy grandes, te precedieron, estudiaron, reflexionaron, escribieron, tuvieron cosas que decir. Descúbrelos y léelos con ojo crítico. Nada es aceptable sólo porque lo dice el espítitu de autoridad, es fundamental dudar, así que duda de todo, y recuerda que dudar implica plantar cara al embauque de los demagogos, de los miserables, fruncir el ceño ante la idea engañosa del sofista, del charlatán, del culto de los dientes para afuera, que abunda siempre en cualquier parte.
Así te ayudarás a abrir los ojos, a ensanchar el horizonte, a disfrutar de lo sencillo. Te harás un favor ayudándote a aprender a pensar y a iluminar la ruta que escojas para ti. Mira el mundo, sonríe y míralo, porque no siempre todo es en verdad tan malo. Acércate a un abismo donde se acaba el camino y deléitate con una puesta de sol. Toma un café mañana, como lo haces hoy conmigo, y disfruta ese momento a plenitud. Conoce tu país, intenta increparlo, ponerlo de cabeza y escudriñarlo sin piedad, pretende comprenderlo, para que al final te des cuenta cómo el verdadero y único termina siendo el mundo mismo. Levanta la mirada y nota el cielo estrellado, cierra los ojos después y guarda esa belleza en tu interior, y compártela con alguien. Cuando ames demuéstralo, dilo, en su momento dilo sin temores. Aprenderás también que la vida es corta y expresar lo que sientes es un lujo y una maravilla que no vale la pena dejar para después.
Aprecia, en fin, lo que te rodea. Construye tu universo, tu presencia en él, y mientras ,sigamos aquí tú y yo, en esta mesa de café, leyendo, charlando, emocionados porque otras historias, las de nuestros libros, están con nosotros para hacernos más humanos.

8/14/2011

Poder despótico

Desde hace algunos años, quizás como resultado de un interés cada vez mayor por la Filosofía Política, me ha llamado la atención el hecho triste pero cierto de que muchos pensadores, intelectuales, escritores y, en fin, gente ligada de mil maneras a la cultura, sucumbiera, se doblegara y apoyara, por acción u omisión, estrepitosa y sin mayores muestras de vergüenza a la miríada de formas del poder despótico . ¿Cobardía? ¿Comodidad? ¿Talante ético laxo? ¿Capacidad maquiavélica para el camaleonismo político? ¿Cálculo oportunista porque a la vuelta de la esquina se vislumbra un beneficio? No lo sé. No tengo la verdad. No podría responder a ciencia cierta. Hay de todo y supongo que son bastantes las variables que se entrecruzan.



Me ha dado por hurgar, por investigar al respecto, por leer centenares de páginas, y con ello sólo aumenta mi sorpresa y la seguridad de que un intelectual, sólo por serlo, no está calificado para pontificar sobre lo humano y lo divino, para iluminar a nadie, para marcar caminos, para hacer las veces de gran sacerdote, ni cosa parecida. Es un peligro creer lo contrario y es un peligro permitir que lo haga. A lo sumo, su humilde tarea consiste en llevar a cabo el loable intento de buscar, y sólo buscar, a través de la razón, la inteligencia, las ideas y el conocimiento, posibles verdades, y hasta ahí.




Isaiah Berlin, Karl Popper, Roger Bartra, Enrique Krauze y muchos otros pensadores a quienes respeto y leo con fruición, legaron páginas brillantes, esclarecedoras, memorables, a propósito del tema. Yo, como he dicho ya, mordido por el gusanillo, he llegado a rasguñar cuartillas y me he atrevido a publicar algún pequeño intento de reflexión sobre el asunto (http://www.ucm.es/info/especulo/numero34/pericles.html), y me he sentido tentado a transformar ese ensayo en capítulo de libro. Ya veremos. Pero lo último que he leído, una obra magistralmente estructurada y expuesta, es la colección de trabajos del profesor de Columbia, Mark Lilla, publicada primero en el "The New York Review of Books" y en "The Times Literary Supplement", para luego ser editada en un tomo que llamó "The Reckless Mind: Intellectuals and Politics", aparecida en español con el título de "Pensadores temerarios". Allí, Lilla nos recuerda, en función de los hombres de talento artístico y de los pensadores en general, que "las vidas política e intelectual comparten una base no sólo en la razón, sino también en las pasiones. La pasión no es necesariamente algo malo: hay sanas pasiones por la verdad y la justicia que deben ser cultivadas. Pero las pasiones también tienen que ser controladas". Leer a Lilla, si nos preguntamos la razón y el por qué de los "intelectuales filotiránicos" (así los bautizó), resulta fundamental e ineludible.



Aparte, una polémica muy famosa entre Mario Benedetti y Mario Vargas Llosa, íntimamente vinculada con lo anterior (http://www.alumnos.unican.es/~uc1531/mario/marios.html), es altamente recomendable para empaparse de lo que este par de latinoamericanos universales suponía en relación con el problema. Además, la esgrima argumentativa, la puesta en escena de sus ideas, el manejo de los sables discursivos, desplegados por cada uno, es poco menos que una delicia. En algún lugar opina Vargas Llosa: "Hay una extraordinaria paradoja en que la misma persona que, en la poesía o la novela, ha mostrado audacia y libertad, aptitud para romper con la tradición, las convenciones y renovar raigalmente las formas, los mitos y el lenguaje, sea capaz de un desconcertante conformismo en el dominio ideológico, en el que, con prudencia, timidez, docilidad, no vacila en hacer suyos y respaldar con su prestigio los dogmas más dudosos e incluso las meras consignas de la propaganda". Y esta es una verdad que, por ser tan grande como un templo, desconcierta y hace fruncir ceños. Más adelante continúa afirmando el peruano: "Examinemos el caso de los dos grandes autores que Benedetti menciona -Neruda y Carpentier- preguntándome burlonamente si ellos son más culpables de nuestras miserias que la United Fruit o la Anaconda Cooper Mining. Tengo a la poesía de Neruda por la más rica y liberadora que se ha escrito en castellano en este siglo, una poesía tan vasta como es la pintura de Picasso, un firmamento en el que hay misterio, maravilla, simplicidad y complejidad extremas, realismo y surrealismo, lírica y épica, intuición y razón, y una sabiduría artesanal tan grande como capacidad de invención. ¿Cómo pudo ser la misma persona que revolucionó de este modo la poesía de la lengua el disciplinado militante que escribió poemas en loor de Stalin y a quien todos los crímenes del estalinismo -las purgas, los campos, los juicios fraguados, las matanzas, la esclerosis del marxismo- no produjeron la menor turbación ética, ninguno de los conflictos y dilemas en que sumieron a tantos artistas? Toda la dimensión política de la obra de Neruda se resiente del mismo esquematismo conformista de su militancia. No hubo en él duplicidad moral: su visión del mundo, como político y como escritor (cuando escribía de política) era maniquea y dogmática. Gracias a Neruda, incontables latinoamericanos descubrimos la poesía; gracias a él -su influencia fue gigantesca- innumerables jóvenes llegaron a creer que la manera más digna de combatir las iniquidades del imperialismo y de la reacción era oponiéndoles la ortodoxia estalinista. (...) Se me reprochará seguramente ser mezquino y obtuso: ¿acaso el aporte literario de un Neruda o un Carpentier no es suficiente para que nos olvidemos de su comportamiento político? ¿Vamos a volvemos unos inquisidores exigiendo de los escritores no sólo que sean rigurosos, honestos y audaces a la hora de inventar, sino también en lo político y en lo moral? Creo que en esto Mario Benedetti y yo estaremos de acuerdo. En América Latina, un escritor no es sólo un escritor. Debido a la naturaleza terrible de nuestros problemas, a una tradición muy arraigada, al hecho de que contamos con tribunas y modos de hacernos escuchar, es también alguien de quien se espera una contribución activa en la solución de los problemas. Puede ser ingenuo y errado, sería más cómodo para nosotros, sin duda, que en América Latina se viera en el escritor alguien cuya función exclusiva es entretener o hechizar con sus libros. Pero Benedetti y yo sabemos que no es así; que también se espera de nosotros -más, se nos exige- pronunciarnos continuamente sobre lo que ocurre y que ayudemos a tomar posición a los demás. Se trata de una tremenda responsabilidad. Desde luego que un escritor puede rehuirla y, pese a ello, escribir obras maestras. Pero quienes no la rehuyen tienen la obligación, en ese campo político donde lo que dicen y escriben reverbera en la manera de actuar y pensar de los demás, de ser tan honestos, rigurosos y cuidadosos como a la hora de soñar. (...) Ni Neruda ni Carpentier me parecen haber cumplido aquella función cívica como cumplieron la artística. Mi reproche, a ellos y a quienes, como lo hicieron ellos, creen que la responsabilidad de un intelectual de izquierda consiste en ponerse al servicio incondicional de un partido o un régimen de esta etiqueta, no es que fueran comunistas. Es que lo fueran de una manera indigna de un escritor: sin reelaborar por cuenta propia, cotejándolos con los hechos, las ideas, anatemas, estereotipos o consignas que promocionan; que lo fueran sin imaginación y sin espíritu crítico, abdicando del primer deber del intelectual: ser libre. Muchos intelectuales latinoamericanos han renunciado a las ideas y a la originalidad riesgosa, y por eso entre nosotros el debate político suele ser tan pobre: invectiva y clisé. Que haya acaso entre los escritores latinoamericanos una mayoría en esta actitud parece confortar a Mario Benedetti y darle la sensación del triunfo. A mí me angustia, pues ello quiere decir que, a pesar de la riquísima floración artística que nuestro continente ha producido, aún no salimos del oscurantismo ideológico". En fin, vale la pena detenerse un poco, acceder a los documentos (par de artículos de Benedetti y par de Vargas Llosa cuyas direcciones electrónicas copié arriba) y leer completa la polémica.



Para finalizar, dejo aquí unas palabras de la gran Rosa Montero, por sencillas, claras, contundentes y lapidarias: "Todos los poderes necesitan heraldos y voceros; todos precisan intelectuales que inventen para ellos una legitimidad histórica y una coartada moral. Ésos, los intelectuales orgánicos, son desde mi punto de vista los peores. Son los mandarines, y ese papel tripudo de gran buda no se ejerce impunemente". Para mí también son los peores, Rosa, qué duda cabe y en muy mala hora.

8/13/2011

"No se puede escindir al escritor de la persona"

Federico Andahazi en debate con Horacio González. Vale la pena observar:


http://www.youtube.com/watch?v=z3we4KLCVJo




8/12/2011

De la ducha al karaoke

Hay quienes se las arreglan muy bien para espantar el fastidio. Hay quienes después de una vida ajena a la naturaleza, cuando llega la jubilación, optan por meterse a ecologistas, a verdes, a vegetarianos. Lechuguinas andantes, lo cual está de maravillas por aquello de que cada cabeza es un mundo. Mire usted cómo está el patio.
Hay gente "light" que toma digestivos luego del pollo a la plancha y verdaderos cerdos que acaban con todo el licor del vecindario. Está requetebién. Ya los latinos habían dado con la piedra filosofal trocada en verbo: bonum vinum laetificat cor hominis. El buen vino alegra el corazón del hombre. Qué verdad tan sabrosona y tan actual.
Pero nada como el canto. Los que tienen voz y cogen al toro por los cuernos porque sus gargantas sí que andan en línea directa con Orfeo, pasan. Serenateros de los buenos no es que se hallen en cualquier esquina, pero se encuentran, existen todavía. Otra cosa son quienes arrojan gallos, gemidos o falsetes acabando en chirridos hechos carne.
En la ducha están de lo mejor. Son artista y público, voz y oído, emisor y receptor, asunto de importancia capital cuando no existir es el estado que mejor les va, en esencia por la falta de consideración -maltrato estético en primer lugar- para con escuchas cuyas afecciones y suplicios arrancan en el pabellón de la oreja, atraviesan la cadena de huesecillos y van a parar al mismo espíritu. No faltaba más.
Otro gallo cantaría, pues, si quien alebrestado y dispuesto a arrullar con su trino de loro acatarrado fuese alguien con dos dedos de frente en cuestiones de la voz. Qué va. Sobran los dislates. Si la ducha resulta inofensiva entre otras razones por el soliloquio musical que se perpetra en ella, basta un rato en el bar de Eusebio, que tiene un karaoke, para descender a los infiernos.
Y aquí el problema toca a todos porque se hace público. El bar de Eusebio, que antes -tiempos idos, ja, porque todo pasado fue mejor- ofrecía lo suficiente para entrarle a la conversa y empujarse unos tequilas, hoy por hoy brinda además el abanico completo de la escala musical, si es que alaridos destemplados caben en tal nomenclatura. Un karaoke es el Omega, el punto último que la tecnología nos pone enfrente para meternos de cabeza en el mundo de los sueños. Un karaoke es el camino, la posibilidad al alcance de la mano para embolsillarse cinco minutos de gloria.
De la prehistórica ducha, tímida y ensimismada, al apoteósico bum del karaoke media el trayecto de un viernes cualquiera, de una noche entusiasmada, de jolgorio y tragos que son como el empujoncito que faltaba. El oficinista serio, el buen señor Rodríguez, o la gerente que no muda un nudo de su cara todo el santo día -bebe valeriana y masca chicle para espantar malos ratos- caen en brazos del aparatico, quién los viera, y el de Eusebio se transforma en el gran salón de la cantata.
De la ducha al karaoke media un malestar: el de quienes ni a piedra o palos soltarían su voz para jugar a Pavarotti y envalentonarse con las cuerdas vocales, precisamente porque se saben adefesios musicales, asunto que les hace pensar en la posible realidad de que ajenos estertores, gallos idos y voces desgañitadas tuviesen idéntico silencio. No, no, nada de eso. Todo lo contario. La noche es una orgía y el bar de Eusebio la iniciación para cualquier garganta.
La solución salta a la vista, claro está. Me toca coger los cachachás y mudarme de lugar, renunciar a la barra que fue confesionario, iglesia, lugar de cómplices empedernidos. Me toca dar la media vuelta y como buen soldado encender mi tabaco y montar la retirada, es decir, largarme, o sea, chaíto Manolito aunque provoque y tiente un AK-47 y pum, pum, volar media docena de huevos, qué se le va a hacer. Y lo que es peor y el colmo: ya Tobías, dueño de aquella tasca tan apetecible, ofreció el Paraíso sin que le temblara el pulso: "la próxima semana, a como dé lugar y porque sí, compro un karaoke", sentenció sonriendo.

Entre las piernas


Uno

Seguí el camino de tus carnes
frente al muro de las ganas
pájaros negros alzaron vuelo
y entonces tú
bajo la lluvia
bajo mi lengua
bajo este líquido transparente
y entonces yo
sobre el tejado
junto a la gula
hurgando entre las piernas
que te elevan.

Dos

Te encuentro aquí o en Madagascar
en Trípoli, Beirut, Sierra Leona, Tegucigalpa.
Me hallas
tu también me hallas
justo al fondo de esa escalera en caracol
y entonces eres
sé muy bien que eres
únicamente eres
piel y labios
gemidos y saliva
sábanas deshechas
mordisco sin moral y sin conciencia.

Tres

Y el eco
y aquel eco en la médula espinal de los recuerdos.
Lenguas como peces
besos como liebres
vendavales
Maremotos
huracanes
y otra vez tu sexo como madreselva
como noche de estrellas
de óleo de Van Gogh que me engulle para siempre.


8/10/2011

El poder y el delirio

Leí "El poder y el delirio" (Tusquets, 2008), de Enrique Krauze, cuando recién salía del horno. Para quienes no lo conocen, vale la pena dialogar con el autor a través de esta entrevista. Caudillos, intelectuales filotiránicos, democracia latinoamericana, la historia común de nuestros pueblos, identidades compartidas. Un ensayo de largo aliento acerca de la triste Venezuela del presente y el caudillo iluminado obsesionado con gobernarla hasta el fin de sus días:

http://www.youtube.com/watch?v=S8A7SzhnLnE


8/08/2011

Conversa al calor de un cigarrillo

Un diálogo entrañable entre Julio Cortázar y Joaquín Soler Serrano en Televisión Española, 1978. No tiene un miligramo de pérdida. Y para no escribir más, dejo ya el link y el mundo que se abre, fortuna entre fortunas, de cabo a rabo y de par en par:

http://www.youtube.com/watch?v=VEBOBW07sgo&feature=related